Tras el acuerdo Gobierno-CGT, ahora más que nunca: Unidad

Por: Patria Grande | 02 de noviembre de 2016

Epigrafe

El acuerdo con la CGT supuso un fuerte espaldarazo para Mauricio Macri. El tercer trimestre aparecía decisivo para el gobierno, tanto para comenzar a enderezar algunos indicadores económicos, como para demostrar su capacidad de contener el conflicto social. Luego del traspié del tarifazo, la Marcha Federal y la puja por reabrir la paritarias, el gobierno parece salir fortalecido. ¿Qué hacer hacia fin de año?

Cuando a dos semanas de la multitudinaria Marcha Federal se montó el circo empresario del Mini Davos, una cosa estaba clara: más allá de las inversiones que pudieran llegar en lo inmediato, el gobierno apostaba a un triunfo político para retomar la iniciativa. Al final de la misma semana se concretó la Audiencia Pública por el tarifazo del gas. Era un nubarrón espeso que amenazaba la algarabía de una semana “CEO-friendly”, pero también era la posibilidad de dejar en el pasado el trago más amargo que bebió Cambiemos desde su asunción. Con un piso módico de escándalo y movilización, el gobierno salió airoso.

Es posible ubicar por esas fechas un punto de inflexión. La desaceleración de la inflación durante agosto y septiembre fue una buena nueva para el gobierno. Recesión y retracción del consumo popular mediante, una de las principales promesas de Cambiemos comenzó a hacerse realidad. El dato no es menor, porque pocos fenómenos alteran de manera más decisiva el humor social, y porque el cambio de tendencia permitió argumentar por qué no era necesario reabrir las paritarias, como reclaman muchos gremios. En el sinfín de estudios de opinión que circulan semana tras semana, la inflación volvió a perder terreno contra la inseguridad.

La ayuda de la CGT

En este marco, la pulseada con la CGT por el bono de fin de año era uno de los últimos grandes problemas a resolver. El gobierno ya había conseguido que, tempranamente, la moderada cúpula sindical abandonara el pedido de una reapertura general de las paritarias. Luego, una vez que el gobierno se sintió sobre terreno más firme, logró desgastar la amenaza de paro, al punto de convertir a la siempre postergada medida de fuerza y al triunvirato en hit satírico para las redes sociales. Por eso, cuando a cambio de concesiones con sabor a muy poco, la CGT finalmente estampó la firma, casi nadie pudo sorprenderse. Más allá de la incidencia de Massa o las supuestas sugerencias vaticanas, la decisión de pactar no necesitaba de demasiadas presiones externas. Está inscripta en la lógica de una dirigencia sindical extraordinariamente pragmática, que además enfrenta a un gobierno que mantiene niveles importantes de consenso social.

La ayudita cegetista trasciende lo sectorial. Es un empujón político de magnitud del cual tomó nota el conjunto del mapa político y otros protagonistas del reclamo social, que deberán modular sus acciones de lucha a un escenario sin paro general a la vista y con más oxígeno para el poder.

Ahora vendrá la aprobación del presupuesto. Otra vez a un precio aceptable, la alianza Cambiemos conseguirá los votos justicialistas y del Frente Renovador para dar curso a la propuesta oficial con escasas modificaciones. Este proyecto es una buena vidriera del objetivo de corto plazo que se puso el macrismo: ganar las elecciones de 2017. Repitiendo parte de la fórmula que tanto ha vilipendiado, mantendrá el déficit fiscal y buscará que la economía repunte en base a obra pública y consumo. Claro, es difícil ganar elecciones sólo en base a malas noticias.

La fenomenal toma de deuda, que ronda los 40 mil millones de dólares en lo que va del año, y que el presupuesto anuncia que continuará en 2017, es la llave maestra con la que cuenta el gobierno para avanzar en sus objetivos. Esto supone una tremenda hipoteca social, cuya denuncia es responsabilidad de todo el campo popular, pero también la postergación de enfrentamientos más decisivos que el gran capital y las finanzas pronostican (y reclaman) para 2018.

#NosotrasParamos

No todo fue respiro para el gobierno en las últimas semanas. La agachada gremial no logró acaparar todos los flashes, sino que fue opacada por un hecho de relevancia histórica: el primer paro nacional de mujeres en Argentina. Disparado por dos nuevos y atroces femicidios, pero encaramado en un movimiento feminista en rotundo ascenso, el #NosotrasParamos retumbó con la fuerza de la rabia y la esperanza en cada calle y plaza del país. Junto al reclamo contra la violencia de género en todas sus formas –el aglutinador central de las movilizaciones–, se hicieron oír reivindicaciones históricas como el derecho al aborto legal, seguro y gratuito y la denuncia de las múltiples explotaciones y opresiones que laceran cuerpos y autonomías.

Aunque poco visibilizado en los grandes medios, miles de mujeres denunciaron la doble explotación a la que son diariamente sometidas, merced al trabajo doméstico no remunerado, las enormes brechas salariales con los varones y el lugar particularmente sensible que ocupan a la hora de enfrentar las consecuencias de un plan de ajuste como el que aplica Cambiemos.

El paro del 19 y sus consecuencias desbordan ampliamente la coyuntura y sus conflictos. Expresan un proceso de reivindicación y lucha que tiende a asumir contornos continentales y que, en Argentina, tuvo masivas expresiones con las movilizaciones del #NiUnaMenos y el último Encuentro Nacional de Mujeres. El movimiento feminista tiene, en general, una actitud francamente opositora frente a un gobierno que ha hecho de la misoginia casi una bandera y en el cual concentra gran parte de sus reclamos históricos y de coyuntura. Sin embargo, la masividad de la convocatoria cortó transversalmente simpatías políticas y votos. El gobierno intentará utilizar esta heterogeneidad, y el carácter estructural y cultural de las violencias denunciadas, para deslindar responsabilidades y evitar convertirse en contendiente de un reclamo demasiado poderoso. Desde la derecha se intentarán colonizar reclamos, dividir y morigerar la lucha del movimiento de mujeres y la disidencia sexual. Incluso, habrá intentos de vincular la lucha contra la violencia de género al reclamo punitivista y la “lucha contra la inseguridad”. El feminismo popular lucha denodadamente contra estos intentos y por la unidad popular en las calles con las mujeres como protagonistas centrales.

La lucha por la emergencia social

El panorama de resistencias y luchas populares no se extinguió por la claudicación del triunvirato. Junto con el #NiUnaMenos, aunque con menor masividad y con cierta dispersión, se siguen desarrollando una serie de luchas de vital importancia para nuestro pueblo. Dentro de ellas, destaca la agenda de los trabajadores y trabajadoras de la economía popular nucleados en la CTEP que tiene por delante una pelea trascendente. El proyecto de Ley de Emergencia Social, que cuenta con respaldo de todos los bloques de diputados y senadores del Congreso con excepción del PRO, orientará en buena medida las últimas semanas del año, con el protagonismo de un sector que ya demostró su capacidad de acción en la histórica movilización del 7 de agosto, desde Liniers a Plaza de Mayo.

Al cierre de esta edición, se estaba terminando de definir la fecha concreta de una nueva movilización nacional en Buenos Aires, convocada por la CTEP, la CCC y Barrios de Pie para exigir la aprobación de la emergencia social. Todo indica que, además, otros sectores gremiales, políticos y sociales serán parte de la movilización. El reclamo está muy lejos de ser un capricho.

Desde un comienzo, venimos manifestando que la política económica del macrismo apunta al debilitamiento de la clase trabajadora, con el argumento empresarial de que es necesario reducir los “costos” de la economía para hacerla más “competitiva”. La devaluación, los tarifazos, la disminución de retenciones y el consiguiente salto en la inflación que determinaron generaron la pérdida de poder adquisitivo del salario –que alcanzará 10% o 12% a fin de año–, los despidos –que ya superan los 180 mil– y el aumento sensible de la pobreza –entre un millón y medio a dos millones de personas más.

Si el año que estamos terminando golpeó las condiciones de vida del conjunto del pueblo trabajador, los trabajadores y trabajadoras de la economía popular –muchas veces excluidos hasta de las estadísticas oficiales– son las principales víctimas por la falta de derechos laborales y gremiales, la escasez de changas en los barrios, la disminución del consumo en ferias y mercados populares, etc.

