Cuando la gorra crece, nuestros derechos desaparecen

Por: Inti Constanzo, Sebastián Pasarin y Sofía Perini. | 23 de noviembre de 2017

Durante el mes de noviembre, diversas organizaciones políticas, sociales y de DDHH nos encontramos en diversos puntos del país para construir una nueva jornada de lucha, de organización colectiva, de afirmación de nuestra cultura y defensa de nuestros derechos. Porque queremos vivir en un país sin discriminación ni represión policial, más justo e igualitario, se viene una nueva edición de la marcha de la gorra en argentina.

La marcha de la gorra (MDLG) surge en Córdoba en 2007 como respuesta a un aumento desmedido de la violencia y persecución policial hacia la juventud, las disidencias sexuales, los trabajadores y trabajadoras de la economía popular, los y las migrantes y todo aquel que saliera a las calles para manifestarse y luchar por una vida digna.  Desde entonces, el espíritu creativo y popular de la marcha no ha parado de contagiarse a decenas de lugares de nuestro país. Además de ocho localidades en Córdoba, de Tandil, La Plata y Mar del Plata en la PBA, este año realizaremos la marcha por primera vez en San Fernando del Valle de Catamarca y en la CABA.
Con el correr de los años, la MDLG fue ganando terreno en nuestro país, tanto en su identidad contestataria como en una fuerte autoafirmación cultural de un sujeto popular amplio y diverso, que reivindica las prácticas criminalizadas por las fuerzas de seguridad: cartonear, cuidar coches, limpiar los parabrisas de los autos, ofertar sexo en la vía pública, la venta ambulante, hacer malabarismos en las esquinas de los semáforos, deambular por la ciudad, pintar grafitis, usar los espacios públicos para tomar birra, juntarse en las esquinas a escuchar música, etc. Esto ubica a la MDLG como una respuesta nítidamente popular, que contiene y expresa a una multiplicidad de actores sociales del conjunto de los y las de abajo.

Este año, la marcha se lleva a cabo en un contexto muy adverso para nuestro pueblo. Desde el triunfo de Macri en 2015, asistimos a un notorio aumento del eje represivo en el  conflicto social, así como un fuerte intento de reinstalar el debate en torno de la llamada “inseguridad”, con el consiguiente pedido de más cárceles y más policía, y una serie de ataques a la cultura y a los DDHH que intentan socavar las conquistas populares: ejemplo de esto son las represiones a nuestros docentes en la Carpa Itinerante y a los laburantes de Cresta Roja y PEPSICO, o los palos a la murga del Bajo Flores, el debate sobre la baja en la edad de punibilidad a 14 años y la estigmatización a los llamados “pibes chorros”, el pedido de más cárcel y la detención de Milagro Sala, el intento de liberar a los genocidas con el 2×1, y por supuesto la reciente desaparición forzada y asesinato de Santiago Maldonado.

El gobierno de la Alianza Cambiemos tiene el nefasto récord de tener un muerto cada 25 horas en manos de las fuerzas de seguridad por casos de violencia policial. Su ex ministro de Educación y senador electo por la provincia de Buenos Aires, Esteban Bullrich, se enorgullece de que en la actual gestión haya “un pibe más preso por cada día que pasa”.
No ignoramos que la violencia institucional es un problema de larga data en nuestro país por el cual las organizaciones políticas, sociales y de derechos humanos venimos peleando incansablemente. Desde el asesinato de Maximiliano Kosteki y Darío Santillán en el puente Pueyrredón, pasando por las desapariciones de Jorge Julio López o Luciano Arruga, hasta la infinidad de pibes y pibas asesinados día tras día en los barrios populares.
Todos estos son acontecimientos dolorosos para nuestro pueblo pero que también nos despiertan la conciencia, nos invitan a organizarnos y a elevar nuestras voces, a resistir en unidad y a construir alternativas colectivas. Porque los y las de abajo sabemos que si la gorra crece, nuestros derechos desaparecen. Porque sabemos que Macri lleva la marca de la gorra bien calzada en la frente. Por eso nos organizamos, por eso luchamos. Para que se sienta la alegría de este pueblo que pone el cuerpo hasta vencer.

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