[Exclusiva-web] Violencia es mentir

Por: “Cherno” Aisenberg | 26 de abril de 2017

 

Una nueva muerte que se podría haber impedido vuelve a conmocionar el mundo del fútbol y nuevamente vuelve a poner sobre el tapete una discusión sobre la violencia, las mafias, las barras, la violencia organizada, el regreso de los visitantes y los operativos policiales.

Cada vez que una muerte nos sorprende nos acordamos del tema, los medios lo tratan un tiempo, la dirigencia del fútbol toma medidas focalizadas momentáneas y nos volvemos a acordar del tema cuando una otra tragedia nos “sorprende” nuevamente. Sin embargo, no hay políticas preventivas ni un análisis serio de los motivos que llevan a continuar esta escalada de violencia que parece no tener fin.

La muerte de Emanuel Balbo, hincha de Belgrano, en el clásico cordobés, no fue una muerte más. No se dio en el marco de un enfrentamiento entre barras de distintos equipos, ni una interna de la propia barra. No fue un cruce con la policía y no se inició dentro de la tribuna. Por eso, esta muerte nos interpela a todos y todas las que vamos a la cancha. Nos invita a repensar nuestro propio comportamiento y a reflexionar otra vez acerca de a qué se debe la mal llamada “violencia en el fútbol”, como si pudiéramos tipificarla y diferenciarla de la violencia cotidiana fuera de las canchas.

Crecemos sabiendo que en la cancha hay ciertos comportamientos “permitidos” solo ahí, en ese espacio de libertinaje y anonimato que nos da ser parte de la masa. “No estás en la cancha”, te decía la maestra cuando te portabas mal, como si ese comportamiento impropio para el colegio fuese adecuado para un estadio de fútbol. Gritarle a los jugadores o a los otros hinchas, hacer gestos obscenos, utilizar insultos machistas o xenófobos y hasta escupir o empujarse son formas de relacionarse que reprobamos en todo momento, menos cuando estamos en la cancha.

Sumado a esto, las autoridades de seguridad y las diferentes dirigencias del fútbol (las viejas, las nuevas y, probablemente, las que vendrán) tampoco se acercan a encontrar soluciones definitivas. Primero prohibieron el consumo de alcohol adentro y en los alrededores de los estadios, después prohibieron bombos y banderas grandes y llegamos hasta las prohibición de hinchas visitantes (primero en las categorías de ascenso y desde 2013 en la Primera División). Nada de esto terminó con los hechos de violencia, y ahora llegamos al punto en que cada club resuelve individualmente cuáles son las reglas de seguridad a sostener en su propio estadio.

Por su parte, las fuerzas de seguridad cobran por operativos con cada vez más oficiales. Sin embargo, existen sobradas sospechas de que una parte de los policías que cobran por estar presentes no asisten a los estadios. Los controles en los accesos dependen de la decisión de los efectivos que están en la puerta y de la “portación de cara”, dejando a criterio de las comisarías del barrio los acuerdos con las barras por los “trapitos”, la reventa de entradas y la apertura de molinetes en algunos sectores.

Ponernos en el lugar del otro

Más allá de todo, el asesinato de Emanuel vuelve a ser una situación particular. Un enfrentamiento familiar fuera del estadio se llevó a la tribuna y todos los hinchas, por acción u omisión, presentes en el Kempes o viendo el partido por televisión, somos responsable indirectos de lo acontecido. “Es un infiltrado de Talleres”, gritó el asesino, como si fuera motivo suficiente para que el resto de los hinchas piratas lo atacaran sin parar hasta tirarlo tribuna abajo. Muchos se involucraron y participaron de los golpes, otros miraron como comprendiendo la situación y el resto de los espectadores (los que mirábamos por la tele) seguramente pensamos: “qué irresponsable el de Talleres que se metió en la tribuna de Belgrano, se lo merece”. Incluso aunque fuéramos nosotros mismos los que nos disfrazáramos para no resignarnos a nuestro derecho de ver a nuestro equipo, seríamos capaces de justificar los golpes recibidos por meternos en lugares que no nos corresponden.

“Nuestro compromiso será multiplicar actos y actividades como las que ya hemos realizado en las que todos han destacado que podamos estar conviviendo, en un mismo lugar, hinchas con camisetas de diferentes equipos. En esos encuentros, intentamos transmitir que convivir es posible”. Este mensaje surge de la Coordinadora de Hinchas, un espacio político que intenta mostrar una nueva relación entre los hinchas de distintos equipos. El amor que tenemos por el fútbol y por nuestros equipos es el mismo. Ponernos en el lugar del otro debería ser todavía más fácil. Por otra parte, los medios, los jugadores, los técnicos, los periodistas tienen un rol fundamental. El gesto de los planteles de Belgrano, Talleres e Independiente el día martes fue una buena señal pero no podemos conformarnos con gestos. Necesitamos políticas públicas menos punitivas y más apuntadas a reeducarnos.

La Coordinadora de Hinchas comprende que prohibir los visitantes no mejora las cosas sino que las empeora. “Tenemos que trabajar todos y todas para recuperar un derecho que no estamos dispuestos a resignar, que forma parte de nuestra cultura popular y de la historia de los clubes y que, efectivamente, nos hermanaba mucho más ya que nos encontraba compartiendo un espectáculo, locales y visitantes”. También exigen la participación de los y las hinchas ya que nadie más que ellos entienden el sentir y pensar de las tribunas. Sin la participación de los y las hinchas va a ser difícil que en un escritorio o en una comisaría resuelvan la violencia. Quizá tengamos que recordar nuevamente que el fútbol es un juego mucho antes de ser un negocio y que las decisiones deberían volver a pasar por quienes lo aman.

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