2017: profundización del macrismo

Por: Pablo Wahren | 17 de febrero de 2017

La Argentina se volvió el país que siempre está por crecer. En 2016, cuando recién había asumido el macrismo la presidencia, “cada día íbamos a vivir un poquito mejor”. Cuando eso no pasó, el discurso del gobierno se enfocó en el “segundo semestre”. Cuando eso tampoco pasó, empezaron a hablar de 2017. Sin embargo, todo indica que vamos hacia un 2017 con una economía más chica y más desempleo que en 2016.

Al ser un año electoral, muchos analistas esperaban que se revirtieran algunas tendencias que llevaron al deterioro de las condiciones de vida de la población en el primer año de gobierno de Cambiemos. En 2016, el poder adquisitivo de los trabajadores y trabajadoras registrados cayó, en promedio, un 6% porque los aumentos salariales perdieron con la inflación (en el empleo informal el salario cayó más aún) y, al menos hasta septiembre y según el INDEC, se contabilizaron más de 122 mil desocupados nuevos.

Pero la tendencia se mantiene. Actualmente, tan solo en lo que va del año, la CGT denunció 5 mil despidos. Asimismo, el macrismo propone un techo a las paritarias del 18% basado en un cálculo artificial de que la inflación será del 17%. Sin embargo, hoy el consenso entre las propias consultoras privadas, afines en su mayoría al oficialismo, es que será del 23%. La economía sigue sin arrancar y, desde centros de estudios hasta el propio FMI, pasando por consultoras privadas, todas las predicciones se encuentran ajustando sus proyecciones de crecimiento a la baja. De crecer la economía este año, no alcanzará para compensar la caída del año anterior ni para recuperar el empleo perdido.

Mientras tanto, el argumento de la “pesada herencia” cae por su propio peso. Por un lado, ya se extendió demasiado en el tiempo. Por el otro, los grandes problemas señalados por el macrismo fueron agravados mientras, en paralelo, se crearon nuevos.

Empecemos por repasar los movidos primeros días del año.

Medidas anticonsumo

A partir del 1º de febrero, dos medidas golpearon el bolsillo y, con ello, el consumo: la suba de la tarifa de luz y la eliminación de las cuotas sin interés. El año pasado, el consumo se retrajo un 4% según la consultora CCR y, tras las nuevas medidas y señales del gobierno, pareciera que en 2017 no habrá recuperación.

Por un lado, la tarifa de luz aumentó entre un 60% y un 148%, lo que significará un fuerte golpe al consumo al aumentar la porción de nuestro salario destinada a pagar servicios públicos. Esto se profundizará cuando se concreten los ya anunciados aumentos de gas y transporte.

Por otro lado, la eliminación de las cuotas sin interés también golpeará al consumo. La medida fue presentada como un sinceramiento de precios, ya que el gobierno argumentaba que los comercios cobraban más por los productos para compensar el costo bancario de vender en cuotas y, por lo tanto, al cargar el interés en las cuotas, ahora se reducirían los precios para las compras en un solo pago. Sin embargo, un completo relevamiento online del ITE da cuenta de que el 80% de los precios al contado se mantuvieron igual, solo el 12% bajó y un 8% se incrementó. En cuanto a los precios en cuotas, la CAME registró un incremento de entre el 10% y el 20% tras la medida. Tal fue el fracaso, que el gobierno lanzó desde los bancos públicos créditos de 50 cuotas (con interés, eso sí) para compensar, parcialmente, lo que se proyectaba como un derrumbe de la venta de electrodomésticos.

El aumento de las tarifas públicas y del precio de venta en cuotas se sumó a otros aumentos en lo (poco) que va del año, tales como la suba del 8% en naftas, el ABL de la CABA (30%), las prepagas (6%) y los peajes (100%). A pesar de esta dinámica, el gobierno se obstina en sostener su meta de inflación del 17% para 2017, a partir de la cual propone que las paritarias no superen el 18%.

El consumo representa el 80% de la demanda y, sin demanda, no hay producción. Por eso, si el consumo no crece, difícilmente la economía y el empleo lo hagan.

Trabajadores en la mira

Los trabajadores tienen que tomar nota de distintas acciones y medidas que los afectaron en menos de dos meses. En la lista se incluye: intervención gubernamental para limitar incrementos salariales en paritarias y progresivamente tender a la eliminación de esta herramienta de negociación, flexibilización de los convenios colectivos de trabajo que rigen la relación entre empleados y empresarios y la no intervención en conflictos laborales como despidos.

Veamos cuatro ejemplos de cómo el macrismo ya está avanzando con este programa:

1) En un hecho sin precedentes, el Ministerio de Trabajo anuló el acuerdo salarial que habían alcanzado los trabajadores y trabajadoras bancarios con los banqueros por considerarlo demasiado alto. Si bien la Justicia ratificó el aumento alcanzado por los bancarios, el gobierno decidió apelar, demostrando hasta qué punto está decidido a limitar las sumas salariales, aun cuando las propias patronales las acepten.

2) El gobierno argentino decidió eliminar la paritaria nacional docente, establecida por ley. Si bien los salarios docentes se fijan en cada provincia, la paritaria nacional sirve de piso para esas negociaciones y, por ende, puede garantizar que no haya desproporciones demasiado altas entre sindicatos con mayor y menor capacidad de negociación.

