El aplazo económico y sus consecuencias

Por: Pablo Wahren | 06 de diciembre de 2016

mauricio macri, presidente electo. conferencia de prensa foto: Silvana Colombomauricio macri, presidente electo. conferencia de prensa foto: Silvana Colombo

El mayor dato económico de 2016 es la transferencia de ingresos que se realizó hacia los sectores concentrados de la economía. Desde ahí se pueden comprender las principales políticas tomadas por el gobierno de Cambiemos a lo largo del año y sus resultados.

Por ejemplo: los exportadores, especialmente agrarios y mineros, gozaron de un tipo de cambio más alto y la reducción y quita de retenciones; las empresas de servicios públicos contaron con aumentos tarifarios que superaron la reducción de los subsidios recibidos; los bancos recibieron elevadas remuneraciones en concepto de tasa de interés por prestarle dinero al Estado vía Lebac, además de que su actividad fue desregulada pudiendo cobrar a sus clientes la tasa y comisiones que deseen; supermercados y multinacionales importadoras de bienes de consumo aprovecharon la liberalización de importaciones; sectores concentrados en general pudieron acceder al blanqueo en un marco donde se dejará de cobrarles impuestos a la riqueza, ya que el gobierno prevé la eliminación del impuesto a los bienes personales para 2019, y también se dejó de cobrar impuesto a las ganancias sobre los ingresos derivados de la actividad financiera; bancos internacionales se beneficiaron del masivo endeudamiento argentino, ya sea como prestamistas o cobrando comisiones como intermediarios.

Estas políticas derivaron en una ineludible caída de la economía. Devaluación, reducción de retenciones y tarifazo fueron centrales ya que tuvieron un fuerte impacto sobre los precios y explican en buena medida por qué la inflación paso de 24% en noviembre de 2015 a 40,5% en el mismo mes de 2016. La historia que sigue es conocida… los aumentos salariales y de jubilaciones se ubicaron por debajo de la inflación, derivando en un menor poder adquisitivo de la población y por ende en menor consumo. Ante la menor demanda la producción se retrajo y el desempleo aumentó. Así tenemos que entre enero y septiembre la actividad económica se retrajo 2,4% en relación al mismo periodo del año anterior (INDEC) y a que entre diciembre de 2015 y septiembre de 2016 se perdieron 127 mil puestos de trabajo solo en el sector privado registrado (AFIP). La inflación superando los aumentos de los ingresos también tuvo su impacto en la pobreza, dando los cálculos de la UCA un incremento de 1,5 millones de pobres hasta abril, y de 2 millones hasta junio según el CESO.

Por si fuera poco, la apertura importadora contribuyó a agravar el panorama. En un contexto donde el consumo en la Argentina cae por los motivos mencionados, las importaciones de bienes de consumo se incrementaron en 8,9% interanual en lo que va del año (INDEC), por lo que la venta de productos nacionales también se redujo por esta vía. Las altas tasas de interés dispuestas por el gobierno también tuvieron su impacto en la actividad económica. Por un lado por el encarecimiento del crédito, pero principalmente porque en un contexto de suba de costos y caída de las ventas la inversión financiera se posicionó de manera mucho más atractiva que la productiva.

Como se puede apreciar la transferencia de ingresos se financió en parte con la reducción del poder adquisitivo de la población: que vio como subían las tarifas, las comisiones bancarias, los créditos y la inflación en general. Por otro lado, en buena medida la transferencia la financió el Estado cuando se trató de reducción de impuestos, pago de altas tasas de interés o comisiones de deuda. El camino en este caso fue el endeudamiento público, fundamentalmente externo, y la reducción del gasto público, especialmente el dedicado a construcción y obras viales.

¿Sirvieron las medidas para acercarse a lo planteado por el macrismo?

Al cumplirse el primer semestre de gobierno, Mauricio Macri reconocía el flojo desempeño de la economía argentina y argumentaba: “Sé que este proceso no ha sido fácil para todos.(…) Esta transición ha sido difícil, pero estén seguros que vamos por el camino correcto.”

Sabemos que el primer punto no es cierto, la “transición fue solo difícil para algunos”. En cuanto a lo segundo veamos a continuación si el gobierno se acercó con estas medidas a los problemas que pretendía resolver.

El diagnóstico del gobierno argentino al comenzar su gestión se centraba en tres problemas: la inflación, la falta de competitividad de la economía argentina y la ausencia de inversiones extranjeras. Cada uno de ellos tenía una causa subyacente que debía ser abordada.

La inflación la explicaban por el déficit fiscal, por eso reducirlo era una prioridad. En base a eso se justificó la quita de subsidios que derivó en el tarifazo y la reducción del gasto público en general (-4% i.a. real). En 2015 el déficit se ubicó en 4,5% del PBI, sin embargo para 2016 se espera que termine al menos en 5%, según estimaciones de la Consultora KC. Es preciso remarcar esta cuestión, una novedad del déficit macrista es que crece mientras el gasto cae. Esto se debe a los menores ingresos derivados de las reducciones y quitas de impuestos mencionadas anteriormente y de la menor recaudación en concepto de IVA y ganancias derivada de la menor actividad económica.

En lo que respecta a la competitividad señalaron que debía resolverse el atraso cambiario y con eso justificaron la devaluación. Sin embargo, tras la brutal devaluación de diciembre, dado que el salto inflacionario no tuvo ningún tipo de contención, el tipo de cambio real volvió a apreciarse en términos reales al punto que economistas del establishment como López Murphy le plantean al gobierno que “este dólar está atrasado y es comparable con el de la tablita de Martínez de Hoz y la Convertibilidad”.

