Envalentonados

Por: Ulises Bosia | 06 de septiembre de 2017

El gobierno se envalentonó después de las PASO. Cree que los resultados le dan un aval para profundizar sus políticas. En el caso Maldonado, en la represión y en el endurecimiento hacia sindicatos y organizaciones sociales estamos viendo los primeros casos de una tendencia que amenaza con profundizarse a partir de octubre.

“Empezamos a recorrer los mejores 20 años de la historia del país”. Con esa frase, que lo incorpora a la larga lista de presidentes que se proponen “refundar” Argentina, el mismo domingo 13 de agosto Macri anunciaba su lectura de las PASO.

El triunfalismo de Cambiemos traduce la caracterización de que los primeros dos años de su mandato fueron una suerte de transición caracterizada por una gradual acumulación de fuerzas: el apoyo de la embajada de los Estados Unidos, la alineación de la mayor parte del establishment económico detrás de su agenda de reformas a cambio de abaratar los “costos laborales” (Alejandro Bercovich, BAE 01/09/17), la subordinación de la cabeza del Poder Judicial y el acuerdo con los principales medios de comunicación, el acercamiento con sectores del sindicalismo y de la oposición política.   

Como también dijo Macri ese mismo domingo, para ellos las elecciones demostraron que “el cambio está más vivo que nunca y no es propiedad de un gobierno, es de todos los argentinos”. Por esa razón, y al contar con esa acumulación de fuerzas, tras octubre se preparan para desplegar su agenda de reformas estructurales (previsionales, impositivas, laborales, etc.) justificadas por la necesidad de que “lleguen las inversiones al país”.      

La Noche de los lápices no es sólo una película

Las consecuencias de esa lectura no se hicieron esperar. La actitud del gobierno frente a la desaparición de Santiago Maldonado tras la represión de Gendarmería el 1º de agosto es quizás lo más destacado. Con el paso de los días se sucedieron la negación del hecho, la plantación de disparatadas pistas falsas a través de los medios, el encubrimiento, la estigmatización del pueblo mapuche, la denuncia de la “politización” del caso, la atribución al kirchnerismo de la denuncia y la defensa cerrada del accionar de las fuerzas de seguridad.

Descontando que se trate de un error de cálculo, quedan en el aire hipótesis sobre el por qué. ¿Se trata de dar un claro mensaje de impunidad a las fuerzas de seguridad y de “seguridad jurídica” a inversores y terratenientes? ¿El gobierno cree que con esta actitud no paga ningún costo político sino que, al contrario, es una política que “garpa” frente a una base social que está intensamente movilizada en su defensa? ¿O quizás está tan involucrado en el caso que no puede hacer otra cosa, por la presencia en la zona de Pablo Noceti –aún no explicada–, jefe de gabinete del Ministerio de Seguridad de la Nación?

La presencia de infiltrados en las movilizaciones a un mes de la desaparición de Santiago y la represión y detenciones posteriores de periodistas, manifestantes y hasta transeúntes y turistas, tanto en Plaza de Mayo como en distintas ciudades del país, mostraron un salto de calidad en la política represiva del gobierno. Si bien habíamos visto precedentes, el testimonio de distintos detenidos es escalofriante y no deja lugar a dudas: “¿Qué se creían, que la noche de los lápices era una película nada más? Nos dijeron si queríamos ser el próximo Santiago Maldonado” (Cosecha Roja, 04/09/17).

Por lo demás, el propio jefe de gobierno porteño Rodríguez Larreta respaldó la avanzada represiva: “los jueces en general se los llevan presos y a las seis u ocho horas los largan, [esta vez] no los largaron. Hay 30 que quedaron detenidos todo el fin de semana, eso ya es un avance”.

Endurecimiento contra sindicatos y organizaciones gremiales

A tono con el envalentonamiento, el gobierno intentó infructuosamente bajar la movilización de la CGT convocada para el pasado 22 de agosto, trabajando a través de sus aliados dentro de dicha confederación. Al no poder hacerlo, decidió tomar represalias contra los sectores gremiales que la convocaron, especialmente contra el moyanismo, despidió a dos funcionarios afines a sectores gremiales y se prepara para avanzar en medidas de flexibilización laboral.

La política del gobierno extrema la tensión al interior de la CGT entre las posiciones de colaboración y las de oposición, poniendo en duda la continuidad de la unidad, aunque un virtual acercamiento entre los distintos sectores opositores (moyanismo, CFT, CTA, CTEP y otros) supondría dejar atrás broncas y rispideces de larga data, así como alineamientos políticos diferentes.  

Por otro lado, el 1º de septiembre, la policía de Córdoba allanó los locales de once organizaciones sociales y políticas acusadas de “intimidación pública” tras haber organizado una movilización contra el gatillo fácil y reclamado la aparición con vida de Santiago Maldonado.

A eso se suma el reciente endurecimiento de altos funcionarios del gobierno contra las organizaciones que reclaman la implementación de la Ley de Emergencia Social, principalmente la CTEP, la CCC y Barrios de Pie. La razón esgrimida fue la participación en la movilización de la CGT.       

¿Confrontación abierta?

Por un lado, el gobierno está decidido a profundizar su política mientras que, por otro lado, en la vereda de enfrente, fueron las posiciones más opositoras las que salieron fortalecidas de las elecciones, en desmedro de los defensores de la “avenida del medio”. En el terreno de la lucha callejera también se vuelven más difíciles las posiciones intermedias frente al neoliberalismo. ¿Asistiremos a una creciente escalada?

Vivimos un tiempo bisagra en el que una fuerte acumulación de fuerzas se propone dar una vuelta de tuerca regresiva a nuestra historia y construir la hegemonía que les permita soñar con “veinte años del cambio”. No adherimos a la lectura excesivamente triunfalista del gobierno, pero sería un error subestimar la peligrosidad de sus consecuencias. La mayor unidad de fuerzas populares es necesaria para enfrentar esta ofensiva, ponerle un freno y proyectar el surgimiento de una nueva mayoría inspirada por la igualdad, la democracia, la justicia social y la soberanía nacional.

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