8M: algunas lecciones del día en que la tierra tembló

Por: María Paula García | 15 de marzo de 2017

Muchísimas fueron las consignas que se podían leer en los carteles, en los cuerpos, en las banderas que se portaban el día en que, por primera vez, se realizó un paro internacional de mujeres. Algo que sin duda excede la coyuntura política pero que, en medio de ella, adquiere una contundencia impredecible.

 

Quedaron muchas fotos y crónicas de la marcha y hace bien leerlas, mirar, mirarnos, porque cada una expresa lo que le sucedió a cada una y a todas juntas en esa jornada inolvidable.

En más de 50 países, y en cada país en muchas ciudades, miles dejaron los trabajos y ocuparon las calles para decir “¡BASTA!” a un sinnúmero de violencias. Y si bien lo que urge es parar esta barbarie machista que mata, daña, ultraja y maltrata todos los días, esta “revolución feminista” demuestra en cada iniciativa una creciente potencia creadora difícil de medir cuando recién la tierra ha empezado a temblar.

El paro internacional de mujeres fue exitoso: más de 50 países de todos los continentes. Y, por supuesto, no nació de un repollo: lo parió el feminismo y la larga lucha de las mujeres y las identidades sexuales disidentes. Existe una nueva generación de feministas, pero unida por el fuerte hilo violeta a oleadas anteriores. Una nueva generación que tiene a la Argentina como referencia, amasada pacientemente por las Madres y las Abuelas, por las rebeldes en lucha contra el neoliberalismo de los noventa, por tres décadas de Encuentros Nacionales de Mujeres y Marchas del Orgullo. Los dos Ni Una Menos, el paro de octubre pasado, la reacción ante el atropello policial hacia una joven que quería amamantar a su hijo en una plaza y el tetazo en respuesta al prepotente accionar policial ante tres mujeres que estaban tomando sol sin corpiño son ejemplos dispares de la aceleración del último tiempo. “Volvimos las brujas que no pudieron quemar”, se cantó. Volvimos. Y más planetarias que nunca.

Una multitud de demandas

Si algo demostró este 8M es que el feminismo es el movimiento más fuerte y transversal del momento. Muestra de ello fue el documento leído en la Plaza de Mayo, apenas uno de las decenas de otros que se leyeron en otras ciudades. Como lo definió María Pía López, fue un documento complejo, cosido en conjunto por más de sesenta organizaciones, capaz de albergar contradicciones y tensiones internas; frentista, entusiasta y peleador. Si el día anterior la dirigencia de la CGT se negó a llamar a un paro nacional, las mujeres expresaron una línea política más integral, amplia, dura y combativa convocando a un segundo paro. En algunos sectores fue adhesión orgánica pero también fue más allá, diseminándose con fuerza e interpelando por fuera de las estructuras.

“Salimos a las calles en defensa de nuestras vidas y por nuestros derechos como mujeres y como trabajadoras”, resonó la voz de Liliana Daunes en Plaza de Mayo. “Paramos las ocupadas y desocupadas, las asalariadas y las que cobramos subsidios, las cuentapropistas y las que realizamos tareas domésticas y de cuidado”, agregó. Hubo expresiones de rechazo al ajuste del gobierno de Macri y al endurecimiento de la Ley de Migraciones. El reclamo por la apertura de paritarias sin techo y el apoyo a la huelga de los y las docentes. El pedido de libertad para Milagro Sala y para Higui. La absolución de Belén y la legalización del aborto. El acceso de mujeres, lesbianas, travestis y trans a todas las categorías laborales en igualdad de condiciones con los hombres y el fin de la brecha salarial. El reconocimiento del trabajo doméstico y reproductivo de las mujeres como aporte con valor económico y el acceso a licencias por violencia de género. Licencias más amplias por paternidad y maternidad y paridad en la representación gremial. La exigencia de separación de la Iglesia del Estado y del Estado laico. El repudio a la ofensiva de la Iglesia Católica y las iglesias evangelistas contra lo que llaman “ideología de género”, mientras siguen protegiendo a los curas abusadores.

“Que las centrales sindicales convoquen a un paro nacional activo contra el ajuste y por nuestros derechos”, afirmó el documento leído en Rosario. Las razones del #NosotrasParamos fueron contundentes y por ello difíciles de digerir en una coyuntura de avance conservador. Se trata de otra gran lección que deja el 8M y que requerirá trabajar arduamente en exigencias e iniciativas de cuidado y autocuidado: la respuesta al crecimiento de la conciencia feminista es una violenta reacción patriarcal. La ofensiva es claramente disciplinadora y expresa una masculinidad en crisis ante el empoderamiento de las mujeres. Pero también están involucrados en ella el sistema político y los medios hegemónicos, que intentan estigmatizar, dividir y criminalizar el movimiento feminista y a sus principales activistas. La detención de compañeras del colectivo Ni Una Menos horas antes del 8M, la presencia de nazis ultracatólicos en clara actitud persecutoria o provocadora, la razzia y detenciones ilegales de la Policía de la CABA al final de la movilización y el hostigamiento de activistas a través de las redes sociales son apenas una muestra de lo que viene.

“Cuando las mujeres del mundo nos organizamos, la tierra tiembla”. Y vaya si no empezó a temblar. Tembló con cada una hecha multitud pero, sobre todo, debajo de nuestros pies, cuando con acciones cotidianas empezamos a poner patas arriba este mundo patriarcal capitalista. Tiembla cuando desobedecemos mandatos, cuando decimos “no” ante cada uno de los atropellos y reaccionamos. Cuando denunciamos, cuando exigimos, cuando nos plantamos. Cuando nos reímos del “no te metas” y nos metemos en todo lo que sea defender, proteger y cuidar a nuestras vecinas, amigas y compañeras; cuando dejamos de competir entre nosotras; cuando nos leemos, nos escuchamos con atención; cuando nos duelen las niñas asesinadas de Guatemala; cuando le creemos a las víctimas de abuso y no al abusador. Sí, la tierra tiembla. Y si la tierra tiembla, tiemblan los poderes y los privilegios. Nadie los pierde sin intentar defenderlos, entonces hay golpes, hay policías, hay ataques. Pero la tierra está temblando y somos nosotras, vos también. Dale, no dejemos de saltar. 

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