Entrevista a Pedro Biscay: Desde las entrañas del modelo

Por: Federico Araya | 20 de septiembre de 2017

A fines de julio, por decreto, Pedro Biscay fue removido del directorio del Banco Central de la República Argentina. Su recorrido lo coloca en una posición privilegiada para interpretar al macrismo, especialmente en cuanto a lo que él mismo define como “el corazón del modelo”: las políticas monetarias y financieras.

Biscay es abogado recibido en la UBA en el año 2001 y especializado en el área de prevención de los delitos financieros y lavado de dinero. A finales de 2012 ingresó a trabajar en la Procuraduría de Criminalidad Económica y Lavado de Activos y en 2014 fue designado como uno de los directores del Banco Central de la República Argentina (BCRA). A pesar de que tenía mandato por acuerdo del Senado hasta 2019, en julio del presente año el presidente Macri impulsó su remoción por decreto, en un acto que en tiempo real el propio Biscay caracterizó como “un ataque claro a la libertad de pensamiento y de expresión”. La Bancaria, el CELS y numerosas entidades académicas, sociales y políticas lo respaldaron, pero no fue suficiente para frenar la embestida gubernamental.     

Cambio: ¿Cómo creés que se puede caracterizar estos primeros veinte meses de gestión de Cambiemos en los que te tocó estar en el directorio del Banco Central?

Pedro Biscay: El escenario político que se abre en el gobierno de Cambiemos, y por lo tanto también el escenario de política económica, monetaria y fiscal, es un escenario hostil desde el punto de vista de, por un lado, la situación de los trabajadores; por otro lado desde la capacidad del Estado para generar mecanismos ágiles de recaudación tributaria que sean progresivos; y en tercer lugar, desde el punto de vista de la fragilidad financiera que el modelo de Cambiemos va estableciendo. Yo miraría las tres cosas juntas. No se puede ver la cuestión fiscal sin tener en cuenta la cuestión laboral ni la cuestión financiera, que si bien la menciono como la última, te diría que es la madre de todas las peleas, porque es a raíz de la desregulación financiera que comienza a profundizarse una reforma regresiva en materia laboral y una reforma también regresiva en materia fiscal. Creo que el corazón del gobierno de Cambiemos y de la política económica en general, tomando a la política económica como un todo con diferentes complejidades, arranca a partir de una profunda desregulación financiera que va a acompañada por una política de déficit fiscal, que también se profundiza pero que desde el punto de vista de la capacidad de recaudación tributaria orienta la reestructuración y la reforma de las herramientas tributarias hacia un modelo profundamente regresivo en materia impositiva y que tiene su correlato también en materia laboral.

Cambio: ¿Qué rol juegan en este marco las elevadas tasas de interés a las que el gobierno nos tiene acostumbrados?

PB: En este momento, el modelo económico de Cambiemos supone una política orientada a mantener tasas de interés bien altas para tender a un enfriamiento de la economía, no porque esto permita necesariamente bajar la inflación, que es de alguna manera el discurso oficial, sino porque permite otras dos cosas que van de la mano. Por un lado, permite una política de valorización financiera sin precedentes en la Argentina por lo menos en los últimos cuarenta años. Te tenés que remontar a la época de la Dictadura, de la reforma de la Ley de Entidades Financieras, para ver un proceso de características similares. Y por otro lado, porque las tasas de interés siderales permiten desarrollar un modelo de reducción de salarios, porque la forma en que piensa la política monetaria el gobierno de Cambiemos tiene mucho que ver con establecer un nuevo equilibrio entre empleo y precios. Ese equilibrio para ellos es clave. Por eso yo creo que tal vez uno de los determinantes más interesantes de este momento es esa relación y la constatación de que a lo largo del gobierno de Cambiemos el salario real fue cayendo aproximadamente un 7%. Por el momento, este es el elemento que el gobierno esgrime para poder bajar la inflación. Tener una política monetaria contractiva, una ortodoxia monetaria que busca, a través de la tasa de interés, reducir los niveles de inflación. Pero lo cierto es que los niveles de inflación, si bien bajaron, no están por debajo de los que tenías en 2015.

C: Y a eso se debe sumar el inicio de un nuevo ciclo de endeudamiento externo…

PB: La deuda externa está tomando una dinámica peligrosa. Sólo al mes de agosto de este año hay tomado aproximadamente un total de deuda externa de unos 44 o 45 mil millones de dólares. Y si se suma a esto la deuda tomada el año pasado, de unos 54 mil millones de dólares, te da un monto de alrededor de 100 mil millones de dólares. Y hay que tener en cuenta que parte de esa deuda es de corto plazo, porque es la deuda flotante en Letes. Durante todo el 2016 se tomaron cerca de 10 mil millones y ya van tomados 20 mil millones de dólares al mes de agosto, sólo en Letes, que son letras del tesoro denominadas en dólares. La tendencia es que si la velocidad de la deuda externa sigue a este ritmo vamos a un modelo que es radicalmente insostenible en el tiempo. La profunda fragilidad financiera de un modelo económico que está basado exclusivamente en el ingreso de dólares financieros encuentra su talón de Aquiles en el momento en que los capitales dejen de venir al país para apostar a inversiones de estas características. Hoy tenemos un ratio de deuda sobre el PBI del 35% y el gobierno dice que tenemos uno de los mejores ratios de la región, según lo que indica la proyección presupuestaria para 2018. Creo que hay que revisar ese dato porque la República Argentina sufre históricamente una serie de cuestiones que tienen que ver con la restricción externa y con ciertas tensiones en el mercado cambiario que ameritan a que desde el punto de vista de la definición de políticas públicas en materia de deuda externa se fijen criterios que sean más restrictivos a la hora de pensar las nuevas emisiones de deuda.

C: Entrando en el tema de la restricción externa que mencionás, otro clásico argentino es la fuga de capitales. ¿Cómo evaluás este aspecto?

PB: Sí, el fenómeno de la fuga de capitales en la Argentina no es menor y viene tomando una dinámica de crecimiento muy constante, que va de la mano con el endeudamiento externo. Si computás el crecimiento de la fuga de capitales desde diciembre de 2015, ya estás arriba de los 21 mil millones de dólares. En 2017 hay fugados cerca de 10 mil millones de dólares hasta el mes de julio, es decir que en siete meses es más de lo que se fugó durante todo el año pasado (que fueron cerca de 9900 millones de dólares). Es una dinámica difícil de administrar desde el punto de vista cambiario.      

C: Se podría decir que un cuarto de lo tomado en deuda en 2017 se fugó…

PB: Exacto, automáticamente se fugó. Ahora, esa dinámica que tenés de deuda externa y fuga de capitales es una dinámica conocida para la Argentina y es una dinámica que hasta ahora no ha encontrado buenos modelos de política pública para pensar mecanismos de administración, de control y de morigeración de la fuga de capitales. Por eso me parece que es central repensar y discutir este tema fuertemente en el Congreso de la Nación, que es el responsable de fijar los límites para condicionar la toma de deuda externa, especialmente en estos días que arranca la discusión del presupuesto 2018.

C: A partir de tu caso se podría pensar que para implementar estas políticas que van en contra de los intereses más profundos de la Patria, hizo falta un cambio de las autoridades del sistema financiero. Ahora evidentemente también falla un andamiaje estatal de reformas pendientes, que me imagino que son parte de lo que explica por qué la política puede cambiar tan radicalmente en pocos meses.

PB: Hay un debate pendiente de fondo que tiene que ver con la reforma del sistema financiero. Con pensar un sistema financiero que no esté asociado a la especulación sino a la inversión productiva. Creo que durante los últimos años del gobierno kirchnerista se avanzó en algunas cuestiones pero no se pudo lograr una discusión profunda acerca de qué modelo de sistema financiero, qué modelo de regulación financiera y qué modelo de supervisión queremos. No alcanza con promover y poner muchos esfuerzos, como sí se pusieron, en generar mecanismos para la inversión productiva cuando vos hacés esto en un contexto de fuerte restricción externa y de condicionamientos internacionales muy agudos que fueron generándose en la Argentina a partir del conflicto con los fondos buitres. A mí lo que me llama poderosamente la atención tiene que ver con la falta de capacidad para haber producido, o para producir, una política de largo plazo respecto de los andamiajes jurídicos del endeudamiento externo. No te olvides que la sanción del Código Civil y Comercial de la Nación dejó intacta la prórroga de jurisdicción. Acá hay una cuestión muy aguda a pensar, que tiene que ver justamente con cuál es el marco jurídico que la República Argentina debe generar para regular las condiciones de toma de deuda externa. Y en ese punto, en el proyecto de presupuesto 2018 hay un aspecto significativo para discutir, que es la modificación de algunos límites que fijaban criterios para la toma de deuda con mercados del exterior y que le permitirían al Poder Ejecutivo Nacional poder tomar deuda más allá de lo pactado por el Congreso de la Nación. Estos aspectos son los que hay que discutir, porque son el corazón del modelo de Cambiemos. No hay que olvidar que este modelo tiene una pata puesta en el endeudamiento externo, una segunda pata en la flotación del tipo de cambio y una tercera pata en el enfriamiento de la economía productiva.

C: Desde tu vivencia personal, ¿qué impresión te llevaste a partir del desembarco de autoridades del sistema financiero que personifican la idea de “un país atendido por sus propios dueños”?

PB: Me parece que es una pregunta que no tiene una respuesta unívoca. Porque por un lado yo descreo que todo el gobierno de Cambiemos sea un gobierno de actores políticos que vienen a la Argentina a hacer negocios financieros a costa del Estado y del resto de los argentinos, porque sería subestimarlo mucho. Hay sectores muy importantes del gobierno que tienen un proyecto de país, que puede no gustarnos, que es un proyecto de exclusión resultado de lo que ellos muy diplomáticamente denominan la reconversión de sectores económicos, de desindustrialización y financiarización, pero es un proyecto de país. Lo dijo Macri muy enfáticamente cuando dijo que teníamos que ser “el supermercado del mundo”. Ese proyecto de país -insisto, aunque no lo compartamos, aunque nos nos parezca un proyecto viable para la República Argentina que queremos nosotros- es un proyecto al fin y creo que mucha gente sí llegó de la mano de ese proyecto, viviendo experiencias profesionales en el exterior y vino a poner su granito de arena. Por eso me parece que es un tema que hay que mirarlo desde distintos puntos de vista. Algunos podrán venir por el negocio de corto plazo, otros vienen por un proyecto de país de exclusión y de desindustrialización, y también están quienes vienen a hacer una apuesta teórica respecto del modo de manejar la economía, que sería parte del grupo de economistas que conforman el establishment monetario y ortodoxo de la República Argentina, que creen fervientemente en la libertad de cambio, que creen fervientemente en el libre comercio, que creen fervientemente en la información igualitariamente distribuida y una serie de postulados de la teoría económica que no son aplicables ni aquí ni en ningún otro lugar del mundo. Con lo cual me parece que esto sirve para quitar de encima la idea de que quienes están enfrente son el monstruo de la Argentina. Son los sectores orgánicos e intelectuales de la derecha que gobiernan con un determinado modelo de país.

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