Cebollazo: el grito de una región en crisis

Por: Lautaro Leverato, integrante del Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE) | 02 de agosto de 2017

El sábado 22 de julio se dio lugar a una jornada de lucha histórica de los pequeños productores y productoras de cebolla en el sur de la provincia de Buenos Aires. Mayor Buratovich, Hilario Ascasubi, Pedro Luro y Villalonga fueron escenarios de la intervención, localidades que limitan con la provincia de Río Negro.

El objetivo de la intervención tuvo carácter de denuncia ante la profunda crisis que atraviesa la economía de la región, con indiferencia de los gobiernos provincial y nacional. Cientos de familias productoras y trabajadoras rurales del sector cebollero salieron a la vera de la Ruta Nacional Nº3 para hacer cortes de media calzada, llenando las entradas de cada localidad con banderas, banderines y las características gorras rojas del Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE) en el cual se están organizando miles de compañeros y compañeras.

Durante todo el fin de semana, desde las 10 de la mañana hasta las 17 horas, en lugar de dejar la producción tirada en los campos, se entregaron miles de kilos de cebolla a los conductores, a los viajantes, a los camioneros que, con mucha apertura y comprensión, apoyando la causa, se llevaban su bolsita de cebolla junto con un volante informativo de la crisis que está atravesando toda la región.

La voz de los pueblos sureños se hizo presente para acompañar el grito del MTE ya resonando en otras regiones del país, que visibiliza una vez más el abandono que sufre el interior como una de las mayores problemáticas estructurales que atraviesa el país entero y que ya no son posibles de contener.

Una crisis profunda

El domingo 23 de julio a las 10 de la mañana, más de mil pequeños productores y productoras de todos los pueblos se unieron a la bandera del MTE Rural, concentración destinada a demostrar su fuerza y potencialidad en la localidad de Pedro Luro. Se formó una gran columna que marchó pacíficamente por las calles del pueblo, rompiendo el silencio con cantos que invitaron a los feriantes y a los vecinos a participar a la par de los trabajadores y trabajadoras rurales para denunciar una situación de crisis terminal que afecta a la economía regional en su conjunto, pero a la producción cebollera en particular, siendo este su pilar principal.

En la actualidad, estas pequeñas ciudades olvidadas por el Estado y sus gobernantes dependen de lo que suceda con la cebolla, producto vital para la región debido a que se trata de su motor productivo. Es por eso que los cebolleros se enfrentan a una crisis transversal, en la que al productor cobra $8 los 20 kg de cebolla y el consumidor paga, aproximadamente, $20 pesos el kilogramo en las verdulerías.

Es importante mencionar que el costo de producción ronda los $50 cada 20 kg, es decir, no llegan a cubrir el 10% del costo de producto. Esto se suma a que el 50% de la ganancia anual se va en impuestos, insumos y gastos mensuales.

El principal comprador de cebolla de nuestro país ha sido Brasil, donde se exportaba el 70% de la producción nacional. En la actualidad, las negociaciones con Brasil se encuentran paralizadas, lo que genera un estancamiento en la venta, sobreproducción y una pérdida concreta de materia prima que no tiene lugar en el mercado.

La situación se complejiza aún más cuando Argentina decide afianzar relaciones con países de Europa como Holanda y España que, actualmente, son los que exportan cebolla al país. Por ende, la producción nacional no tiene salida al exterior: en el mercado interno, se prioriza la importación y, en los campos del sur bonaerense, se pudren miles y miles de kilos de cebolla.

La sobreproducción y la falta de políticas que acompañen y potencien a los pequeños productores deriva en un fuerte golpe a miles de familias, en primera instancia, y, acto seguido, repercute en las economías regionales. La particularidad de estas ciudades es que se han formado en torno a una fuente laboral específica. Por eso, cuando la principal salida de trabajo se ve afectada, las repercusiones no tardan en ser sentidas por los pequeños comerciantes, vendedores y negocios que viven de los productores y trabajadores de la cebolla.

La no inserción en el mercado externo genera que los campos no puedan ser cosechados, echándose a perder miles de kilos de cebolla y afectando directamente la posibilidad de pensar en volver a sembrar. La nueva temporada de siembra tuvo comienzo el 21 de julio y tiene plazo límite hasta el 21 de agosto: pasado ese tiempo, no se puede sembrar. Por consiguiente, se perdería un año de producción, es decir, un año de trabajo y ganancia. Hoy, el 50% de los  trabajadores y trabajadoras de la tierra están perdiendo su fuente laboral, como así también toda su producción y posibilidad de pensar en un futuro.

La cebolla es un artículo de monocultivo, es decir, la tierra se prepara en función de un solo producto y la siembra es una vez al año. Se trata, por lo tanto, de una ganancia anual. Esta característica es una de las diferencias con el cordón hortícola de La Plata, o de gran parte del país, donde se trabaja sobre diversos tipos de hortalizas según la época del año. De esa manera, es posible tener otros recursos para hacer frente a la crisis.

La jornada vivida en el sur de la provincia fue un hito que terminó con un acto central en la entrada de Pedro Luro, en el que, con las manos en alto al grito de “MTE lucha y crece”, se nombraron uno a uno todos los derechos vulnerados y los reclamos por los cuales los pueblos se reunieron.

Al día de hoy, ningún funcionario local, provincial o nacional se ha comunicado con la organización para aportar respuestas. Ante esta crisis sin precedentes, los pequeños productores y productoras cebolleros seguirán movilizados con el MTE Rural hasta obtener la debida atención de los gobernantes, con el objetivo de conservar sus fuentes laborales.

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