Hugo Blanco, siempre por la defensa de la vida

Por: Nadia Griffiths | 27 de diciembre de 2016

Hugo Blanco tiene los ojos profundos como el océano Pacífico. A sus 82 años lleva una sonrisa franca y una agilidad envidiable. Habló en público dos veces en Santiago del Estero, la segunda durante más de 1 hora 30 sin tomar agua, además luego nos brindó una entrevista. Visitó la ciudad invitado a participar del Primer Encuentro Intercultural “Pensar, Hacer y Decir desde la Diversidad”, que se llevó a cabo el 8 y 9 de diciembre de 2016.

Sus palabras, en todas estas instancias, se centraron principalmente en su historia personal llenando de momentos, anécdotas y reflexiones sus relatos. Sin destellos de egocentrismos sino, por el contrario,  porque al parecer, así es más fácil transmitir lo aprendido en la vida que, para él sería algo así como reflexionar sobre cada situación en la que se encontró. Y así, ordenada y apasionadamente, va transmitiendo esas reflexiones y debates nacidos al calor de cada vivencia.

Arranca desde el principio. Hugo, cuenta que estudió agronomía en la Universidad Nacional de La Plata, no terminó la carrera y sobre esto explica: “Me puse a pensar: Qué voy a hacer cuando sea agrónomo, a qué hacendado voy a servir, ¿o yo mismo voy a ser hacendado?, y eso no me gustaba. Además había otra razón: La clase media y, como parte ella el estudiantado universitario, apoyaba el golpe (del ‘55); el ambiente de la universidad se me hacía irrespirable, en cambio la clase obrera peronista estaba en contra del golpe, entonces me fui a trabajar a Berisso y ahí me sentía bien, me fui de obrero a trabajar al frigorífico Swift”.

Mientras estaba viviendo en La Plata se sumó al trotskismo, en búsqueda de trabajar con la clase más avanzada, allí es cuando deja la carrera de ingeniería agronómica.

Sobre los primeros tiempos de su regreso a Cusco, nos cuenta: “Formé el sindicatos de canillitas y como delegado de ellos fui a la federación de trabajadores del Cusco, pero estando ahí me di cuenta  que la vanguardia eran los campesinos de La Convención. En el partido había aprendido yo que la clase obrera era la vanguardia, pero también aprendí que uno tiene que ubicar a la vanguardia. No soy dogmático”.

Comenzó a ser parte de las luchas campesinas que empujaron una reforma agraria desde abajo. Fue elegido por los campesinos para que organizara la autodefensa armada contra la escalada represiva por parte del gobierno peruano, que aumentó; hasta que lograron detenerlo y encarcelarlo. Pidieron para él la pena de muerte, lo sentenciaron a 25 años de prisión. Se organizaron campañas internacionales pidiendo su liberación, de las cuales participaron Simone de Beauvoir y Jean-Paul Sartre, entre otras reconocidas personalidades. Después de 7 años preso, le ofrecieron ser funcionario del gobierno de Velazco Alvarado trabajando por la reforma agraria desde el Estado, a cambio de su libertad, pero no aceptó. “Una cosa es ser parlamentario, ser concejal de un distrito, elegido por el pueblo en donde tú puedes decir lo que piensas, otra cosa es ser funcionario del gobierno -como el ex-izquierdista Yehude Simon, que fue nombrado Primer Ministro por Alan García y tuvo que decir que la masacre de indígenas amazónicos en Bagua, estuvo bien-.  Podía haber un punto en el que yo, como miembro de la Confederación Campesina, discrepe de esa reforma agraria, pero no voy a poder decirlo. Pero, otros dos presos políticos sí se comprometieron a trabajar en la reforma agraria de Velazco, entonces tuvieron que dar amnistía general y nos liberó a todos. Después, afuera esos ex presos políticos insistían en que yo también trabaje en la reforma agraria del gobierno, ‘vas a quedar al margen de la Historia’, me decían, a mí no me interesaba la Historia, tanto me jodían, hasta que finalmente  dije: ‘Ya, está bien, ganaron ustedes, sí, voy a trabajar para el gobierno, pero con una condición, de que no se haga la reforma agraria que me da la gana a mí, pero tampoco la que diga el gobierno, que se pregunte a cada sector campesino cómo quiere la reforma agraria. Si ellos quieren parcelación, se parcela; si ellos dicen comunidad, se hace comunidad; si ellos dicen cooperativa, se hace cooperativa’. Santo remedio, uno no le va a plantear a un gobierno militar que sea democrático. Luego me deportaron del país. Sin embargo, cuando me preguntan cuál fue el mejor gobierno del Perú yo digo que el menos malo fue el de Velazco Alvarado, aunque me deportó; porque hizo cosas que no ha hecho ni el Socialismo del siglo XXI: Nacionalizó el petróleo, nacionalizó las mineras, la banca; desgraciadamente en cualquier nacionalización que no es vigilada por los de abajo, la que se aprovecha es la  burocracia, que llena sus bolsillos y hunde a la empresa”.

Hugo Blanco es parte de la historia latinoamericana. Es parte de la lucha de clases de nuestro continente. Si de repasar las luchas por la reforma agraria en Latinoamérica se trata, no se puede pasar por alto su experiencia. Es un personaje ineludible de Nuestramérica cuando hablamos de reforma agraria y de lucha campesina. En su libro “Nosotros los Indios” detalla los diferentes sucesos de su vida en los sindicatos campesinos. La editorial Herramiena junto con La Minga sacaron la segunda edición, y próximamente editará la tercera corregida y aumentada.

Ahora también ha comenzado a ser un personaje ineludible en la defensa de la naturaleza en el Perú. Señala que la principal riqueza del país es su diversidad biológica. Dice: “De las 104 zonas de vida que hay en el mundo, en el Perú existen 84. Tiene desde la selva húmeda hasta los desiertos costeros. Y una zona de mil metros de altura en el cálido norte y mil metros de altura en el frío sur.”

“Sin embargo a la economía del gran capital transnacional no le interesa esto sino el obtener la mayor ganancia posible en el menor tiempo posible. Por eso implanta la minería a cielo abierto: Explosionan 4 toneladas de roca para extraer un gramo de oro, usando mucha agua con cianuro, Esta agua queda inutilizada para el uso directo, para la agricultura y la ganadería.”

Y sobre la producción agraria señala “La agro-industria quita el agua que usa la agricultura familiar para alimentarnos en forma sana, en lugar de eso cultiva para le exportación alcachofas y espárragos, que usan mucha agua. Además, como el monocultivo debilita el suelo cultivable, usa fertilizantes químicos, eso no les importa, pues después de matar el suelo acá irán a África, Asia, Oceanía a seguir matando el suelo. En cambio el pequeño campesino que ha heredado la tierra de sus abuelos y la usarán sus nietos, cuida la tierra, la quiere; por eso rota los cultivos, un año siembra habas, que como leguminosas ingieren nitrógeno y lo llevan a su raíz; al año siguiente sembrará papas que aprovecharán ese nitrógeno. Además usa los cultivos asociados imitando a la naturaleza, cultiva maíz junto a frijoles y calabazas”.

Y continua explicando: “Otro crimen de la agroindustria es que fumiga con insecticidas y herbicidas, matando especies animales y vegetales y envenenando a los trabajadores de sus empresas y al vecindario campesino.”

“En la selva el gran capital envenena los ríos con el petróleo, mata la selva para saquear la madera y sembrar biocombustibles para alimentar a los carros: caña de azúcar, palma aceitera. Acá en Argentina y otros países de la zona sur el gran enemigo es la soya”.  

“¿Qué piensas acerca de que las izquierdas se encuentran separadas de las luchas ambientales?

-Es que las izquierdas tradicionales quieren llegar al poder por elecciones o al menos tener una parte del parlamento y no se preocupan por lo otro.

-¿Esos partidos de izquierda hoy en sus plataformas hablan de la lucha agraria o la lucha antiminera?  

– De la reforma agraria no porque ya hubo reforma en el Perú, pero sí de la lucha antiminera. Si hablan, pero una cosa es lo que hablan y otra lo que hagan. Por eso yo no estoy ahí, porque las izquierdas están ocupadas en cuestiones electorales.

Por ejemplo: La candidata electoral, Verónika Mendoza, a quien apoyé pero también fui crítico, decía –me calumnian me dicen que soy antiminera, (claro ella está en contra de proyecto Conga y Tía María) pero yo no lo soy, y le preguntaron, ¿pero usted conoce alguna mina que no contamine? A lo que responde, no, pero debe haber.  Después, dijo que no tiene nada contra la agroindustria. Quieren aparecer como izquierda decente para que les permitan entrar al gobierno, es ‘la izquierda que la derecha necesita’. Eso en el campo electoral pero yo no estoy ahí.

– ¿Las organizaciones socioambientales se dan debates sobre cómo continuar? Teniendo en cuenta que se pueden frenar proyectos extractivistas pero eso va a seguir pasando mientras haya otros en el poder.

– Desde las luchas antimineras no hay mucho interés en eso, desgraciadamente, nosotros insistimos en que las luchas deben unirse, a veces hay reuniones, en las reuniones que he asistido cada uno habla de su problema y no le interesa lo otro, yo creo, no que debe elegirse una burocracia, pero sí que debe haber más coordinación. La lucha antiminera es esforzada, hay muertos, pero no hay coordinación”.

 

De todos los ataques a la naturaleza el más preocupante para él, es el cambio climático. Explica en sus publicaciones con frescura didáctica las causas del cambio climático y lo que este provoca. E insiste, “Si no logramos que la sociedad en su conjunto sea la que gobierne desplazando a las grandes trasnacionales, la humanidad está destinada a perecer. Con el calentamiento global no va a vivir nuestra especie, y ya no es un asunto de que nos guste o no”.

También habló del Buen Vivir en una de sus charlas, dijo que este debe ser entendido en 4 planos: Una sociedad en la que todos mandan, la solidaridad como principio, el amor por la naturaleza y entender que el dinero no es el centro de todo. Además explica que “es un término planteado por los intelectuales, porque los indígenas no hablan de Buen Vivir, es un término académico, pero me parece que es un término académico apropiado para contraponerlo a la ética del sistema”.

Y ante la pregunta sobre qué piensa del ecosocialismo, responde: “Los ecosocialistas ven que el sistema está amenazando tremendamente al ambiente, a tal punto que yo digo que antes mi lucha era por la justicia social pero que ahora hay un aspecto más importante por el cual luchar: la supervivencia de la especie humana. Hay múltiples ataques a la naturaleza, están muriendo especies vegetales y animales cada día, pero con solo el calentamiento global sin hablar de los otros ataques, la especie humana no va a durar un siglo más si continúa gobernando el gran capital, que es lo que ahora sucede. La única forma en que sobrevivirá la especie humana es que quien gobierne el mundo sea la sociedad humana en su conjunto. Ella velará por sus supervivencia, respetando la naturaleza; usando todos los adelantos de la ciencia y de la técnica que no afecten a la supervivencia de la especie”.

Integrando las ideas del Ecosocialismo y del Buen Vivir finalmente dice:  “El ecosocialismo está en contra del ataque a la naturaleza y sabe que al capitalismo no le importa cuánto daño le hace a la naturaleza, lo que le importa es el dinero y los ecosocialistas se han dado cuenta de que los pueblos indígenas son grandes defensores de la naturaleza y por eso los apoyan, como pasa en la última batalla en Estados Unidos – se refiere al oleoducto que se pretendía instalar desde Dakota del Norte hasta Illinois al cual los Sioux se opusieron – , son dos cosas diferentes pero imbricadas, por eso me invitaron a una gira por Gran Bretaña hablando sobre los pueblos indígenas, organizada por la izquierda del partido verde y otro movimiento, ¡y cómo le interesaba a la gente!. Yo, me considero ecosocialista”.

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