Suplemento especial: debates de la izquierda popular

Por: Patria Grande | 23 de noviembre de 2017

Continuamos con la publicación del suplemento “Debates de la izquierda popular”, una herramienta para promover la reflexión y la discusión colectiva de cara al conjunto de nuestra militancia y a quienes se referencian con nuestra construcción.  

Las notas que publicamos hasta ahora, y las que seguirán saliendo en los próximos números, se ordenan alrededor de tres grandes ejes generales de discusión: el balance de las experiencias políticas más recientes en Argentina y América Latina, sus limitaciones y posibles vías de superación; la caracterización de la nueva etapa política, las razones del triunfo de la derecha neoliberal; y la construcción de una nueva alternativa popular, sus vínculos con el acumulado, las propuestas y los liderazgos del kirchnerismo y de diversas expresiones peronistas y de izquierda que hoy se encuentran en la oposición.

Invitamos también por este medio a la militancia de PATRIA GRANDE a enviarnos sus aportes.

Un doble movimiento político para seguir construyendo la izquierda popular
Por Martina López

¿Generar un polo de la izquierda popular o empalmar con lo mejor del kirchnerismo? ¿Primero crecer en correlación de fuerza propia y después construir con las alas más progresivas del movimiento nacional y popular? ¿Tener una política concreta de acercamiento al kirchnerismo como el espectro más amplio del campo popular y secundar la tarea de la construcción de la izquierda popular en Argentina?

Estas son algunas de las preguntas que se nos disparan hoy en el debate que venimos atravesando como PATRIA GRANDE. Debate que, por cierto, es parte de una gran discusión en el que se ve inmerso el conjunto del campo popular argentino y que el resultado de la misma ha comenzado a arrojar respuestas de diferentes tipos (la resistencia en el trabajo de base, la amplitud térmica para resistir en lo social, elaboraciones electorales más puras o más amplias o incorporaciones a estructuras partidarias ya consolidadas).

¿Qué orientación priorizar como movimiento popular Patria Grande?

Como está presentado en las preguntas iniciales, y elaborado adrede en esos términos, el debate es invitado a ser pensado en etapas. Por ejemplo: primero la construcción de una fuerza propia, después la articulación con los sectores más progresivos del kirchnerismo. Así planteado, vamos hacia un callejón sin salida donde la discusión etapista nos hace ir y venir en la pregunta “¿cuándo será el momento de pasar a la siguiente fase?”. En este sentido, y entendiendo que el debate no es precisamente cronológico, como PATRIA GRANDE debemos atravesar esta etapa haciendo el ejercicio de un doble movimiento político: generar una fuerza propia de la izquierda popular, al mismo tiempo que empalmar con lo mejor de la herencia kirchnerista. En esto, lo que se juega no es una cuestión de tiempos, sino de voluntad y capital político.

Como organización, ya hemos dado muestras de que la construcción desde un doble movimiento político es posible. En el sector estudiantil hemos explorado con éxito la articulación simultánea con organizaciones: kirchneristas, de diferentes izquierdas e independientes (el Frente Agustín Tosco que recuperó la FUC en 2016, el Frente 7 de Agosto, actual conducción de la FULP, la lista 15 que conformamos en FSoc-UBA). En el mismo sentido: el posicionamiento en común que pudimos sacar de cara a las elecciones de octubre, en PBA, llamando a votar a la fórmula CFK/Jorge Taiana, firmado por Patria Grande, IP, Cienfuegos, La Emergente, Democracia Socialista, La Colectiva, entre otros.

¿Con qué objetivo tener un doble impulso político?

No se trata de mantener una equidistancia entre los diferentes espacios. Como bien ya hemos debatido y resuelto en plenarios nacionales anteriores, debemos priorizar la construcción de una política, tanto sectorial como electoral, que sea compatible con las identidades kirchneristas; al mismo tiempo que, caracterizando al kirchnerismo como el espectro más masivo del campo popular, darle una prioridad como actor en articulaciones y construcciones frentistas. Esto no significa abandonar la tarea de francos procesos de discusión y construcción con otras organizaciones de la izquierda popular, donde seamos claros en nuestra estrategia y nuestro objetivo de llegada: la construcción de un gran frente anti-neoliberal, que sea expresión de mayorías, con la mayor amplitud posible y con capacidad real de derrotar al macrismo. Y con “mayor amplitud posible” me refiero a que esa elaboración electoral debe incluir a las diferentes expresiones kirchneristas, a sabiendas de que lo más probable sea que esas expresiones sean el actor de mayor peso específico dentro del frente.

¿Esto quiere decir que serán el actor hegemónico dentro de la construcción que queremos elaborar? Posiblemente sí. Con los elementos que hoy tenemos, es difícil pensar que no terminaremos cayendo en una tarea estéril si nos abocamos, de acá al 2019, a querer torcer la correlación de fuerza que tenemos con ese espacio. Lejos de plantear que debemos ser un “furgón de cola k”, entendemos que, en este tiempo, nuestro esfuerzo tiene que estar en el debate con las fuerzas con las que queremos articular el frente, tenemos que apostar nuestro capital político a la construcción de programas y plataformas que nos permitan avanzar en acuerdos concretos con quienes hoy caracterizamos que podemos elaborar ese frente político y social.

Nuestro perfil propio y nuestra acumulación no se terminan por hacer una apuesta de un frente de unidad amplia. Por el contrario, la vocación de la más amplia unidad forma parte de nuestra genética como PATRIA GRANDE, y hemos demostrado en los trabajos sectoriales, como en las diferentes elaboraciones electorales, que aún en escenarios de polarización extrema, somos capaces de seguir creciendo y acumulando. Muestra de esto es, por ejemplo, la Campaña de Macri Jamás en Córdoba, en la que luego del ballotage asistieron alrededor de 70 personas no organizadas a una reunión abierta, con voluntad de trabajar y de sumarse a la organización.

¿Con qué herramientas tendremos capacidad de hacer este doble movimiento?

Primero, con la autonomía organizativa, esto es: no relegar nuestra orgánica, nuestros debates ni la construcción de referentes propios, a ningún sector del kirchnerismo ni de otras organizaciones de la izquierda. La autonomía organizativa fue lo que nos permitió mantener la unidad de la organización en momentos de crisis.

Segundo, priorizando el fortalecimiento de la organización en los sectores en los que identificamos los sujetos del cambio, atendiendo a la conflictividad de esta etapa: economía popular, feminismo y movimiento de mujeres, sindical. Esto es: inserción real en la conflictividad, formación de cuadros medios y altos, posibilidad de generar referentes.

Tercero, teniendo lecturas regionales concretas. Con esto me refiero: el debate que hoy atravesamos como Patria Grande no termina de recoger profundamente diferencias y acuerdos que la organización tiene en cada una de sus regionales. Justamente, porque en cada una de las regionales los actores políticos que hoy están en el centro de nuestros debates existen de diferentes formas o no existen. Regionalizar el debate no quiere decir traducirlo como un conflicto entre regionales, quiere decir profundizar en cuáles son los acuerdos y debates abiertos que encontramos en cada regional. Así, las posiciones que venimos construyendo desde un principio que, muchas veces, se nos aparecen como un debate abstracto, se convierten en posiciones concretas sobre situaciones concretas. En este punto, las mesas de las conducciones regionales juegan un rol protagónico y fundamental.

Desde el minuto cero supimos que la tarea de la construcción de la izquierda popular sería de largo aliento. Hoy, la unidad interna de la organización representa un valor en sí mismo, no por ombliguismo ni costumbre, sino porque en tres años de existencia hemos demostrado que miles de compañeros en todo el país están representados en este proyecto, se organizan en PATRIA GRANDE, construyen la izquierda popular. Si con vocación de unidad parimos PATRIA GRANDE, con vocación de unidad y de poder, con vocación de atender las necesidades de quienes queremos representar, con muchísima humildad y compañerismo, debemos atravesar esta etapa.

 

Construir una victoria política, un proyecto popular para Argentina

Por Manuel Bertoldi y Fernando Vicente Prieto

Entre el 13 y el 15 de noviembre se realizó en la ciudad de Fortaleza (Ceará) la V Asamblea Nacional de la Consulta Popular, instrumento político de sectores populares organizados en Brasil y aliado estratégico de nuestra organización en el continente.

En la Asamblea participaron 800 militantes de todo el país, con el objetivo de debatir una caracterización de la etapa y las líneas de acción a seguir en este momento particular. Allí, nuestra organización tuvo la oportunidad de participar en el panel de apertura, junto a dirigentes de la Consulta Popular y del Movimiento Sin Tierra.

A lo largo de años de trabajo conjunto, con estos espacios hemos construido una relación de mucha confianza. Su experiencia alimenta nuestras propias reflexiones, de cara a la construcción de un proyecto popular en nuestro país y en todo el continente. Aquí presentamos algunos fragmentos de un informe más extenso sobre el proceso de Consulta Popular, que se enviará a las regionales a través de la Mesa Ejecutiva y la Mesa Nacional. Las citas textuales corresponden al documento que elaboraron hacia su V Asamblea Nacional.

  1.  La Consulta Popular

La Consulta Popular nace en el año 1997 a partir de un conjunto de cuadros políticos fundadores del PT. Algunos de ellos formaron parte de Acción Libertadora Nacional, organización revolucionaria liderada por Carlos Marighella. Muchos, a su vez, hacen parte de importantes movimientos de masas, entendiendo el carácter estratégico de la construcción de organización popular.

Los principales movimientos que se nuclean alrededor de Consulta Popular son el Movimiento Sin Tierra (MST), el Movimiento de Afectados por las Represas (MAB), el Movimiento de Pequeños Agricultores (MPA), Movimiento de Trabajadores con Derechos (MTD) y algunos sindicatos que hacen parte de la CUT, como el de Petroleros. Producto del impulso desde la Consulta Popular, en el proceso se crean el Levante Popular da Juventude, el Movimiento de Afectados por la Minería (MAM) y este año se lanza un movimiento de mujeres, a partir de la definición del carácter feminista de la organización.

La Consulta Popular nace con el objetivo de construir unidad estratégica, en el contexto de una crítica al reformismo que empieza a ganar terreno en el PT: “La comprensión, asimilación y esfuerzo formulado alrededor de una estrategia centrada en la conquista del poder del Estado son elementos constitutivos de nuestra organización”.

“Nuestra formulación, inspirada en las experiencias revolucionarias del cauce histórico latinoamericano, parte de la caracterización de que en los países dependientes, la lucha por la soberanía nacional o la liberación nacional tiende a ganar centralidad, posibilitando el desarrollo de una conciencia política nacional popular como elemento impulsor e indisociable de la lucha por el socialismo y antiimperialista”.

  1.      Una mirada sobre el PT en el gobierno

Ya en 2005, Consulta Popular elabora un documento sobre instrumento político, en el que plantea una serie de críticas al proceso del PT, incluyendo “la indefinición programática que caracterizó a las resoluciones de sus Congresos, utilizando definiciones amplias y ambiguas” mientras penetraba el pensamiento capitalista y se consumaba un debilitamiento de la influencia de la militancia de base. A estas consideraciones se le suman, en el balance actual, “la desorganización de los espacios orgánicos colectivos y la secundarización del trabajo de base, producto de la transición del partido a una máquina electoral”.

En general, la crítica apunta a la “relación de subordinación de los intereses de la clase obrera a la dirección burguesa”. Sobre este punto, la organización no rechaza “por principios” las alianzas policlasistas, pero en el caso concreto del ciclo PT señala la insuficiencia, con que fue llevado adelante ese camino: “Alianzas con clases y fracciones de clase burguesa exigen la construcción de fuerza propia del proletariado y sus aliados fundamentales y, principalmente, claridad en los objetivos estratégicos”.

  1. Una perspectiva revolucionaria

Cuando hablamos de perspectiva estratégica, no debemos perder de vista la necesidad de pensar en clave de estrategia revolucionaria. Muchas veces, nuestra cotidianeidad relega esta dimensión a un lugar más abstracto e incluso hasta irreal en nuestras formulaciones políticas. Por eso, siempre es preciso recordar que el deseo de cambios profundos es un elemento constitutivo de nuestro quehacer político, aprendiendo de nuestra historia como pueblo americano.

