La lucha por la tierra nos hermana y nos forma

Por: Maru Ambort | 25 de octubre de 2017

Una delegación de 37 campesinos y campesinas que se organizan en la rama rural del Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE) viajó en el mes de octubre a Santa Catarina, Brasil, para conocer la experiencia del asentamiento “Conquista Na Fronteira” del Movimiento de Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST).

El MST tiene una historia de más de 30 años de organización y de lucha por la reforma agraria en Brasil. Herederos de las resistencias negra e indígena contra la esclavitud, de las luchas de los curas tercermundistas, del sindicalismo de las ligas agrarias y de la movilización social post dictadura, hoy conforman un movimiento nacional con presencia en 24 estados brasileños y más de 350 mil familias.

La delegación del MTE Rural estuvo formada por agricultores y agricultoras sin tierra provenientes de diferentes puntos del país: desde Fraile Pintado (Jujuy) hasta El Bolsón (Chubut), pasando por Traslasierra (Córdoba), Puerto Libertad, Eldorado (Misiones), La Plata, Mar del Plata, Rivadavia, Bahía Blanca (provincia de Buenos Aires), General Pico (La Pampa), Bariloche (Río Negro) y Junín de Los Andes (Neuquén).

La mayoría no se conocía: el viaje sirvió, también, para intercambiar la diversidad de experiencias productivas y trayectorias organizativas que se aglutinan en este joven movimiento. Con tan solo dos años de existencia, el MTE Rural ya plantó bandera en más de 10 provincias del país, ofreciendo a los pequeños productores y trabajadores rurales un espacio para organizarse y luchar para conquistar derechos.

Organización para la producción de la vida

La visita se centró en la cuenca lechera del sureño estado de Santa Catarina (que limita con la provincia argentina de Misiones), específicamente en el asentamiento “Conquista Na Fronteira”, donde 60 familias trabajan de manera colectiva un predio de 1200 hectáreas de tierra conquistadas con la reforma agraria.

Allí funciona una cooperativa agropecuaria en la que todos los integrantes trabajan para producir sus alimentos y coordinan económica, productiva y políticamente el establecimiento. Producen carne de vaca, de cerdo, de pollo y de pescado, alimento balanceado para los animales, huevos, miel, maíz, soja, caña de azúcar, yerba mate, mandioca y todo tipo de hortalizas frescas de estación. Dentro del asentamiento funciona, además, una escuela primaria, un jardín de infantes, un club deportivo, una salita de salud natural (con su propia huerta medicinal) y un tambo que abastece diariamente a la cooperativa láctea de la organización.

Con un modelo de producción en transición hacia la agroecología, sin el uso de agroquímicos y sin explotación del trabajo, “Conquista Na Fronteira” es una experiencia viva de lucha contra el gran capital. El último congreso del MST, desarrollado en Brasilia en 2014, llevó como lema “Luchar, construir reforma agraria popular”. Allí se discutieron las bases del programa agrario del MST, en el cual se asienta la necesidad imperiosa de que los movimientos sociales, además de luchar por redistribuir las tierras concentradas, avancen en construir las alternativas que los independicen de las grandes transnacionales del agronegocio: semillas y biodiversidad son patrimonio de los pueblos que los cultivan y se defienden en la práctica. No hay cambio posible sin alianza entre el campo y la ciudad, y es necesario alertar a las comunidades urbanas de que el agronegocio nos está envenenando.

La lucha por la tierra

El momento más conmovedor del viaje fue poder conocer en carne propia un acampamento. Las tierras ociosas, que no cumplen su función social, son ocupadas por el MST para exigir su expropiación y que las mismas sean destinadas a la reforma agraria. La fortaleza de este método de lucha se basa en que es una política de masas: cientos, incluso miles de familias se disponen a instalarse bajo las lonas negras, a resistir y producir durante el tiempo que sea necesario para alcanzar la tierra propia.

El “tiempo de acampamento” es un período único en la vida de cada compañero y cada compañera que se dispone a luchar por la tierra. La intensidad de la vida comunitaria, de los enfrentamientos con la policía, del sufrimiento y la carencia, se compensan con la esperanza de saber que la conquista de la tierra es posible y que la lucha en unidad de la clase trabajadora es el único camino para combatir las injusticias del capitalismo.

Hace un año y medio, unas 700 familias sin tierra ocuparon 13.450 hectáreas fiscales que desde hacía 30 años estaban en manos de algunas familias ricas de la región de Xanxeré. Desde entonces se encuentran organizadas en el campamento “Marcelino Chiarelo”, nombrado en honor a un concejal de la zona comprometido con la lucha del MST y asesinado por los poderes locales.

Solo en Santa Catarina existen, actualmente, más de 10 campamentos en lucha; sin embargo, la reforma agraria es cada vez más lenta y burocrática. Si el gobierno de Dilma mantuvo el proceso de expropiación de tierras bastante paralizado, la actual dictadura en manos de Michel Temer le declaró la guerra abiertamente al MST. Se viven momentos de tensión, de provocación y de fuerte socavamiento de derechos en todos los planos.

El neoliberalismo avanza en Brasil al acabar con las leyes laborales, al punto de legalizar la esclavitud, destruyendo el sistema de salud y educación, y extranjerizando por monedas los recursos naturales como el agua, la tierra y el petróleo. La crisis es profunda y también la resistencia. Hoy, el MST encabeza ocupaciones en las haciendas de Temer y de Maggi, ministro de agricultura, como símbolo de que la lucha por la tierra continúa viva.

En Argentina, el gobierno de Macri implementa de igual manera la receta neoliberal de ajuste y privatización y somos los trabajadores y las trabajadoras, las comunidades originarias, el pueblo pobre, quienes sufrimos día a día las consecuencias de este gobierno para ricos. Las organizaciones populares lo enfrentamos en las calles, en resistencia y unidad, como lo viene demostrando la CTEP. Y la disputa por la tierra, aunque los grandes medios no la nombren, es uno de los ejes que marca a fuego la lucha de clases en esta época. Por eso, defendemos los territorios ancestrales de la extranjerización y denunciamos el modelo de agronegocio que nos envenena y empobrece. Por eso, nos seguimos organizando y en ese camino, reforzamos la formación política y los intercambios para estrechar lazos que nos alimenten la esperanza y reaviven el espíritu de lucha.

Temas de la nota: