Cumbre de la OMC en Buenos Aires: la “vuelta al mundo” de Macri, con más fracasos que logros

Por: Fernando Vicente Prieto y Leticia Garziglia. | 20 de diciembre de 2017

Entre el 10 y el 13 de diciembre se desarrolló la 11° Cumbre Ministerial de la Organización Mundial del Comercio (OMC). La reunión fue la primera de este tipo que se realizó en América del Sur y tuvo varios significados políticos.

La OMC expresa los intereses de las empresas más grandes del mundo. Estas son representadas a su vez por personas, que a veces son sus ejecutivos y altos empleados encargados de las relaciones políticas y económicas, y a veces son funcionarios políticos. Los intereses están distribuidos de forma desigual en todo el mundo, concentrándose más de la mitad en USA (el 53%, según el ranking que elabora Forbes), el 10% en China y el 6% en Gran Bretaña.

Las reformas neoliberales que se discuten en estos ámbitos tienen que ver con la flexibilización laboral, ahora en gran medida a caballo del comercio electrónico. Este concepto en este momento es mucho más que comprar en Ali Baba, E-Bay o Amazon. Se refiere a la apropiación de los datos de las personas, para vigilar y dirigirse a cada segmento con la máxima precisión posible, sea para venderle productos y servicios o para resguardar el funcionamiento del sistema mediante el control de la propiedad privatizada.

Hace pocos meses, la tapa de The Economist decía que los datos son el “nuevo petróleo”. El crecimiento de las empresas del sector es contundente. Apple, Alphabet (Google), Microsoft, Amazon y Facebook están entre las compañías más grandes del mundo, según el valor de sus acciones en la Bolsa de Valores de Nueva York. Y presionan para que los pueblos no les impongan regulaciones a su libertad de comerciar con nuestros datos personales.

Las grandes compañías, además, intentan liberalizar las normas para la actuación en los países: en una palabra, no quieren sujetarse a las normas o a la soberanía de cada Estado, para impulsar la deslocalización y el reemplazo de puestos de trabajo con derechos por otros precarizados, a través de la tercerización y los empleos “autónomos”.

El credo base del neoliberalismo es el denominado “libre comercio” en todos los ámbitos: apuntan a “desregular los mercados”, en el entendimiento de que el incremento del comercio controlado por las corporaciones traerá eficiencia y desarrollo a todos los pueblos del mundo. Las voces críticas a organismos como la OMC enfatizan que, en la práctica, es un hecho que las asimetrías no se resuelven, sino que se profundizan a nivel mundial y al interior de los países. Aumenta la desigualdad, también la violencia social y los conflictos.

Si bien existen espacios de participación para la sociedad civil, estos se limitan a algunas ONG; y sus opiniones, si bien pueden resultar incómodas, en general se permiten y no alteran significativamente los acuerdos entre gobiernos y empresas que allí se presentan. La participación de los movimientos populares está fuertemente restringida. En el caso de Argentina, además, esto se llevó al extremo de causar un gran papelón internacional: desacreditó a más de 60 integrantes de ONG extranjeras y deportó a Sally Burch, directora de ALAI (Agencia Latinoamericana de Información) y a Petter Titland, integrante de Attac Noruega, quienes fueron deportados cuando ya estaban ingresando al país. Por este hecho la Cancillería argentina tuvo un encontronazo con la representación diplomática de Noruega, hasta que finalmente el activista logró entrar y participar en algunas actividades.

La organización de una actividad como ésta supone en primer término un gesto de confianza del capital más concentrado, y expresa la disposición del país anfitrión a insertarse  en el mundo de acuerdo al paradigma que los gobiernos centrales reservan a la periferia. Es decir que en estos términos, el equipo de Macri tal vez logró parte de sus objetivos al darle una muestra de hasta dónde es capaz el gobierno argentino para proteger la rentabilidad de las empresas.

Sin embargo, para Leandro Morgenfeld, “el gobierno tuvo una cuádruple derrota”. La primera y más importante para los actores de peso, es que la negociación fracasó en los propios términos de la reunión.

“La cumbre no alcanzó ningún resultado ni en el tema de subsidios agrícolas ni en la pesca, en el que el gobierno dijo que iban a llegar a acuerdos. Tampoco alcanzó resultados en la agenda del desarrollo, no se pusieron de acuerdo  con los países centrales. No se  alcanzaron resultados respecto al e-commerce, que sólo 46 de los 164 firmaron. Ni tampoco alcanzó resultados en materias de inversión y de servicios. Ni siquiera se pudo hacer una declaración conjunta, lavada”, enumeró Morgenfeld, quien es historiador y entre otros temas, investiga las relaciones entre Argentina y Estados Unidos.

Morgenfeld también señaló como un fracaso que no se pudo anunciar el Tratado de Libre Comercio entre Mercosur y Unión Europea, a pesar de que el propio gobierno venía instalando esa aspiración para estos días. Ante los trascendidos semioficiales, en el marco de la Cumbre de los Pueblos circuló una declaración conjunta firmada por ALBA Movimientos y la CLOC (Coordinadora Latinoamericana de Organizaciones del Campo) – Vía Campesina, en el que destacaron el carácter secreto de las negociaciones y la intención por recortar derechos y soberanía que llevan implícitos este tipo de tratados.

“En tercer lugar fue un fracaso por el papelón, por la desacreditación y deportación de invitados de ONGs extranjeras que estaban acreditados”, agregó Morgenfeld. “Y en cuarto lugar por el megaoperativo de represión que montaron contra la marcha Fuera OMC, que fue un anticipo de la represión del miércoles y el jueves y que dejó una muy mala imagen en términos de democracia y respeto a las manifestaciones opositoras por parte del gobierno”.

“En síntesis, fue un gran fracaso del gobierno argentino que pretendía mostrarse como un buen anfitrión del sistema multilateral. Fueron puras concesiones, fue una mala organización de la Cumbre según dijeron varios representantes extranjeros, incluidos miembros de la OMC y no pudieron anunciar nada”. Morgenfeld también destacó la alegría por la organización de la Cumbre de los Pueblos, motorizada por la Confluencia Fuera OMC. “Pese a todos los conflictos que protagonizan las clases populares en la Argentina, que hace una agenda muy vasta, como vimos en estos días, logramos instalar la consigna Fuera OMC, con una marcha masiva, diversa y colorida y muchos foros de debate con gran participación”, concluyó.

En 2018 el gobierno y los movimientos populares tendrán un escenario similar, aunque más importante, con la reunión del G20. Este evento, que también se realizará por primera vez en un país sudamericano, reunirá a los líderes de las principales potencias del mundo.

 

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