Suplemento especial: debates de la izquierda popular

Por: Patria Grande | 04 de octubre de 2017

Continuamos con la publicación del suplemento “Debates de la izquierda popular”, una herramienta para promover la reflexión y la discusión colectiva de cara al conjunto de nuestra militancia y a quienes se referencian con nuestra construcción.  

Las notas que publicamos hasta ahora, y las que seguirán saliendo en los próximos números, se ordenan alrededor de tres grandes ejes generales de discusión: el balance de las experiencias políticas más recientes en Argentina y América Latina, sus limitaciones y posibles vías de superación; la caracterización de la nueva etapa política, las razones del triunfo de la derecha neoliberal; y la construcción de una nueva alternativa popular, sus vínculos con el acumulado, las propuestas y los liderazgos del kirchnerismo y de diversas expresiones peronistas y de izquierda que hoy se encuentran en la oposición.

Invitamos también por este medio a la militancia de PATRIA GRANDE a enviarnos sus aportes.

 

Dos estrategias del campo popular y una por construir

Por Guido Saccal.

Desde que Cambiemos tomó el mando del Estado se viene desarrollando un debate, cada vez más intenso, en la militancia popular (y más allá) acerca de cuál es la manera de construir una mayoría que sea capaz de ganarle al macrismo.

Proliferaron y proliferan todo tipo de orientaciones en este debate, pero esquemáticamente podemos decir que hay dos bastante consolidadas y una tercera que, creemos, hay que desarrollar. Por fuera de todo este esquema analítico/interpretativo que presentamos acá, se encuentran las viejas izquierdas (FIT y otros). Vamos a tratar de ser bien concretos, por supuesto asumiendo cierto esquematismo y argumentaciones poco desarrolladas:

Orientación n°1) “El kirchnerismo es un obstáculo para construir la unidad y la mayoría que necesitamos, y por lo tanto tiene que correrse/ser corrido”. Esta posición está liderada fundamentalmente por el Movimiento Evita, que propugna particularmente la “unidad del peronismo” -no excluyente de terceros-, pero también encuentra adeptos en el PCR-CCC, Libres del Sur-Barrios de Pie (los tres lideran el espacio -por ahora centrado en lo social- “7 de agosto”), en el peronismo de la provincia de Buenos Aires, en sectores importantes del movimiento obrero y en organizaciones de la izquierda independiente o popular, entre otros que, con mayor o menor claridad y/o audacia y/o personalidad política, terminan de una u otra manera acompañando esta estrategia, que empieza a tener ramificaciones en los diversos sectores.

Estos espacios y referentes son muy diversos y tienen distintas miradas sobre la década pasada, pero confluyen en la idea de que el kirchnerismo representa un techo electoral imposible de romper y que es necesario que sea corrido (al menos) de los lugares preponderantes de la escena. Los argumentos son muy diversos aunque el resultado es el mismo: “CFK divide al peronismo”, “el kirchnerismo se peleó con la clase media”, “el kirchnerismo solo representa a la clase media progresista”, “son incapaces de hacer una autocrítica”, “son sectarios” y hasta algunos de dudosa progresividad como el “cerrar la grieta”, entre otros.

Orientación n°2: “Cambiemos es una estafa electoral y tarde o temprano vamos a recuperar el terreno perdido”. Esta es la idea que, en términos generales, defienden los sectores que se organizan alrededor de CFK. Ahí tenemos a sectores del kirchnerismo duro (Cámpora, Nuevo Encuentro), sectores provenientes de diversas izquierdas (PC, PCCE, PSOL, MPP, SPV, etc.), sectores del peronismo de izquierda, sectores del movimiento obrero, etc.

Entre los argumentos se escucha que “Cuando el pueblo empiece a sufrir las consecuencias del modelo macrista, va a revalorizar los 12 años”, entre otras. Su principal debilidad es justamente la dificultad y/o falta de voluntad para reinventarse en un escenario nuevo que exige cambios. Su principal virtud es la referencia de CFK y un acumulado social y político muy extenso, con un sector de la población imprescindible si queremos gestar una nueva mayoría.

Orientación n°3: “Construir una nueva mayoría popular” podría denominarse la tercera orientación, que acá defendemos. Construir, porque la misma no está dada. Nueva, porque, como decía Cooke en relación al post ´55, no se puede ni debemos pretender rearmar la alianza social, política y económica que llevó al kirchnerismo al poder en 2003 y tampoco la que lo sostuvo en los últimos años. Popular, porque creemos que esa nueva mayoría tiene que darle protagonismo a los actores sociales que vienen enfrentando consecuentemente al neoliberalismo, relegando o directamente excluyendo a los sectores más acomodaticios y conservadores; y porque debe levantar un programa de transformaciones profundas, duraderas y estructurales. Ambos elementos constituirían una superación y una autocrítica real (no para los medios de comunicación ni para el regocijo de tal o cual dirigente) por parte del sector mayoritario del campo popular, el kirchnerismo.

Esta tercera orientación es a la que debe aportar la izquierda popular, que no puede ni debe realizar esta tarea en soledad. En el caso particular de PATRIA GRANDE, esto se asocia a la idea de las plataformas ciudadanas, tan discutidas y tan poco probadas, que pretenden ser herramientas de diálogo y debate dirigidas fundamentalmente, aunque no exclusivamente, hacia este sector del campo popular, y que impulsen espacios frentistas como oposición al neoliberalismo.

3) se contrapone a 1) porque considera que los sectores más progresivos del kirchnerismo no representan un obstáculo sino un activo para proyectar una nueva mayoría (¿Antes que a los kirchneristas, vamos a convencer de acompañar alternativas populares a sectores que hoy se paran claramente en el antikirchnerismo? ¿No debería ser al revés? ¿Debemos eludir la grieta -entendida no como “K-AntiK” sino como confrontación social, política e ideológica-, o, como fuerza de izquierda que somos, incorporarla y tensionar para que se agigante?).

3) se contrapone a 2) porque cuestiona la mera idea de “volver” y propone nuevas herramientas, nuevos protagonismos y una agenda programática más profunda y pensada para el hoy.

Esta es la reflexión que, a nuestro juicio, orientó la conformación de Ahora Buenos Aires, en primer lugar, y la posterior decisión de participar del frente Unidad Porteña. Aunque con limitaciones a la hora de la práctica (por razones propias y ajenas), acumulamos un valioso capital político a partir de esta decisión.

El debate está abierto

La orientación 1) demostró, en términos electorales, muy poca potencia. Pero mucho más grave que aquello es que esta estrategia parece colaborar con uno de los objetivos fundamentales que se trazó el establishment argentino para la nueva etapa (y que aún no pudo concretar): normalizar el sistema político y construir una alternancia conservadora, excluyendo a los elementos disonantes (“el populismo”). Esta es una posible consecuencia, si llegara a tener éxito, de candidaturas como las de Randazzo.

La orientación 2) demuestra tener un piso de votos nada despreciable pero un techo persistente (un buen ejemplo es CABA), y una saludable y elogiable -aunque seguramente restringida e insuficiente- capacidad de reinvención (Unidad Ciudadana en PBA), mérito casi exclusivo de CFK.

La orientación 3) está por construirse. No debe ordenarse por el antikirchnerismo (como adolece muchas veces la orientación 1) y por el contrario, debe ser capaz de, en la medida en que sea progresivo y conveniente (y no como dogma), aliarse con quienes representan políticamente al activo más importante que tiene hoy el campo popular (las amplias capas que se identifican con el kirchnerismo), a sabiendas de la existencia de ese techo electoral, pero con la vocación de romperlo construyendo plataformas ciudadanas que aporten a gestar una alternativa de unidad, popular y superadora.

 

¿Liderazgo o representatividad? La izquierda popular y la figura de Cristina Fernández de Kirchner.

Por Diana Broggi

En el marco de nuestros debates como PATRIA GRANDE, venimos recorriendo puntos que nos ubican diferente en cuanto al análisis y valoraciones de la experiencia política del kirchnerismo. Si la unidad política es un interrogante en nuestra organización, no me atemoriza asumirlo, mientras hacemos los esfuerzos necesarios para plantear abiertamente las diferencias, sin estigmatizar posiciones, y afinar los argumentos para darle cuerpo a las ideas que pueden contener formulaciones muy amplias, aparentando acuerdos que en verdad no tenemos. Desde la eterna vocación de unidad, desde el feminismo y la construcción cotidiana en un proyecto político alternativo, es que acerco un aporte sobre los liderazgos en la izquierda popular, y en particular sobre la figura de Cristina Kirchner como referencia a partir de la cual se proyectan estimaciones diversas.

