Colegios tomados en defensa de la educación pública

Por: Iñaki García Ribas, vocal del Centro de Estudiantes del Colegio Nacional Buenos Aires (CENBA) | 20 de septiembre de 2017

Hace aproximadamente un mes se “filtró” un documento que comentaba brevemente y de manera muy informal cómo iba a ser la nueva reforma educativa que quería aplicar el macrismo en la Ciudad de Buenos Aires. La llamaron la “Secundaria del Futuro”.

Esta reforma, que tiene el objetivo de aplicarse en primera instancia en 17 colegios piloto en 2018, cayó de imprevisto en todas las comunidades educativas. A cinco meses de su puesta en práctica, docentes, alumnos y autoridades de la mayoría de esos colegios no tienen información certera de cómo se va a aplicar ni de cuál es el proyecto para transformar las condiciones de las escuelas para garantizar la puesta en práctica de los cambios planteados. En ningún momento se los convocó ni informó de la intención de llevar adelante una modificación del modelo educativo. Mientras tanto, la ministra Soledad Acuña plantea que la Secundaria del Futuro “ya es un hecho”.  

Ante este desconocimiento de cómo se piensa llevar adelante la reforma, hay una serie de puntos que tanto a docentes como a estudiantes nos llaman a levantar nuestra voz para poder decir que esto no es ningún avance hacia el futuro, sino todo lo contrario, un retroceso de la educación pública. Fundamentalmente se plantea una reducción del 50% de la currícula escolar del 5º año -donde se ven contenidos importantísimos, ni más ni menos que historia contemporánea argentina por ejemplo-, en donde los estudiantes pasarían de estar en las aulas estudiando a realizar trabajos gratuitos y obligatorios para diferentes empresas.

Esta reforma es el mejor ejemplo del modelo educativo que tiene el macrismo. Una educación puesta única y exclusivamente al servicio del mercado laboral y un cambio en la intención de la Escuela Pública de formar sujetos críticos por la intención de formar sujetos “emprendedores” y listos para insertarse en el mundo laboral. Esto, sumado a que nos encontramos con una reforma completamente inconsulta  e inviable, porque no se puede hacer ninguna reforma educativa en escuelas donde no se pueden garantizar las condiciones mínimas para los y las estudiantes (viandas, condiciones edilicias seguras, etc.), nos obligó a tomar cartas en el asunto.

Por eso es que como estudiantes tomamos la decisión de decirle que NO a esta reforma, porque no íbamos a dejar que el gobierno impusiera en qué condiciones íbamos a estudiar y nos iban a enseñar. En un proceso que comenzó hace aproximadamente dos semanas, los colegios de la Capital Federal comenzamos a tener asambleas, debates en las aulas y decidimos tomar medidas extremas para oponernos a esta reforma. Así es como comenzaron las tomas de los colegios, que hoy en día ya son más de 30 y se siguen sumando. Además, fueron múltiples las movilizaciones de miles de estudiantes que todas las semanas llenamos las calles, marchando del ministerio de Educación Nacional al Ministerio de Educación de la Ciudad de Buenos Aires. En todo este proceso, tanto docentes como gremios, padres, cooperadoras y otros espacios educativos tuvieron un rol clave, acompañando incansablemente nuestra lucha. Para nosotros el objetivo también es construir una articulación fuerte de la comunidad educativa y que se convierta en un reclamo de la misma y no únicamente de estudiantes.

Pudimos demostrar que existía un movimiento estudiantil de pie y que no iba a dejar que lo pasen por encima, pero eso no frenó al gobierno sino que hizo que nos pusiera más presión a los y las que nos organizamos. Desde el primer día sufrimos amenazas de parte de las autoridades; si no es porque nos van a extender las clases hasta diciembre, es porque quieren hacernos firmar un protocolo de tomas completamente inventado o si no, quieren hacer una denuncia a la comisaría; pero la presión siempre existe. Por otro lado, vivimos una continua violencia y persecución por parte de la policía. Todos los días sabemos de un colegio tomado donde entra la policía, o que intenta recolectar datos de representantes, mientras que en las múltiples movilizaciones se encargan de que tengamos muy presente que existe un protocolo de represión y que no van a dudar un segundo si tienen que avanzar hacia nosotros.

No van a poder con la fuerza de los estudiantes organizados

El reclamo es muy simple. Como estudiantes siempre vamos a defender la educación pública y por lo tanto es nuestra responsabilidad rechazar la aplicación de esta reforma. Pero tampoco somos necios y sabemos que la educación secundaria necesita ser repensada y necesita adaptarse a la realidad que vivimos. Por eso es que al mismo tiempo que nos oponemos a esta reforma, optamos por el desafío de construir una reforma desde donde tiene que salir: el intercambio en las aulas. Así es como, mano a mano y codo a codo con nuestros docentes, queremos sostener la discusión abierta sobre qué reforma necesitamos, porque si hay una reforma debe ser planteada desde las comunidades educativas y no bajada desde un escritorio del Ministerio.

Luego de semanas de lucha, hoy llegamos a una situación donde, con mucho orgullo, fuimos nosotros los que pudimos instaurar en la agenda pública la existencia de esta reforma y la necesidad de que no pueda aplicarse. Pero de gobierno macrista en la Ciudad. Se niegan a escuchar nuestros reclamos, se niegan a debatir con nosotros y se niegan a darle un lugar en la mesa de discusión tanto a estudiantes como a docentes sobre la reforma.

Tanto a Soledad Acuña, ministra de Educación, como al gobierno en su conjunto vamos a seguir demostrándoles que no van a torcernos el brazo, que no van a poder contra la fuerza de los estudiantes organizados y que van a tener que escuchar nuestros reclamos, porque si no, vamos a seguir con las tomas y vamos a seguir llenando las calles cada vez que sea necesario.

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