El futuro ante el triunfo de Cambiemos: ¡acá no se rinde nadie!

Por: Diego Motto y Diana Broggi | 25 de octubre de 2017

Cambiemos resultó el principal ganador de la jornada electoral. En esta nota, ofrecemos algunas miradas para situarnos desde la reflexión política y la construcción de tareas militantes en una coyuntura que, lejos de ser evaluada desde cierto aturdimiento inmediatista, demanda análisis más finos acerca del fenómeno del macrismo y sus raigambres en un contexto en el que domina la polarización política y mediática pero también conviven otra serie de variables que hacen parte de una fórmula renovada de la derecha en nuestro país.  

Los resultados de estas elecciones son contundentes: Cambiemos se impuso con un 40,59%, ante un 21,03% de Unidad Ciudadana (UC). Con porcentajes más lejanos quedan el PJ con un 13%, un 5,97% para la izquierda representada por el FIT, superando a 1País que obtuvo un magro 5,75% del total de sufragios. Estos números corresponden a la suma de los votos de cada fuerza política en todas las provincias del país en base a los resultados para diputados nacionales.

Si bien mediante los análisis cuantitativos corremos el riesgo de construir miradas politicistas, nos parece necesario compartir algunas observaciones que se desprenden de los datos duros y posibles formas de interpretarlos.

Sobre el desempeño de UC en estas elecciones vemos que si bien no alcanzó a derrotar a Cambiemos en la provincia de Buenos Aires, quedó posicionada como la principal fuerza opositora en este contexto. A su vez, continúa manteniendo el bastión provincial de La Matanza con un 49,46% frente a un 30,36% de Cambiemos. Este último dato arroja, por un lado, el número más alto obtenido por UC en un distrito de la provincia de Buenos Aires al que le sigue Berazategui con un 43,91% frente a 34,32% para Cambiemos. Pero, al mismo tiempo, muestra el crecimiento abrumador y con tendencia de disputa del macrismo en municipios de tradición peronista y con un voto kirchnerista consolidado.

Sobre el lugar en el que ha quedado 1País, superado incluso por la izquierda, es el de una eventual marginalidad producto de la polarización existente. Sin embargo, habrá que ver cómo, a partir de esta escena planteada, continúan las negociaciones con Randazzo, con un lugar similar, ya que ambas figuras se encuentran asociadas en variantes del peronismo conservador, con planes para 2019.

El FIT merece una valoración a partir de la expresión en votos de su construcción. Es innegable que el porcentaje obtenido corresponde en gran medida a una acumulacion propia de la inserción y el saber combinar los perfiles de sus referencias con un espacio a ocupar desde la oposición al gobierno con un programa clásico de izquierda. El 16,35% en Jujuy y el 11,72% en Mendoza son expresión de un desarrollo posible en el interior del país.  Sus límites concretos en la vocación de unidad y diálogo con otras expresiones de izquierda, así como su escasa permeabilidad con procesos populares más amplios, son algunos de los techos más evidentes de esta fuerza.

Sobre el triunfo de Cambiemos incorporamos otras variables desde las cuales vislumbrar las posibles causas de un apoyo tan marcado en las urnas.  Por un lado, su continuidad en una estrategia con base en la polarización exacerbada desde las PASO y el haberse ubicado como “ganadores” en agosto al construit una subjetividad de éxito inminente.

Luego, la ausencia de grandes conflictos sociales y reivindicativos durante el tiempo que fue de agosto a octubre lo que permitió que las inauguraciones de obra pública, cierto rebote en el consumo, el congelamiento provisorio de determinados aumentos y la exposición mediática de avances judiciales selectivos frente a hechos de corrupción (la detención del emblemático Pata Medina es un ejemplo concreto) otorgarán materialidad al eslogan sobre la necesidad de “acompañar el cambio”.

Sin dudas, los efectos del impacto doloroso que produjo en la sociedad la aparición del cuerpo de Santiago Maldonado fueron articulados en maniobras y redes de sentido que generaron contradicciones luego de las noticias vinculadas a los primeros resultados de la autopsia. En este plano, el sábado previo a la votación el gobierno logró reposicionarse y relativizar su responsabilidad en uno de los temas de mayor polémica y cuestionamiento de los últimos meses.

En definitiva, el diario del lunes 23 de octubre termina de confirmar la capacidad que ha tenido el oficialismo para consolidarse y permite afirmar que, de mantenerse determinadas características de la situación actual algo difícil de asegurar en la política argentina efectivamente Cambiemos llega como la fuerza mejor parada para obtener un triunfo en las elecciones de 2019.

Este escenario descrito nos habla de un momento difícil en la Argentina. Observar el fenómeno electoral sin un encuadre más amplio puede llevarnos a percepciones erróneas. En lo que sigue, proponemos elementos para construir una mirada de la izquierda popular capaz de compatibilizar con las tareas hacia adelante.

Repetición y diferencia del neoliberalismo en Argentina

No es la primera vez que la sociedad argentina atraviesa momentos en el que los sectores de poder (por vías democráticas o no democráticas) intentan avanzar a fondo con la implementación de un proyecto neoliberal. La “utopía de derechas” de convertir a Argentina en un país con características de movilidad social, políticas públicas y distribución del ingreso similar a Chile, Colombia o México no es una idea original del Pro, sino un capítulo infaltable en el sueño de los sectores dominantes, que tuvo en la historia reciente sus intentos previos en la última dictadura militar, y en la larga década del noventa, combinando gobiernos de Menem y de la Alianza.

