Elecciones en Ecuador: Una disputa contra las fuerzas restauradoras

Por: Manuel Martínez | 02 de marzo de 2017

 

La segunda vuelta electoral en Ecuador, a realizarse el próximo 2 de abril, representa un gran desafío para el campo popular. El aglutinamiento de fuerzas de la derecha, incluyendo a sectores no propios de esa ideología, pone en cuestión la continuidad del proyecto político que lideró Rafael Correa durante los últimos diez años.

 

En los tiempos que corren en Nuestra América, interesan mucho los resultados de los procesos electorales en los países de la región. El triunfo de la derecha en la Argentina, al finalizar 2015, tuvo un impacto continental de proporciones. Por el peso geopolítico de nuestro país, podríamos decir que significó no sólo un cambio en la correlación de fuerzas políticas sino que habilitó que ese cambio –contrario a los intereses del campo popular– pudiera extenderse a otros escenarios nacionales. Las fuerzas chavistas perdieron las elecciones legislativas en diciembre de ese mismo año, agrietando la institucionalidad de la Revolución Bolivariana; en febrero de 2016, Evo Morales perdió un plebiscito en el que se consultó por su cuarta repostulación al gobierno; en marzo se puso en marcha el impeachment contra Dilma Rousseff, que terminó con su destitución a fines de agosto; posteriormente se perdió el plebiscito que debía respaldar los acuerdos de paz entre el gobierno colombiano y las FARC; y, en el Perú, ganó las elecciones un gobierno neoliberal.

En medio de este nuevo panorama, se realizaron recientemente las elecciones presidenciales, legislativas y municipales en Ecuador. Estas elecciones ponen en juego la continuidad o no de un proyecto político progresista o de centroizquierda en el sur del continente, un proyecto que ya lleva una década y que –junto a los de Venezuela y Bolivia, con todas sus diferencias reales– representó una ruptura con los usos de la política de las clases dominantes ecuatorianas.

Podemos hacer muchas críticas al gobierno del presidente Rafael Correa, sin duda, en especial por su política vinculada al extractivismo de los bienes comunes, por su conflictiva relación con los movimientos indígenas, por el tratamiento de la problemática de géneros, etc. Sin embargo, incluso con toda esta carga sobre sus espaldas, no hay duda de que se posicionó en el arco de los gobiernos representativos de los intereses populares de la región, desafiando, a su modo, el poder imperial. La expulsión de las fuerzas militares yanquis de la Base de Manta, pivote del Plan Colombia para la guerra contrainsurgente, concretada en 2009, fue uno de los puntos más altos de su confrontación con el dominio imperialista en la región. Otro aspecto de gran importancia es la nueva Constitución del Estado, aprobada por un referéndum en 2008, en la que se expresan aspectos fundamentales relacionados con la democratización del poder. Con estos signos, entre otros, el proyecto político del presidente Rafael Correa logró una década de inédita estabilización en Ecuador, luego de que entre 1996 y 2007 pasaran por el Palacio de Carondelet –sede del gobierno– nada menos que ocho presidentes.

Una difícil segunda vuelta

El candidato Lenin Moreno, que representa el proyecto político del presidente Correa, llegó al 39,36% de los votos dentro y fuera de Ecuador en la primera vuelta. Si hubiera alcanzado el 40%, en gran medida la continuidad estaba garantizada. Por derecha, su contendor, Guillermo Lasso, del Movimiento Creando Oportunidades (CREO), obtuvo el 28,09%. Cabe destacar que Lasso fue presidente del Banco de Guayaquil y también superministro de Economía y Energía durante el nefasto gobierno de Jamil Mahuad, expulsado del poder por una movilización popular que tuvo como principal protagonista a la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (CONAIE). En tercer lugar se colocó Cynthia Viteri, con el 16,32%, del Partido Social Cristiano, quien ya anunció que apoyará a Lasso. La suma de ambas votaciones supera el 44%. En cuarto lugar se colocó el ex general Paco Moncayo, con el 6,71% de la votación, liderando el Acuerdo Nacional para el Cambio, en el que confluyen Izquierda Democrática, el Movimiento Pachacutik y Unidad Popular. Esta cuarta fuerza tiene su electorado dividido, aunque las representaciones de los partidos que la componen han manifestado diversas críticas “por izquierda” al gobierno. Resta saber si, finalmente, sus bases optarán por la continuidad o por el “cambio”.

Sin duda, el escenario de la segunda vuelta electoral, que se realizará el próximo 2 de abril, se presenta muy complejo. La derecha, con solo haber logrado pasar a la segunda vuelta, ya se considera ganadora. Y esta posibilidad, que no se puede descartar en el período actual que vivimos en nuestro continente, representaría un paso muy firme en el proceso de restauración conservadora neoliberal. Más allá del peso real de la economía ecuatoriana en el mapa latinoamericano, significaría simbólicamente un retroceso respecto de los avances logrados por el movimiento popular de la región desde inicios de la primera década del siglo XXI.

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