“El feminismo puede cuestionar seriamente el poder político”

Por: Florencia Montenegro y Ulises Bosia | 10 de mayo de 2017

Producto de una campaña iniciada por MALA JUNTA, el diputado provincial Rubén López debió renunciar a su banca, tras ser denunciado en dos oportunidades por abuso sexual. Conversamos sobre el tema con Marina Schiffrin, integrante de PATRIA GRANDE en Bariloche, quien cuenta con una larga trayectoria militante en sus espaldas.    

 

Marina Schiffrin vive en Bariloche. Trabajó más de 25 años como docente y fue procesada en los noventa. Hoy es una abogada dedicada a la defensa de los derechos humanos y además es referente de PATRIA GRANDE  y MALA JUNTA en Río Negro.

Cambio: Recientemente se logró la renuncia del diputado provincial Rubén López, producto de la denuncia que inició MALA JUNTA y que luego fue tomada por una amplia gama de organizaciones populares. En este contexto, ¿qué significó la campaña “Chau López” en Bariloche y en Río Negro? 

Marina Schiffrin: Primero, contar que había un legislador que se llama Rubén López que, además de ser el secretario general del gremio de la fruta de la provincia, era legislador por Juntos Somos Río Negro, que es el partido de gobierno. En los primeros meses de este año, hemos conocido una denuncia que le realizaba una joven, una chica de 20 años, que estuvo como moza junto con su prima en un evento que organizó. Ella hace la denuncia de que, al finalizar, las invitaron a un brindis, les pusieron algo en la bebida, las adormecieron y se despertaron en el medio de un acto sexual en el que estaba López y también Abramovich, que es un ex jugador de fútbol. Es una denuncia gravísima. Después, se conoció otra denuncia, que estaba totalmente invisibilizada, de una empleada de la casa de López, que había sido abusada también sexualmente, con tocamiento pero, en el caso de estas chicas, fue con acceso carnal. Entonces, nos pareció terrible, desde MALA JUNTA, que hubiera un legislador con estas características. El gobernador lo primero que salió a decir era que López ya se había pedido licencia, como si esto fuera una cuestión laboral nada más. Lo que quería el gobernador era que no se hablara del tema porque políticamente no le convenía, en lugar de salir a decir que se lo destituyera o que se lo desaforara. Por eso, decidimos iniciar una campaña que fue tomada por muchas organizaciones de la provincia que llamamos “Chau López” porque era pedir que lo desaforaran para que la Justicia lo pudiera investigar. O que lo destituyeran de la Legislatura por la simple razón de que no puede tener esa investidura al existir semejante acusación.

C: ¿Cómo se desarrolló la campaña?

MS: Hicimos una campaña de mucha visibilización. Estuvimos, por ejemplo, en el Concejo Municipal de Bariloche apoyando una ordenanza de la concejala Ana Marks del FPV. Ella pedía que se envíe a la Legislatura un proyecto solicitando la destitución de López que recibió el apoyo del resto de los concejales. Si bien varios son del partido de gobierno, estos tuvieron que votar a favor de la ordenanza porque quedaban muy expuestos. Es un poco nuestra idea de democracia: de cara al pueblo, donde el pueblo sepa y, cuando el pueblo sabe, a los representantes se les hacen más difíciles estas maniobras de encubrimiento. 

Estábamos empezando a hacer lo mismo en otros Concejos, hicimos campañas de volanteadas en toda la provincia y el tema apareció en la marcha del 8 de marzo. Las compañeras de Viedma llevaron a cabo manifestaciones en la Legislatura el día del inicio de las sesiones. Las compañeras de Fiske, en la marcha del 8 de marzo. El tema tuvo una repercusión importante en toda la provincia. Pero el gobernador sostuvo a López hasta último momento, hasta que ya no pudo más (cuando se hizo pública la denuncia de su empleada y su procesamiento en esa causa). Ahí renuncia y nosotros, justamente, días antes de su renuncia, teníamos organizado un “fotazo”, en el que nos íbamos a sacar una foto dibujando con nuestros cuerpos y una frase que decía “Chau, López”. Hicimos igual el fotazo. Lo hicimos en Bariloche y en Viedma y fue tomado, incluso, por el diario provincial de Río Negro. Entonces, el feminismo, además de tener propuestas en lo concreto, también puede ser un espacio que cuestione seriamente el poder político.  

C: Hablanos de tu recorrido como militante en el sindicato docente y en el terreno de los derechos humanos. 

