Elecciones estudiantiles en la Universidad Nacional de La Plata

Por: Gi Cernadas, Karina Broggi y Japo Machado   | 08 de noviembre de 2017

Se llevaron a cabo las elecciones estudiantiles en la Universidad Nacional de La Plata (UNLP). La Mella sostuvo la conducción de dos centros de estudiantes y obtuvo 13 representantes en los Consejos Directivos, que serán asambleístas en la elección de autoridades de 2018. La Franja Morada mostró un crecimiento significativo.

A pocos días de las elecciones legislativas del 22 de octubre, se desarrollaron las elecciones estudiantiles en la UNLP cuyos resultados merecen minuciosas reflexiones que permitan tanto complejizar el análisis político como formular estrategias del campo popular para enfrentar el crecimiento de la derecha. Desde La Mella sostuvimos la conducción del Centro de Estudiantes de Humanidades con un resultado histórico (2128 votos contra 1172 que obtuvo el Miles) y el Centro de Estudiantes de Cs. Médicas en un frente con la CEPA en una facultad donde, próximamente, se decidirá si después de 23 años de hegemonía podremos expulsar para siempre a la Hoja de Roble, máxima expresión de la derecha universitaria. Por otro lado, la conducción del Centro de Estudiantes de Trabajo Social se dirimió entre La Mella y el Miles (perdimos por escasos 14 votos) luego de que saliera a la luz una importante denuncia por violencia de género contra uno de los referentes de la agrupación Insurrectos, quienes tenían hasta entonces posibilidades de ganar.

En la vereda de enfrente, el fortalecimiento de la Franja Morada es un fenómeno visible desde hace varios años pero que, sin embargo, se ha profundizado en los últimos tiempos, algo que se pudo constatar tanto en las elecciones de la UBA como en las de la UNC, donde redundó en que –a partir de una acuerdo con el MNR– esta fuerza consiguiera recuperar la Federación que el año pasado le habíamos arrebatado con el Frente “Agustín Tosco”. En la UNLP, este crecimiento se expresa tanto en la consolidación de su fuerza en los Centros de Estudiantes que ya conducen (Económicas, Abogacía, Veterinaria y Agronomía), como en la avanzada sobre otros cuatro centros (ganaron el de la Facultad de Ciencias Astronómicas y Geofísicas) y en la preparación del terreno para disputar, por escasos votos, otros tres centros (Arquitectura y Urbanismo, Ingeniería, Ciencias Médicas). Por último, accedieron a la Vicepresidencia Segunda de la Federación Universitaria de La Plata.

¿Por qué avanza la Franja?

Cuando nos preguntamos a qué se debe este fenómeno, son diversos elementos los que saltan a la vista. En primer lugar, sin dudas empalma con el estado de ánimo nacional en el que la fuerza de Cambiemos ha conseguido un importante triunfo en la provincia de Buenos Aires apenas 10 días antes de las elecciones estudiantiles, lo que le da un bocanada de aire a aquellas propuestas políticas que pretenden presentarse precisamente como la antipolítica al interpelar al estudiante desde el individualismo y la meritocracia. El ascenso de las posiciones más afines al gobierno dentro de la pata estudiantil del radicalismo puede corroborarse cuando analizamos sus campañas de cerca. Un ejemplo claro fue su presentación como “Cambiemos Cs. Médicas” en esa misma facultad.

En segundo lugar, el triunfo de la Franja Morada es un reflejo de la victoria que viene teniendo en el plano de la batalla de ideas. En todo el país, su política consiste en proponer modelos de centros de estudiantes asentados, exclusivamente, en brindar distintos tipos de servicios (administración de la información, venta de apuntes, carga de celulares o SUBE, etc.). Aquí la participación estudiantil, el debate colectivo y la movilización quedan completamente relegados. Lamentablemente, este modelo de centro, dada su efectividad electoral, ha sido imitado por diversas organizaciones estudiantiles del campo popular, sobretodo en los lugares donde se cuenta con los recursos de la gestión de la facultad para llevarlo adelante. Esto constituye un error grave en tanto y en cuanto prepara las mejores condiciones para que organizaciones del campo enemigo puedan jugar más cómodamente en su terreno, llevando a la derrota más tarde o más temprano, a la vez que se debilita la conciencia crítica del movimiento estudiantil. De la misma forma, tampoco puede ser la política del movimiento estudiantil ubicarse en el polo contrario, proponiendo un centro de estudiantes únicamente asentado en la confrontación y la lucha pero que desconozca las necesidades concretas y cotidianas de los compañeros y compañeras que nos acompañan en las urnas. Uno de los principales desafíos del campo popular es desarrollar modelos de centros de estudiantes que permitan, simultáneamente, hacer crecer en grados de politización y organización al conjunto del estudiantado y, a la vez, construya demandas concretas que puedan materializarse en logros que mejoren las condiciones de acceso, cursado, permanencia y egreso de los compañeros y compañeras de las facultades. El caso exitoso del centro de estudiantes de Humanidades (CEHCE), en el que el Aule se alzó como primera fuerza por amplia diferencia, puede ser un buen punto de partida para este desafío.

Finalmente, en tercer lugar, la avanzada de la Franja Morada se asienta en la aún profunda dispersión que sufre el campo popular dentro de la universidad. Mientras el brazo estudiantil del gobierno planifica su estrategia para recuperar la conducción de los centros de estudiantes que perdió desde la crisis de 2001, las fuerzas estudiantiles de izquierda, kirchneristas y progresistas nos disputamos año tras año el primer y segundo lugar en un puñado de facultades. Para frenar a la derecha, será necesario generar la mayor unidad posible como hicimos en el Congreso de la Federación Universitaria de La Plata, elaborando una estrategia regional entre un conjunto de organizaciones para poder resistir con mayor fuerza a la vez que se construyen las alternativas necesarias para derrotarla en aquellas facultades en donde esto sea posible.

En estos tiempos de macrismo recargado, en el que las reformas laboral, tributaria, previsional y educativa están a la vuelta de la esquina, resulta más importante que nunca recuperar el rol dinámico del movimiento estudiantil, cuyo papel histórico ha sido ser un foco de organización contra cualquier ataque a nuestro pueblo. El desafío de transversalizar las luchas confluyendo con el movimiento de mujeres, el movimiento de la economía popular y con los trabajadores empalma con la necesidad de gestar una Segunda Reforma Popular a 100 años de la Reforma Universitaria para que la educación sea un derecho y una herramienta de emancipación y no un servicio para el capital trasnacional.

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