La recta final del golpe en Brasil

Por: Patria Grande | 04 de septiembre de 2016

De ese modo se instaló en Brasil un proceso de golpe institucional llevado adelante por el capital financiero y la elite nacional, ligado estrechamente a los procesos de retroceso neoliberal que afectan a toda Nuestra América y que tienen por objetivo alinear a Brasil con las políticas internacionales encabezadas por los Estados Unidos y los agentes financieros internacionales. Los fundamentos de la derecha reclaman una aguda política de austeridad que involucra un feroz ajuste político y económico que envuelve proyectos de mediano y largo plazo, algunos de los cuales ya se están instrumentando, tales como flexibilización laboral -el gobierno interino de Temer planteó llevar la jornada laboral hasta 80 horas semanales-, extensión de la edad mínima jubilatoria, recortes en educación, recortes en el sistema de salud, privatización de cárceles, guarderías y hospitales, privatización de la caja federal, entre otras. En el fondo, son medidas que el gobierno ilegítimo de Temer pretende articular tras lograr la aprobación de la Propuesta de Enmienda Constitucional que establece un techo para los gastos públicos, lo que implica un acelerado proceso de desinversión, principalmente en servicios básicos como salud y educación.

“Como en el pasado, resisto”

El pasado 25 de agosto comenzó la recta final del proceso y en la mañana del lunes 29, la presidenta Dilma Rousseff se presentó en el Senado brasileño para efectuar su declaración.

Dilma comenzó su discurso dando cuenta de ser la presidenta electa por más de 54 millones de brasileros y brasileras, y resaltando su compromiso con el Estado de Derecho y con la Constitución de Brasil. “Siempre creí en la democracia y jamás atentaría contra lo que creo o llevaría adelante actos contrarios de aquellos y aquellas que me eligieron”, afirmó la presidenta cuando subió al estrado.

Sin ambigüedades, aseguró que estamos “a un paso de concretar un verdadero golpe de Estado”, y caracterizó la razón que lo motiva apuntando al poder económico brasileño: “al ser contrariados en las urnas, esos sectores de la élite política y económica amenazan la democracia”.

“En esta jornada me acerqué aún más al pueblo. Sentí su apoyo y cariño. Sentí críticas también a mi gobierno por políticas que no se aplicaron. Como todas las personas cometo errores, pero entre ellos no están la deslealtad y la cobardía”, explicó en relación a los amplios sectores sociales que están movilizados en defensa de la democracia. “No traiciono mis principios”, definió Dilma de forma contundente.

Así como también se refirió a los años de lucha contra la dictadura militar en Brasil, de la que fue víctima y que algunos votantes del juicio político reivindicaron. “Dos veces vi de cerca la cara de la muerte: cuando fui torturada por días, sometida a castigos que nos hacían dudar de la humanidad. Hoy temo por la muerte de la democracia”, relacionando la historia con el presente.

“Frente a las acusaciones que contra mí son dirigidas en este proceso, no puedo dejar de sentir el gusto amargo nuevamente de la injusticia, y es por eso que, como en el pasado, resisto”. “Resistir siempre, esa es mi consigna”, agregó. “Resistir para despertar las conciencias que todavía están dormidas”.

Por si hiciera falta, repitió una vez más que “no cometí ningún crimen de responsabilidad, ninguno de los crímenes de los que me acusan injusta y arbitrariamente”.

Para la separación definitiva del cargo de presidenta Dilma Rousseff, se requiere del apoyo de la mayoría calificada del pleno senatorial (54 votos), algo que es prácticamente un hecho. En tal caso, el mandatario interino Michel Temer permanecerá en ese puesto hasta el 1 de enero de 2019. Si el Senado encuentra culpable a Dilma, sería separada definitivamente del cargo de presidenta e inhabilitada políticamente por un período de ocho años para ejercer cualquier tipo de función pública. Al cierre de esta edición, se desarrolla la relatoría de la defensa y la querella, para luego dar paso a la votación definitiva que decidirá el futuro de la presidenta Rousseff y de la vida constitucional en Brasil.

El apoyo del pueblo y los movimientos populares

Por su parte, los movimientos sociales, desde el inicio del proceso golpista se manifestaron en favor de los procesos democráticos y, a lo largo de estos meses, se fueron planteando agendas de lucha común que generaron cierto proceso de unidad en las izquierdas de Brasil.

Según Ricardo Gebrim, dirigente de la Consulta Popular, “quien asiste al proceso de enjuiciamiento en el Senado, percibe claramente la farsa. La declaración de los testigos demuestra que no hay ningún crimen de responsabilidad, la pericia desmiente la acusación y sin embargo nada de eso importa. Los senadores no prestan atención a las audiencias, demostrando que es todo un gran teatro hecho para legitimar el golpe. Nuestra posición es denunciar, pero además prepararnos para las consecuencias de una nueva ofensiva neoliberal.”

Vivian Fernandes, editora del medio popular Brasil de Fato aporta que “en el caso del impeachment, ahora, nos importa cubrir los hechos pero también analizarlos, por eso entrevistamos a la gente en las calles, a militantes populares en las protestas, a juristas y expertos con una visión crítica y democrática del proceso. Estamos en eso para disputar la narrativa que se va a dejar para la historia. No hay dudas que estamos viviendo un momento de golpe y tenemos que resistir, como medio alternativo y popular, junto al pueblo, sabiendo que nuestra ‘arma’ es la comunicación”.

También en Buenos Aires, los compañeros y compañeras de PATRIA GRANDE acompañamos las protestas contra el golpe los días previos a la presentación de Dilma en el Senado, junto a distintas organizaciones de nuestro país, asumiendo que la lucha contra la restauración neoliberal en Brasil es la misma lucha contra el macrismo en la Argentina.

Por Gerardo Gamarra, desde San Pablo.