Guillermo Martini: “Este modelo económico tiene la misma raíz que el modelo económico del menemismo”

Por: Federico Araya | 08 de noviembre de 2017

Guillermo Martini fue subsecretario de agricultura familiar y posteriormente director general del Renatea. A pocos días de que el titular de la Sociedad Rural Argentina fuera nombrado ministro de Agroindustria, Cambio conversó con él sobre la política agropecuaria del macrismo y el balance de lo hecho en la década kirchnerista.

Cambio: Desde un inicio, el macrismo asumió con el apoyo de amplios sectores rurales. Dos años después, ¿pensás que sigue disfrutando ese nivel de apoyo? ¿Se basa en condiciones materiales o es profundamente ideológico, de identificación política?

Guillermo Martini: Yo creo que ambas cosas. Hay como dos cuestiones diferenciadas. Una es la cuestión básica de lo que es la pampa húmeda, con productos que tienen como destino básico la exportación, en los que la devaluación inicial más la quita de retenciones provocó un incremento de ingresos muy importantes, sobre todo en los primeros momentos, para el conjunto de los cereales y oleaginosas. Se produjo un fuerte impacto con mucha rentabilidad y un apoyo instantáneo muy grande en los sectores de la pampa húmeda. Y ese apoyo todavía sigue intacto. Pero después de un año ya está haciendo agua en algunos pequeños y medianos productores por el incremento de costos internos como el gas oil o el transporte, con una soja planchada, con una disminución de retenciones prometida. No nos podemos olvidar un factor que es que el 70% de la producción agropecuaria de la pampa húmeda está en menos de 5 mil empresas. El resto, las otras 60 mil, son el grueso de productores con distintos niveles. Hay muchos pequeños productores. No la están pasando bien. Tras que tienen un pedacito de campo inundado y la soja que está en 300 dólares dando vuelta, el 5% no les arregla nada, estamos hablando del dólar planchado a 17 mangos, un efecto inicial importante y, bueno, me hace acordar, porque también lo viví, tengo 65 años, lo que empezó a pasar con el menemismo. ¿Qué quiero decir? El fantástico negocio de producción de pampa húmeda sin retenciones, y con un dólar alto que ya no es más, se empieza a agotar. Durante el menemismo no hubo ninguna retención y se fundieron 350 mil productores.

C: ¿Cuál es tu opinión sobre la situación de las llamadas “economías regionales”?

GM: Está total y absolutamente complicado. Todo aquello que depende de mano de obra intensiva, que depende de productos, la mayor parte de los casos importados, y que depende, fundamentalmente, del mercado interno. Nosotros no exportamos horticultura, no exportamos lechería, el 85% del vino que se produce se consume en la República Argentina, el grueso de peras y manzanas se consume en la Argentina. Esos sectores vienen atravesados al medio por la devaluación que les aumentó los costos (plásticos, agroquímicos, etc.) y con un consumo interno que se desbarrancó absolutamente. No hablemos de las cuestiones climáticas, pero a los plásticos, semillas importadas, etc. se les suma la cuestión de la “liberación” de los precios de la energía, combustibles, el gas, con una caída del consumo interno que hace que estén en una situación que es mortal.

C: ¿Cómo definirías el modelo económico de este gobierno?

GM: Yo creo que la política económica de este gobierno se basa, básicamente, en la producción de commodities. Ellos lo dicen claramente, su norte es Australia. Nada más que Australia tiene 17 millones de habitantes. Hablan de algo de agroindustria pero, básicamente, son los recursos a partir de la producción agropecuaria, “liberada”, “sin trabas”, etc. Y, por otro lado, el negocio financiero. Industrial, poco y nada. Y todo lo que es agrario pero no pampa húmeda, tampoco, nada. Este modelo económico tiene la misma raíz que el modelo económico del menemismo.

C: ¿Cuál es tu opinión sobre el nombramiento de Etchevehere en el Ministerio de Agroindustria?

GM: El nombramiento de Etchevehere es una vuelta de rosca en el sentido de la concentración y de la profundización de un modelo agroexportador concentrado que le da lo mismo producir productos de exportación con 2 mil productores que con 100 o 200 mil. Ellos han intentado, en principio, disminuir el rango del Ministerio de Agroindustria. No han podido. Pero Etchevehere viene a cerrar todos los grifos y, básicamente, de lo que se habla en la interna de agricultura es que viene con la misión de reducir literalmente a cero todo lo que tenga la palabra “instituto”. El caso del INTA es paradigmático. Hablan de 700 despidos. Un presupuesto en términos concretos igual al del año pasado, con una devaluación que se lo comió. Quieren ir hacia un sistema como el que había en el menemismo. Un grupo reducido pagado por las empresas, con aporte de las empresas extranjeras, va adaptando tecnología extranjera al modelo productivo argentino. A ellos no les interesa lo que es la pequeña y mediana producción, el trabajo rural, a ellos les interesa sacar la mayor cantidad de producción con la menor cantidad de guita posible. Se viene un proceso de concentración absoluta. Se viene la modificación de la ley de semillas. Etchevehere viene a hacer el trabajo muy sucio de terminar de alinear la producción en función de los grandes actores concentrados.

C: Han puesto a directores que tienen máster en agronegocios a dirigir la agricultura familiar…

GM: Totalmente. Todo el tema de la agricultura familiar para ellos es una palabra rara. Por otro lado, todo lo que era la vieja subsecretaría, la secretaría, está sin presupuesto, dando algún nivel de asistencia técnica, pero ya no todo lo que eran políticas activas: fomento de mercados alternativos, mercados de artesanías, ferias francas, etc. La modificación al programa Cambio Rural es muy clara. 

C: ¿Qué se hizo mal para que todos esos sectores estén tan ideológicamente consustanciados y se puedan pegar un tiro en la pierna con tal de no generar ruido político a un gobierno que lo ven como la única alternativa al populismo?

GM: Yo, particularmente, en pleno conflicto de la 125, me reunía en privado con sectores de Federación Agraria y con sectores de cooperativistas y pensaban lo mismo que nosotros. Pero primero creo que hubo una falta de expertise, una falta de manejo. No se diferenció de arranque. Primero tirabas una serie de medidas y después se llamaba a charlar. Ni los más entendidos comprendíamos medidas como la 125. Cuando se pusieron del otro lado, lo primero que se les dijo fue “golpistas”, “guardan la soja para provocar un desequilibrio macroeconómico”, sin siquiera tener en cuenta ni saber que los pequeños y los medianos productores, su caja de ahorro, eran los quintales que tenían en el campo o en la cooperativa. Se los metió a todos en la misma bolsa. 

C: ¿Cuánto del proceso de concentración se pudo frenar en los últimos 10 o 12 años y cuánto se concentró en pocas manos y, por lo tanto, le dio más poder a estos tipos que hoy son parte del Estado y dirigen la política agraria?

GM: Yo creo que el proceso de concentración es un proceso imparable en términos mundiales en esta época. La desconcentración la trabajás haciéndoles perder peso relativo, fomentando un modelo más democrático de producción y comercialización y armando herramientas de Estado que favorezcan a esos sectores para quitarles los negocios grosos a los otros. Por ejemplo, una Agencia Nacional de Comercialización (no le vamos a llamar Junta Nacional de Granos), que le permitiera al Estado intervenir en el negocio de los granos, priorizando al sector cooperativo en vez de a los grandes multinacionales. Eso fue rechazado de plano por parte de las autoridades nacionales por considerarlo herramientas anticuadas. Por otro lado, no hubo una verdadera voluntad política de transformar ese espectro, de darle manija a la producción alternativa para desconcentrar relativamente la producción. Si bien muchas producciones crecieron muchísimo hasta el año 2008, producto de la devaluación y de políticas de expansión del consumo interno. Hubo mucho de todo eso. Pero hubo una falencia. En el Estado no se apostó por miedo, por falta de convencimiento, por no verla, porque a muchos no nos escucharon, en poner toda la guita que fuera necesaria para desarrollar esa producción alternativa. Un productor concentrado tiene máquinas, tiene tierra, tiene la planta de silo, tiene las rutas perfectas, tiene los camiones y tiene los puertos para cargar, tiene el INTA que lo asesoró durante el año, etc. En todo lo alternativo, lo pequeño, lo mediano, los productores, salvo las producciones más industrializadas tipo vino, yerba o caña de azúcar, que se transporta por los mismos medios que el resto, nunca se puso un mango en serio para desarrollar todo lo que son vías de comercialización alternativas, mercados alternativos, canales de frío, puertos propios, lugares intermedios de depósito. Se aprobó la Ley de Agricultura Familiar entre gallos y medianoches, pero nunca se les dio los 1500 millones de pesos, que eran una gota de agua en el desierto para una estructura que tiene 200 mil productores a nivel nacional con 25 mil producciones alternativas. Nunca se le dio un mango. Pero llegó Macri y en diez minutos nos endeudó en 40 mil millones de dólares para otro lado. Nosotros nos re cagamos en meter 10 mil millones de dólares, aun a costa de endeudamiento a largo plazo, para trabajar en función de una desconcentración relativa, con herramientas estatales. Nosotros planteábamos una agencia nacional de comercialización de producción primaria y agroalimentaria, que tenía una matriz estatal más el sistema cooperativo.

C: Sin embargo, al menos por ahora, esos sectores perjudicados no se expresan en el voto. 

GM: No tiene cruce con el voto. Por una cuestión ideológica y de expectativa, y por un laburo importante y de comunicación de ellos. Hay un sector que es refractario históricamente aun en contra de sus intereses. La matriz ideológica creo que deviene de la relación individual del productor con la tierra, los pequeños. Y todo lo que sea algo que a mí me obstaculice o me controle no lo quiero. Entonces, mientras menos controles hay, mejor. Y coincide con estos que cuando suben lo primero que hacen es desarmar todos los controles que existen. Con Menem sacaron la Junta Nacional de Granos. En esta van a desarmar todo lo que son los organismos de control.

C: La falta de control les permite hacer convivir tecnología de punta con trabajo esclavo, lo que remite al ejemplo del Registro Nacional de Trabajadores y Empleadores Agrarios (RENATEA), que te toca directamente.  

GM: Totalmente, el desmontaje del RENATEA apunta en ese sentido. Desaparecieron las inspecciones en el campo. Hoy no hay ningún tipo de control. Lo dijo muy clarito Ayala [el sucesor del “Momo” Venegas al frente de la UATRE] el otro día: es preferible cobrar poco a no tener trabajo, referido al tema de la negociación de las nuevas leyes laborales. La desaparición del RENATEA implicó que no se encontrara un solo caso más de trabajo infantil, de trata con fines de explotación laboral. 

C: Finalmente, queríamos consultarte por el proceso de los campos de la familia Etchevehere y el encuentro de trabajo en condiciones de servidumbre. ¿En qué situación está el caso en la justicia?

GM: A pesar de que está todo documentado con fotografía, con testigos, con denuncia policial, terminó totalmente congelado. Cayó en un juzgado en la provincia de Entre Ríos que empezó con algunos niveles de actividad pero finalmente terminó congelado.

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