Hugo Yasky: “La CTA tiene una nueva oportunidad histórica”

Por: Sebastián Tafuro y Ulises Bosia | 26 de abril de 2017

Hugo Yasky es un dirigente gremial con una larga tradición. Fue fundador de la CTA y protagonista de la Carpa Blanca, en la actualidad fue uno de los oradores principales de la Marcha Federal y encabeza el proceso de reunificación de las CTA. Conversamos acerca de la lucha docente, de la situación política y de las alternativas a construir.  

Cambio: En primer lugar, queríamos preguntarte cómo caracterizan ustedes la actitud del gobierno respecto del conflicto docente y, en relación con las acciones sindicales, qué perspectivas ven de acá en adelante.

Hugo Yasky: El gobierno tomó como caso testigo el conflicto con los docentes por muchos motivos. El más evidente es que trata de mostrar una postura inflexible y que la potencial derrota de los docentes sea un disciplinamiento en relación con las demás paritarias. Por otro lado, también para darle oxígeno al resto de los dirigentes sindicales que, como el caso de UPCN, se jugaron a firmarle un cheque en blanco al gobierno al aceptar una cifra de inflación que claramente ya está superada, inclusive según los propios miembros del gabinete económico. También creo que este conflicto y esta dureza se explica porque tienen que enviar un mensaje hacia fuera, a los hipotéticos inversores externos que, aunque nunca vengan a invertir más que en la bicicleta financiera, exigen dureza con el movimiento sindical en general, y en particular con los que estamos señalados dentro del sindicalismo como los que tenemos la actitud más confrontativa; los que estamos menos predispuestos a dejarnos seducir con el canto de sirena del gatopardismo. Creo que hay un mensaje hacia dentro y uno hacia afuera.

C: Respecto del proceso de unificación con la CTA Autónoma, conducida por Pablo Micheli, ¿creés que tiene vigencia en la actual coyuntura el proyecto fundacional de la CTA? ¿Cómo ves hoy, luego de todos estos años de recorrido, la propuesta de un sindicalismo alternativo?

HY: Hoy, justamente, estuvimos reunidos con Pablo Micheli y comentábamos que la CTA tiene una nueva oportunidad histórica porque hoy está cubriendo un vacío político que existe en el movimiento sindical. El vacío político que mostró la ausencia de respuesta por parte de la CGT durante más de un año a las políticas de ajuste, el vacío político que se evidenció después de que la CGT decidió desairar la expectativa que había generado la convocatoria del 29 de abril cuando nos juntamos todas las centrales en lo que parecía el primer acto de confluencia para ganar la calle y salir a derrotar el ajuste. El gobierno vetó la ley antidespidos y la CGT se llamó a silencio y fue parte de convocatorias a supuestas instancias de diálogo que para lo único que sirvieron fue para que el gobierno pudiera ganar tiempo y seguir aplicando la política de ajuste. Eso, concretamente, explica la masividad de las convocatorias que protagonizamos las dos CTA, todas las marchas han sido multitudinarias y han tenido un alto voltaje político. Nos han puesto en el terreno de la disputa a tal punto que los propios escribas de la derecha en las editoriales de Clarín y La Nación alertaron sobre el hecho de que hoy las dos CTA potenciaron su capacidad de convocatoria y que estamos en condiciones de disputar la calle frente a la CGT. Creo que esto es una realidad objetiva.

Tenemos una nueva oportunidad como la tuvimos en los noventa cuando la CTA advirtió la necesidad de que el movimiento sindical, o lo que quedaba en ese momento del movimiento sindical por la desindustrialización y la pérdida de fuentes de trabajo, levantara la voz de denuncia contra la política neoliberal, contra los dirigentes sindicales que dejaban indefensos a cientos de miles de trabajadores. En ese momento, la CTA reivindicó la lucha por los derechos humanos como una conquista del movimiento sindical, cosa que en la CGT era mala palabra. De eso no se podía hablar, no se podía tocar el tema, había una especie de conciencia culposa de algunos dirigentes sindicales. E, incluso, en la declaración de Burzaco planteamos el repudio al bloqueo y la solidaridad con los trabajadores cubanos, que fue recibida en Cuba como la primera expresión en ese sentido del movimiento sindical de América Latina. Eso potenció el protagonismo político de la CTA, que era desproporcionadamente mayor que la masa real de sindicatos que representaba, y es lo que explica que haya sido una referencia de las luchas de resistencia al neoliberalismo.

C: ¿Qué pensás de las comparaciones que se hacen sobre la situación del campo popular en el presente y en la década del noventa?

HY: Creo que hoy existe una situación que no admite parangón porque el movimiento sindical está más fuerte. Hay 13 años de avance de las experiencias de lucha luego del estallido social, una incorporación masiva de jóvenes que explican hechos como el acto frente al Ministerio de Producción en el que le exigen fecha de paro a la CGT. Eso surge de los mismos compañeros trabajadores convocados por la CGT, no es que hubo una disputa entre un sector que quería convocar al paro y otro que no. Ahí los que no éramos parte del núcleo duro de la CGT estábamos lejos y lo real es que la presión y la demanda surgió de los propios miembros de la CGT que expresaban un deseo del conjunto. Son indicadores claros de que hoy, en términos de la conciencia y la fuerza del movimiento sindical que se expresa en la base, estamos más fuertes. Se nota esa distancia que hay entre la cúpula dirigencial y la base porque están viendo dos países distintos. Para la cúpula, todavía los tiempos tienen que ver con un nuevo gobierno, con una sociedad que tiene expectativas; y, en la base, la mirada es otra, están reclamando profundizar las medidas de lucha, se están preguntando qué pasa que no somos capaces de salir a confrontar con estos tipos, están preguntándose hasta cuándo vamos a seguir tolerando que nos despidan, que nos suspendan, que nos ponga techos salariales. No estábamos así cuando la CTA se constituyó, esa es una diferencia. Y otra diferencia es que este es el gobierno de la clase dominante, no es un gobierno surgido de una veta del justicialismo o de una veta del radicalismo en el que la clase dominante cooptó tres o cuatro ministerios. Este es el gobierno orgánico de los grupos de poder de la Argentina y el objetivo que tienen es bajar los costos salariales, remover las conquistas del movimiento sindical, llevarse puesto el sindicalismo. Y en eso no tienen contradicciones. En otras cosas puede ser que no coincidan, pero en eso no: hay que quebrar el espinazo del sindicalismo y, en todo caso, hay que dejar sobrevivir a los que estén dispuestos a sacar bandera blanca y entregarlo todo.

C: ¿Cuál debería ser la política hacia el conjunto del movimiento obrero entonces?

HY: Yo creo que, evidentemente, esta situación potencia la presencia de la CTA, potencia nuestro discurso de confrontación porque el lenguaje de la CGT es ambiguo y, frente a eso, está más presente que nunca la necesidad de un profundo cambio del movimiento sindical. Hoy, quizás, la única diferencia es que, personalmente, lo que yo pienso es que la CTA va a aportar más a ese cambio dentro de la CGT, traccionando desde afuera, desde la calle, sin tener que aceptar los tiempos ni los lapsus de adormecimiento de la CGT y, también, creo que dentro de la CGT ese movimiento existe. Hay muchos gremios allí cuyas conducciones y bases coinciden con nuestra mirada y la idea es que haya vasos comunicantes más allá de las centrales a las que pertenezcamos cada uno.

C: ¿Qué opinión te merecen experiencias como la Corriente Federal de Trabajadores en relación con esto que mencionás de los vasos comunicantes?

HY: Creo que la Corriente Federal nuclea a un grupo de dirigentes sindicales con los que, en términos de la caracterización de lo que estamos enfrentando, tenemos absoluta coincidencia. Nos estamos reuniendo con ellos y estamos compartiendo acciones que todos los días nos ponen en el mismo plano de lucha en las calles. La diferencia que tenemos es que ellos plantean acumular dentro de la CGT, y de un lado y del otro estamos conscientes que esa definición no nos puede impedir desarrollar al máximo las posibilidades de potenciar nuestras fuerzas en acciones comunes. Después, creo que es muy importante el proceso que se está dando en las regionales de la CGT y ahí hay una convergencia que se da de manera natural entre los compañeros de la CTA y de la CGT. En muchos lugares casi que se ha constituído un solo polo en el sector sindical.

C: Pensando más en el plano político, ¿cómo ves la vinculación entre eso que pasa en la calle, lo que pasó en marzo por ejemplo, y la construcción de una alternativa política que pueda derrotar al macrismo?

HY: Es un proceso que, evidentemente, no admite que lo pongamos en una cuadrícula y con tiempos segmentados. No es que primero vamos a resistir y, si nos va bien en la resistencia, se construirá una alternativa política. Yo creo que si no hubiera resistencia social en este escenario de profundización del ajuste, que empieza a mostrar, además, una vertiente hacia el uso de las fuerzas represivas, la construcción de una alternativa política o sería absolutamente inviable o la derrota del macrismo nos llevaría a una expresión que sería la alternancia dentro del mismo modelo. Y creo que esto explica que, en la medida en que hay un mes como marzo de grandes protestas sociales, el oficialismo pierde iniciativa, queda paralizado y quienes pretenden la alternancia dentro del mismo modelo directamente optan por salir de la escena y permanecer debajo de la cama hasta que pase el ruido. Es lo que vimos, por ejemplo, con Sergio Massa. Entonces, para nosotros la posibilidad de una alternativa política que apuntale una construcción popular capaz de cuestionar a fondo el modelo neoliberal, la lógica del empobrecimiento y del ajuste, el endeudamiento externo, la política del mercado, es inescindible de la movilización y de la lucha social.

C: ¿Cuál creés que debería ser el papel del movimiento sindical en la construcción de esa alternativa?

HY: Los trabajadores tenemos una gran responsabilidad de poder lograr que haya una relación vinculante entre esas luchas y lo que se construye como herramienta política. Ya tenemos experiencias de otros momentos históricos en los que, a la hora de construir las herramientas políticas, nos tocaban el hombro y nos decían “muchachos, córranse que ustedes están demasiado transpirados, están demasiado llenos de barro, ahora tenemos que estar los que tenemos la cabeza fresca y estamos recién duchaditos”. Creo que ese es todo un debate que estamos empezando a dar con los compañeros de los diferentes espacios y en donde empieza a madurar la idea de que los trabajadores ni podemos ser furgón de cola de cualquier agrupamiento por derecha del movimiento nacional y popular, ni podemos ser espectadores del reordenamiento de la política en la Argentina. Tenemos que estar en condiciones de incidir, lo cual no remite a la idea de que el movimiento sindical tiene que poner el 33% o tiene que poner cinco diputados, porque vos podés hacer eso con un partido que después vota todo lo que votó el Frente Renovador. Eso es peor que nada, para eso preferimos no tener ningún diputado. La idea es otra, la idea es que desde el movimiento de la clase trabajadora, desde el movimiento sindical, se pueda generar un sujeto social en condiciones de plantear el contenido de una construcción política, con independencia de que eso después se pueda traducir o no en mayor o menor presencia.

C: ¿Y eso lo ves factible pensando en el corto plazo, en 2017? ¿O lo ves como un aporte más estratégico?

HY: No, yo primero lo veo absolutamente necesario. Ahí intervendrán otros factores. La experiencia es que, en general, nadie le abre las puertas de par en par al movimiento obrero. Hay puertas que las tenemos que abrir. Y lo estamos discutiendo. No podemos aceptar pasivamente que la vía de salida a la crisis que está generando, y que va a profundizar hasta niveles dramáticos la política del gobierno de Macri, se resuelva con absoluta prescindencia de los que vamos a poner el cuerpo y la iniciativa en la disputa en la calle.

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