El carácter de los liderazgos

Un liderazgo funciona como una llave fenomenal en los procesos de masas, donde la figura líder reviste un carácter sintetizador que suele ser necesario – y tal vez imprescindible- para la legitimidad de un proyecto político. La clave del liderazgo se expresa en la posibilidad de influir en las personas y en los hechos que las afectan, capaz de torcer el destino de un país a partir de la amplificación de “voluntades” o “convencimientos “sobre ideas y/o propuestas.

En clave de nuestros debates, invito a pensar sobre las siguientes ideas:

  1. El duranbarbismo ha implantado un modelo dominante en la forma de construir referencialidades. La tarea de reflexionar sobre la gravitación de las figuras políticas en nuestra época y el carácter de los liderazgos, es para aprender a disputar en un terreno ajeno, comprendiendo que no se trata de repetir las recetas de otros pero con un contenido de izquierda.
  2. La derecha ha reforzado un sentido que hace pie –y trampa- en el “trabajo en equipo” contraponiéndolo al ejercicio de liderazgos enérgicos. Necesitamos leer adecuadamente un escenario marcado por la versatilidad de las representaciones, donde las identidades políticas sufren desplazamientos constantes, producto de la influencia de los medios masivos, de las redes sociales y no tanto de personas únicas.
  3. Para la estrategia de la izquierda popular es atinado diferenciar entre liderazgo y representatividad, reconociendo que lo que predomina en la Argentina actual es lo segundo.
  4. Liderazgo no puede reducirse a personalismos o exclusividad. Desde la izquierda popular valoramos las experiencias de liderazgos en América Latina, comprendiendo su vinculación orgánica con los procesos donde las condiciones materiales de las clases populares acompañaron su construcción. De modo que la clave para la restitución de liderazgos en nuestro país está en las transformaciones materiales con impacto directo sobre las condiciones de vida de las clases subalternas.

Anti-macrismo y anti-abstracciones.

¿Podríamos decir que en el ciclo K hubo condiciones de materialidad que acompañaran el surgimiento de un liderazgo como el de CFK?

Calibremos el lugar que ocupa la figura de Cristina para nuestro pueblo. Asumamos que las transformaciones materiales en el ciclo K no alcanzaron y veamos ejemplos: la relación con los trabajadores y la disputa salarios vs ganancias, la precarización laboral de toda la década, una mayor distribución del ingreso y mayor poder adquisitivo pero la ausencia de cambios estructurales que apuntalaran una mejora integral. Que la AUH impactó en la vida de miles de familias, pero no las sacó de la pobreza. Que los avances culturales y legislativos como el sistema de protección de derechos, la ley de salud mental, el matrimonio igualitario, la ley de identidad de género no se acompañaron con los presupuestos necesarios… Nuestro pueblo no vive en ficciones, sino en la realidad definida por estos y otros registros concretos.

Necesitamos romper con las ficciones que a veces construimos y practicar anti-macrismo sin abstracciones.

Una ficción es considerar en abstracto que luego de los resultados electorales de agosto la figura de CFK revalidó su liderazgo. Esta idea carece de la contundencia de aquellos elementos -cantidad de votos en la provincia, pérdida de fuerza en zonas populosas- que verifican una mala noticia: la descendencia de Cristina como portavoz de las demandas y proyecciones populares. La ficción nos habla de un liderazgo ascendente y en clave del cual situar nuestra ubicación política, esto es abstracto en tanto no tenemos donde apoyar materialmente esa idea, más que en el deseo genuino de frenar al neoliberalismo.

Por eso, sobre Cristina es hora de hablar en términos de representatividad y no de liderazgo.

Si hablamos de representatividad y la reconocemos como tal, podemos sostener por ejemplo que la candidatura de CFK en la provincia de Buenos Aires, es un piso necesario y alto para las tareas defensivas de esta etapa en el terreno electoral. Y su figura política representa un mínimo común en el acervo simbólico de la época, un acumulado de núcleos de buen sentido desde el cual es posible impulsar un más allá de los límites confirmados.

Liderazgos, feminismos y sentido común

Si Evita fue líder y feminista habiéndose distanciado del feminismo de su época, Cristina siendo interpelada por el feminismo se distingue positivamente de otras mujeres en la política, pero continúa acoplándose a expresiones del sentido común. Sus últimas declaraciones acerca del aborto son un ejemplo. En la izquierda popular valoramos las expresiones que puedan conectar con el sentido común, pero para llevarlo a otro lugar, revirtiendo las explicaciones y argumentos de la realidad para que dejen de ser funcionales a un pensamiento conservador.

Si acordamos que la figura de Cristina es paradójica, no caeremos en ficciones que construyen escenarios de subordinación y ausencia de diferenciación estratégica. Tener en claro sus límites y su alcance relativo, no es ser testimoniales, sectarios, ombliguistas, esencialistas.

El camino de sostener una militancia constante es con menos ficción y más realidad, donde la paciencia no es desliz ni el largo plazo una mala palabra. Un camino desde ahora en la izquierda popular, con referencias y anclajes reales en esta etapa.

 

Sobre táctica y estrategia

Por Juan Manuel Almeida

La izquierda popular atraviesa una crisis de proyecto político, en ella inciden muchos factores: el cambio de etapa a nivel continental, la llegada de una nueva derecha “democrática” al gobierno del Estado, la gravitación del kirchnerismo como fenómeno político que perdura, el liderazgo de Cristina Fernández dentro de este espacio, y la referencia que implica para amplios sectores de nuestra sociedad como símbolo de un pasado de conquista de derechos, y hoy como faro principal de oposición a las políticas neoliberales. Pero principalmente, la causa de esta crisis es que no hemos sabido desarrollar y fortalecer, de manera certera y acabada, nuestro horizonte estratégico, que es lo que al fin y al cabo hace perdurar a las organizaciones a lo largo del tiempo. ¿Cuál es nuestra estrategia particular para la construcción del socialismo?

Podemos decir que se llama “estrategia” a la forma en que se planifican, organizan y orientan los diversos momentos de la lucha para conseguir el objetivo fijado: un gobierno basado en el poder popular, que tuerza la correlación de fuerzas existentes entre las clases e inicie un proceso de transformaciones profundas como transición al socialismo. El “objetivo estratégico final” es lo que se persigue en último término: instaurar el socialismo en la Argentina. En otro nivel, se llama “táctica” a las distintas operaciones que se ejecutan concretamente para llevar a cabo los distintos momentos de acuerdo al plan estratégico general. Lo que está en cuestión es la “estrategia”, cómo se organizan y orientan los diversos momentos de la lucha.

Es un problema teórico de primer orden en nuestra práctica política. Escaparle al dogmatismo  de la izquierda “tradicional” (los que tienen “la verdad”) no significa abandonar cualquier pretensión teórica, que al fin y al cabo como dijo Lenin es lo que determina la práctica política revolucionaria. De otra manera corremos el riesgo de caer en mero voluntarismo a partir de la potencia de nuestra militancia. La izquierda popular debe escaparle al dogmatismo y el sectarismo, así como también tomar distancia del impresionismo ante cada coyuntura, como bien dice nuestra compañera Eli Gómez Alcorta, a la sensación lógica de malestar y desamparo frente a lo vivido; debe tomar distancia del “unitarismo” sin contenido que puede conducirnos a subordinarnos a estrategias ajenas. Debe dejar de lado el uso de conceptos vacuos para el análisis de la realidad. Hablar de “las necesidades” del pueblo como si prefijara una orientación es peligroso; no hay una necesidad objetiva que simplemente debemos tomarnos el trabajo de descubrir. Lo que la fundamenta es el proyecto político que le da forma y sentido: derrotar el neoliberalismo, construir una alternativa con horizontes socialistas, entre muchos posibles. No existe “la necesidad” del pueblo. Pero sí necesitamos esclarecer el proyecto de PATRIA GRANDE.

Una perspectiva estratégica no debe ser tomada como una receta sino como una apuesta, como una hipótesis para la concreción de nuestro objetivo. ¿Hacia dónde nos conduciría una orientación que privilegie en esta etapa una mera aglutinación de las fuerzas existentes opositoras a las políticas de Cambiemos? ¿La izquierda popular puede crecer como una perspectiva con vocación de transformación que dispute desde los marcos del kirchnerismo, alzando la voz contra el neoliberalismo? Desde ese lugar estaríamos abandonando, en los hechos, nuestro horizonte estratégico. Significaría la puesta en práctica de una nueva estrategia para nuestra organización. Hoy nuestro espacio político no tiene la capacidad (por historia, por inserción, por referencia) para disputar el sentido de un proyecto político al interior de un bloque de esas características.

Nuestra “estrategia” es la conformación de una fuerza social y política de masas que, retomando a Gramsci, implica la constitución de un bloque histórico subalterno que dispute el sentido de la sociedad (la dirección moral, política y económica). En ese camino, no alcanza con la izquierda popular, sino que es necesaria la confluencia de múltiples fuerzas e identidades populares, incluido el kirchnerismo. Pero en esa unidad tiene que existir capacidad de disputar orientación de nuestra parte.

