Entre Trump, el Papa Francisco y PODEMOS: Impresiones sobre un mundo convulsionado.

Por: Itai Hagman | 23 de noviembre de 2016

Entre los últimos días de octubre y los primeros de noviembre tuvimos una de esas oportunidades extraordinarias que nos brinda muy de vez en cuando la militancia política. En el marco de una invitación para participar como observadores del III Encuentro Mundial de Movimientos Populares realizado en Roma, realizamos una pequeña gira política que nos permitió tomar contacto directo con algunas de las experiencias políticas más interesantes que se desarrollan en el viejo continente y pudimos ser testigos de las deliberaciones de organizaciones de base de más de 60 países del mundo que hoy se nuclean alrededor del programa de las “Tres T” que formuló hace unos años el Papa Francisco.

Primera parte: un fantasma recorre Europa

El proyecto de globalización neoliberal que domina Occidente desde mediados de la década de 1970 y todo el mundo desde la de 1990 enfrentó varias contramarchas parciales. Una de las más relevantes fue el proceso de contraofensiva popular protagonizado por nuestro continente en los últimos 15 años con sus diferentes expresiones nacionales pero con un claro anclaje regional e internacional.

Imprevistamente, al mismo tiempo en que el proyecto globalista comenzaba a recuperar terreno en América Latina, empezó a recibir serios cuestionamientos en los países centrales. Es que a diferencia de otros momentos de la historia, la crisis que comenzó a sentirse con fuerza a partir de 2008 tuvo como epicentro a las economías más desarrolladas. El reciente triunfo del extremista y reaccionario Donald Trump en Estados Unidos y el Brexit en Gran Bretaña forman parte de este convulsionado y cambiante contexto internacional.

Las situaciones donde un determinado consenso dominante se rompe y los partidos tradicionales no pueden seguir seduciendo al electorado, cuando la gente comienza a rebelarse y cuestionar al conjunto del sistema político y la democracia aparece como una cáscara formal que no puede encausar el conflicto social, son el caldo de cultivo para la emergencia de voces que cuestionan el statu quo. Pero estas no están condenadas a ser de derecha y reaccionarias. Como explicaba recientemente Pablo Iglesias en un artículo sobre el triunfo de Trump, estos “momentos populistas” pueden ser capitalizados por izquierda o derecha aunque surjan de las mismas causas estructurales. Así el fenómeno Bernie Sanders se explica por el mismo contexto que el de Trump, pese a postular valores y soluciones antagónicas. Lo mismo sucede en Europa en donde no todas las respuestas a la decadencia de la Unión Europea son patrimonio del neofascismo.

El fenómeno PODEMOS

El caso más conocido internacionalmente es el de PODEMOS en el Estado Español. Se trata de una fuerza política surgida luego de las multitudinarias manifestaciones protagonizadas por la juventud española que se convirtió en movimiento de indignados a partir del 15 de mayo de 2011. El 15M tuvo muchos puntos de contacto con nuestro 2001 y el hastío contra la clase política que aquí se resumió en la consigna “que se vayan todos”. La democracia secuestrada por las corporaciones, la asimilación del PSOE al programa neoliberal, el rechazo a la corrupción generalizada, fueron algunas de las banderas de movilizaciones espontáneas con un fuerte componente “anti-político”.

El aporte fundamental de PODEMOS fue ofrecer una salida a esa indignación antipolítica. Sus fundadores eran apenas un pequeño grupo, mayormente de origen universitario, que postuló formar un instrumento electoral para canalizar el descontento social creciente. Entendieron que la única salida posible era a través de las instituciones y disputando en las reglas del sistema electoral y asumieron la necesidad de construir una herramienta que sirva a tal fin y lanzarse a esa batalla sin contar con una militancia estructurada socialmente. Con la figura de Pablo Iglesias, relativamente conocido por su participación en los programas de TV a donde iba como académico, en las elecciones del parlamento europeo de 2014 logró un 8% de los votos colocando cinco diputados. Inmediatamente se convirtieron en el fenómeno político de España y al poco tiempo ya estaban primeros en las encuestas.

Durante nuestro paso por Madrid y Barcelona pudimos conversar con militantes y dirigentes que nos transmitieron algunas de las claves del proceso político que protagonizan. En varias oportunidades Pablo Iglesias ha dicho bromeando que uno de los principios que los rigió fue hacer todo lo contrario de lo que la izquierda española decía que había que hacer. No buscaron moldear el movimiento social para que encaje en las categorías clásicas, sino interpretar con nuevas la realidad política y social convulsionada. En esto se expresa el plantear la representación de los indignados como “ciudadanos” y no como “trabajadores”, la asunción de agendas como el feminismo y lo medioambiental al mismo nivel que otras reivindicaciones y una forma sumamente innovadora de organizar la voluntad militante a través de nuevas tecnologías y herramientas de comunicación. Sorpresivamente muchas de las inspiraciones teóricas y de las reflexiones políticas que guiaron su accionar se encontraban en los procesos latinoamericanos de la última década, que estudiaron y con los que se vincularon políticamente. De allí también tomaron la necesidad de asumir una perspectiva nacional-popular que en Europa resulta sumamente novedosa para una fuerza de izquierda, ya que allí históricamente el nacionalismo está asociado a la derecha.

Con un programa esencialmente antineoliberal postularon el objetivo de construir una mayoría social contra el statu quo, lo que implicaba repensar su lugar en el tablero político y rechazar ser marginados a la porción reservada para la izquierda. En las elecciones del 20 de diciembre de 2015, PODEMOS saltó al 20% de los votos e ingresó en el parlamento con 69 diputados. Antes, el 24 de mayo, formaciones locales aliadas lograron ganar nada menos que las alcaldías de Madrid y Barcelona, las dos principales ciudades del país. Ante la incapacidad de formar gobierno, en las nuevas elecciones conformaron el frente Unidos Podemos junto a la izquierda y el 26J no lograron superar al PSOE pero sí mantener la representación parlamentaria.

El 30 de octubre cuando el parlamento votó la elección de Rajoy nos encontrábamos en Madrid y participamos de una numerosa movilización popular. El objetivo de alcanzar el gobierno no fue logrado, pero la emergencia de PODEMOS quebró un régimen bipartidista de casi 40 años de alternancia en el gobierno y sobre todo a su pata socialdemócrata, que se encuentra en plena crisis. Si bien la derecha va a gobernar un mandato más, hoy la única oposición real y en pie es la que expresa PODEMOS, que se encuentra debatiendo la estrategia del movimiento para esta nueva etapa que se abre en el país.

Francia en el espejo de Estados Unidos

El caso francés es menos conocido mundialmente. A principios de este año se lanzó el movimiento Francia Insumisa que postula a Jean Luc Mélenchon para las presidenciales de abril de 2017. Se trata de un viejo dirigente del Partido Socialista que fue ministro durante el gobierno de Jospin en el año 2000 y que rompió con el PS en el año 2008 por su giro pro-neoliberal. Formó el “Partido de Izquierda” y luego de una efímera alianza electoral con el Partido Comunista, decidieron reever su estrategia y lanzar una plataforma política de nuevo tipo.

La creación de Francia Insumisa está directamente relacionada con aprendizajes tomados del fenómeno PODEMOS, aunque lógicamente con las diferencias que hay entre países con regímenes políticos, contexto e historias diferentes. En lo que va del año, a través de una plataforma virtual, ya han asociado a 150 mil voluntarios que se han inscripto y se reúnen en grupo de apoyo para la campaña del año próximo. Reivindican las tres banderas históricas de la Revolución Francesa y postulan una reforma constitucional como principal propuesta programática para fundar la sexta república.

A diferencia de España, en el país galo el emergente de la crisis global viene siendo capitalizado por una expresión de extrema derecha, el Frente Nacional liderado por Marine Le Pen y fundado por su padre. Con un discurso primero centrado en el rechazo a los inmigrantes y en una reivindicación xenófoba y chovinista de la nación francesa y hoy directamente dirigida a la crítica a la Unión Europea, postula salir del Euro, aplicar un proteccionismo económico y romper con los organismos internacionales.

El fenómeno, que parece casi calcado al de Donald Trump en Estados Unidos, enfrenta un dilema muy similar. En la potencia del norte, Hillary Clinton representaba al establishment y contaba con el apoyo de las grandes corporaciones mediáticas y de Wall Street. Sin embargo perdió, porque la gente reclamaba justamente contra el statu quo.

Mélenchon y Francia Insumisa tienen la oportunidad de representar en Francia lo que en Estados Unidos no fue posible por el resultado de las internas demócratas. El sistema electoral se dirige por balotaje, por lo que la definición principal no es en las internas de los partidos sino en la primera vuelta electoral el próximo 23 de abril.