El énfasis en el balance –que lleva varias páginas– tiene que ver con la definición de las tareas actuales. A pesar de la difícil coyuntura que atraviesa Brasil, la organización insiste en no perder la perspectiva estratégica: “La línea política de quien pretende persistir en este camino revolucionario consiste en el arte de descubrir las potencialidades existentes para hacer apuestas que permitan ‘hacer posible mañana lo que en el presente parece imposible’. Esto se convierte en una grave limitación. Todas las actividades que podamos desarrollar parecerán minúsculas ante las posibilidades de la ‘política real’. Las tareas cotidianas, por más importantes, aparecen como actividades áridas, que exigen mucho más la terquedad y la persistencia que grandes talentos de un joven revolucionario. Mantener los cuadros y militantes sólo con convicciones ideológicas, en tales momentos, es un complejo y paciente desafío, en el que muchas veces tenemos la impresión de estar en un bote agujereado, retirando el agua con un balde. Este fue el proceso que moldeó nuestra existencia y nos sigue forjando. Es preciso tener claro que el actual momento en que enfrentamos una ‘derrota estratégica’ nos exigirá mucho más convicción y esfuerzos”.

Desde esta actitud militante, Consulta Popular se plantea hacer un aporte decisivo al Frente Brasil Popular, iniciativa que reúne a diversos espacios políticos del campo popular brasilero y se propone la construcción de un proyecto de país. En el próximo número de Cambio abordaremos algunos de estos elementos, que ya se encuentran en desarrollo.

 

¿Cómo salimos de la crisis?

Por Ezequiel Galpern

Las organizaciones del campo popular estamos en crisis. Quien niegue la desorientación general que vivimos muestra, ante todo, su soberbia. En la Argentina, avanza a paso firme una nueva derecha con un claro proyecto neoliberal. Finalmente, el poder concentrado ha logrado ordenar y desplegar su tropa. Cambiemos gobierna de la mano de los grandes empresarios y terratenientes, asentándose sobre el esqueleto territorial de la vieja UCR, con el apoyo firme de prácticamente todos los multimedios de comunicación y los oportunos favores del partido judicial. Y, por si fuera poco, gobierna ahora además con el respaldo en las urnas de buena parte del pueblo para sus principales dirigentes y para su proyecto de país.

Del otro lado de la grieta, el temor por una posible reelección del macrismo en 2019 e incluso por el advenimiento de una derrota histórica de los de abajo nos hace dudar y nos enfrenta entre nosotros. Solo la figura de Cristina Fernández de Kirchner parece mantenerse de pie como posible aglutinadora de la oposición. Su apuesta de Unidad Ciudadana emerge como un primer intento interesante, pero por ahora limitado, incipiente y cuantitativamente insuficiente para la construcción de una nueva propuesta política antineoliberal capaz de vencer a Cambiemos en las urnas.

Pero el pueblo no está derrotado. Las masivas movilizaciones que hemos protagonizado los y las de abajo en estos años de macrismo son evidencia de ello. El movimiento feminista, el de los trabajadores y trabajadoras de la economía popular, los sindicatos combativos, las organizaciones de derechos humanos y el movimiento estudiantil han sido el motor de la defensa de nuestros derechos y han demostrado fuerza. Nuestra limitación ha estado sobre todo en el terreno político-electoral: esa fuerza hoy no logra traducirse en votos para una alternativa que le gane a Cambiemos –ni neodesarrollista, ni progresista ni mucho menos socialista. Hace rato que este diagnóstico es de público conocimiento. Y, justamente, la incapacidad (colectiva) de resolver este problema es lo que agudiza la crisis las organizaciones que pretendemos transformar la Argentina. Es momento de reflexionar y analizar con cuidado los pasos por delante.

Para una organización con una creciente inserción en los sectores más dinámicos que protagonizan las luchas pero sin espacio institucional, una salida cómoda puede ser aceptarnos como espectadores y apostar a desarrollar por abajo una izquierda social que se fortalezca mientras esperamos a que el ciclo político cambie. Para defender nuestras construcciones de base en un contexto regresivo, podemos aglutinarnos con otros espacios que se encuentran en la misma situación –por lo pronto con quienes se autoproclaman de “izquierda popular”. Así, difícilmente podremos aspirar en el corto plazo a disputar los grandes espacios de la política, que seguirán ocupando otros, pero bien podremos fabricar las mejores referencias que expresen nuestro trabajo sectorial. Para que nuestra identidad sobreviva en este camino, necesitaremos poner en primer plano una rígida delimitación, por un lado, del “proyecto kirchnerista” (aunque “coqueteemos” discursivamente para interpelar a su base) y, por otro, de la izquierda trotskista, de forma que nuestro acumulado no se confunda con otros procesos de identidad más instalada. Deberemos explicarle a cada militante de nuestro espacio que, aunque todos nos encontremos en las mismas luchas en la calle, es nuestro proyecto, el de nuestra izquierda, el mejor para alcanzar la sociedad que soñamos. Seguramente encontremos los argumentos, sobre todo porque los otros proyectos presentan mayor desarrollo y, por tanto, un notable historial de errores (y de aciertos que siempre se pueden minimizar). Podemos apostar a aglutinar lo que hoy consideramos propio y esperar a que la crisis pase, a que el contexto mundial nos favorezca y que, tal vez, algún otro recupere el gobierno para un espacio no-neoliberal. Quizás ocurra, e incluso quizás nosotros mismos nos encontremos con la posibilidad de abonar a algún proceso de mayorías con un programa que sintamos propio. O quizás no ocurra nunca, quién sabe.

Pero también es admisible otra salida. Podemos apoyarnos en nuestro desarrollo sectorial y en nuestras incipientes referencias electorales para hacer una propuesta política que aglutine espacios, que ordene grupos, que exprese las voces de los que quieren rebelarse contra el avance del neoliberalismo y construir una alternativa superadora a lo que ya hemos vivido. Podemos ser la izquierda que, sin perder de vista su horizonte y sus principios, se ponga a disposición de la construcción de una nueva mayoría popular. Pero, para eso, debemos empezar a trabajar ahora mismo, sin prisa pero sin pausa, en una propuesta para derrotar al neoliberalismo. Debemos convocar explícitamente a quienes se identifican con la identidad mayoritaria del campo popular, el kirchnerismo, y proponerles avanzar hacia un gran frente antineoliberal sin exigirles que renuncien a sus tradiciones y liderazgos. Seguramente, el camino hasta lograr conducir ese frente sea largo. La tarea de la izquierda popular será acercar posiciones, compartir espacios, proponer y ganar debates, mientras damos todas las luchas en las calles. Así se afianzará la identidad de nuestro propio espacio, y nuestra correlación de fuerzas mejorará, como siempre, cuando logremos convencer a otros de lo que pensamos. Pero no sólo discutiremos con organizaciones, sino también con miles y miles de personas sueltas, que también buscan un camino en medio de la desorientación generalizada del campo popular. Una plataforma política nacional que pueda incorporar a quienes compartan esta orientación será una herramienta fundamental, y tenemos experiencias de cuyos errores y aciertos podemos partir. Debemos formular una propuesta novedosa desde lo comunicacional, pero que se posicione con claridad de un lado de la grieta. Debemos abandonar definitivamente la cómoda butaca de espectadores para subir al escenario de los y las protagonistas, no solo porque es el camino más corto para que nuestra organización se fortalezca, sino porque es la única forma de construir una alternativa que pueda defender los derechos de nuestro pueblo y derrotar al neoliberalismo.

 

Contra todos los manuales y todo posibilismo, el Frente Amplio se abre cancha en Chile

Por Rolando García y Santiago Mayor

La elección presidencial en Chile trajo sorpresas positivas para quienes vivimos la avanzada regional de la derecha con la convicción de que, tarde o temprano, los pueblos de América Latina darán vuelta la taba.

La sorpresa no estuvo dada tan sólo por los pobres resultados del ex presidente Sebastián Piñera, candidato favorito del establishment, las casi siempre sospechosas encuestas y los medios locales, sino por el 20% obtenido por Beatriz Sánchez, la candidata del joven Frente Amplio (FA), una coalición de fuerzas progresistas y de izquierda construída tan solo hace algunos meses.

En ese sentido, el FA viene a renovar el sistema político y plantear que no todo está dicho para las experiencias transformadoras en nuestro continente.

Una decisión valiente contra todo cálculo

Ante el escenario electoral, la opción para las fuerzas integrantes del Frente Amplio no debe haber sido cosa fácil. Por un lado, frente a un candidato de derecha que mostraba fortaleza, unidad de sus fuerzas y un importante potencial para volver a la presidencia. Por el otro, un gobierno progresista con límites claros al momento de radicalizar las políticas sociales, económicas y la institucionalidad burguesa que, además, se vio fragmentado al perder a su aliado más conservador, la Democracia Cristiana (DC).

Una alternativa hubiese sido apoyar, tal vez incluso con alguna formulación crítica, al candidato oficialista Alejandro Guillier. De esta forma, podrían haber construido una alianza política para disputar el primer lugar en la elección, con la opción de “radicalizar desde adentro” el proceso encabezado hasta ahora por la presidenta Michelle Bachelet.

Además, se dieron ciertos factores específicos que hacían más tentadora la alianza con el espacio de Bachelet. La “depuración” que vivió el espacio hacia finales del año pasado con la salida de la DC reforzó el peso de fuerzas progresistas y de izquierda como el Partido Comunista. Es más, la Nueva Mayoría intentó mostrar un perfil renovado al proponer en detrimento del ex presidente Ricardo Lagos la candidatura del ex presentador de televisión Alejandro Guillier, quien no tiene filiación partidaria explícita, tal vez buscando empalmar con los “movimientos ciudadanos” presentes en varios países occidentales.

Por otra parte, la opción de presentarse por fuera tenía contradicciones evidentes. El costo de la “apuesta” podía dividir el voto progresista y resultar en una obturación de todo espacio político para el Frente Amplio. De esta forma, podrían haber sacado una cantidad escasa de votos, que la hubiese puesto más cerca de la experiencia de izquierda dirigida nada ni nada menos que por Marco Enriquez-Ominami, el hijo de Miguel Enriquez, el famoso dirigente del M.I.R., que obtuvo cinco puntos a nivel nacional.

Ahora bien, la política nunca es un juego de suma cero. Una buena parte de los votantes del Frente Amplio no hubieran estado dispuestos a apoyar a figuras asociadas al gobierno de Bachelet, considerando la postura crítica, y hasta opuesta, en algunos casos que han mantenido los partidos que lo integran. Eso hubiera debilitado el sorprendente caudal de votos que el espacio logró capturar.

El hecho de “jugar por fuera” permitió al Frente Amplio llamar la atención de una enorme parte de la juventud, mientras que capitalizó parte del descontento con el actual gobierno expresado en las masivas movilizaciones contra el régimen privado de pensiones (que el oficialismo no se animó a modificar) y la tibia reforma educativa que no cumple con las demandas históricas del movimiento estudiantil chileno.

La construcción de una alternativa al desgastado oficialismo también obturó el crecimiento de la derecha que, con su mensaje moderno y el planteo estratégico de llevar a cabo una “segunda transición”, se mostró como una renovación ante un proyecto que, con la excepción del período 2010-2014, gobierna Chile hace casi dos décadas.

“No da lo mismo” y “sí, se puede”

Tal vez una de las mayores dificultades para el Frente Amplio se presente por su propia capacidad de incidir en los resultados del ballotage de diciembre. Si bien Beatriz Sánchez aclaró que iniciarán conversaciones, no hizo explícito el llamado a votar al candidato progresista. Seguramente, en cómo desarrollar adecuadamente esta política se cifre parte del futuro de la joven coalición.

Es que, claramente, a nivel identitario, se trata de un frente de organizaciones que interpelan a la juventud desde la necesidad de renovar el sistema político. Este fenómeno empalma con el movimiento ciudadano que irrumpió en escena en España, representado por PODEMOS, y recoge parte de las experiencias transformadoras de América Latina que rompieron con las estructuras y sistemas de partidos tradicionales.

A la vez, el Frente Amplio va por mucho: plantea la constituyente para reformar el Estado, en un combo de reformas para mejorar la democracia chilena, cambiar el modelo de desarrollo del país, ampliar derechos sociales y civiles, hacer una reforma tributaria progresiva, en un documento de más de 300 páginas destinadas a demostrar una intencionalidad política y conocimiento de la realidad nacional.

Independientemente de cómo quede planteado el escenario hacia diciembre, y cómo el Frente Amplio supere el dilema de posicionarse frente al ballotage sin quedar “pegado” a la vieja política, el principal saldo de la elección es que ahora una fuerza de izquierda, con una orientación radical, logró perforar el sistema político, obtener 20 bancas nacionales y volverse un actor de relevancia a nivel parlamentario. Su rol, además, será clave ante un Congreso chileno donde el futuro presidente sea quien sea no tendrá mayoría propia.

Desde la rebelión de los pingüinos en 2006, toda una nueva generación militante fue creciendo y desarrollándose en Chile. Es de ese movimiento de masas de donde emergen los candidatos Gabriel Boric, del Movimiento Autonomista, y Giorgio Jackson, de Revolución Democrática. Y también miles de militantes que componen las organizaciones que conformaron el Frente Amplio.

Esperamos que sea capaz de profundizar el cambio que se inició hace más de diez años, que trajo el triunfo de Jorge Sharp en Valparaíso, y ahora se abre camino hacia la consolidación de un espacio político de masas, con alcance nacional y un enorme potencial transformador en el país austral.

 

Repensando la izquierda popular

Por Nicolás Carrea.

Mi pensamiento y mi vida constituyen una sola cosa, un único proceso. Y si algún mérito espero y reclamo que me sea reconocido es el de –conforme un principio de Nietzsche– meter toda mi sangre en mis ideas.

Mariátegui, “Advertencia” en Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana

1.Ser-de-izquierda. El término es europeo: su origen histórico se remonta a la Asamblea Nacional Constituyente surgida de la Revolución Francesa, dentro de la que había quienes tenían la posición radical de restringir el veto del rey y se sentaban a la izquierda del presidente; en cambio, quienes estaban sentados a su derecha, tenían la posición conservadora de otorgarle un veto absoluto al rey. Por ello y más, ser-de-izquierda quedó asociado a la postura política de impulsar cambios políticos y sociales radicales, con la convicción de que las desigualdades e injusticias son cuestiones sociales y no algo inevitable y natural.

Cabe decir que la construcción de la izquierda popular está enmarcada dentro de un contexto histórico y no es una fórmula de hoy y para siempre. Debemos darnos cuenta cuando la izquierda pase a ser la sombra que sigue el camino de la derecha o viceversa. Tenemos que movernos, para escuchar el ruido de nuestras propias cadenas, y no quedarnos quietos, escuchando solo el de los demás, parafraseando a Rosa Luxemburgo.

2.La miseria de lo existente. Esta es la premisa de la que nace todo propósito revolucionario. Debemos estar preocupados y ocupados, sin caer en la desesperación y el conformismo, menos en la mediocridad. No hay que culparnos por no poder cambiar el mundo en su totalidad, pero tenemos que interrumpir y transformar la reproducción de los males y las injusticias de la pequeña parte que de él habitamos. Debemos correr los límites de lo real hacia lo posible. Y por aquellos que nos gritan que es imposible, delirio o fantasía, seamos magos del mañana: hagámoslo aparecer en frente de su cara.

Por ello, tenemos que tener un pensamiento utópico, es decir, pensar ese no-lugar soñado que todavía no existe, pero siempre con un anclaje de pensamiento tópico, es decir, desde el lugar y el territorio en donde pensamos. Desde ahí hay que abrirle una herida al mundo: crear un mundo en el mundo. Militar y activar esa violencia en lo existente, en lo podrido que tiene la realidad, para introducir un nuevo horizonte, una nueva tierra sobre nuestros pies y un nuevo cielo sobre nuestras cabezas.

