A los armarios no volvemos nunca más

Por: Ayelén Altamirano y Maximiliano Romero | 08 de noviembre de 2017

Se acerca fin de año y las calles argentinas comienzan a teñirse de colores diversos y rebeldes que vuelven a ocupar el espacio público para visibilizar la agenda del colectivo LGTTBIQ+. Este año, nos encontramos frente al desafío de enfrentar en unidad la ofensiva neoliberal que impacta día a día sobre la vida de las disidencias sexuales.

Higui presa a comienzo de año por defenderse de sus violadores, travesticidios en distintos lugares del país y el protocolo represivo de Patricia Bullrich ponen en relevancia las demandas más urgentes que estarán presentes en las próximas semanas en distintos puntos del país.

Hace más de tres décadas, Carlos Jáuregui nos enseñaba que “en una sociedad que nos educa para la vergüenza, el orgullo es una respuesta política” y, de esa manera, se inauguró la primera marcha del orgullo con una agenda situada en clave de derechos humanos. La irrupción en el espacio público de esta convocatoria fue el impulso para que, en otras ciudades del país, diferentes colectivos y activistas se hicieran eco al enfrentar a los conservadurismos locales, dando lugar así a diferentes conquistas del movimiento LGTTBIQ+ en su conjunto a través de los años, como la Ley de Educación Sexual Integral, el matrimonio igualitario y la Ley de Identidad de Género. Además de la CABA, otras ciudades como Córdoba, Rosario, La Plata, Salta y Mar del Plata han sostenido de manera ininterrumpida las convocatorias anuales, marcando un crecimiento del movimiento en todo el país. Es la misma marcha de Carlos Jáuregui, Lohana Berkins, Diana Sacayán y tantxs otrxs pionerxs de las luchas del presente con perspectiva de futuro. 2017 nos encuentra nuevamente en la calles celebrando el orgullo en unidad frente a las avanzadas neoliberales, machistas y violentas.

La ofensiva derechista y neoliberal

El año comenzó con la noticia del ataque lesbo-odiante a Higui, quien además terminó presa por defenderse de quienes quisieron violarla. Higui recuperó su libertad gracias a la lucha de muchísimas organizaciones que se movilizaron y exigieron #LibertadParaHigui en todo el país. También se incrementaron notablemente los hechos de violencia institucional hacia lesbianas por besarse en espacios públicos. Peor aún es el panorama de recrudecimiento de las violencias hacia la comunidad trans, que sigue sufriendo ataques fatales, como fueron los conmocionantes casos de la activista tucumana Ayelén Gómez y recientemente de Azul en Córdoba. Sabemos que cuando avanza la derecha también avanzan los machistas y, por esta razón, desde el poder preparan acciones tendientes a profundizar imaginarios reaccionarios en nuestra sociedad, que abonan a la persecución hacia las personas disidentes que se salen de la norma no solo en su orientación sexual, sino en sus cuerpos, en sus deseos, en sus lugares de clase social. En términos económicos, así como se profundiza la feminización de la pobreza, también se expresa la travestización de la pobreza y las travestis sufren cada vez más las consecuencias del ajuste en la materialidad de la vida.

Hace pocos días, el gobierno nacional hizo público el “protocolo represivo” de Bullrich, lo que despertó cuestionamientos desde organizaciones LGTTBIQ+ y feministas. A simple vista se trata de un intento del gobierno de utilizar leyes y derechos que los movimientos de la disidencia sexual, feministas y de mujeres hemos conquistado para discriminarnos, criminalizarnos y perseguirnos. Luego de conquistas como la Educación Sexual Integral, el Matrimonio Igualitario, la Ley de Identidad de Género y la puesta en agenda del cupo laboral trans, solamente el cinismo sin precedentes de la cuestionada Patricia Bullrich puede plantear como política orientada a nuestro colectivo este protocolo para “reprimirnos con buenos modales”.

Hoy contamos con una gran cantidad de demandas urgentes que venimos elaborando y por las que venimos luchando: el cupo laboral trans, frenar el desmantelamiento del programa nacional de educación sexual integral y una nueva ley de VIH. Con tantas demandas reales pendientes, este protocolo, además de polémico, es una burla.

El orgullo como respuesta política

Ya comenzaron las marchas del orgullo en diferentes ciudades del país. Rosario registró la más masiva de su historia y, recientemente, Salta celebró la propia. Ahora es el turno de Paraná, Chaco, Córdoba, la CABA, Mar del Plata y Santa Fe. En los grandes centros como Córdoba y la CABA ya se prefiguran cifras contundentes dado el contexto en el que se celebran. MALA JUNTA y el feminismo popular en su conjunto vienen adquiriendo protagonismo en los planteos de unidad e iniciativas de participación masiva que buscan involucrar a sectores no organizados que año a año se acercan a la marcha.

Venimos demostrando que la perspectiva disidente debe ser un eje central en nuestra política y, junto al objetivo y la decisión de despatriarcalizar las prácticas políticas y los modos de concebir la organización popular, resta el desafío de también desheterosexualizar las lógicas de construcción hacia un nuevo entendimiento y prefiguración de la organización que queremos.

Al mismo tiempo, hacemos jugar los sentidos políticos que conlleva una lucha de alegría, visibilidad, colores diversos; nuestras disidencias se politizan cuando nombramos lo que nos toca vivir día a día en un sistema heteronormado. Nuestras existencias cobran sentido cuando decimos con claridad que estamos luchando por derechos sociales, por acceso a la educación, por trabajo. Si en este país ser pobre es difícil, imaginen lo que puede ser para alguien que se resiste a los regímenes sexuales e identitarios que se sostienen desde la heterosexualidad obligatoria.

Invitamos a cada compañera y compañero a marchar en su ciudad y organizarse junto a otros para dar visibilidad a nuestra agenda y jerarquizarla en nuestros colectivos. En tiempos de tanto discurso “gay friendly”, de “sí se puede”, “yo no aflojo” y “cambiemos”, nuestra tarea no solo es resistir; debemos politizar más que nunca nuestras existencias. Siguiendo el ejemplo de Lohana, salimos a las calles rebeldes, alegres y diversxs, porque a los armarios y a las cárceles no volvemos nunca más.

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