Evo convoca a impulsar la Ciudadanía Universal: un nuevo orden mundial sin muros físicos e ideológicos

Por: Fernando Vicente Prieto | 05 de julio de 2017

[Exclusiva web] Cada tres segundos una persona se ve forzada a dejar su casa como consecuencia de guerras, crisis climáticas o falta de perspectivas económicas. El 20 y 21 de junio se realizó en Tiquipaya, en el departamento de Cochabamba (Bolivia), la “Conferencia Mundial de los Pueblos, por un Mundo sin Muros hacia la Ciudadanía Universal”.

De acuerdo a datos de la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), más de 65 millones de personas son migrantes forzadas. La mitad de ellas son niñas y niños. En este contexto, en Europa, en EEUU e incluso en muchos países de América Latina crece el discurso de la xenofobia y el racismo, muchas veces reproducido por sectores populares que ven a la población migrante como una amenaza, sea porque las matrices informativas instalan al “otro” como un problema para su seguridad personal/familiar o por la competencia en los puestos de trabajo.

Este proceso regresivo cobra más visibilidad a partir de la asunción de Donald Trump como presidente de EEUU. Sus políticas incluyen el endurecimiento de los controles y la deportación de migrantes, el rechazo a la cultura musulmana y la finalización del muro en la frontera con México, que intenta frenar la migración latinoamericana y caribeña.

En teoría, la situación escandaliza a todo el mundo. Pero las respuestas políticas de la mayoría de los gobiernos han sido escasas, cuando no directamente cómplices. Apenas los países del ALBA-TCP han tomado una posición firme. En este contexto, el presidente del Estado Plurinacional de Bolivia, Evo Morales, lidera el rechazo activo a las políticas anti-migratorias y la convocatoria a debatir otro mundo posible.

Ningún ser humano es ilegal

“Hermanas y hermanos, los muros entre pueblos son un atentado a la humanidad”, afirmó Evo el 20 de junio en el discurso de apertura de la Conferencia por la Ciudadanía Universal.

“Los muros entre pueblos no protegen, enfrentan. No unen, dividen. No respetan, agreden. No liberan, asfixian. No igualan, discriminan. Incentivan el miedo, promueven la confrontación y el racismo. Los muros entre pueblos van en contra de la historia de la humanidad. No puede existir en el mundo ningún ser humano ilegal, ningún ser humano sin comunidad, sin libertad”, expresó ante miles de personas provenientes de 44 países de América, África y Europa.

El encuentro fue convocado por la CONALCAM (Coordinadora Nacional por el Cambio), que agrupa a los principales movimientos sociales y sindicales del país, base organizada del gobierno del MAS-IPSP. A pesar de su magnitud y trascendencia, la Conferencia prácticamente no recibió cobertura por parte de los medios privados de comunicación europeos y americanos.

Tras dos días de debate, el documento de síntesis identificó las intervenciones militares, el cambio climático y las enormes asimetrías económicas entre los Estados y al interior de ellos como las principales causas de la crisis migratoria.

“Estas situaciones destructivas tienen su origen en el orden mundial dominante, que en su voracidad desmedida por el lucro y la apropiación de los bienes comunes genera violencia, promueve desigualdades y destruye a la Madre Tierra. La crisis migratoria es una de las manifestaciones de la crisis integral de la globalización neoliberal”, expresa la declaración.

En consecuencia, se acordó “seguir impulsando con mayor fuerza un nuevo orden mundial”, basado en la más amplia participación ciudadana en la elaboración e implementación de las políticas públicas, “trascendiendo a las oligarquías, dinastías, monarquías y otras formas de jerarquías políticas”.

Entre las características de este nuevo orden a construir se destacaron la promoción de una nueva arquitectura financiera internacional, sin organismos multilaterales al servicio del capital transnacional; la propiedad social de los recursos naturales y la convivencia armónica con la Madre Tierra.

Un nuevo paradigma estatal y social

Iber Mamani es militante de PATRIA GRANDE en la comunidad boliviana y participó de la Conferencia junto a un grupo de compañeros y compañeras. Argentina aportó al encuentro una delegación integrada por 21 organizaciones de ALBA Movimientos, de la CTEP y de medios populares.

Iber destaca el significado político de la convocatoria de Evo, las iniciativas en foros internacionales y locales que se pueden generar y también la necesidad de “romper con los muros ideológicos”, tan presentes en la sociedad como las regulaciones de los gobiernos xenófobos.

“La ciudadanía universal como un nuevo paradigma es superar esa vieja estructura que ve a la persona migrante como un sujeto peligroso, un sujeto que viene a invadir. Implica reconocer el aporte que hace el migrante en los diferentes países. Por ejemplo, en el caso de Argentina, cuánto genera la comunidad migrante en la economía y en la cultura”, señala.

“El discurso racista y conservador identifica como ‘chivos expiatorios’ a aquellos que tienen que emigrar de sus países a causa de la de crisis del capitalismo a nivel mundial. Esa es la única respuesta que da el sistema frente a los problemas que genera”, dice Gonzalo Armúa, integrante del equipo de Internacionales de Patria Grande y de la secretaría operativa de ALBA Movimientos, también presente en la Conferencia.

“Ante esto, es importante impulsar una ciudadanía universal: que las personas pueden circular libremente, en un mundo donde el capital lo hace mientras se restringe ese derecho a los ciudadanos”, agrega.

Gonzalo destaca que las conclusiones y propuestas se presentarán formalmente a la Organización de Naciones Unidas y a otras instancias internacionales, con el fin de avanzar en acuerdos internacionales. Una comisión de movimientos populares hará un seguimiento de la implementación de estas resoluciones, con el objetivo de trascender la mera instancia de intercambio: se requiere una articulación efectiva.

El desafío en cada país y en cada comunidad será darle continuidad al proceso de información, debate y organización, con la población migrante como protagonista. Y, al mismo tiempo, instalar otra voz en la discusión pública: generar propuestas e intervenciones colectivas que promuevan cambios en la práctica social y en las normas estatales.

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