1º de mayo: muchos actos, dos grandes mensajes

Por: Sebastián Tafuro | 10 de mayo de 2017

Un nuevo 1° de mayo tuvo lugar. Los distintos espacios sindicales realizaron actos a puertas cerradas o movilizaciones en la calle. Dos grandes mensajes pueden distinguirse: los que tienen mayor decisión de confrontar con el gobierno y los que, con complicidad o ambigüedad, eligen pararse en la vereda de enfrente.

La foto del último 1° de mayo no es la que más favorece a un movimiento obrero organizado que, a lo largo de los primeros 17 meses de gestión de Mauricio Macri, ha protagonizado grandes movilizaciones como la del 29 de abril de 2016 donde confluyeron todas las centrales sindicales como hacía 15 años no ocurría o la del 7 de marzo de este año frente al Ministerio de Producción, en donde la multitud callejera arrinconó al triunvirato de la CGT que terminó convocando a regañadientes el primer paro nacional contra Cambiemos el pasado 6 de abril.

Si la unidad de acción fue vital para pronunciarse contra el proyecto de ley antidespidos, si la necesidad de salir del letargo tras la reunificación cegetista obligó a poner toda la carne al asador en el medio de un marzo caliente para decirle al gobierno “acá estoy yo”, si la combinación entre una presión real de las bases por la crítica situación económica y la ausencia de liderazgos consolidados llevó a la huelga general, todo eso no puede ocultar un dato indisimulable que persiste de la etapa política anterior y se vislumbró en el Día Internacional del Trabajador y la Trabajadora: el sindicalismo en la Argentina continúa con importantes niveles de división que es menester desafiar para ejercer una más potente y unitaria voluntad de confrontación contra las políticas de ajuste y miseria planificada.  

En el extremo cómplice de la película que el macrismo nos hace ver todos los días, Gerónimo “Momo” Venegas, con su sello de las 62 Organizaciones Peronistas, le armó el escenario en el estadio cubierto de Ferro al presidente de la Nación y a varios de sus funcionarios. La historia posee numerosos ejemplos de sindicalistas que se recuestan en el poder de turno, aun a costa de políticas perniciosas para los intereses de sus representados. El Momo se esfuerza sobremanera para llegar a lo más alto de un ranking de servilismo en el que la inocultable satisfacción del calor del abrazo con Macri es la contracara de las condiciones de vida de los trabajadores rurales que él, en los papeles de su cargo de secretario general de la UATRE, asume representar.

El colmo de esta extraña fiesta que se vivió en Caballito fue el anuncio del Programa de Inserción Laboral, denominado Plan Empalme, que dos días después se traduciría en el decreto 304/2017 publicado en el Boletín Oficial. El mismo tiene la pretensión de incorporar al trabajo formal a aquellos beneficiarios de planes sociales tanto del Ministerio de Desarrollo Social como del Ministerio de Trabajo. Leído en forma de título puede hasta resultar bonito pero, si nos adentramos en el articulado y teniendo en cuenta los antecedentes y el rumbo estratégico de este gobierno en materia de Trabajo y Empleo, aparecen serias limitantes para su implementación concreta, además de no quedar claro: 1) qué pasa cuando a los 24 meses se termina el “subsidio al empleo”; 2) cómo reactivar la actividad económica cuando se apunta, por ejemplo, a dos sectores como la construcción, caracterizada por su volatilidad, o el textil, en un declive permanente desde hace largos meses. Finalmente, la gran pregunta es: ¿el macrismo piensa apuntalar el mercado interno con esta medida? ¿Hay condiciones reales de la economía para que eso suceda? En el marco de políticas más generales que “enfrían”, se vislumbra más una contradicción o un discurso para la tribuna que una efectiva capacidad para promover la generación de puestos de trabajo, ni hablar del carácter formal de los mismos. A su vez la ¿paradoja? de que es una vez más el capital quien recibe el subsidio del Estado, cuando se suele instalar más bien lo contrario, incluso con esa mirada estigmatizante que subyace en sectores políticos y mediáticos sobre los trabajadores.

Por otro lado, el triunvirato de la CGT también se aglomeró a puertas cerradas en el otrora rockero Obras Sanitarias. Allí, Juan Carlos Schmidt fue el único orador y enunció un mensaje muy similar al de los últimos tiempos, con críticas a “las consecuencias de este trazado económico”, pero sin plantear ninguna acción que se condiga con esa posición discursiva. Este posvandorismo en el que ya ni siquiera se golpea para negociar, sino que se esencializa la idea de la negociación, ha colocado a la Confederación en un papel de funcionalidad respecto de las tácticas que se va dando el gobierno que, a su vez, la maltrata cuando se refiere a prácticas mafiosas o a que no entienden el sentido del “cambio” que están propugnando. Ni chicha ni limonada y las tensiones internas son tan inocultables que es difícil pronosticar hasta cuándo seguirá la unidad que se supo conseguir.

Los que luchan y los que se entregan

Frente a la complicidad directa con el modelo económico que encarna Venegas y la ambigüedad del triunvirato, en una CGT en la que conviven expresiones dinámicas que incluso avanzan en líneas programáticas más que interesantes como la Corriente Federal de Trabajadores (CFT), con sindicatos entreguistas tales como UPCN, UOCRA o Comercio, se encuentran las dos CTA y la CTEP, que este 1° de mayo apostaron a la calle. La CTA de los Trabajadores y la CTA Autónoma dieron un nuevo paso en su proceso de reunificación y confluyeron en la Escuela Itinerante en el Congreso, poderoso símbolo de la encomiable lucha docente. La CTEP, en tanto, fue motor nuevamente de la tríada que conforma con Barrios de Pie y la CCC y llevó a cabo la movilización más contundente de la jornada frente al Monumento al Trabajo.

Es vital para la etapa que estamos atravesando aproximar estas experiencias, tanto desde la unidad de acción como en un sentido programático si se lograra avanzar en ese terreno. Porque en ambas y también incluimos aquí la referencia a la CFT o a los Aceiteros que se preparan para una negociación paritaria durísima existe una perspectiva de confrontación con las políticas de ajuste, con una redistribución de la riqueza que aumenta la desigualdad entre los que más y los que menos tienen en favor de los primeros. Y eso ya las coloca en un plano de más cercanía pese a las diversidades con las que cada cual encarna la lucha. Porque, como diría Agustín Tosco, “la única división que nosotros hacemos es entre los que luchan y los que se entregan”.

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