1º de mayo de la economía popular: Si no hay justicia para el pueblo, que no haya paz para el gobierno

Por: Nicolás Caropresi, integrante del Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE) | 10 de mayo de 2017

El 1° de mayo pasado, los trabajadores de la economía popular realizamos un acto con una convocatoria impresionante. Lo que importa no es el número, sino cómo llegamos a este 1° de mayo. Del movimiento de desocupados a la Confederación de los Trabajadores de la Economía Popular y al programa de las 3T: tierra, techo y trabajo.

De los “desocupados y vagos” a los ocupados que generaron su propio trabajo y que la siguieron peleando para recuperar en sus conciencias y en la conciencia de la sociedad en general su dignidad, la dignidad del trabajo. Pero, por sobre todas las cosas, la dignidad de la organización, la más fuerte y hermosa de todas, la de conquistar nuestros derechos. Por eso, el lunes 1º de mayo había 70 mil trabajadores y trabajadoras de la economía popular frente al Monumento del trabajo, gritando desde las tripas que otro mundo es posible, que frente al hambre, la pobreza y la desigualdad de un mundo que se mueve por la búsqueda inagotable de la ganancia hay miles de compañeros y compañeras dispuestos a poner toda su vida a disposición de construir un mundo donde el único motor posible sea la búsqueda de la dignidad humana. Que frente al dinero hay amor, amor a la vida. Desde un basural, desde un taller clandestino, desde una quinta hortícola, desde un comedor comunitario, desde las villas emerge un pueblo que pretendieron borrar de la historia, del mercado y del Estado.

Pasó la dictadura, vinieron los noventa y los trabajadores y trabajadoras de Argentina se fragmentaron en dos bloques. Por un lado, los trabajadores ocupados y, por el otro, una masa de argentinos y argentinas que habían perdido sus fuentes laborales y pasaron a integrar la gran masa de desocupados. Finalmente, en 2001, una nueva crisis política, económica y social estalla en nuestro país. Trabajadores ocupados y desocupados toman las calles frente al hambre que se había extendido a más de la mitad de la población argentina. Como saldo, un sector de la sociedad, un tercio de los habitantes de nuestro país, quedó de manera estructural excluido completamente de los “beneficios” del capitalismo, sin patrón, sin derechos laborales, viviendo en villas aisladas de los grandes centros urbanos a pesar de estar a metros de los barrios y avenidas más lujosas, en asentamientos en tierras abandonadas, perseguidos e incluso discriminados por los “favorecidos”.

Un programa para la unidad de los trabajadores organizados

De todas maneras, no se iban a quedar sentados esperando que les llueva comida o que llegara la tan anunciada revolución en beneficio de quienes se rompen el alma para poder comer un cacho de pan, y comenzaron a inventar su propio trabajo. Salieron a cartonear, a revender, a hacer artesanías para vender en las calles, a mejorar sus barrios, a escapar de los talleres textiles donde vivían en condiciones de esclavitud, a exigir que se respete su trabajo como campesinos, como horticultores, salieron a cuidar vehículos. Y, desde ese lugar, comenzaron a organizarse para conquistar derechos, para conquistar el reconocimiento de su laburo, para dejar de ser perseguidos por la policía, por los medios y por un sentido común medio pelo que los acusaba de vagos, chorros y/o lastres de nuestra sociedad. Y, en ese proceso y en ese autodescubrimiento, estos trabajadores y trabajadoras comienzan también a construir otra forma de concebir el trabajo, en el que el principal motor no es la búsqueda incansable de la ganancia y la concentración económica, sino la búsqueda constante de mayores niveles de dignidad en la vida de los seres humanos. Y así como existió la capacidad de crear su propio laburo, también existía potencialmente la capacidad de construir su propia herramienta gremial, de generar un nuevo modelo de organización para los trabajadores argentinos. Y es en este camino que los trabajadores de la economía popular conforman la CTEP (Confederación de Trabajadores de la Economía Popular), el “tridente San Cayetano” junto a otras dos organizaciones (CCC y BDP), llevan su agenda de discusión a otras centrales y gremios (CGT, CTAs, ATE, Ladrilleros, Suterh, ATE, Papeleros, etc.) y consiguen, entre otras cosas, la “Ley de Emergencia Social”, el Salario Social Complementario para dejar de hablar de planes y comenzar a hablar de complemento salarial. El 1º de mayo de 2017 expresó este recorrido.

Frente a un gobierno que demuestra que va a avanzar en políticas que van a incrementar la exclusión en nuestro país, que va a avanzar en políticas que fortalezcan nuestra dependencia ante las grandes potencias del mundo, los trabajadores y trabajadoras de la economía popular gritan en sus actos, en sus asambleas, que la única salida es construir la unidad de todos los trabajadores organizados, y construir en conjunto el programa de los trabajadores en Argentina y en Latinoamérica. Tierra, techo y trabajo son los puntos centrales desde donde los movimientos sociales que componen la CTEP interpelan a nuestra sociedad y a toda la clase organizada.

RECUADRO:

1- REFORMA AGRARIA INTEGRAL

– La Argentina no tiene futuro si no cambia su estructura social. Y, para eso, hay que cambiar el dominio de la tierra. No hay destino para la Argentina sin una reforma agraria integral y si no logramos que nuestros compañeros vuelvan al campo. La tierra debe ser de quien la trabaja.

2- REFORMA URBANA INTEGRAL

– Tenemos compañeros que viven en toldos hechos con silobolsas. Necesitamos seguir construyendo una política de integración urbana y rural para que cada compañero de la economía popular tenga un techo digno para vivir con su familia.

3- UNIDADES PRODUCTIVAS DE LA ECONOMÍA POPULAR

– Nos quieren hacer creer que somos un sector improductivo. La economía popular es la economía más productiva que existe porque pone al hombro por delante del producto y pone a la dignidad por delante de la productividad.

– Debemos cuestionar los fines últimos del capitalismo, que es la acumulación de dinero y el consumismo. El fin último de nuestro programa debe ser la utilidad social de nuestro trabajo.

 (Conclusiones de la asamblea realizada en el teatro Verdi el 1° de mayo de 2017)

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