Si estos fracasos entre diagnóstico y resultados son claros, el tercero ya es grotesco. A fines de atraer inversiones extranjeras el gobierno nacional dispuso flexibilizar la compra de dólares en general, con la eliminación del “cepo cambiario” y habilitar a las empresas extranjeras para girar libremente al exterior ganancias realizadas en la Argentina. Los datos del Banco Central dan cuenta que el resultado fue que por la primera vía salieron dólares del país por 11 mil millones de dólares y por la segunda 2.300. En tanto, en concepto de inversión extranjera ingresaron apenas 1.981 millones de dólares, en torno al promedio ingresado en 2010-2015.

Las paradojas de “volver al mundo”

Las paradojas del macrismo este año han sido muchas y buena parte de ellas se relacionan con la idea de “volver al mundo”: cae el consumo pero crece la importación de bienes de consumo, se liberalizan controles para que entren inversiones pero las empresas extranjeras sacan mucha más plata afuera de la que entran, en un mundo en que por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial la economía crece y el comercio internacional cae, la Argentina hace lo inverso.

Argentina dio varias señales con el ideario de volver al mundo. En primer lugar volvió a asistir a eventos empresariales internacionales como el Foro de Davos, organizado por las 100 empresas más grandes del mundo y volvió a recibir misiones de supervisión del FMI. En segundo lugar, tomó efectivamente la agenda de las multinacionales y los organismos internacionales. El planteo de ellos es simple: cuanto más “libre” sea la economía mayor predisposición habrá por parte de las empresas extranjeras para invertir. En esta agenda se incluye la liberalización comercial y financiera que ya mencionamos, la flexibilización del mercado de trabajo que ya se anuncia en el discurso macrista (cuando por ejemplo el presidente plantea que hay que “discutir todos los convenios laborales porque debilitan los puestos de trabajo”), la inserción del país en acuerdos de libre comercio como la Alianza para el Pacífico o el -ahora en suspenso- TPP, a los que Macri inició acciones para unirse y por último podemos agregar el pago a los fondos buitres.

El objetivo explicitado es incrementar la confianza de potenciales inversiones sobre la economía argentina, lo que sería el gran pilar del crecimiento en este nuevo modelo. Sin embargo, hasta el momento las empresas extranjeras sacaron más divisas al exterior de las que ingresaron, diferencia que fue financiada mediante el ingreso de deuda externa.  En efecto un gran cambio de este año es que los gobiernos nacionales y provinciales tomaron deuda externa por 40 mil millones de dólares, siendo Argentina el principal tomador de deuda del año. Esta estrategia no es una novedad para al macrismo, tan acostumbrado a acusar al populismo de vivir por encima de las posibilidades, pero que en la Ciudad de Buenos Aires ya había cuadruplicado su deuda durante sus ocho años de mandato.

La problemática que subyace a esta estrategia es que la nueva deuda no crea su capacidad de repago, por ejemplo siendo invertida en actividades productivas que permitan ahorrar o generar divisas en el futuro, sino que se pierde en el financiamiento de otros destinos. Por lo tanto la situación tenderá a agravarse en el futuro a medida que la nueva deuda y sus intereses se acumulen. En efecto, más allá de los 35.600 millones de dólares emitidos hasta el momento, debe tomarse dimensión de lo que significará el repago de estos préstamos al contabilizar los intereses: 57.252 millones de dólares.

Peligros de corto y de largo plazo

Los desequilibrios externos provocados por el déficit comercial, la desregulación y apreciación cambiaria, el libre giro de utilidades y dividendos y los pagos de nueva deuda e intereses constituyen un combo que sólo puede ser financiado con un constante aumento de los compromisos de deuda, que hasta el momento están siendo posibles gracias al reducido nivel de endeudamiento externo heredado. Asimismo, para el año electoral el macrismo prevé incrementar el gasto público, especialmente en construcción, para reactivar la economía, financiándose con más deuda.

La necesidad de endeudamiento externo ha sido plasmada por el propio equipo económico en el proyecto de Presupuesto del año 2017, en donde se estipula el ingreso de 25 mil millones de dólares de deuda externa neta, según el Presupuesto de Divisas. En paralelo, se proyecta un déficit comercial de 1.866 millones de dólares en 2017 que se incrementaría según el propio gobierno hasta 4.929 millones de dólares en 2019. El déficit comercial es un rasgo particularmente relevante del modelo, dado que el canal comercial representa el ingreso de divisas más genuino de un país, ya que se deriva de la producción y el trabajo argentino, y sin embargo en este caso se proyecta que sea una de las vías de salida que será financiada por nueva deuda.

En efecto, la producción nacional se ve seriamente amenazada por la intención de firmar acuerdos de libre comercio, la apertura importadora, la eliminación y desfinanciamiento de proyectos de desarrollo tecnológico y  el achicamiento del presupuesto en ciencia y tecnología.

Como resultado de 2016, tenemos un gobierno que diseñó una política económica que, sin resolver los problemas que ellos mismos diagnosticaron, además generó nuevos. En ese sentido la economía argentina termina el año con más desempleo, pobreza, inflación y deuda externa. Si bien aún hay margen, especialmente por el bajo nivel de deuda de la economía argentina, esta dinámica que ya vivimos tenderá a agravarse en  los próximos años si se mantienen las políticas que conducen a la destrucción del entramado productivo y la sobreacumulación de deuda con daños muy difíciles de revertir.

Temas de la nota: