Ante la insensibilidad del gobierno: unidad

Por: Fernando Verón, delegado general del Banco Provincia | 19 de julio de 2017

La intervención del gremio de Canillitas y la represión en Pepsico dejaron en claro que el gobierno no tiene pruritos para avanzar en un programa que apunta a una profunda derrota de la clase trabajadora. El espejo de Brasil y la necesidad de dar la pelea en las urnas y en las calles.   

Pasan los semestres pero la situación económica no repunta y, cada día que corre, empeora la situación de miles de trabajadores y trabajadoras que pierden su empleo o ven amenazados sus derechos y condiciones de trabajo. Las inversiones externas no llegaron pero la desregulación de los mercados y las altas tasas de interés hacen que los flujos de inversión se orienten hacia la especulación financiera. El gobierno, preparando las condiciones que luego de las elecciones justifiquen un ajuste de mayor magnitud, endeuda al Estado en niveles insólitos (80 mil millones de dólares en año y medio de gobierno) y desarrolla una guerra de posición ideológica de gran alcance (a través de los medios, de la publicidad paga o las redes sociales) que generen las condiciones para asestarnos un derrota histórica: económica pero, sobre todo, moral y social.

Como venimos afirmando desde hace tiempo, el gobierno sabe que este modelo de ajuste empresarial solo es posible aumentando los niveles de coerción y represión hacia los sectores sociales y sindicales que salen a confrontarlo. La ilegal intervención al gremio de Canillitas (la quinta bajo la nuevo gestión de Cambiemos) tiene por objetivo fundamental amedrentar y sentar el precedente de que toda organización sindical que no quede subordinada bajo la órbita oficialista corre peligro. Vienen por todo: por nuestros puestos de trabajo y derechos pero, fundamentalmente, por aquellas organizaciones sindicales que se opongan a este modelo neoliberal. Si les da la fuerza, no nos cabe duda de que intentarán dinamitar nuestro modelo sindical que, con sus límites, ha sido a lo largo de nuestra historia una trinchera muy importante de organización y movilización para los trabajadores y trabajadoras del país.

La reforma laboral aprobada recientemente en Brasil, que desmonta conquistas que tienen décadas de existencia como los propios convenios colectivos de trabajo, es el espejo en el que se miran el empresariado y el gobierno nacional. La estigmatización presidencial de la justicia laboral como una “mafia”, las intervenciones de los sindicatos, la apelación a “modernizar” los convenios colectivos, como en el caso de la actividad petrolera, y la represión contra la protesta social se entienden cabalmente en el marco de esta ofensiva para flexibilizar las condiciones de trabajo.   

En concreto, la brutal represión a los trabajadores y trabajadoras de Pepsico (y contra todo aquel que fuera a acercar su solidaridad o a desempeñar su trabajo de prensa) es la expresión más gráfica de hasta dónde está dispuesto a llegar el gobierno con tal de barrer con cualquier experiencia sindical que tenga como principal objetivo defender los derechos laborales y puestos de trabajo. Una empresa que no tuvo ni tiene pérdidas económicas sino que, por el contrario, ha ganado millones de dólares este año. Sin embargo, encontró en la mudanza de su fábrica (de Vicente López a Mar del Plata) el mejor camino para sacarse de encima el “lastre” de una experiencia de organización sindical que había obtenido múltiples conquistas en ese lugar de trabajo.

No pasa por una cuestión meramente económica, cada conflicto que emprende el gobierno nacional, o algún sector del poder económico, está vislumbrando tras la situación de coyuntura generar las condiciones para un cambio en la correlación de fuerzas sociales que permita avanzar contra los derechos conquistados y la justicia laboral del trabajo.

En las calles y en las urnas

Por todo ello, es necesario responder con amplitud y tomando conciencia de lo que está en juego. En esta época que atravesamos, las elecciones son una instancia de disputa política y social fundamental en la que se cristaliza la correlación de fuerzas sociales y en la que confrontan los distintos proyectos de país. Pero la lucha social, ideológica, mediática y callejera va conformando el marco a partir del cual esa disputa fundamental se lleva a cabo. Ambos planos, cada cual con su especificidad, conforman esa realidad en la cual intervenimos y que deseamos transformar. De ahí que debemos participar con inteligencia en cada uno de ellos para poder ser más efectivos. Debemos seguir profundizando la unidad con todos los sectores que salgan a ponerle un freno a este gobierno.

La marcha del pasado 18 de julio, en repudio a los despidos y la represión sufrida por los trabajadores y trabajadoras de Pepsico, se constituyó como una gran oportunidad para seguir recorriendo este camino de confrontación con las políticas empresariales del gobierno y con este modelo económico. Hacia adelante, las convocatorias de la Corriente Federal de Trabajadores y de la CTEP a San Cayetano el 7 de agosto escribirán otra página en la resistencia de un pueblo que no baja sus banderas en su afán por vivir mejor. Será también una gran oportunidad para exigirle al triunvirato de la CGT que retome el plan de lucha que abandonó luego del paro del 6 de abril.

Este es el camino que entendemos debemos seguir recorriendo, sin mezquindad alguna y poniendo por delante el “sentido del momento histórico” y las tareas que nos demanda la etapa. Retomando los mejores ejemplos de lucha de nuestro pueblo, tomándolos como inspiración pero también sabiendo que el objetivo fundamental es vencer.

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