Chile: promesas sobre las urnas

Por: Lucas Villasenin | 23 de noviembre de 2016

Entrevista al diputado chileno Giorgio Jackson ||

En Chile, hubo elecciones municipales el último 23 de octubre. El resultado dejó como datos el fortalecimiento de la derecha y malos resultados para Nueva Mayoría (la fuerza política que preside Bachelet). Pero, al mismo tiempo, la irrupción de un nuevo espacio político contra el neoliberalismo que logró muy buenos resultados y alcanzó a triunfar en la alcaldía de Valparaíso. El diputado Jackson proviene del movimiento estudiantil y es fundador de Revolución Democrática, uno de los movimientos que emergieron con fuerza de en las urnas.

Cambio: A la distancia, se puede ver que en Chile se van alternando los gobiernos desde el regreso de la democracia y, sin embargo, existe un consenso neoliberal muy consolidado. ¿Cómo describirías el funcionamiento del sistema político que lo hizo posible?

GJ: En Chile, existe una política de constante despolitización desde los años noventa. El marco de la discusión política está acotado a partir del consenso neoliberal entre lo que instaló la dictadura en los años ochenta y lo que fue pactado con ciertos sectores de la Concertación (el “partido del orden”) para reducir los debates con la derecha. Un sector importante de la Concertación, el que tenía más poder, generó un acuerdo tácito en el cual hay bordes en los que se conversa. Hay una legitimación de la Constitución política heredada de la dictadura. Así se explican las cosas que hemos vivido durante los últimos 26 años.

Cambio: Esos acuerdos también explican la impunidad de los crímenes de lesa humanidad perpetrados por la dictadura de Pinochet, ¿no es así?

GJ: Alcanza con recordar la frase del ex presidente Aylwin que dijo que “va a haber justicia en la medida de lo posible”, en referencia a las violaciones a los derechos humanos durante la dictadura. Resulta difícil ponerse en los zapatos de un presidente teniendo a un dictador al mando de las Fuerzas Armadas, pero no lo exime de la responsabilidad de no haber asumido los debates que correspondían.  

Cambio: ¿Cómo se llega a la situación actual en la que se vuelve a fortalecer la derecha en las últimas elecciones municipales pero también en la que surgen movimientos anti-neoliberales?

GJ: Considero que hay un factor instrumental y otro sustancial. Hablando de lo instrumental, se puede decir que se comienza con la ruptura del consenso neoliberal a partir de la generación de quienes protagonizaron la “revolución de los pingüinos” en el año 2006. Es una generación que ya no fue formada con el dilema de “dictadura o no dictadura”, sino que fue formada de una manera más libre y crítica que las generaciones precedentes. A diferencia de quienes fueron cooptados durante los años de transición luego de la dictadura por la administración del Estado, surge un espacio principalmente en el movimiento estudiantil (pero también en otros sectores) para pensar este modelo heredado por la dictadura.

Otro momento fundamental es la elección de Piñera como presidente en 2010. Que eso haya sido posible permitió hacer un balance más crítico por parte de las bases sociales de la Concertación que podían ir desde la izquierda radical hasta la Democracia Cristiana. Dentro de la Concertación, hubo sectores de centro-derecha que mantuvieron su visión de defender aspectos del neoliberalismo y otros sectores más críticos. Hoy, uno de los problemas de Nueva Mayoría –que es una experiencia que continúa la Concertación– es que tiene dos sectores dentro de esa coalición que no logran convivir. Y, en los últimos dos años y medio, ha predominado el sector conservador.

Cambio: ¿Y las razones sustanciales cuáles serían?

GJ: Las razones sustanciales son la desigualdad y la segregación en lo económico, en lo político y en lo mediático. Y el gérmen de ruptura se fundó en el seno de la lucha estudiantil porque en la hegemonía meritocrática-capitalista-neoliberal lo educacional es una piedra fundamental. La igualdad de oportunidades es parte del discurso neoliberal pero, al no cumplirse ni de cerca, se derrumba toda esta promesa meritocrática. De esta manera, surge un espacio para atacar de fondo y forma el modelo que ha venido rigiendo en nuestro país.

Cambio: Ustedes vienen de una experiencia importante en el movimiento estudiantil y han hecho una apuesta por presentarse a elecciones y llevar adelante la lucha institucional. ¿Qué cambios se han dado en el pensamiento y las prácticas de estos nuevos movimientos?

GJ: Ha sido mucho de aprendizaje, no exento de errores. Nos hemos equivocado en muchas cosas y las vamos anotando para no volver a tropezar con la misma piedra. Ahora estamos convergiendo organizaciones que nacimos en el sector estudiantil pero que, luego de 2011, no compartimos una posición a seguir. Entre los distintos grupos disputábamos federaciones estudiantiles pero cuando a todos nos tocó salir al mundo de la acción política “no-estudiantil” nos dimos cuenta de que nuestras diferencias son nimias y muy pequeñas comparadas con el resto de los actores políticos. Esto nos permite sentar las bases de una posible confluencia.

No es necesariamente una coalición o una convergencia, sabemos que tenemos matrices ideológicas diferentes. Hay visiones de corrientes libertarias, marxistas, socialistas-democráticas, ecologistas y regionalistas pero, para el contexto nacional, el vector de dirección nos permite actuar juntos.

Cambio: ¿Cómo definirías a tu movimiento, Revolución Democrática?