Sin embargo, en los anteriores intentos, los sectores de poder no lograron implementar hasta sus últimas consecuencias el proyecto neoliberal, contando incluso con condiciones externas e internas más favorables que las actuales. Sabemos que cada periodo neoliberal modificó negativamente la relación de fuerzas entre las clases y significó retrocesos en las condiciones materiales de vida de los sectores populares. Además, fueron momentos acompañados de políticas represivas, en algunos casos feroces, y dispositivos de construcción de sentido común reaccionario. Sin embargo, estos procesos no lograron “normalizar” o “naturalizar” un orden social en el que el nivel de desigualdad social se cristalice de tal forma que, incluso, se descarte del imaginario popular la posibilidad de ascenso social por medio del estudio, del trabajo, etc; ni consolidar un ideario en el que el rol del Estado no tenga que ver con garantizar condiciones mínimas de vida digna a los sectores más empobrecidos de la población.

Cambiemos es un “animal nuevo” en el sistema político argentino que viene a implementar, a su manera y con su libreto, la construcción de un proyecto de hegemonía conservadora que normalice situaciones de desigualdad, que dé legitimidad y gobernabilidad a mayores niveles de injusticia.

Este oficialismo, además de tener la capacidad de usar a su favor el poder mediático que concentra, el uso de iniciativas políticas para construir la agenda pública en el minuto a minuto de acuerdo a esquemas de mediano plazo, posee la ventaja de utilizar los aprendizajes que el neoliberalismo ha tenido en los países centrales, con un ciclo de desarrollo mucho más largo que en América Latina, y que en Argentina en particular. Los CEOs de Cambiemos, además de utilizar herramientas del mundo empresarial, utilizan claves y fórmulas ya probadas en países desarrollados en los que el neoliberalismo ha ensayado más variables y estrategias para conseguir sus objetivos. Por eso, en una época marcada por una subjetividad que se produce desde el consumo y la hiperconexión global, tiene asidero una propuesta del estilo de Cambiemos, ligada a otro orden simbólico que pone en crisis las identidades políticas de masas y los liderazgos potentes. Hay contacto entre la idea de “equipo” y de que “el Cambio son ustedes” con un sentido común formateado por las redes a partir de mensajes colectivos y traduce, desde una política cosmética en los espacios públicos, aquello con lo que cualquier ciudadano o ciudadana podría estar satisfecho.

¿Podrán esta vez los sectores dominantes, de la mano del macrismo, naturalizar un orden social de mayor injusticia y menor nivel de dignidad para grandes franjas de la población? Creemos que esta respuesta se construye por la negativa y es nuestra tarea.

Puntos de apoyo

A la hora de evaluar las condiciones actuales como campo popular para resistir a esta ofensiva neoliberal, vemos como paso fundamental la complejización de los análisis para la elección y priorización de las tareas, así como la correcta identificación de los puntos de apoyo en una valoración contrastada con la realidad.

Uno de los puntos de apoyo a construir tiene que ver con la expresión de la lucha de clases en el terreno político electoral. En este sentido, la masividad de muchos de los procesos en curso en la Argentina, vinculados al trabajo, a la economía popular, a las demandas del movimiento de mujeres y feminista han expresado una enorme potencialidad en las calles que, sin embargo, se encuentra fragmentada y sin expresión en referencias concretas que puedan articular mayores niveles de representatividad o eventuales liderazgos. Citando a Alejandro Grimson, agregamos que “en todas ellas participaron sectores con diferentes tradiciones e identidades políticas. No había ninguna identidad o figura política que lograra sintetizar esa heterogeneidad”.  

Por otro lado, con respecto a la figura de CFK, consideramos que los resultados obtenidos en estas elecciones la ubican efectivamente como la principal referente opositora, y como la líder indiscutible de un espacio político como es el de UC.

Sin embargo, ya hemos hablado en otros artículos del lugar de “representatividad” que Cristina ocupa por fuera del espacio que conduce y por eso, si bien su campaña post PASO intentó diversificar su perfil al mostrar mayor vocación de diálogo, y realizó actos contundentes a modo de expresión de fuerza en La Matanza, o el emblemático Racing, su figura ha quedado en un lugar incómodo y paradojal hacia adelante.

No nos han derrotado

Como militantes populares, como personas que sentimos en lo más hondo la bronca e indignación por el avance y consolidación del neoliberalismo en nuestro país, podemos asumir que, en este contexto, nos cabe una responsabilidad histórica que, en primer lugar, está cifrada en la posibilidad de construir aquellas formas de poder real que disputen y eviten la hegemonía del proyecto de Cambiemos.

No nos han derrotado si sabemos articular desde distintos puntos de inserción social con propuestas políticas para romper la polarización como trampa.

No nos han derrotado si cada día seguimos convencidos y convencidas de que las llaves están en la organización y en la proyección concreta.

No nos han derrotado si hacemos de la unidad una herramienta que privilegie los intereses populares y consolidamos con ellas espacios políticos con nuevas identidades, si forjamos liderazgos basados en las condiciones materiales y simbólicas de un pueblo con memoria activa.