Hay que recordar que es tan frágil la miseria de lo que existe, que solo basta un auténtico instante revolucionario para cambiarlo todo. Así debemos vivir: ¡cualquier instante puede ser ese instante!

3.Con-y-por les de abajo. Si en el punto anterior enuncié la forma de todo propósito revolucionario, éste debe ser su contenido. Mas, cabe una reformulación de la izquierda. ¿Qué nos dice está metáfora espacial de soy-de-izquierda, yo-estoy-a-la-izquierda? Poco y nada. ¿Pero si decimos: yo lucho, yo estoy con-y-por-los-de-abajo? ¡Ah, la metáfora reluce! No queremos un mundo con una lógica verticalista pero sin duda que el mundo lo es y que de ello partimos, aunque deseamos que las diferencias no se traduzcan en desigualdades y jerarquías.

¿Quiénes son los de abajo? Los oprimidos y oprimidas. ¿Por qué? Por sus condiciones sociales, culturales y biológicas: género, raza, etnia, clase, capacidades diferentes, orientación sexual, religión, casta, edad, nacionalidad, ideología, lengua, especia, etcétera. Interseccionalidad de condiciones que bien pueden estar todas unidas en una sola persona. Ella será violentada por el poder ejercido desde las instituciones hegemónicas que no soportan ver las disidencias a sus normas.

¿Qué hacemos entonces? Vemos cómo los oprimidos ejercen la violencia legítima, es decir, la que lucha por las desigualdades y las injusticias. Esta violencia invertida se vuelve justa. Y es en este punto en el que sólo es cuestión de devenir, pues por empatía y simpatía, aunque muchos de nosotros no somos los de abajo, devenimos con ellos y por ellos. Devenimos mujeres, negros, putas, pobres, animales, niños, locas, trans, trabas, en fin, devenimos minoría, devenimos pueblo, y por lo tanto, sujetos revolucionarios. Esto encierra una gran paradoja y contradicción: devenimos minoría sabiendo que ella es la mayoría del mundo. Pues la minoría real es una hegemonía disfrazada de mayoría, de un discurso de lo normal y lo mayoritario, por ende, muchas veces, de discurso pacificador y democrático, la cual ejerce el poder de manera injusta y desigual.

4.Poder. El poder no es un fin en sí mismo. El poder es un asunto del querer. Pero querer no es poder y poder no es querer. Todos queremos vivir, mas no todos pueden. Muchos pueden cambiar el mundo, mas no lo quieren. Nuestro tarea es la de construir poder popular, es decir, un poder legítimo del pueblo ya redimido de su opresión, en el cual el gobernante sólo ejerza un poder obediencial, es decir: que quien gobierna sea el pueblo y que quien obedezca el gobernante. Empoderar al pueblo es liberarlo de aquellas cadenas que constriñen lo que quiere y desea. Eso es poder-querer y eso queremos.

En este sentido, es que el poder es un medio para la realización digna de la vida material y espiritual de las personas. Pero debemos cuidarnos. Todes deseamos el poder y lo confundimos con un fin en sí mismo. Nadie está exento de caer en relaciones de poder perversas, ya que como en algún momento fuimos oprimidos, por venganza, deseamos ser opresores. Ese círculo de violencia ilegítima debe cortarse, porque en el fondo, también oprimir es oprimirse. La realización plena no es a costa de otro, sino con otro.

Por último, hay que sumergirse en las contradicciones latentes que tienen las relaciones de poder. Solo así se es una alternativa a los poderes de derecho (ejecutivo, judicial, legislativo, fuerzas represivas) y los poderes de hecho (económico, financiero, multimedia, organismos internacionales, etcétera). No podemos ser la voluntad de la castración del poder, coquetear con él y jugar a la revolución infinitamente diferida por una burocracia mental y vanguardista. Debemos estar preparados para ejercer el poder y, sobre todo, para empoderar y luego obedecer.

Temas de la nota: