El 1° de Mayo y los desafíos de 2017

Por: Marina Moretti | 26 de abril de 2017

El 1º de mayo es una jornada especial en todo mundo y, por ende, en nuestro país. Mezcla de fiesta por los derechos conquistados y de lucha por todo lo que falta, cada año presenta sus particularidades. En esta oportunidad, la resistencia a las políticas antipopulares del macrismo marca el norte en un 2017 bisagra.

Se avecina un nuevo 1° de mayo, cuya simbología, como aquella conquista histórica que supo condensar en un día todo un repertorio de luchas de los más humildes, los postergados, de la clase trabajadora, adquiere hoy un significado especial. Y lo es como un jalón necesario que configure un plan de lucha que dé continuidad al torbellino de movilizaciones multitudinarias e inéditas durante el mes de marzo y al tan postergado paro nacional del 6 de abril.

La calle habló, lo hizo al desplegar un cuestionamiento organizado, en el que no sólo se escuchó el reclamo por el empeoramiento de las condiciones de vida o por un machismo que se resiste a abandonar sus privilegios, sino que expresó algo más. Fue el deseo de arrinconar las políticas antipopulares del poder, de evitar se produzca lo que ellos llaman la “normalización” de la Argentina, es decir, que el sistema político vuelva a aceptar como inevitable una nueva etapa neoliberal como la que está en marcha.

La lucha de los y las docentes es un caso testigo de hasta dónde el gobierno pretenderá llevar la caída del salario de los argentinos. Pero, además, una muestra de un avance decidido y sofisticado sobre los derechos laborales. Buscan la deslegitimación de la organización sindical, de las leyes laborales y dejar a muchas provincias a merced de sus propios recursos. Quieren instalar la percepción de la educación pública ya no como responsabilidad del gobierno nacional para garantizar el acceso irrestricto a la educación y la integración ciudadana, sino como un ámbito residual. La instalación de la Escuela Pública Itinerante hace parte de la resistencia del gremio de maestros y maestras más importante del país, y la suerte de esta lucha será una señal del éxito o fracaso de las pretensiones de disciplinar la protesta.

En las movilizaciones recientes se expresaron reclamos de amplios sectores que rebasan a los sujetos comprendidos en el mundo del trabajo formal. Las movilizaciones de las y los trabajadores de la economía popular, que consiguieron primero la aprobación de la Ley de Emergencia y luego salieron a pelear por su efectiva implementación, es un claro ejemplo. Un actor como la CTEP fue motor de la articulación con otros movimientos sociales, y logró instalarse como parte del movimiento obrero. Por otro lado, la impresionante movilización de mujeres a Plaza de Mayo y el paro del 8 de marzo, que lanzó la colectiva Ni Una Menos con la participación de amplios actores, ha logrado permear algunas estructuras sindicales y sociales, poniendo en debate las desiguales bases de sustentación de la sociedad salarial y la violencia sobre el cuerpo de las mujeres.

Un desafío y un compromiso

Las señales de la realidad nos ponen ante un desafío y un compromiso. Los tiempos más fructíferos para el movimiento obrero y popular han sido aquellos en los que la lucha se ha combinado con programas y reagrupamientos que supieron pronunciarse claramente en confrontación con las políticas antipopulares, que brindaron una perspectiva de transformación y de emancipación. Ejemplos como los programas de Huerta Grande, La Falda o la CGT de los Argentinos constituyen importantes puntos de referencia.

Estamos frente al desafío de forjar nuevas alianzas en el campo popular y reflexionar cómo se llevan adelante, de disputar al interior del movimiento obrero y popular un programa y una práctica de clara confrontación a las políticas neoliberales, de politizar y empoderar a una nueva mayoría social, de profundizar y extender la organización sindical frente a la avanzada sin mediaciones del poder económico. Y esto no es tarea sencilla cuando estamos frente a una cúpula sindical que algunos compañeros han dado en llamar “posvandorista”, en el sentido de que ya ni siquiera pega para negociar sino que ahora su letargo y pasividad son una muestra de su intención de simplemente negociar.

Durante este tiempo han surgido otros actores, que no han dudado en ubicarse claramente en confrontación con el gobierno. Es el caso de la Corriente Federal de los Trabajadores, que no aceptó ser parte de la conducción de la CGT y que enarbola un programa político de cara al futuro del país. Se trata de un programa que necesita ser discutido y amplificado, para incorporar, por ejemplo, aspectos vinculados a la lucha del movimiento de mujeres, pero que constituye una base muy importante para proyectar un futuro de país que represente los intereses de las mayorías. Otras seccionales o gremios enrolados en la CGT también intentan abrirse camino y han acompañado las movilizaciones más recientes. Por otro lado, las CTA vienen construyendo un proceso de unidad, lo cual es auspicioso, y han sabido impulsar momentos de lucha importantes, como la Marcha Federal y la movilización del 30 de marzo.

Este 1° de mayo nos tiene que encontrar en unidad y en la calle. Sobre todo cuando la escalada represiva que impulsa el gobierno es más frecuente. El mensaje tiene que traspasar lo corporativo y contribuir al contenido político del amplio frente social, pero también electoral, que debería organizarse para ponerle freno a la política depredadora del macrismo y sus aliados.

Desde PATRIA GRANDE nos hemos pronunciado al respecto, auspiciando un frente cuya amplitud pueda incluir nuevas miradas, nuevos discursos y propuestas que no se agoten en el pasado sino que apunten al futuro sobre qué proyecto de país se sitúa en el horizonte. Nuestra intención es contribuir a esta unidad apostando a alternativas superadoras que no conviertan la coyuntura en un atolladero. Sabemos que el resultado de las elecciones en la provincia de Buenos Aires será decisivo para el repliegue de las aspiraciones de Cambiemos o para relanzar sus pretensiones hegemónicas, por eso vemos en la figura de Cristina Kirchner la mejor posibilidad para potenciar un escenario favorable a los intereses populares. Más allá de cómo termine configurándose el escenario y de las decisiones que se vayan tomando, nuestra contribución va en este sentido.

Los enemigos que tenemos son muy poderosos y están al frente del poder político a través de los CEOs que ocupan los diferentes ministerios. Enfrentarlos en unidad es una apuesta, un desafío y una invención que se nutre de una rica y larga tradición de lucha de nuestro pueblo.

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