GJ: Nosotros tuvimos un Congreso Ideológico hace un tiempo. Nos hemos definido como un movimiento anti-oligárquico, anti-capitalista y anti-imperialista. Pero tratamos de no caer en la tentación estética de la izquierda latinoamericana de cerrar la discusión marxista y socialista del siglo pasado. La discusión política del siglo XXI –si lo pudiéramos poner en términos geométricos– tiene ejes ortogonales distintos. Por cierto que en la discusión entre la izquierda y la derecha nosotros nos ubicamos en la izquierda. Pero, tradicionalmente, la discusión entre la izquierda y la derecha está trazada por los ejes Estado-mercado o  trabajo-capital. La izquierda ha priorizado defender el protagonismo del Estado y el trabajo por sobre el mercado y el capital. Pero en los últimos 60 años han surgido corrientes de pensamiento que han desafiado a la izquierda y a la derecha.

Cambio: ¿Por ejemplo?

GJ: El eje entre machismo y feminismo es un eje del cual las izquierdas del siglo pasado no se pueden hacer cargo porque ellas también fueron machistas. Y nosotros nos declaramos feministas. Otro eje está entre autoritarismo y democracia y, por lo general, en el siglo pasado tanto las izquierdas como las derechas fueron autoritarias. Un eje más lo tenemos entre el extractivismo y el ecologismo, desde las izquierdas también se fue extractivista desde el Estado como la derecha lo fue desde el sector privado. Buscamos no simplificar ni dar por superada la discusión ideológica al no reducirla a decir “somos un movimiento de izquierda”. Queremos densificar esa discusión. También queremos invitar a la comunidad a debatir qué es ser de izquierda hoy en día. Ya no son los mismos ejes y los nuevos hacen que no los reduzcamos a una sola dimensión.

Cambio: ¿Qué posibilidades hay de formar un Frente Amplio que incluya a los nuevos movimientos de cara a la elección de 2017? ¿Es posible crear un tercer espacio en la política chilena?

GJ: Hay espacio para una confluencia amplia. Pero hay que preguntarnos qué tan amplia queremos que sea. En Chile, aún impera un bipartidismo (que en realidad son dos coaliciones). En función de lo que queremos lograr, debemos caracterizar nuestra estrategia y nuestra táctica. Si queremos constituirnos realmente como un tercer espacio, la suma de sectores de izquierda no va a ser suficiente. Acá hay corrientes ecologistas, regionalistas y liberal-igualitarista y republicana. Si logramos conversar en un espacio de confluencia programática sobre una nueva asamblea constituyente, terminar con el sistema de pensiones y el sistema de salud privado o lograr la gratuidad universal de la educación, considero puede haber una irrupción fuerte y no solamente testimonial.

Cambio: ¿En esta confluencia podrían entrar actores que hoy en día conforman Nueva Mayoría?

GJ: No. Nosotros hemos definido que el proyecto de Nueva Mayoría fracasó como concepto que intentó recoger las demandas ciudadanas pero con la ambigüedad suficiente para no comprometerse a nada real. Cada persona interpretaba a Nueva Mayoría como algo distinto y los sectores más conservadores fueron muy hábiles en jugar con esa ambigüedad, por eso hoy en día carece de credibilidad. La discusión que tendremos en nuestro Congreso Estratégico es cuán abiertos estamos ante un eventual quiebre de Nueva Mayoría a sumar fuerzas que compartan un espíritu. Pero ahí la clave no está en la confluencia programática sino en la práctica: en cómo se toman las decisiones, en cuán cercano se está al mundo empresarial, en cuánta confianza se genera, en cómo se financian los partidos y cuán democráticos son. Considero que los partidos de Nueva Mayoría no tienen una orgánica tan flexible para soportar una estructura de democratización interna como la que estamos planteando.

Cambio: ¿De qué manera asumen la tensión que implica llevar las demandas populares al parlamento? ¿Qué iniciativas llevaron adelante?

GJ: No considero que haya una respuesta elaborada a esta tensión, como no la tienen compañeros de Podemos o Barcelona en Comú en España que han llegado a espacios de poder institucional. Se corre el riesgo del adiestramiento del poder que se ejerce sobre las fuerzas nuevas. Nosotros tratamos de tener equipos que nunca se asuman como autoridad sino que se asuman como representantes. Eso implica no dar por obvios los privilegios que implica estar en la clase dirigente. En ese sentido, han salido nuestros proyectos para disminuir los sueldos de los parlamentarios, tomamos transporte público y hacemos nuestras cuentas públicas en la calle con un micrófono cada cierto tiempo. Hacemos ver a la gente que somos personas iguales que ellos, simplemente que estamos cumpliendo nuestro rol dirigente como representantes y no en cuanto autoridad que va a dar cátedra. En el momento en el que empiezas a considerar que tienes derechos de cierta clase dirigente, empiezas a caer en las mismas prácticas que tanto criticamos.

Cambio: ¿Qué papel creés que tienen los movimientos sociales en este sentido?

GJ: No se trata de pensar que “los movimientos sociales ya hablaron” y ahora “nos toca a nosotros hacer las leyes”. Sin los movimientos sociales no estarían los debates que hoy se están dando y sin ellos no se van a poder aprobar las leyes. Hemos encontrado una resistencia gigantesca por parte de la derecha e incluso en las clases medias neoliberalizadas en sus conciencias. Nuestro trabajo es contra-hegemónico y los movimientos sociales son fundamentales para ganar terreno en lo cultural.

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