Al igual que los españoles, la dirigencia de Francia Insumisa también ha estudiado con atención los procesos latinoamericanos recientes. En nuestra conversación con Mélenchon nos relató sus encuentros con Hugo Chávez y la inspiración que le ha provocado para formular nuevas estrategias políticas en Europa. Frente al avance de la derecha en todo el mundo, el resultado que obtenga el próximo año puede resultar crucial para definir el equilibrio continental y de algún modo también el mundial.

Segunda parte: el papa Francisco y los movimientos populares

La segunda parte de nuestro viaje fue para participar como observadores del Encuentro Mundial de Movimientos Populares. Se trató de la tercera edición de esta articulación, que aglutinó a delegaciones de 65 países de los cinco continentes. En el marco del programa sintetizado en las tres T (Techo, Tierra y Trabajo) la agenda de este encuentro fueron tres puntos que se trataron en cada jornada, a saber: la relación entre las democracias y la participación popular, la crisis medioambiental global y el drama de los refugiados y migrantes.

El EMMP es el espacio de articulación que más movimientos de base ha logrado aglutinar en la actualidad. La solidaridad internacional y las alianzas entre los pueblos son un aspecto fundamental y estratégico para enfrentar una correlación de fuerzas mundial que claramente es desfavorable para los más humildes. Las razones por las cuales es el discurso del papa el que ha convocado a esta articulación son muchas, entre ellas que muchos de los movimientos campesinos, indígenas y de trabajadores de la economía popular tienen vínculos históricos con sectores de la Iglesia.

Pero sin lugar a dudas una de las razones es que el discurso del papa Francisco juega un determinado papel en el contexto mundial actual. Pese al rol regresivo de la Iglesia en muchos temas, pese a tratarse de una institución retrógrada en términos históricos, pese a representar un conservadurismo moral que se opone a los avances y ampliación de derechos en muchísimos planos, sus diatribas contra la economía de mercado y el sistema financiero internacional y su apelación a modificarlo en una perspectiva humanista deben ser sopesadas en el actual contexto mundial en donde la derecha avanza en el mundo, y en particular en nuestra región.

Algunos críticos han señalado que el discurso del papa se asemeja al de sus antecesores de la década de 1930 y 1940 que apoyaron al fascismo. Pero todo lo contrario, hoy Francisco discute abiertamente contra Trump y la extrema derecha Europea y defiende el derecho de los migrantes que son justamente el blanco predilecto del neofascismo. A esto se suma su intervención en la guerra de Siria, su reconocimiento del genocidio armenio, su participación en las negociaciones entre Estados Unidos y Cuba que fueron un triunfo de la Isla en toda la línea, su encíclica sobre la voracidad del capital contra la naturaleza, su reciente entrevista con Nicolás Maduro y más cerca de nuestra tierra, sus destratos hacia Macri y su solidaridad con Milagro Sala, por mencionar solo algunas de sus acciones políticas más destacadas.

No se pueden analizar estas acciones sin considerar la correlación de fuerzas en que nos encontramos a nivel global. ¿Alguien cree realmente que el mundo sería un escenario más favorable para nuestras luchas si estas acciones no existieran? ¿Alguien cree que los migrantes y refugiados tendrían más posibilidades de no ser expulsados o asesinados? ¿O que los movimientos campesinos estarían más próximos a lograr la reforma agraria? ¿O que el gobierno de Venezuela resistiría con más facilidad los embates imperiales y las corporaciones locales si esto fuera distinto? El discurso antineoliberal de Francisco no es neutral para las batallas que damos.

¿Significa esto que debemos cambiar un ápice de nuestras reivindicaciones feministas? ¿Supone esto que debemos aceptar algún tipo de subordinación de los movimientos populares a la curia del Vaticano? ¿Presupone que debemos bajar alguna de nuestras banderas en los temas que chocan abiertamente con las concepciones que defiende la Iglesia? De ninguna manera. Seguiremos confrontando y debatiendo con la Iglesia en muchos temas, pero eso no implica dejar de reconocer el papel político que el discurso de Francisco juega en el contexto general. ¿Representa todo esto una contradicción? Seguramente. Debemos asumir que los fenómenos políticos son siempre contradictorios y navegar esas contradicciones, extraer sus elementos más favorables y rechazar los más retardatarios es una de las tareas de la militancia popular.

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