El neoliberalismo latinoamericano repunta en Buenos Aires

Por: Federico Larsen. | 29 de marzo de 2017

Las negociaciones por un Tratado de Libre Comercio entre Unión Europea y Mercosur fueron la primera gran cita del gobierno Macri en Buenos Aires. Y todas serán bajo el signo del neoliberalismo.

El pasado 24 de marzo concluyó en Buenos Aires una de las citas más importantes para el proyecto diplomático argentino. Sin demasiadas cámaras ni fotos, se cerró la XXVII Ronda Birregional de Negociaciones entre la Unión Europea y el Mercosur. Se trata de una de las grandes apuestas en la agenda internacional del gobierno Macri que, junto con otros relevantes compromisos previstos para los próximos meses, encarnan la idea de “vuelta al mundo” neoliberal de la Argentina.

El objetivo principal de la reunión con la UE fue avanzar en el proyecto de Tratado de Libre Comercio entre los dos bloques. Una negociación que ya tiene casi veinte años, y que con la llegada de gobiernos de derecha en Argentina y Brasil volvió a tomar impulso. La llegada de Trump a la Casa Blanca y su intención de revisar los términos del librecambio a nivel global también renovaron las intenciones de los dos bloques para sellar el acuerdo que, según se anunció en el Palacio San Martín, podría tener ya su primer capítulo cerrado para fin de año.

El libre comercio es presentado hoy como la única esperanza frente al conservadurismo xenófobo que ha llegado al poder en varios países del mundo. Pero sus implicancias distan de ser una alternativa para los pueblos. En primer lugar porque el libre comercio es todo menos que libre. Y las negociaciones UE-Mercosur son un ejemplo de ello. Para que las mercaderías y los servicios puedan circular sin trabas arancelarias, es necesario imponer una serie de reglas, que son las que se negocian en este tipo de encuentros. El primer principio general es el de eliminar cualquier tipo de obstáculo para las mercaderías y las finanzas. Aún cuando esos obstáculos se llamen leyes o decisiones soberanas. El segundo, el de dar status internacional a aquellos actores que no lo tienen por derecho, las empresas transnacionales.

Transnacionales e inversores por sobre Estados y poblaciones

Los borradores de este tipo de tratados suelen ser guardados como un incontable sectreto. La Comisión Europea sin embargo, acosada por organizaciones sociales y partidos que criticaban con vehemencia este ocultamiento en la negociación de TLCs anteriores, publicó en octubre pasado los borradores de las propuestas europeas hacia el Mercosur, y un estudio del impacto que tendría el TLC sobre las economías de ambos bloques. Éste último advierte sobre “pérdidas potenciales de  empleo en diversos componentes del sector manufacturero y un deterioro en el nivel de las normas laborales en ciertas partes del sector agrícola” en el Mercosur, y que en Europa “la disminución de la producción agrícola y alimentaria reducirá el empleo en dichos sectores”.

A esto se le suman las consecuencias que podrían traer los acuerdos en torno a la protección de las patentes sobre el agro y la industria química. Un análisis realizado por el Ministerio de Salud de Brasil sobre los borradores de la UE concluyó que, de aplicarse este TLC, el sector público brasilero debería pagar 444 millones de dólares anuales más en derechos y patentes, para asegurar la circulación de sólo seis medicamentos. A esto se le sumarían los problemas para la producción de medicamentos genéricos y la importación paralela de fórmulas patentadas en ambos bloques. La UE propone la adhesión del Mercosur a convenciones internacionales que los países miembros han rechazado en otras instancias, como el UPOV91, que regula los derechos de reproducción de variedades de plantas, o el Acuerdo sobre la Contratación Pública de la Organización Mundial del Comercio (OMC) de la cual ningún país del Mercosur es miembro. Bajo esos acuerdos, las empresas europeas podrían patentar especies vegetales latinoamericanas para su comercialización, o competir para licitaciones de infraestructura bajo las reglas que ya están en vigor en la UE.

Es decir, la propuesta que hasta aquí se conoce sigue la línea que Europa propuso en el caso del  fracasado Tratado Transatlántico de Comercio e Inversiones entre la Unión Europea y Estados Unidos (TTIP) y el Acuerdo Económico y Comercial Global (CETA) sellado con Canadá. En ambos casos la movilización de denuncia fue muy grande en toda Europa, a causa de la lógica que concede mayores derechos a transnacionales e inversores por sobre Estados y poblaciones. Una lógica transversal, en realidad, en los compromisos que la Argentina se prepara a enfrentar en los próximos meses.

Entre el 5 y el 7 de abril se llevará a cabo en Buenos Aires la versión latinoamericana del World Economic Forum de Davos, donde la élite financiera y empresarial del mundo se reúne con los representantes de Estados y gobiernos para definir los lineamientos de la economía global y hacer lobby. En el cierre de ese encuentro, el 7 de abril, se llevará a cabo la tan esperada cumbre entre el Mercosur y la Alianza del Pacífico, bloque que reúne a los países historicamente más proclives a las pautas del libre comercio y la integración subordinada a la economía global: Chile, Perú, Colombia y México. En diciembre, del 11 al 14, Buenos Aires será también sede de la Conferencia Ministerial Bianual de la OMC, donde el gobierno Macri espera realizar la primera firma oficial del Acuerdo con la Unión Europea y asegurar el cierre del TLC para la segunda mitad de 2018, cuando Argentina será sede de la cumbre del G20.

Un calendario muy abultado, al que hay que agregarle las reuniones preparatorias y encuentros con los demás miembros de las organizaciones internacionales, pero que desde su comienzo devela una intención muy clara de los gobiernos del Cono Sur y especialmente de Argentina: la agenda neoliberal de América Latina, herida de muerte en Mar del Plata en 2005, retoma vuelo desde Buenos Aires.