Editorial: Impunidad nunca más

Por: Patria Grande | 10 de mayo de 2017

El proceso de juicio y castigo a los responsables del terrorismo de Estado tiene pocos precedentes en el mundo. No es común juzgar a los responsables de una dictadura militar por crímenes de lesa humanidad; mucho menos cuando estuvo integrada por la misma clase dominante que continúa concentrando los grandes privilegios económicos; aún menos cuando fue respaldada por la jerarquía de la Iglesia que administra el credo mayoritario de nuestro pueblo; y ni hablar si contó con el visto bueno de los Estados Unidos.

Sin embargo, con muchas idas y vueltas a lo largo de los últimos cuarenta años, la apertura de los juicios y el inicio de las condenas fueron posibles. Este hecho extraordinario, que quizás los y las más jóvenes corremos el riesgo de subestimar, es el resultado de una potente voluntad colectiva que los organismos de derechos humanos lograron congregar a su alrededor.

Esa voluntad colectiva es el objetivo que un conjunto de las principales fuerzas reaccionarias de nuestro país buscan doblegar: el gobierno, los grupos económicos concentrados, los monopolios mediáticos, los sectores conservadores de la Iglesia Católica y del poder judicial.

¿Por qué es tan importante para todos ellos el regreso de la impunidad a los genocidas? Hemos dicho que la clase dominante tiene como objetivo declarado recomponer lo que ellos llaman la “normalidad” política. Eso significa recuperar un sistema político caracterizado por la alternancia entre dos coaliciones funcionales a sus intereses; pero también implica “volver al mundo”, es decir, volver a subordinar nuestra política exterior a los Estados Unidos; poner fuertes límites o directamente reprimir la protesta social; y también cerrar los procesos judiciales de los genocidas y sus cómplices civiles.

Se trata de una única ofensiva necesaria para avanzar hacia el proyecto de país dependiente y excluyente, de super-ganancias para pocos y empobrecimiento para muchos, que sostiene y sostuvo siempre nuestra clase dominante.

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