Entrevista a Cecilia “Checha” Merchán: “En estas elecciones tenemos que recuperar la política”

Por: Melisa Suárez y Cecilia Pato | 29 de marzo de 2017

De James Craik, Córdoba, se define como una mujer que viene activando en lo social desde adolescente. Recuerda que a sus seis años le pidió a su abuela que le enseñe a leer y escribir. Su abuela le contestó “no sé”. Ante eso re-preguntó por qué y la abuela respondió “porque soy pobre, mujer y del campo”. Ese hecho marcó su vida.

Cecilia “Checha” Merchán es dirigente de “La Colectiva”. Como parte de su militancia destaca haber sido diputada, que le permitió, a pesar de la complejidad política, generar participación popular dentro de espacios institucionales y construir el programa “Juana Azurduy”, del que participaron más de 150 mil mujeres y pudo ser una muestra de que desde el Estado se puede construir política con protagonismo popular.

Cambio: ¿Cómo ves la actualidad política de la Argentina?

Cecilia Merchán: En lo que debemos concentrarnos los militantes populares centralmente en este tiempo es en ver cómo la mitad de la gente no lo votó a Macri en el balotaje y, sin embargo, no se expresa eso a nivel de la representación política. No hay una expresión política, y lo que estamos viviendo es justamente esa crisis de representación que se manifiesta en todos los ámbitos de todas las cosas y circunstancias. Claramente se vieron las dificultades del campo popular, de hasta dónde llega y los propios límites de construcción que tenemos. Deberíamos concentrarnos en eso, en las dificultades del establishment y de Macri en llevar adelante las políticas y en las enormes movilizaciones que tenemos y que muestran dos cosas muy potentes: que nuestro pueblo es una maravilla y que no tengamos una representación política. Que nos expresemos de esa manera –mediante la movilización– no pasa en todos los países del mundo, tenemos que sentirnos muy orgullosos de eso. Pero también muestra, en las movilizaciones del 6, 7 y 8 de marzo, las dificultades de representación política de eso. Las dificultades de la dirigencia de representar lo que efectivamente es el movimiento de maestros, que al día siguiente echaran a la conducción de la CGT, la movilización de las mujeres, todo eso no se expresa en una conducción; todo el mundo buscando la unidad, con las dificultades que tiene este proceso político.

C: ¿Qué está en juego en esta ofensiva neoliberal?

CM: Lo que tenemos que enfrentar es visible. Que estemos discutiendo la educación pública de nuevo, junto con las paritarias, es un retroceso veloz, que encuentra resistencia. Es veloz lo que han hecho, aplicación de políticas “de una”. Nos pegaron un garrotazo instantáneo que habla también de algunas cosas que no han sido tan sólidas; y, a la vez, la solidez de que hay que salir a la calle, las movilizaciones y la infinita red de gente, de organizaciones culturales y políticas.

Entender la política de una manera diferente, adecuada a estos tiempos, pero entenderla como transformadora, es algo que se pierde rápido. Nos demanda trabajar el individualismo, que es el neoliberalismo más profundo. El macrismo desata los demonios de muchos sectores que se atreven y se sienten respaldados para defender a los milicos, para decir “negros de mierda”. Hablar de cierta manera tiene que ver con la política del macrismo que habilita todo eso. Después está lo que hacemos nosotros con nuestras prácticas, porque también estamos atravesados por esto. Si queremos ir a fondo, tenemos que revisarlas.

Por último, venimos de una crisis muy profunda de representación previa a los últimos doce años de avance que creo que nadie está observando muy a fondo. La crisis de representación es anterior al kirchnerismo, que la “pateó” por un tiempo al tener una presidenta que pateaba el tablero para este lado. Con eso unificamos. Pero ves lo que queda hoy de ese proceso y ahí ves las dificultades, de lo que queda organizado.

C: ¿Cómo ves la situación en Córdoba?

CM: Mientras en la CABA dicen “la policía está más jodida”, en Córdoba siempre lo fue, con gran represión a los sectores populares. Vamos a cumplir 20 años de este gobierno que ha tenido una clásica lógica de acumulación política de tensión entre el schiarettismo y el delasotismo, con sus propios conflictos internos. Una oposición en Córdoba Capital, con lo que significó el juecismo en su momento como movimiento popular, que generó una opción en la provincia y todo lo que quedó de eso, el propio Juez hizo de nuevo una pulverización de ese espacio.

Cuando dicen que al macrismo le va bien en Córdoba, lo que hay que cuestionar es qué grado de acumulación política logramos los otros sectores. También muchas veces han sido utilizado otros actores políticos como “comodín” de esas internas, para equilibrarlas. No ha habido una vocación de construcción de poder en Córdoba por fuera de esos sectores que actúan de manera cómplice con las corporaciones económicas en la provincia, que ha sido muy fuerte en estos 20 años. Ejemplo de ello es la ley de bosques: han podido equilibrarse internamente aunque en Córdoba la expresión de rechazo a la ley de bosques es increíblemente grande, la expresión de la marcha de la gorra, también de grupos, espacios que se construyen en contra de eso, hay una gran diversidad de movimientos culturales en la provincia. Es un gran desafío cómo acumular en este tiempo.

C: En este análisis, ¿cuál es el desafío del campo popular?

CM: El desafío, en esta etapa, en especial en este año –porque en 2019 es más grande porque son elecciones generales–, es el despliegue militante. En todos los periodos históricos la gente no se acuerda del concejal, del diputado, la mayoría de las personas se acuerdan de los periodos históricos a través de uno o dos dirigentes, el presidente o presidenta, algún ministro; pero después se acuerdan de la persona que militó con ellos algo, con quién hizo alfabetización, con quién resolvió un tema de violencia. La militancia tiene un valor que tenemos que volver a recuperar, no sólo para los demás, también para nosotros mismos. Lo que hacemos con nuestro cuerpo con otras personas es lo que va a quedar. En este periodo, nosotros tenemos que valorar muchísimo la militancia y encontrar herramientas.

En estas elecciones tenemos que agrupar lo más sano de la militancia, recuperar la política. Aglutinar la militancia que está dentro del kirchnerismo, que hay una militancia hermosa, comprometida, hay mucho para rescatar, y un montón de compañeros y compañeras que han estado por fuera de ese proceso. No solamente organizados, sino que están haciendo cosas, en la música, en el barrio, escribiendo, trabajando, en un comedor, alfabetizando. Esos que están “sueltos” son los que tenemos que salir a encontrar. Es un desafío en esta etapa.

C: ¿Y en Córdoba particularmente?

CM: Hay que lanzarse con la voluntad militante. Tenemos que lograr expresarnos, es un gran desafío. Ojalá generemos una expresión en Córdoba que aglutine a todos los sectores opositores al delasotismo, progresistas y kirchneristas. Que todos juntos podamos expresar algo, va a ser muy difícil, pero hay que intentarlo, por las características de la elección va a ser un gran esfuerzo. Hay que unificar a los diversos sectores ante veinte años de entrega, de silencio de las políticas públicas. Veinte años en los que los sectores populares no accedemos a los diseños de las políticas es mucho, hemos quedado por fuera de los procesos latinoamericanos en Córdoba. Es mucho para este tiempo. Córdoba es muy rica, tenemos para mostrarnos. Tenemos que salir, pero desde nuestra perspectiva.

C: Entonces, derrotar el bipartidismo conservador, no sería a cualquier costo…

CM: ¿Qué alternativas hay al macrismo? Si la alternativa al macrismo es el massismo, es una orientación del mismo establishment; si es unificar a todo el PJ, o sea, hacer cualquiera, ya sabemos que eso es la continuidad. A cualquier costo no es viable, no es derrotar nada. Derrotar el bipartidismo en Córdoba es posible si ninguno de nosotros es un comodín de la interna del bipartidismo. Tenemos que generar nuestra identidad, y ser fuertes dentro de lo que se construya. Podemos construir con todo el mundo, eso creo yo, pero no porque sí. “Vamos detrás de tal… porque es el que más mide, porque la rosca política nos hace entrar”. No. Tenemos que ir construyendo alternativa, pero real. Ojalá en estas elecciones tengamos PASO, podamos discutir con todos. Hay que mezclarse mucho, sumar, ampliar, para todos los sectores. Pero tenemos que concentrarnos en qué sector queremos que esté representado. Si no vamos detrás de lo que otros arman, que termina siendo funcional a las políticas de la derecha. Tenemos que concentrarnos en cuál es la parte que nosotros queremos expresar en una legislatura o en una cámara de diputados nacionales.

C: En ese sentido, ¿ves lugar para la construcción, sobre todo en Córdoba pero también a nivel nacional, de un espacio de izquierda popular que logre aglutinar a esos sectores?

CM: Sí, lo “re veo”. Lo que pasa es que esa izquierda popular no tiene que ser de ninguna manera refractaria a los sectores que no se llaman de izquierda y son kirchneristas. Hay que volver a leer a John William Cooke que, desde su marxismo peronista, decía: “se puede ser peronista y no ser revolucionario, pero no se puede ser revolucionario anti peronista”. Me parece que estamos en una lógica bastante similar en este periodo. Sí creo en la izquierda popular, que hay que construir desde la izquierda popular, pero hay que construir con una mirada que no sea traccionada por la izquierda clásica, sectaria o iluminada. Tenemos que lograr expresar eso, lo mejor de los doce años que pasaron, de lo joven, de las mujeres, sin negar que tenemos grandes errores y equivocaciones a revisar.

C: Dentro de los desafíos de la etapa, ¿cuál es el rol del movimiento de mujeres?

CM: Es crucial el rol de las mujeres en esta etapa. Pensando cómo nosotras en 2001 ocupábamos el 90% de todas las organizaciones populares, y cómo la representación política de esas expresiones populares fueron masculinas, te enmarca a lo que con claridad tenemos que estar atentas en este momento. Ese proceso fue de una riqueza que no está analizada a fondo, de lo que las mujeres populares fuimos capaces de generar durante ese tiempo y durante el primer período kirchnerista. Fue impactante todo lo que generamos.

Venimos de tener una presidenta mujer que, además, tuvo una potencia a nivel regional impresionante, que fue sumamente bastardeada por el hecho de ser mujer. Sumamente atacada por eso, igual que Bachelet, igual que Dilma. Que ellas hayan estado en el gobierno en estos años habla de la participación de todas nosotras. Nunca hubiera habido mujeres de no ser por los años previos. Ver esa circunstancia, y a la vez ver la escasa cantidad de mujeres dirigentes que tiene por ejemplo el Frente para la Victoria, o que Vidal le haya ganado a los “barones del conurbano” habla de los límites de nuestra construcción política, de que en los años en los que más logramos ampliar todos los márgenes, no tuvimos esa representación política.

C: ¿Qué responsabilidad tenemos las organizaciones populares en este proceso?

CM: Una de las cosas que me parece muy importante en esta etapa es que retomemos la experiencia de los noventa. El kirchnerismo tuvo la característica de hablar de historia hasta los setenta, ahí hicieron un corte y luego estamos en la crisis de 2001. Pero nadie habló de los noventa. Lo mismo pasó en los sesenta y setenta: se hablaba de los cuarenta pero nadie mencionaba la resistencia peronista. Es decir, no se habla de cuando se está perdiendo pero esos períodos intermedios, que quedan a un costado, son fundamentales. Entonces, desde la militancia, es fundamental retomar los noventa y todo lo que pasó y las resistencias que hubo en este país en esa década. Sin la lucha contra las privatizaciones no hubiésemos logrado después las reestatizaciones.

Y en cuanto al rol de las mujeres, en los noventa el feminismo estuvo completamente escindido de los sectores populares. Personalmente, yo solo podía identificarme con las salvadoreñas y nicaragüenses, no había acceso y el feminismo académico no llegaba a representarnos. Hoy tenemos un movimiento popular de mujeres que habla de patriarcado, de machismo al interior de las organizaciones, estamos un paso muy adelante. Tenemos que estar atentas a que este paso adelante que estamos dando no termine en representaciones masculinas. Es un desafío permanente. Estamos en un proceso de crecimiento que nos interpela todos los días, tenemos que ganar en el aprendizaje político. Nosotras estamos siempre ganando, aun cuando perdemos.

Por otro lado, las mujeres no podemos ser vistas como amenaza en nuestras organizaciones y no alcanza con que las mujeres ocupemos determinados lugares, se trata, sobre todo, de ocuparlos de una manera diferente, de construir poder de manera diferente. La izquierda popular tiene que tener esto muy claro para ser transformadora.

C: ¿Podés contarnos tu mirada sobre la feminización de la pobreza?

CM: La pobreza es el eje central de estos tiempos para nosotras, es una realidad que venimos atravesando y va a pasar cada vez más. Entonces, es fundamental poner en debate la feminización de la pobreza junto a la feminización de las organizaciones, no podemos pensarlas escindidas. De la mano de la feminización de la pobreza viene la feminización de las organizaciones. Y más en este período en que el movimiento de mujeres viene creciendo notablemente. Lo que nosotras poníamos en debate en 2001 y ponemos en debate hoy: el otro día encontré un volante de ese año que decía “si tu marido te pega, no estás sola”. Era lo máximo que decíamos en relación a la violencia, y hoy discutimos otras cosas porque lo instalamos nosotras. Porque, cuando hablamos de justicia social, nosotras sabemos que no hablamos sólo de la diferencia entre pobres y ricos, sino también entre hombres y mujeres, que es más profundo. Tengo el ojo más afilado en eso, y poder observar nuestras propias organizaciones, cómo se expresan internamente y hacia afuera cómo tenemos ese machismo internalizado absolutamente, y creo que las compañeras mujeres tenemos no solamente entre nosotras ser solidarias y avanzar, sino estar muy atentas. Donde hay una mujer y alrededor de ella no hay otras mujeres, donde hay una mujer que accede a un lugar mínimo de poder y no hay otras mujeres, “atenti”, porque entonces estamos siendo funcionales a las políticas del patriarcado. Cuando hablamos de crisis de representación política, de lo que estamos viviendo, de lo que hace falta, el rol de las mujeres es central, crucial.

Temas de la nota: