El Plan Maestr@ para mercantilizar la universidad

Por: Federico “Japo” Machado | 19 de julio de 2017

“Algunos tienen la posibilidad de educarse en escuelas privadas mientras que otros tienen que caer en la educación pública”. Con esta triste frase, recordamos el día en que Mauricio Macri anunciaba los resultados del Operativo Aprender y, con ellos, la elaboración del Plan Maestr@, proyecto de ley cuyo borrador ya es público.

El Plan Maestr@ es una suerte de plan educativo explícitamente basado en los lineamientos desarrollados por los economistas del Banco Mundial en el documento “Profesores excelentes”.

Resulta fundamental analizar el Plan Maestr@ en su contexto: el programa político de Cambiemos no es otra cosa que el ajuste, la reducción del Estado y los favores al poder económico. En ese sentido, hay que tener cuidado: podría resultar fácil dejarse engañar por el lenguaje cuidado, lavado y aparentemente neutral que utiliza el documento. Difícilmente podríamos ponernos en contra de metas como “mejorar la calidad de la educación superior universitaria”. El problema es qué entendemos por “calidad” y, sobretodo, de qué manera se logran esas metas. Para Cambiemos, la “calidad” queda definida por pruebas internacionales que utilizan parámetros europeos. Nada más lejos de la educación emancipatoria que necesitamos.

Cabe decir, también, que el Plan Maestr@ es, fundamentalmente, un plan en contra de los maestros y maestras: pone el acento en la cuestión del ausentismo y la necesidad de mayores presiones sobre los docentes. El Banco Mundial anuncia lo que el Plan Maestr@ prefiere callar: “El mejoramiento radical de la profesión docente requerirá medidas agresivas para descartar a los docentes de peor desempeño de forma sistemática”.

Universidad mercantil 2.0: el plan para la educación superior

Para el caso de la educación superior, el Plan Maestr@ se plantea como la fase superior de la mercantilización de la universidad, que tiene como piedra fundamental la Ley de Educación Superior sancionada en los noventa. Se plantea como metas la articulación entre diferentes instituciones educativas (universidades públicas, privadas y terciarios), favorecer la movilidad estudiantil y docente, fomentar la vinculación con los “sectores productivos” e internacionalizar la educación.

Para quienes militamos desde hace años en contra de los paradigmas privatizadores de la educación, varios de estos términos nos resultan al menos sospechosos. La forma que propone el gobierno de alcanzar estas metas es mediante el llamado “Sistema Nacional de Reconocimiento Académico”, que no es otra cosa que la versión criolla del “sistema de créditos” implementado en la Unión Europea a través del Plan Bologna. El mismo plantea traducir los contenidos académicos de distintas disciplinas en “créditos”, o sea, en unidades cuantificables que puedan sumarse e intercambiarse entre distintas unidades académicas. Si bien el macrismo presenta esta propuesta bajo la consigna de favorecer la movilidad de los estudiantes entre distintas universidades nacionales (aceitando el mecanismo de las equivalencias), lo que se persigue es bien diferente.

La lógica del sistema de créditos es que un estudiante pueda descentralizar su carrera cursando materias indistintamente en universidades públicas, institutos privados, terciarios e incluso cursos virtuales diseñados en EEUU y Europa o capacitaciones al interior de empresas privadas. De esta manera, el diseño del perfil profesional, en lugar de estar guiado por lo intereses sociales y territoriales discutidos democráticamente al interior de una o varias instituciones, será regulado y definido por la demanda del mercado laboral, es decir, por el poder económico concentrado. Así, las universidades se verán forzadas a una lógica competitiva de mercado para capturar la mayor porción posible de estudiantes. Quienes no adapten sus currículas y contenidos al sector privado, pierden su valor. La integración de los saberes dentro de una carrera, la dimensión territorial y específica del conocimiento y la educación vista como proceso social quedan definitivamente desterrados. La “gerencia de recursos humanos” del gobierno habrá completado su labor.

No quedarnos en el molde: responsabilidad histórica

Si bien este proyecto educativo es a futuro, el gobierno y sus aliados ya vienen avanzando en la implementación de este modelo de universidad, siendo notable el caso de la Universidad Nacional de Córdoba a través del rectorado de Hugo Juri. Seríamos muy inocentes al no tener en cuenta que nos encaminamos al centenario de la Reforma Universitaria y que la Franja Morada, principal fuerza estudiantil del país, hoy en día integra las listas de Cambiemos. La realidad está frente a nosotros: lo que se prepara es claramente una Contrarreforma Educativa, de corte profundamente neoliberal, enmascarada tras los festejos por los cien años.

Pero entonces, ¿cuál debe ser nuestro rol como movimiento estudiantil en esta coyuntura? Los enemigos del pueblo ya nos tienen un lugar asignado: el de los defensores de lo viejo, de la tradición obsoleta, de la universidad del siglo XX y todas sus limitaciones. Qué gran error sería para nosotros quedarnos allí cómodos.

Precisamente, nuestra responsabilidad histórica es estar a la altura del legado que tantos compañeros construyeron: para enfrentar el Plan Maestr@ tenemos que poder construir en cada facultad, en cada asamblea, en cada centro de estudiantes, el programa político para una Segunda Reforma Universitaria auténticamente popular y de avanzada. Pensarla con el estudiante-trabajador del siglo XXI como sujeto, en articulación con los movimientos que hoy protagonizan las grandes luchas del país como el movimiento de mujeres y la economía popular, y con la perspectiva transformadora que históricamente le asignamos a la educación pero adaptada a los tiempos que vivimos. Ese es el desafío de nuestra generación militante en la universidad.

Las posibilidades de los poderes concentrados de llevar adelante su Contrarreforma, y de sus fuerzas estudiantiles de capitalizarla, dependerá en gran medida de nuestra capacidad para salir del molde y patear la pelota adelante. Con un nuevo programa político para una universidad popular, y construyendo los marcos de unidad necesarios para militarlo en todo el país, podemos derrotar cualquier intento de avanzar sobre las conquistas que hace cien años defendemos en las aulas y las calles.