3) Las modificaciones del convenio colectivo de trabajo de los petroleros en Vaca Muerta son la bandera que enarbola el gobierno para generalizar al resto de la economía. Las modificaciones fueron, básicamente, flexibilizaciones: eliminación del pago de “horas taxi” (tiempo de traslado al pozo), mayor producción con menor cantidad de operarios y ganancias a costa de la seguridad del trabajador (se trabajará con vientos de hasta 60 Km/h).

4) La CGT contabilizó 5 mil despidos en lo que va del año en diversos rubros: industria gráfica, petrolera, plástica, docentes, administración pública, etc. En 2016, el gobierno vetó la Ley Antidespidos, que establecía la doble indemnización, por considerarla “antiempleo”. A cambio, firmó un acuerdo con empresarios, quienes se comprometieron “de palabra” a no despedir personal. Letra muerta.

Auxilio deuda externa

Si hay un gobierno que vive con más de lo que tiene es el macrismo. El año pasado fue el mayor tomador de deuda externa del mundo, al superar los 50 mil millones de dólares, y, en lo poco que va del año, ya alcanza los 11 mil. Pieza clave para lograr cierta estabilidad económica este año, los dólares ayudarán a financiar el gasto público y a sostener el tipo de cambio para que la inflación no se vuelva a disparar como el año anterior. Sin embargo, tras la eliminación de todo tipo de control a la compra de divisas (por ejemplo, el último límite establecido a la compra es de 5 millones de dólares por mes), el dólar barato amenaza con disparar la fuga de capitales, la cual ya tuvo un fuerte incremento el año pasado.

Un deficiente plan de corto plazo que difícilmente traerá crecimiento y que se sustentará en elevados costos a largo plazo cuando los intereses de la nueva deuda empiecen a pesar cada vez más en las cuentas públicas.

Herencias

La “pesada herencia” aún no pasó de moda y, si la economía sigue sin arrancar, seguirá estando presente en discursos, titulares y noticias. Por eso, hablemos de herencias. El kirchnerismo, en sus últimos años, afrontó dos problemas que se mostró incapaz de resolver: (1) una escasez de divisas que se opuso a una estrategia de corto plazo que implicaba emparchar los distintos canales por los cuales los dólares salían del país, sin vislumbrar un plan que permitiera aumentar la generación de dólares del país o lograr un ahorro significativo y (2) tras la recuperación de la crisis en 2010, la economía argentina no logró crear nuevos empleos y un tercio de los trabajadores y trabajadoras se consolidaron como informales.

¿Qué pasó con esos problemas? Fueron agravados. El “cepo” del dólar logró levantarse a costa del brutal endeudamiento externo contraído desde el cambio de gestión. El resultado fue que las divisas se están yendo a financiar fuga de capitales, turismo e importaciones de bienes de consumo, por lo que no están generando en absoluto capacidad de repago y, por lo tanto, se están sumando nuevos problemas. Especialmente, si se tiene en cuenta que el gobierno proyecta en la ley de Presupuesto un déficit comercial creciente a 2019, es decir, que prevé que las importaciones superen a las exportaciones de manera creciente. Hay que tener en cuenta que estas últimas son el canal más genuino para ingresar dólares a la vez que se crea empleo. Por este lado, en 2016 tuvimos un crecimiento del desempleo que probablemente no sea revertido en 2017. Asimismo, la informalidad laboral trepó el año pasado al 33,8%, según el INDEC.

Más paradójico resulta que otros dos de los grandes problemas instalados por el gobierno no modificaron su tendencia. Estamos hablando del déficit fiscal y de la inversión extranjera. El primero se agrandó. Mientras en 2015 fue el 4,2% del PBI, en 2016 alcanzó el 4,6%, y, de no ser por el efecto “de una sola vez” del blanqueo, hubiera sido del 5,9%. En relación a las inversiones extranjeras, se registró un crecimiento en relación a 2015 pero el número se ubicó por debajo del promedio 2010-2015. A su vez, mientras las empresas extranjeras entraron al país 2.523 millones de dólares en concepto de inversión, sacaron al exterior 2.996 millones al liberarles la remisión de ganancias al exterior. Es decir, sacaron más de lo que ingresaron

El gobierno se esfuerza por decir que el mal desempeño económico de su gestión se debe a que están arreglando los problemas heredados. Sin embargo, lo que vemos es cómo cada uno de ellos se agrava mientras se crean otros nuevos.

Números para 2017

El presupuesto 2017 estipula un crecimiento nominal en la obra pública del 40% que, aun descontando la inflación, sería un aumento considerable. Sin embargo, este incremento del gasto suena a poco para traer crecimiento si las paritarias vuelven a cerrar por debajo de la inflación por segundo año consecutivo. Como se mencionó anteriormente, la economía argentina necesita del consumo privado para crecer. Sin demanda no hay incremento de la producción y, por tanto, mucho menos de la inversión (a tal punto que, por ejemplo, la industria da cuenta de un 32% de capacidad ociosa).

El año pasado la economía cayó un 2,5%. Este año debería crecer entre un 3% y un 4% para recuperar el empleo perdido el año anterior, cifras cada vez más lejanas. Por lo tanto, es esperable que el macrismo llegue a la mitad de su mandato con más desempleo y una economía más chica que en 2015. Mientras tanto, lo que no para de crecer es la deuda externa y la pérdida de derechos laborales.