MS: No sé por dónde empezar. Vine a vivir a Bariloche en 1983, trabajé muchos años como maestra de grado, también como directora de escuela primaria. Fui profesora de matemática en colegios secundarios, en la facultad y en institutos de formación docente. También fui vicedirectora de una escuela secundaria y trabajé como docente hasta el año 2010. Siempre milité en el sindicato de la UNTER, fui delegada, también fui alguna vez parte de alguna mesa directiva y participé mucho en agrupaciones que eran alternativas a las conducciones celestes y azul, que prácticamente siempre estuvieron en el sindicato. Eran agrupaciones de izquierda pero con mucha gente independiente. Participé mucho en la década del noventa, que fue un momento terrible para la escuela pública, parecido al que estamos viviendo ahora. La verdad que los niveles de deserción en esa época eran brutales y el deterioro de los edificios escolares, el deterioro salarial, era terrible. También fue la época de la privatización de las jubilaciones. Acá hubo un momento en el que en toda la provincia de Río Negro no nos pagaron el sueldo durante tres meses, entonces había grandes luchas estatales y docentes, estuvimos prácticamente meses y meses reclamando en la calle. En el año 1997 hubo una rebaja salarial del gobernador radical Verani, totalmente asociada al plan del menemismo. Además de eso, cerraban los comedores escolares, eliminaban una reforma educativa interesante según la cual los chicos del secundario tenían talleres y sacaban la copa de leche. Era toda una reforma regresiva. Se hizo una asamblea muy grande en la escuela 320 que queda del lado de La Llave en Bariloche, pero no fue una asamblea sindical solamente sino con padres y madres, docentes y estudiantes. Éramos mil personas y se votó por unanimidad un corte de ruta. Entonces, cortamos la ruta con las mamás con los carteles de la copa de leche, los estudiantes pidiendo que vuelvan los talleres, los docentes contra la rebaja salarial. Hicimos dos cortes y ahí nos procesó la justicia federal. Por varios años nos venían a notificar los gendarmes con los jeeps a nuestra casa, o nos notificaba en la escuela el gendarme. Un día estaba dando clase en el nocturno del instituto y vino un gendarme y entró al aula a notificarme. Después llegué a mi casa y tenía a mis hijos que estaban solos, que eran chicos y estaban llorando porque el gendarme primero había ido ahí, con el jeep de noche. Esas persecuciones me hicieron a mí y a mis compañeros.

C: Fue una época de mucha lucha contra el neoliberalismo en la región.

MS: Sí. En 1995 habían empezado los cortes de ruta y en 1997, además de este de Bariloche que era pequeño, había sido el importante de Cutral Co, unos meses después del nuestro. El de los maestros de Neuquén había sido también en 1997, en simultáneo con el nuestro, para semana santa. La semana santa es una época de paros docentes, de cortes de ruta, también en semana santa es que lo matan a Fuentealba años después. Con ese procesamiento yo empecé a darme cuenta lo que era la justicia y lo que era la criminalización de la protesta, aunque todavía no le habíamos puesto ese nombre. El sindicato tenía una política de llevar las causas con abogados nada más, y que no se discutiera en las asambleas, pero a mí me parecía que se tenía que discutir. La estrategia de los abogados era que nos pidiéramos la probation, que es decir “voy a pagar una multa o hacer trabajo comunitario para subsanar esto que hice que está mal”. Y ahí empecé a pensar mucho en el rol del abogado, me empecé a interesar, así que yo no me pedí la probation porque pensé que no estaba bien. En ese momento lo pensé así. Por lo menos en el caso nuestro, éramos docentes, teníamos herramientas como para enfrentar un juicio y hacer visible este problema. A lo mejor a personas muy sencillas, con escasos recursos, un antecedente de este tipo le puede afectar de una manera, pero en nosotros iba a ser muy visible nuestro caso. Así que decidí mantener esa posición y me llevaron a juicio, pero logré mucho apoyo de las bases docentes y de las organizaciones populares en general. Y ahí ya logré todo el apoyo del sindicato también.

C: En el juicio fuiste condenada…

MS: Me condenaron pero en suspenso, y me hicieron un juicio escandaloso porque lo único que probaron es que estuve en una manifestación junto a cientos de personas reclamando por la escuela pública. Así que es un juicio de orgullo. Era un juicio oral y público, pero no dejaron entrar a la gente. Lo hicieron en una oficinita chiquita del fiscal y el juez. Estaban ellos, mi abogado defensor, mi hija y mi marido. Toda la gente estaba afuera en una manifestación y a mí me pasaban el video como la prueba del delito, para mostrar que yo estaba con el megáfono. Pero resulta que yo miraba el video y era realmente la misma gente que estaba afuera. Era unos años después, así que todos éramos un poquito más grandes, porque me juzgaron en 2001, pero era tragicómico porque ese video con esos cánticos a mí me entusiasmaba verlo. Al propio fiscal le daba vergüenza mirarme a los ojos cuando me acusó porque era realmente lamentable. Así que era un punto muy alto para poner en contradicción el orden jurídico y, cuando el orden jurídico es arbitrario, ponerlo en contradicción es interesante. Por suerte lo pudimos apelar, y ya ahí tuve el apoyo del equipo jurídico de la CTA, porque la verdad que, en un primer momento, el único que me ayudó para el juicio fue un abogado de la APDH de El Bolsón, porque los abogados del sindicato no estaban de acuerdo. Al final llegamos a la Corte Suprema y lo dejaron cajoneado, pero el dictamen del procurador general era favorable. Decía que no me podían condenar de ninguna manera, que había sido una protesta y que se basaba en el derecho de petición. Que era un poco lo que queríamos. Lograr una jurisprudencia favorable. Pero no la pudimos lograr porque la dejaron prescribir, así que quedé sobreseída.

C: ¿En ese momento te nació el interés por la abogacía?

MS: Sí. Fue interesante porque recorrí por dentro todo el sistema penal y llegué hasta el recurso extraordinario, tenía mucha motivación. Un poco lo que pensaba era que cuando me reciba y tenga que defender gente le voy a preguntar qué quieren hacer. No le voy a decir esto es lo único que podés hacer, sino que voy a tener en cuenta los proyectos políticos que ellos y ellas tengan para defenderlos. No la técnica por encima de los deseos y de los proyectos de ellos, sino la técnica como auxiliar.

C: ¿En qué casos estás trabajando como abogada? 

MS: En casos de gatillo fácil. Por ejemplo, el caso de los chicos del 17 de junio que dentro de poco va a ir a juicio. Cuando mataron a Diego Bonefoi, en la madrugada del 17 de junio de 2010, ese mismo día hubo unas manifestaciones en repudio, de jóvenes y adolescentes, y ahí mataron a Nicolás Carrasco de 16 años y a Sergio Cárdenas de 29. Yo represento a la familia de Nicolás Carrasco en este juicio que va a haber contra quien fue el jefe de policía de Río Negro, el subjefe y el responsable de la regional III. Para Carrasco no iba a haber justicia porque no se sabe quién fue el autor material del disparo. Pero, por lo menos, hemos logrado encontrar a estos responsables funcionales, que es lo que logré hacer yo cuando entré a la causa. Es muy difícil enjuiciar a la policía porque los jueces y los fiscales no toman las medidas que hay que tomar. No hay igualdad ante la ley, para ellos hay privilegios.

C: ¿Y ahora por qué apostás a la militancia y a la construcción de PATRIA GRANDE?

MS: En los noventa yo dejé de estar en la izquierda orgánica. Me desilusioné mucho con la caída del Muro y con aquel proyecto de la izquierda del siglo XX. Entonces militaba en lo social, en lo sindical y en derechos humanos acá en Bariloche, unos cuantos años. La verdad que como proyecto político la izquierda trotskista nunca me cerró, tampoco fui peronista ni kirchnerista, si bien nunca fui antiperonista ni antikirchnerista, pero yo tenía una perspectiva más socialista. Sobre todo, me interesó la mirada de PATRIA GRANDE respecto de los procesos latinoamericanos. Ya había escuchado esa valoración por parte del kirchnerismo, pero no la había escuchado por parte de una izquierda. Entonces, cuando vi ese proyecto de izquierda popular me pareció que era como una síntesis de época que hacía falta, con un proyecto bien concreto, con una política clara para militar, como una utopía nueva, renovada, del siglo XXI, pero también fuertemente anclada en los valores de izquierda, socialistas, que eran los valores de siempre que yo tenía. Además, cuando empecé a conocer estaba lleno de chicos y chicas jóvenes. Es un espacio que me sorprendió por su alegría, su esperanza, su proyecto bastante sólido en lo teórico. Entonces recuperé la posibilidad de participar en una organización política. 

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