La ofensiva neoliberal en la región: capítulo reforma laboral

Por: Ernesto Zas | 06 de septiembre de 2017

La aprobación de una modificación general de la normativa de trabajo en Brasil es uno de los ejes centrales del cambio de etapa que experimenta la región. En el espejo del vecino gigante se observa Cambiemos, a la espera de los resultados de las elecciones de octubre. ¿Hay condiciones para que pase lo mismo en nuestro país?

La reforma laboral en Brasil tiene distintas explicaciones. En el plano internacional, la tendencia regional de América Latina y el Caribe en los últimos años ha sido de destrucción de puestos de trabajo, aumento de la tasa de desocupación y empeoramiento de las condiciones laborales, especialmente en lo referido a registración. Esta propensión tiene rostro femenino, ya que las más afectadas son las mujeres, especialmente las jóvenes. Todos ellos indicadores que dan cuenta de un estancamiento, primero, y un retroceso después, de los procesos de crecimiento económicos registrados la década pasada en la región.

Pero si se observan los datos del gigante brasileño, comparativamente, son aun peores: el aumento de la desocupación y del trabajo no registrado es mayor, así como una caída del salario real más pronunciada. Estos datos del orden nacional dan cuenta de la existencia de condiciones del desarrollo del capital local que, si bien siguen la tendencia regional, tienen sus particularidades y explican, en buena medida, las condiciones materiales para una embestida frontal del capital contra el trabajo.

Sumado a estos dos factores, existen, a nuestro entender, otros dos elementos que generaron las condiciones de posibilidad para una modificación general de la normativa de trabajo. El retroceso político que significó para la clase obrera brasileña el programa económico que desarrollara Dilma Rousseff durante su segunda presidencia y que incluyó, entre otros errores, la designación al frente del Ministerio de Finanzas de Joaquim Levy, un hombre del capital financiero. Las serias limitaciones del proceso político brasileño explican, en buena medida, la deriva que terminara con el desplazamiento –mediante un golpe institucional, antidemocrático y antipopular– de Dilma y el advenimiento de un programa de reformas fiscales, laborales e institucionales encabezadas por Michel Temer.

Por último, la situación de debilidad de la clase obrera brasileña es un elemento ineludible para pensar las razones que posibilitan un avance tan contundente contra los derechos y garantías de los trabajadores y las trabajadoras brasileñas.

Los aspectos centrales de la reforma laboral brasileña –que implican un marcado aumento de la tasa de explotación de los trabajadores y trabajadoras– son el alargamiento de la jornada laboral, el acortamiento y la adaptación del descanso a los ritmos de producción o directamente su eliminación, el fraccionamiento de las vacaciones, el relajamiento de los controles en materia de higiene y seguridad en el trabajo, el desfinanciamiento de las organizaciones sindicales y su debilitamiento, la concreción de mejores condiciones para tercerizar segmentos enteros del proceso productivo, la flexibilización de la relación laboral y la fragilización del vínculo contractual, la descentralización de la negociación colectiva, el desfinanciamiento de la seguridad social, el empeoramiento de las condiciones de desvinculación así como medidas concretas para limitar, desalentar y amedrentar a los trabajadores y a las trabajadoras en el ejercicio sus derechos fundamentales ante la justicia del trabajo.

Es imaginable que el mismo discurso, basado en el aumento de la productividad y el abaratamiento del costo laboral, desembarque en Argentina.

Entre los deseos y la realidad: ¿hasta dónde puede avanzar el macrismo?

El gobierno de Macri ha planteado, antes de las elecciones de agosto, la necesidad de avanzar en este programa, aunque siendo esquivo a la hora de explicitar su posible implementación. Vale la pena reflexionar sobre cuáles son los límites y las condiciones materiales para avanzar en una ofensiva contra el trabajo en nuestro país.

En Argentina, los indicadores sociales sobre empleo están estancados y/o vienen registrando caídas desde, por lo menos, 2013, si bien desde la asunción de Cambiemos el deterioro de aquellos se ha pronunciado. No obstante, el piso de conquistas en materia de derechos laborales y de organización del movimiento obrero argentino es alto. La tasa de sindicalización, así como de cobertura de las convenciones colectivas, es largamente superior a las de Brasil, lo que en buena medida explica la inviabilidad de una reforma laboral que implique una confrontación directa con las organizaciones sindicales y sus bases.

En este punto, creemos está la incógnita a resolver. Siendo la movilización popular la expresión más viva de la resistencia en el curso de estos más de 21 meses de gobierno, y sin una derrota categórica a cuestas, la clase trabajadora argentina tiene músculo para exhibir. Y aunque ciertas estructuras burocráticas –esencialmente de la CGT– sean renuentes a la confrontación directa con el gobierno, lo cierto es que la erosión de los indicadores sociales va a agudizar las contradicciones ya existentes y a compeler a los dirigentes a asumir, aun contra su voluntad, posiciones más confrontativas.

La hipótesis es que el gobierno argentino, más allá del resultado electoral, avance en modificaciones legales parciales, en negociaciones colectivas sectoriales como lo viene haciendo, por ejemplo, con la actividad petrolera, intentando disciplinar las estructuras sindicales más hostiles a su programa político, posibilitando un mejoramiento en la tasa de ganancia que permita atraer inversiones, sobre todo la extranjera, y, en última instancia, aumentar la productividad para poder competir internacionalmente. Pero creemos que está descartada una avanzada brutal contra el trabajo, al estilo menemista.

Por último, hay una incógnita más que aparece en el horizonte de un gobierno que denosta el gasto público en planes sociales pero invierte millones para contener a los hombres y mujeres que no pueden acceder al empleo formal y es de qué manera se va a articular este nuevo sujeto social en las luchas por derechos sociales que no le son propios. ¿Cuál será la dinámica que adopten los desocupados, cooperativistas, monotributistas sociales frente a demandas de una clase de la que, materialmente, han sido expulsados? En la capacidad de respuesta y lucidez del movimiento obrero argentino se juega el destino de los próximos años.

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