De vuelta a la senzala: reforma laboral en Brasil

Por: Sergio Páez, doctorando en Economia (UFRJ – Brasil). Miembro de la Sociedad de Economía Crítica (SEC) | 02 de agosto de 2017

La aprobación de la reforma laboral neoliberal en Brasil tiene fuertes repercusiones en nuestro país. Una mirada de la estructura social brasileña para entender de qué se trata la reforma y por qué expresa un rumbo que debemos evitar en nuestro país.  

Casa grande & senzala del sociólogo brasileño Gilberto Freyre es uno de los clásicos de la literatura del país hermano. En esta obra, el autor cuenta los pormenores de la vida cotidiana de una hacienda latifundiaria colonial donde interactuaban blancos, principalmente portugueses, y sus esclavos negros de varias naciones africanas e indígenas oriundos de distintas regiones de América del Sur. La senzala eran los grandes alojamientos destinados a la servidumbre. Bajo un esquema asimétrico de poder y patriarcal, la interacción entre la casa grande y la senzala sentó las bases de la organización social y política de Brasil. No es casual, por lo tanto, que esta obra sea rememorada en tiempos de reforma laboral neoliberal.

Julio 2017. La economía brasileña vive su tercer año recesivo con una caída del PBI acumulada de más del 10% y el desempleo rozando el 14%. Michel Temer, habiendo llegado al poder luego de un golpe parlamentario y con un índice de aprobación prácticamente nulo por parte de la sociedad (menos del 4%), encabeza una reforma laboral a los fines de reducir el “costo Brasil”, lo cual debería promover las inversiones para salir de la crisis (cualquier semejanza con la realidad argentina no es casualidad).

Si bien los medios se encargaron de acentuar su necesidad y otorgarle el ropaje de modernizante por incorporar nuevas formas de trabajo como el freelance o el teletrabajo, el espíritu se centró en la desregulación y reducción del costo laboral. La reforma, finalmente aprobada, incluye más de 100 modificaciones a la Consolidación de Leyes Laborales (Consolidação das Leis do Trabalho -CLT-), entre ellas: se pueden parcelar las vacaciones hasta en 3 tramos, se suprime el límite de 8 horas diarias posibilitando jornadas de hasta 12 horas, se eleva 4 hs adicionales el límite de la carga horaria semanal llegando a 48 horas, se reduce el tiempo de descanso/almuerzo a 30 minutos, se posibilita el trabajo de mujeres embarazadas en actividades riesgosas o insalubres y, en los casos de acciones judiciales, si el trabajador pierde el proceso, deberá hacerse cargo de los costos judiciales (anteriormente eran a cuenta del Estado). Aun cuando este breve listado ya muestra el grado de pérdida para el conjunto de los trabajadores, la frutilla del postre (capitalista) radica en que lo negociado entre las partes en los convenios colectivos tendrá fuerza de ley, lo cual echa por tierra cualquier reclamo de derechos asentado en la ley vigente.

Cómo se llegó a la reforma

¿Cómo pudo registrarse tal grado de retroceso en un país donde el Partido dos Trabalhadores (PT) ganó todas las elecciones desde los años 2000? Desde principios de siglo, el modelo brasileño, aun manteniendo sus pilares macroeconómicos liberales y periféricos, había aumentado el empleo y elevado exponencialmente el salario mínimo mientras que la rentabilidad empresaria se había mantenido en elevadas tasas. Un esquema de gana-gana que consolidaba el frente desarrollista de trabajadores e industriales de apoyo al PT. No obstante, como lo han mostrado varios analistas, los componentes externos e internos que marcaban el ritmo de crecimiento económico del Brasil Potencia venían mostrando una desaceleración para mediados de 2013. A su vez, en el marco de protestas en contra de la organización de megaeventos deportivos y el respectivo gasto en remodelación de estadios, el gobierno de Dilma Rouseff decidió aplicar una estrategia que consistió en cambiar inversión pública por privada: desaceleración del gasto estatal y exoneraciones impositivas a grandes empresas. La promoción del ajuste fiscal derivó directamente en una recesión.

La reelección de Dilma a fines de 2014 no trajo las respuestas económicas esperadas. En contra de las propias propuestas de campaña, nombró un gabinete económico conservador que aplicó la receta promulgada por la unión de industriales de San Pablo (FIESP): un severo ajuste fiscal que derrumbó la economía. Recesión, caída de la rentabilidad empresarial y aumento del desempleo fueron los elementos del quiebre del frente desarrollista, lo que significó el desmoronamiento de la popularidad de la mandataria.

Estas condiciones sentaron las bases para el golpe parlamentario que se gestó, a tan solo un año y medio de las elecciones, entre los miembros de los principales partidos opositores y, hasta ese momento, el vicepresidente Michel Temer del Partido do Movimento Democratico Brasileiro (PMDB). Los pilares de la alianza son bastante concretos y consisten en la aplicación de la agenda de reformas neoliberales a los fines de restituir la rentabilidad empresaria: congelamiento del gasto público (enmienda constitucional aprobada a fines de 2016), la reforma laboral, un plan de privatizaciones (principalmente de los reservorios petroleros de pre sal) y modificaciones en el sistema jubilatorio.

A partir de la toma de la Casa Grande por parte de los sectores conservadores tradicionales, el “ordem e progresso” fue reinstaurado. La reforma laboral, mientras tanto, llevará a la mayoría de la población brasilera de vuelta a la senzala.

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