La lucha para derrotar el proyecto neoliberal: sobre malestares, desamparos y la potencia de la militancia

Por: Elizabeth Gómez Alcorta | 06 de septiembre de 2017

Luego de unas semanas de transcurridas las PASO, hemos leído y realizado balances desde distintas ópticas. En particular, las elecciones en la CABA y la performance de PATRIA GRANDE/Ahora Buenos Aires nos permiten y nos obligan a realizar diferentes análisis: uno exclusivamente en términos electorales y otro vinculado a la decisión de la regional que resolvió formar parte del Frente Unidad Porteña, lo que también nos conduce a meditar nuestros futuros pasos.

La primera sensación que nos embargó, incluso el mismo día de las elecciones y en las sucesivas jornadas, fue la de una derrota, de una desilusión: habíamos quedado muy lejos del resultado electoral al que aspirábamos. El aliento, el ánimo y el acompañamiento de cientos de personas que en la calle, en los trabajos y diferentes ámbitos nos hacían saber que nos votarían o que simpatizaban con nuestro espacio hizo crecer las expectativas electorales y, a la vez, incrementar la frustración del resultado. También, inicialmente, aquella impresión se encontraba sumida en la falsa noticia de la victoria de Cambiemos por más de cinco puntos en la provincia de Buenos Aires.

Sin embargo, el análisis debe hacerse de modo integral en relación a lo que hemos cimentado y producido políticamente, más allá del saldo electivo. La construcción de Ahora Buenos Aires como plataforma ciudadana resulta novedosa y enriquecedora, no solo posibilitó confluir en un mismo espacio distintos partidos y agrupaciones con recorridos políticos y posiciones ideológicas disímiles, sino también sumar referentes de diferentes ámbitos que han dado una sustancia heterogénea al proyecto, ampliándolo y nutriéndolo de un modo cualitativo.

A la vez, la campaña ha sido –sin temor a ser presuntuosos– la más destacada, innovadora y creativa de la ciudad. Muchos de nuestros compañeros y compañeras trabajaron en su tercera campaña electoral, evidenciando el aprendizaje acumulado y la experiencia que permite dar un salto audaz en varios sentidos. Además de ello, se han instalado otras referencias de PATRIA GRANDE –más allá de la de Itai– en el escenario político, como es el caso de Vicky Freire, condición que resulta imprescindible a los fines de la construcción de una fuerza política con alcance masivo. Por último, sin pretensión de agotar los balances positivos, entiendo que hemos logrado emplazar públicamente algunas posiciones –como las cuestiones de género o la defensa de los derechos humanos– como rasgos identitarios de nuestro espacio.

Este capital político, tanto material como simbólico, se encuentra en nuestras manos y dependerá de nuestra capacidad enriquecerlo y enriquecernos en el futuro.

Por otro lado, el no haber superado el piso que requeríamos para integrar las listas de Unidad Porteña nos dejó fuera de la cuestión electoral para el mes de octubre y, a la vez, nos colocó frente al debate interno irresuelto.  Entiendo que los resultados de las PASO –que no han sido pobres pero que tampoco han alcanzado las expectativas–, junto con el saldo positivo de lo construido, colabora en entablar la tarea pendiente sin tentarse de hacer análisis lineales o ligeros.

Puntos y contrapuntos de nuestro presente y futuro

Respecto de esta labor que nos viene por delante, querría aportar algunos disparadores que puedan contribuir a pensar el presente político y pensarnos a nosotros como parte de aquel.

Después de veinte meses de gobierno macrista, aún nos cuesta definirlo apropiadamente debido a la complejidad de la fuerza política que gobierna el país y que ha logrado constituirse, en este breve lapso, en una primera minoría a nivel nacional.

Una rápida caracterización de ella, comparándola con la política de los noventa en materia económica, o aun de un modo más audaz, con la dictadura cívico-militar en tanto políticas represivas, nos obtura la posibilidad de pensar las estrategias necesarias para derrotarla. En estas semanas, han aparecido una serie de artículos que invitan a reflexionar o discernir con algún nivel de complejidad mayor, al analizar tanto la campaña electoral encabezada por Durán Barba como la incidencia de algunos temas tabúes que fueron puestos en palabras –aunque demagógicamente–, la continuidad de algunas líneas políticas heredadas de la última década y la apelación a ciertos valores post-materiales que calan en una parte importante de la sociedad.

Asimismo, otros aportes han ubicado su eje en el análisis de las formas oscuras y simuladoras de los procedimientos que utiliza el macrismo en su práctica política, como la insistencia en atropellar la ley y arrollar las instituciones.

Lúcidamente, Horacio González nos  aporta –y por su exquisitez debo citarlo–: “Sí, es cierto, el macrismo es un resultado de esas habilidades miméticas con un neocapitalismo para micro-satisfacciones urbanas de carácter fenomenológico: bicisendas, algunos centímetros de verde artificial, metrobuses que rediseñan la ciudad recortándole la circulación espontánea con trazados que resultan coacciones tecnocráticas. ¿Nada que decir sobre esto? Como dice Jorge Alemán, estas transformaciones requirieron mucho tiempo, muchos hicimos mal en menospreciarlas y en ese sentido el artículo de Natanson ‘pone el dedo en la llaga’. (…) El intrincamiento de formas democráticas anuladas en actos concretos del macrismo y el nada velado acrecentamiento de técnicas de control ciudadano y de represión –que incluye reivindicaciones indirectas, pero no siempre, del pasado represivo– impiden calificarlo con la tranquila ‘razón cínica’ que lo mueve hacia el cuadrante democrático.”

Este diálogo intelectual, sumado a otros aportes inteligentes –como el libro de Ezequiel Adamovsky El cambio y la impostura– colaboran a comprender cómo es posible que las clases medias tan castigadas por las políticas económicas del actual gobierno voten a Cambiemos a sabiendas –porque ahora se anuncia sin disimulo– que lo que vendrá es aún más ajuste; o, en su caso, las razones de que esto ocurra incluso con aquellos que más sufren las consecuencias de este modelo.

Dentro de las variables que debemos tomar en cuenta, ineludiblemente, se encuentra la capacidad de tejer alianzas estratégicas que tiene la derecha, al igual que la imposibilidad que tenemos para hacerlo desde el campo popular. Este examen, a la vez, requiere pensar el contexto regional y mundial en el que se desarrolla y fortalece esta nueva derecha en nuestro país.

La consolidación de ciertos modos de hacer política, a través de prácticas que enlazan las acciones de los partidos políticos con las intervenciones de los medios de comunicación y del Poder Judicial, parece haber llegado a un paroxismo tal que nos desconcierta constantemente.  Lo grotesco y lo inverosímil pasan a formar parte de la práctica política cotidiana.

La judicialización del traspaso de mando presidencial en 2015, la imagen del montaje mediático con el anuncio del triunfo de las elecciones en la provincia de Buenos Aires de parte de Cambiemos o el discurso de Patricia Bullrich frente a la desaparición forzada de Santiago Maldonado son algunos de los múltiples ejemplos que podemos presentar.

Entiendo que lo grotesco, como práctica política dramática, al igual que lo inverosímil –que no es lo mismo que lo absurdo– nos ha dejado con una fuerte sensación de desamparo de la que aún no hemos podido salir. Superan nuestra capacidad de asombro.

Frente a la sensación del desamparo

El desamparo y la angustia que lo acompaña nos pueden llevar a una impresión de indefensión, en el sentido de no contar con herramientas institucionales/políticas para hacer frente a esta perversa derecha que nos gobierna. Así, corremos el riesgo –no solo nuestro espacio político, sino en términos sociales o comunitarios– de imaginar o de avanzar por algún camino que parezca un atajo para resolver la cuestión de fondo.

Frente a este panorama, resulta tentador imaginar que hay que sumarse a un lado de “la grieta” y proyectarse desde y –a la vez que– hacia allí. Sin embargo, más allá de las decisiones que tomemos colectivamente, no podemos olvidar: i) que el escenario político argentino es altamente cambiante (en 2013 el PRO no anotó lista propia en la provincia de Buenos Aires o, incluso, en 2015, no tenía personería propia para competir en ese distrito; en las elecciones presidenciales de 2011, Lilita Carrió sacó menos del 2% de los votos y en las últimas PASO  superó los 50 puntos en la CABA) y por eso resulta muy difícil hacer previsiones sobre el futuro a corto plazo, como por ejemplo cuál podrá ser el rol que le toque o decida jugar CFK en 2019 –sin descartar que la intenten meter presa o que efectivamente lo hagan–; ii) que una parte de nuestra identidad como espacio político –más allá de las diferencias que podamos tener– se asienta no solo en el ideario que nos reconoce en la lucha por un socialismo para el siglo XXI, de carácter democrático, nuestroamericano, feminista y ecosocialista, sino también en una concepción de la construcción política diferente de la habitual, por la que todos los días trabajamos denodadamente en el marco de un escenario en el que las estructuras tradicionales partidarias continúan teniendo una gravitación central –tanto el PJ como la UCR.

Es posible que algunos fenómenos como el de PODEMOS en España o el del Movimiento Autonomista que lideró la plataforma ciudadana Pacto La Matriz en Valparaíso, y el seguimiento que hemos hecho de ellos, nos conduzcan a pensar que resulta posible alcanzar triunfos electorales de un modo sorpresivo y sin un recorrido vital político de largo plazo. Salvo que el escenario político y social argentino sufra alguna fuerte fractura –lo que no se avizora en lo inmediato– no estarían dadas las condiciones para que algo similar nos tenga como protagonistas.

Aquí el verdadero desafío que tenemos como PATRIA GRANDE: ¿cómo ser una posición con raigambre popular, superadora a los espacios políticos existentes, sin perder nuestra identidad?

Obviamente, no tengo la respuesta. En caso de que exista alguna, entiendo que lo primero que debemos descartar es tomar atajos. Ejercer la reflexión y la paciencia nos ayudará a pensar caminos, a tomar desafíos, a permitir equivocarnos, a repensarnos internamente; pero, además, a entender que se trata necesariamente de una construcción de largo plazo. La lucha por derrotar el proyecto neoliberal supone muchas y variadas contiendas –no solo en el terreno electoral– que debemos estar preparados para dar frente a la posibilidad de que Cambiemos nos gobierne más allá de este mandato presidencial.

Tener presente este panorama, y comprender cabalmente los tiempos políticos, nos permitirá no caer en desilusiones o frustraciones, que en esta época de desamparo desarticulan y nos vuelven frágiles.  

Es momento de un debate enriquecedor en el que debemos escuchar más que hablar. Ejercer una escucha atenta que nos permita construir a pesar de la diferencia. Somos una fuerza nueva, con una militancia genuina y muy joven, ese es un capital único en las fuerzas políticas existentes y desde ahí tenemos una potencialidad para pensar estas batallas que son de mediano y de largo plazo.

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