En etapa de resistencia es necesario aportar al fortalecimiento de nuestra identidad, y nuestro proyecto. Fortalecimiento que necesariamente tiene que estar vinculado con la identidad kirchnerista, con la figura de Cristina en particular, y en términos más generales con el proceso de luchas abierto contra el neoliberalismo. Pero esta relación implica dos líneas de acción: unidad y antagonismo. Es decir, una relación contradictoria, que exprese capacidad de articulación (en la lucha social y política), y capacidad de disputar proyecto, orientación, horizonte, programa. Un vínculo que reconozca a Cristina como la principal referencia contra el neoliberalismo para nuestro pueblo en la actualidad, pero que a su vez identifique los límites que su liderazgo significa para pensar un proyecto emancipador. Es un sendero sinuoso, pero es el único que podemos transitar para una superar una experiencia política que hoy no muestra vocación por “radicalizarse”.

Las situaciones de crisis siempre revelan oportunidades. En la práctica, los hechos siempre revelan factores y posibilidades nuevas. Hay que saber basarse en ellos para modificar y corregir a tiempo las acciones y elaborar nuevos métodos para asegurar que la dirección estratégica y táctica concuerde siempre con la situación en proceso de cambio constante. Sólo así se podrá lograr que la lucha avance a pasos firmes, tanto en el movimiento como en la correlación de fuerzas.

La izquierda popular es un proyecto que merece existir, porque es una apuesta de toda una generación militante dispuesta a cambiar todo lo que deba ser cambiado. Porque en momentos de transición política, donde las clases dominantes están decididas a avanzar en su programa de reformas antipopulares, hay un pueblo que sigue resistiendo en las calles, que no está derrotado definitivamente, y en ese proceso de lucha debemos gestar las condiciones para la emergencia de una nueva oleada popular, donde surjan nuevos sujetos y emerjan nuevas experiencias. Oleada popular que, en su carácter y su espíritu, debe tener la mirada puesta en un horizonte por el socialismo.

En etapa de resistencia es necesario aportar al fortalecimiento de nuestra identidad, y nuestro proyecto. Fortalecimiento que necesariamente tiene que estar vinculado con la identidad kirchnerista, (…). Pero esta relación implica dos líneas de acción: unidad y antagonismo. Es decir, una relación contradictoria, que exprese capacidad de articulación (en la lucha social y política), y capacidad de disputar proyecto, orientación, horizonte, programa.

 

La grieta, las campañas y la izquierda popular

Por Magdalena Chirom y Lucas Tavolaro Ortiz.

Hay tres autores latinoamericanos que escriben sobre campañas electorales y las definen como “competiciones en torno a ideas, a emociones, son luchas por hacer visibles para los públicos una agenda de problemas y un programa de soluciones en términos de políticas públicas a esos problemas” (Crespo, Martínez y Riorda). El objetivo es rever (mal y pronto)  el mensaje que intentaron transmitir las principales campañas de 2017. Elaboramos este análisis, desde la humildad y el respeto, con el objetivo de aportar algunas puntas para hacer un balance de la experiencia transitada por PATRIA GRANDE en estas elecciones.

La grieta de cambiemos

Cambiemos hizo de la polarización con el pasado y la herencia kirchnerista su principal pilar de campaña. La figura de Vidal, que se mostró en el centro de la escena como la líder del “equipo”, se presentó en todo momento como una expresión de algo “nuevo” que por primera vez “en 25 años” lograba gobernar la provincia. La idea fue transmitir “esperanza” con una figura femenina, con tonos maternales y protectores, que venía a cambiar la forma tradicional de hacer política. Vidal se presentó como la principal luchadora contra las mafias, los corruptos, contra los malos, feos y sucios barones del conurbano. A la par buscó instalar un “nosotros” comprometido y común dispuesto a “hacer lo que hay que hacer” para mejorar la realidad de la gente. No tuvieron miedo en pedir “por favor” votos porque un revés electoral pondría en riesgo todo lo que “nosotros juntos logramos”.

La grieta de unidad ciudadana

Unidad Ciudadana trazó el límite de la grieta en un lugar diferente. Hablando poco del pasado y haciendo énfasis en el futuro, la campaña que encabezó Cristina se enfocó en “el mensaje es tu voto”. Bajo el “#AsíNoSePuedeSeguir” ponía en el centro de la campaña el impacto negativo de las medidas del gobierno como los tarifazos, despidos, inflación y el recorte en ciencia. Buscó cambiar, con limitaciones, los elementos centrales del viejo relato kirchnerista. El nombre “Unidad Ciudadana” fue algo nuevo. Se desprendió del sello del FPV y PJ y creó uno que tenía a los ciudadanos como protagonistas. Además,  ningún candidato estuvo en el centro de la escena, sino que fue la gente “común” para “volver a tener futuro”. Así, quienes encabezaron la lista de diputados fueron personajes que venían por fuera de la política tradicional: Fernanda Vallejos, periodista y economista; Roberto Salvarezza, científico CONICET; Vanesa Siley, secretaria general, mujer y madre, del sindicato judicial de la ciudad. Se estableció la grieta entre el gobierno ajustador y quienes sufren ese ajuste. La campaña pecó de creer que era posible hacer una campaña con una figura del peso de Cristina al margen, lo cual están intentando revertir en esta segunda parte de la campaña.

Los que luchan contra la grieta

Massa, con el nombre “1País” se propuso desde un principio hacer política hablando en contra de la grieta y “unir el país”. Criticó a Macri desde el lado de la economía y de la seguridad, mientras se diferenciaba del kirchnerismo desde el lado de la corrupción y de que “dividieron a los argentinos”. Randazzo, si bien se paró desde un lugar opositor al gobierno, hizo hincapié en que “se cometieron errores durante el kirchnerismo” y, con su lema “cumplir” y el sello del PJ de su lado, buscó votos de peronistas críticos. A ambos el juego de pararse por fuera de la grieta no les funcionó, y terminaron desdibujándose en una elección que terminó siendo nacionalizada.

La grieta y la izquierda popular

PATRIA GRANDE atravesó y atraviesa un debate a raíz de qué hacer y qué no en las elecciones de este año y cómo seguir. El debate acerca de “la grieta”, su techo, su piso, sus complejidades y su significado nos atraviesa a nosotrxs y a todo el campo popular. ¿Hay que pararse de un lado para hacer política? ¿Hay que resignificarla? ¿Cómo? ¿Cuánto? Bueno, no tenemos la respuesta en este breve artículo, pero sí algunos aportes. Queremos aclarar que los hacemos desde el compañerismo y el respeto, atendiendo que las campañas a veces escapan a nuestras intenciones y se encuentran con dificultades de un contexto político que no controlamos. Todavía estamos aprendiendo como organización.

En Buenos Aires, epicentro de la escena nacional, nuestra campaña buscó esquivar la grieta. En primer lugar tuvimos dificultades para hacer efectiva la orientación del llamado público a votar a Cristina. A su vez nuestra campaña se recostó en el clivaje: nueva política vs vieja política. Como dijimos más arriba, las campañas políticas son momentos en donde se condensa el debate y se instalan agendas de problemas y potenciales soluciones en la sociedad (en 2015, por ejemplo, la corrupción fue el problema ganador). En ese sentido, vemos que el binomio “vieja – nueva política” nos trajo algunos problemas. Por un lado al intentar escapar a “la grieta” terminamos empalmando, involuntariamente, con el sentido de grieta que quiere instalar Cambiemos: Vidal es la mejor preparada en la provincia para representar la nueva política. Por otro lado, nos costó mucho transmitir en qué sentido somos nuevos, cuál es nuestra identidad política y a quién le hablábamos, fruto de una nacionalización del debate provincial. Finalmente, este clivaje elegido no abona a erosionar la imagen del gobierno de Cambiemos o generar descontento para aumentar la movilización popular. La vieja política es un genérico que, como señalamos, no necesariamente golpea más fuerte a Cambiemos, y no se ve claramente la relación con que sean los principales responsables del ajuste.

Entendemos que el camino que debe tomar la izquierda popular es el de aportar a la construcción de una agenda común contra el ajuste del gobierno de Cambiemos y evitar la consolidación de la derecha en nuestro país. También tenemos la tarea de construir una nueva mayoría popular, que contenga al kirchnerismo y a su vez lo supere para construir un proyecto verdaderamente transformador. Ese fue nuestro objetivo en la apuesta de Ahora Buenos Aires en Unidad Porteña, con sus errores y aciertos. A pesar de no haber logrado los resultados electorales que buscábamos, logramos realizar una campaña que aportó a la ampliación e instalación de la grieta entre el modelo neoliberal y quienes lo sufrimos, y a la par aportar a la construcción de amplias mayorías populares nuevas. Obviamente queda mucho por recorrer, debatir y hacer.

 

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