Al mismo tiempo que se desarrollan las negociaciones con el gobierno para buscar paliativos imprescindibles ante esta situación, es fundamental la claridad política planteada por la propia CTEP, como quedó planteada en el comunicado de prensa posterior a los anuncios oficiales de las negociaciones entre la CGT y el gobierno.

“Nos resulta ofensivo que el objetivo explícito de las medidas sea ‘contener’ cuando lo que necesita la Argentina, y en particular nuestros compañeros, es un desarrollo humano integral que contemple las problemáticas de los humildes del campo y la ciudad para construir un país con tierra, techo y trabajo para todos. Ninguna ‘política social’ que no contemple la integración urbana, la reforma agraria y la dignificación de la economía popular puede traer Justicia Social.”

En efecto, la tensión entre la negociación de respuestas parciales con el gobierno –por más insuficientes que sean– y la oposición a un proyecto de país excluyente y pro empresarial como el del presidente Macri atraviesa a todos los sectores del movimiento popular.

Los reclamos en juego

La declaración de la emergencia social, principalmente incluye, por un lado, la sanción de un Salario Social Complementario que permita que todos los trabajadores y trabajadoras de la economía popular obtengan un complemento a los ingresos con los que cuentan. No hay ninguna justificación por la que una persona que trabaja todos los días cobre un monto menor al salario mínimo, vital y móvil. Y, por otro lado, la creación de un millón de puestos de trabajo en pequeñas obras de infraestructura y trabajos comunitarios para paliar la ola de despidos.

Además, en distintas negociaciones con los ministerios de Desarrollo Social y de Trabajo de la Nación está en juego la recomposición de los montos de los mal llamados “programas sociales” que, nombrados de esa forma, encubren que quienes los reciben son trabajadores y trabajadoras de los programas Argentina Trabaja, Ellas Hacen, Programa de Trabajo Autogestionado, programas de construcción de vivienda, reciclado, infraestructura social, limpieza de arroyos, etc.; el reconocimiento del aguinaldo para todos los trabajadores de estos programas, de la misma manera que fue pagado el año pasado por esta misma administración nacional; el pago del bono anunciado para fin de año para los niños y niñas que reciben la AUH a través de sus padres, no por familia como se anunció sino por cada hijo como corresponde; la creación del Consejo de la Economía Popular y del Registro de Trabajadores de la Economía Popular; y, finalmente, el otorgamiento inmediato de la obra social de los trabajadores y trabajadoras de la economía popular, tal como surge de la resolución 32/16 del Ministerio de Trabajo de la Nación y los acuerdos alcanzados en dicha repartición durante el año en curso.

Un polo de reagrupamiento

Tras el acuerdo entre la CGT y el gobierno, que impuso el aplazo sin fecha de un paro nacional contra la política económica del gobierno, los diferentes sectores se replegaron hacia sus propias reivindicaciones, lo que representa un triunfo importante del gobierno.

Como PATRIA GRANDE sostenemos la necesidad de articular a las expresiones políticas, sindicales y populares que no pactamos con el gobierno para realizar una gran movilización nacional antes de fin de año. Sin embargo, todo indica que reagrupar en el corto plazo a los diferentes sectores que a lo largo del año apostaron a que el movimiento obrero y popular adoptara una política de confrontación con el gobierno será una tarea muy dificultosa. Pareciera que nos dirigimos a un cierre del año caracterizado por la fragmentación de nuestras luchas.

En ese contexto, mientras crece la necesidad de trabajar desde todos los sectores para construir a mediano plazo una medida de fuerza amplia y contundente, como podría ser una segunda Marcha Federal o una movilización de similares características, la lucha de los trabajadores y trabajadoras de la economía popular aparece como la principal posibilidad de lograr conquistas para los sectores más castigados de nuestro pueblo.

La movilización de mediados de noviembre será, entonces, una cita obligada para construir en las diferentes ciudades del país en las que la CTEP está presente, reagrupando la mayor cantidad posible de fuerzas.

Por Martín Ogando y Ulises Bosia

Temas de la nota: