Suplemento especial: Debates de la izquierda popular

Por: Patria Grande | 20 de septiembre de 2017

Continuamos con la publicación del suplemento “Debates de la izquierda popular”, una herramienta para promover la reflexión y la discusión colectiva de cara al conjunto de nuestra militancia y a quienes se referencian con nuestra construcción.  

Las notas que publicamos hasta ahora, y las que seguirán saliendo en los próximos números, se ordenan alrededor de tres grandes ejes generales de discusión: el balance de las experiencias políticas más recientes en Argentina y América Latina, sus limitaciones y posibles vías de superación; la caracterización de la nueva etapa política, las razones del triunfo de la derecha neoliberal; y la construcción de una nueva alternativa popular, sus vínculos con el acumulado, las propuestas y los liderazgos del kirchnerismo y de diversas expresiones peronistas y de izquierda que hoy se encuentran en la oposición.

Invitamos también por este medio a la militancia de PATRIA GRANDE a enviarnos sus aportes.

Algunos elementos para pensar los actuales debates  

Por Fernando Verón

1.La mayoría de los artículos que han aparecido en nuestro periódico desde que nuestro debate interno se ha hecho público no han subrayado a nuestro entender con la suficiente claridad que el nacimiento de nuestra organización fue producto de la sistematización de una serie de acuerdos políticos que fueron los que posibilitaron ese surgimiento. Los mismos se referían a tres aspectos de nuestro desarrollo político: 1) ¿quiénes somos? (nuestra identidad); 2) ¿Qué espacio queremos construir? (aspectos de concepción política de la izquierda popular); 3) nuestra perspectiva estratégica (la construcción del bloque popular revolucionario). Los tres aspectos no casualmente se encontraban más o menos desarrollados en nuestro Manifiesto Fundacional. No es en estos aspectos donde a nuestro modo de ver deben hallarse nuestras presentes divergencias. Más bien, consideramos que el germen de nuestros actuales debates políticos (que se resumen en la imposibilidad de sintetizar en una sola posición nuestra orientación política a desarrollar en la etapa) se haya en las diferentes interpretaciones respecto del modo de articular nuestra perspectiva estratégica con la orientación política que nos trazamos para la etapa.

2.En nuestro segundo Plenario Nacional de Delegados y Delegadas (2016) parecía que habíamos logrado alcanzar los niveles internos de consenso en relación a lo que planteábamos más arriba. Nuestra organización, partiendo de la base de los niveles de acuerdo expresados en nuestro Manifiesto Fundacional y en el primer Plenario Nacional de Delegados y Delegadas se abocó a caracterizar la nueva situación política y a formular la orientación política que nos daríamos para la etapa. Acordábamos en que estábamos atravesando una nueva etapa política, de carácter defensivo, y que nuestra orientación general a desarrollar era la de impulsar la unidad con todos aquellos sectores que se mostraran dispuestos a luchar contra el nuevo gobierno y su modelo económico de carácter claramente anti-popular. Incluso llegamos a jerarquizar algunas tareas políticas de importancia a desarrollar. Nuestra intervención electoral este año (en CABA y en Provincia de Buenos Aires) puso en tensión estos acuerdos. Se vislumbró que en realidad había diferentes interpretaciones en relación de hasta qué punto y bajo qué circunstancias esa unidad debía materializarse. Algunos compañeros y compañeras la limitan en los hechos a la mera unidad de acción (en las calles) mientras que para muchos de nosotros esa unidad debe materializarse al mismo tiempo en los frentes gremiales y desplegando intervenciones electorales conjuntas allí donde las fuerzas anti- neoliberales encabecen los armados, como a nuestro entender sucedió con claridad con el frente Unidad Porteña, por tan solo poner un ejemplo. Por supuesto que no se trata de perder ni la personalidad ni la originalidad en esa apuesta, si no sería difícil proyectar la acumulación propia, pero sí de priorizar contribuir en la construcción de frentes amplios (heterogéneos y contradictorios) que aporten al desarrollo de la principal tarea que a nuestro entender tiene la izquierda y el campo popular argentino en esta etapa: enfrentar y derrotar al neoliberalismo (en las calles pero también en la urnas).

3.La relación entre nuestra perspectiva estratégica y nuestra orientación política para esta etapa no puede en modo alguno ser lineal. No podemos pretender que solo articularemos con otras tradiciones políticas cuando podamos encabezar los frentes o cuando estén dadas las condiciones para avanzar en la construcción de un frente popular revolucionario. Tampoco podemos pretender desvincular de cuajo nuestra orientación política para la etapa de nuestra perspectiva estratégica. Por ello es que las tareas y la política de nuestro espacio político, incluso en un momento defensivo como el que atravesamos, tienen que ir generando las condiciones que nos permitan acumular hoy y asumir un mayor protagonismo mañana. Necesitamos formar cuadros y militantes que se inserten social, territorial y sindicalmente teniendo en claro a qué proyecto político queremos abonar a largo plazo. Pero lo contradictorio es que no hay ni habrá izquierda popular si nos desvinculamos de la principal tarea que como campo popular tenemos por delante en esta etapa: derrotar al neoliberalismo y a su gobierno de empresarios. No es o una cosa o la otra, la realidad es que si queremos tener una política y una inserción con vocación de masas debemos hacer ambas: aportar a derrotar al neoliberalismo y simultáneamente generar las condiciones para afianzar y desarrollar nuestra perspectiva estratégica como izquierda popular. En el camino debemos ser sensibles al sufrimiento de las grandes mayorías y de los sectores más vulnerables. Debemos tomar conciencia de nuestra juventud como fuerza política. Debemos ser humildes y respetuosos de otras tradiciones políticas, sabiendo que podemos intervenir y aportar en los grandes debates nacionales pero que aún no hemos alcanzado el suficiente nivel de madurez política como para protagonizar procesos políticos y sociales. Debemos internalizar, que tal como lo enseña la pedagogía del oprimido, todos estamos en condiciones de aprender y de enseñar algo. Podemos y debemos nutrirnos de los aportes de otras tradiciones y fuerzas políticas. También estamos en condiciones de aportarles nuestras experiencias.

4.Por último, es necesario que definamos con claridad cuáles son aquellos sectores políticos, sociales y sindicales que han mostrado mayor predisposición de enfrentar al gobierno para unificar esfuerzos. Cada vez se hace más evidente que el kirchnerismo y el liderazgo de Cristina son aliados ineludibles en esta principal tarea que tenemos como campo popular en esta etapa. Pero también, estos últimos años fueron generando las condiciones para el surgimiento de nuevos actores políticos, sociales y sindicales que han mostrado amplitud a la hora de enfrentar al gobierno y que también son potenciales aliados: el radicalismo popular, las dos CTA, la CFT en CGT, las fuerzas de la CTEP, el colectivo Ni una menos, entre otros. La necesaria unidad en la diversidad que el campo popular necesita en esta etapa supone, de un lado, priorizar los acuerdos políticos por sobre las diferencias, del otro, intentar avanzar lo más posible en esa articulación intentando traccionar hacia nuestra perspectiva estratégica a la mayor cantidad de actores. No hay fórmulas mágicas ni leyes universales para hacer política de masas. Tampoco garantías que aseguren el éxito. Debemos arriesgarnos a fracasar si lo que queremos es transformar la realidad.

Tesis urgentes para tiempos de guerra

Mariano Dubin

Identificar al enemigo, vencer al enemigo. Necesitamos conocer los apellidos, las fortunas, las escuelas, las universidades, el capital, las alianzas de nuestro enemigo. Sus miedos y alegrías. Debemos definirlo: qué sectores de las clases dominantes consideramos enemigos inmediatos. Necesitamos, urgente, como hizo FORJA en la década del ´30, establecer una pedagogía popular del enemigo: denunciar con lenguaje nuevo las condiciones neocoloniales que intervienen en nuestro cotidiano. Significa señalar los hechos más allá de nuestros intereses particulares: nombrar constantemente a Magnetto puede ser una forma de ocultar que el avión presidencial fue usado durante muchos de los doce años kirchneristas por Gustavo Grobocopatel o Franco Macri. No se puede entender la política sin entender cómo nuestro país ha sido un país en disputa geopolítica. La extranjerización y la concentración, el monocultivo, el saqueo de recursos no es un tema de periodismo comprometido ni de papers universitarios sino de entender el funcionamiento del imperialismo en sus periferias neocoloniales para poder hacer política de masas. Ahí duele la pobreza, la corrupción, la injusticia. Un revolucionario tiene que hablar a la gente donde el cuerpo tiene marca. No hablar de cosas etéreas que interesan a sectores marginales de las clases medias sino escuchar en la calle el odio popular al enemigo. Sistematizar ese odio. Hacerlo política. Hacer del enemigo una palabra que todos sepamos.

No subestimar al enemigo. El macrismo es el ejercicio estatal directo de un sector de las clases dominantes. Sus apellidos nos permiten armar las biografías de estos “señores bien” que han matado –como deporte nacional- todos los indios y criollos que necesitaron. Nada nos puede hacer suponer que no lo vuelvan a hacer si lo consideran necesario (exigencia: preparase para una etapa de nuevo orden). No obstante, no son sólo eso. Su agilidad y audacia para imponer agenda pública exige dejar de pensarlos como ignorantes o brutos. Criticamos a partir de nuestras moderadas ilustraciones académicas a actores políticos que ejecutan planes desde paradigmas que no requieren ninguna tradición humanista. Su maestría es sintetizar en políticas públicas el momento tecnocrático del capitalismo actual. Son hábiles, audaces, salvajes. Ejercen total control en el manejo del Estado. Controlan todas las fuerzas represivas, la justicia, el periodismo y otras instituciones basadas en el proxenetismo de los apellidos ilustres. Estudiar al enemigo. Prepararse para su violencia.

La debilidad democratizante. Los sectores del kirchnerismo que quieren volver a un grado cero de su política republicana no descubren que la situación ya es otra y el enemigo ha tomado un camino que imposibilita los pasos ya dados. Mucho menos, que se podrá enfrentar a un enemigo con una construcción mediática. El “vamos a volver” apuesta a resolver la conflictividad social en términos de rosca superestructural. El sedimento histórico de guerras, sublevaciones, huelgas, guerrillas, genocidios se lo busca reducir a la intervención coyuntural de lo electoral negando la multiplicidad de actores concretos y, lo que es trágico, subestimando al enemigo. No es casual que luego de una derrota contundente, como significó el triunfo electoral de Macri, el kirchnerismo duro se haya replegado, en una primera instancia, en hacer resistencia en plazas de la ciudad de Buenos Aires, en zonas más bien burguesas, donde Macri recibió hasta el 76% de los votos. Sus reflejos progresistas lo alejaron de las concentraciones obreras y populares para organizar esos actos.

Construir mayorías. La máxima de que “el izquierdismo es ver más enemigos que los necesarios y el oportunismo encontrar más amigos que lo conveniente” sigue siendo válida para estos tiempos. Pensar al pueblo como presa inconsciente de fuerzas mediáticas que desconoce (y, desde ahí, por tanto, explicar su voto parcial al macrismo) es sumarse a la ilustración de cabotaje tan cara a la izquierda argentina. Un proyecto superador no es sólo el que pueda vencer al macrismo, sino, además, vencer las causas de la última derrota electoral. Lejos de la rosca superestructural pero, también, del agite izquierdista, enfrentar al enemigo real nos pone alerta en una situación de peligro. Es evidente que el kirchnerismo está limitado por su propia construcción a un piso electoral mediano; su mayor debilidad es que no ha sido una herramienta política de las mayorías populares sino una representación progresista de sus intereses. Cristina Kirchner no es una líder de masas como Hugo Chávez o Juan Domingo Perón. No obstante, el campo político, inevitablemente, es “autoritario”: exige a los actores operar en campos definidos de participación y acción. Estar fuera de estos procesos es, muchas veces, estar en el otro campo. Los discursos, no importa su complejidad, sus matices, rápidamente se traducen en acciones de un campo político. Y, en ese sentido, el kirchnerismo representa un piso de derechos sociales que el macrismo viene a liquidar. Un escenario complejo que exige lucidez: no se puede decir el infantilismo del “son todos lo mismo”, tampoco el oportunismo de replicar (en versiones cada vez más sectarias) un modelo limitado.

Construir unidad en las calles, construir programa popular. Hay cierto pensamiento mágico que supone que el desgaste de la figura de Macri será proporcional al crecimiento de la imagen de Cristina Kirchner, olvidando una máxima de John William Cooke que podríamos aprender de memoria: “un gobierno no cae porque sea malo simplemente, sino porque hay condiciones que se dan y fuerza organizada para aprovecharlas”. Hoy debiéramos revisar las condiciones materiales del mundo actual que no son las que posibilitaron el ciclo de gobiernos latinoamericanos de corte nacionalista, reformista o progresista desde el triunfo electoral de Hugo Chávez. Desde las calles resistir y acumular. Construir organización. En lo político electoral no ser infantiles: el kirchnerismo representa un piso social que defendemos y que ningún maximalismo verbal va a superar a fuerza de narcisismo. Desde lo programático: estudiar los límites del progresismo (no sólo en libros, sino, principalmente, en la voz del laburante) y construir, en la calle (y en la rosca, claro), un programa de mayorías.

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