Ciencia y tecnología: la lucha recién comienza

Por: Andrés Scharager y Micaela Difalcis | 17 de febrero de 2017

Una notable movilización en diciembre pasado, que llevó a una toma de cinco días del Ministerio de Ciencia y Tecnología, impidió que Macri y Barañao dejaran en la calle a 500 investigadores e investigadoras del CONICET. Sin embargo, el conflicto continúa y científicos de todo el país se organizan para enfrentar el ajuste.

 

Si bien el 23 de diciembre alcanzamos un acuerdo con las autoridades del Ministerio de Ciencia y Tecnología (MinCyT) para el levantamiento de una toma de cinco días, el conflicto está lejos de cerrarse. En efecto, luego de aquella semana que puso en vilo a la política impulsada por el ministro Barañao, múltiples concentraciones en numerosas provincias y dos plenarios nacionales comenzaron a afianzar a los trabajadores y trabajadoras del sector como actor político con capacidad de movilización a lo largo y ancho del país.

El año pasado fue un período convulsionado en los organismos de ciencia y tecnología como el CONICET, el INTI, el INTA, la CONEA y la CONAE. Después de procesos de afiliación masiva a ATE y el crecimiento de diversas organizaciones gremiales y políticas, nos hallamos en octubre con el anuncio de un pronunciado recorte en el Presupuesto 2017. Pocas semanas después, se daba a conocer una de las más crudas consecuencias de la política de ajuste en el sector: los resultados de la última convocatoria para el ingreso a la Carrera del Investigador Científico (CIC) al CONICET arrojaron que, de los 874 investigadores que obtuvieron la aprobación de las instancias evaluadoras, solo ingresarían 385, es decir, 60% menos que el año anterior. Como consecuencia, 500 personas con años de formación y experiencia en el organismo quedarían en la calle.

Luego de una semana de toma de la sede central del MinCyT, así como de distintos centros provinciales del CONICET, conquistamos la firma de un acta acuerdo que otorga becas posdoctorales hasta diciembre de 2017 a las 500 personas afectadas y compromete a las autoridades a sostener una mesa de diálogo a lo largo del año para la definitiva incorporación, fuera al propio CONICET, a otros organismos científicos o a universidades.

Nuevo año, sigue el conflicto

El jueves 8 de febrero, luego de un segundo y masivo plenario nacional, se puso finalmente en marcha la mesa de seguimiento de la que participan las autoridades del MinCyT, las organizaciones gremiales y políticas firmantes del acta acuerdo y representantes directos de los 500 afectados, que se han nucleado en estos meses a partir de la creación de una red federal. Allí, nuevamente, las noticias no fueron las esperadas. Por un lado, dieron a conocer su voluntad de que 19 personas que forman parte de la nómina sean quitadas de la lista, aduciendo que cometieron un error al incorporarlas. Por otra parte, reconocieron la falta de avances en la implementación del punto más fundamental del acuerdo, esto es, aquel que garantiza su incorporación definitiva a organismos científicos o universidades. Las incógnitas burocráticas y políticas que rodean a la incierta viabilidad de efectivizar tal compromiso, así como la falta de garantías de que los investigadores e investigadoras en cuestión vayan a contar con la misma estabilidad laboral y las mismas condiciones salariales que en el CONICET, solo han reforzado el reclamo por su permanencia en este organismo y en contra del ajuste presupuestario.

En definitiva, se trata de un conflicto que, en términos monetarios, implica la erogación de apenas 200 millones de pesos anuales. Pero la resistencia del gobierno ante el reclamo de que las fuentes de trabajo se sustancien en el propio CONICET, así como declaraciones de los funcionarios que señalan la “inviabilidad” del ritmo de crecimiento de dicho organismo, solo indican que no estamos apenas ante una vocación gubernamental de alcanzar una “dotación óptima de personal”, eufemismo con el cual han justificado los despidos en el Estado. Se trata, fundamentalmente, de una decidida política de ajuste para el CONICET, en pos de su achicamiento, elitización y construcción de un vínculo más fluido con el “sector productivo”. En este contexto, una de las mayores notas las da el propio ministro Barañao, quien durante sus anteriores 8 años de gestión garantizó un crecimiento del CONICET en torno al 10% anual, lejos del 60% de recorte que ahora justifica.

Las últimas semanas han abierto, además, un nuevo foco de conflicto: los recientes resultados de la última convocatoria a becas doctorales y posdoctorales arrojaron un pronunciado recorte respecto de los años anteriores. Al reclamo de los ingresos a CIC, entonces, se suman las reivindicaciones por los derechos laborales de los becarios que siguen sin ser reconocidos como trabajadores, la financiación de todos los proyectos en marcha y la transparencia para los criterios de evaluación y promoción del organismo. Con el antecedente de una toma que demostró que con lucha en unidad se puede resistir el ajuste del macrismo, y con el objetivo inamovible del desarrollo de una ciencia soberana y al servicio de todos, sus trabajadores y trabajadoras tenemos claro que esto recién comienza.

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