La superexplotación laboral y el IPhone 7

Por: Pablo Wahren | 13 de septiembre de 2016

Macri regresó de la Cumbre del G20, cuya agenda continuará en el “Mini Foro de Davos” organizado en Argentina. El denominador común de estos eventos es el planteo de “abrirse al mundo” que el presidente le expresa incansablemente a políticos y empresarios internacionales. En el discurso macrista, “abrirse al mundo” es el camino al crecimiento ¿pero cómo funciona el mundo al que nos quiere “abrir” el PRO y cuáles son sus condiciones? La salida del IPhone 7 deja más de una enseñanza para quedarse pensando.

La semana pasada salió el IPhone 7. El nuevo celular de Apple será resistente al agua, entre otras novedades. La empresa de la manzanita es la más valiosa del mundo según el ranking elaborado por “Financial Times”, con ganancias netas por 39 mil millones de dólares tan solo en 2015.

Menos conocida resulta la empresa Foxconn, aunque sea la segunda empresa privada con más empleados del mundo, detrás de Wall Mart, y una de las 200 empresas más grandes del mundo. A pesar de su tamaño, su nombre y sus tareas son desconocidos por la mayor parte de la población. La empresa de origen taiwanés se dedica, fundamentalmente, al ensamblado de productos electrónicos y su principal cliente es la firma estadounidense Apple, aunque también provee a otras reconocidas marcas como Microsoft, Dell, Motorola y Sony.

El caso Apple-Foxconn es ejemplar acerca de cómo funciona la producción en el mundo actual. En la superficie, una marca reconocida mundialmente por sus productos y sus éxitos. Debajo, historias de explotación laboral que parecen salidas de otra época. Tal es el caso de Foxconn, cuyas apariciones en la prensa han estado vinculadas a motivos laborales como la rigurosa disciplina, jornadas de 72 horas a la semana y salarios que no cubren las necesidades básicas. Pero sus horas más famosas se debieron a la ola de suicidios ocurridos en sus instalaciones en China. Tan solo en 2010, 18 trabajadores de la compañía se quitaron la vida durante la jornada laboral. La respuesta de la empresa fue surrealista: aplicar redes antisuicidios alrededor del edificio e incluir una cláusula contractual bajo lo cual los empleados se comprometían a no atentar contra su vida.

En 2011, Foxconn anunció la apertura de una planta en Brasil pero el presidente de la compañía, Terry Gou, no estaba conforme: “Los sueldos de los trabajadores brasileños son altos, pero apenas escuchan la palabra ‘fútbol’ dejan de trabajar”.  Para la empresa no es suficiente que Brasil tenga el segundo salario mínimo más bajo de Sudamérica.

Lamentablemente, Foxconn no es la única en su especie. En la electrónica, abundan las firmas que en países subdesarrollados realizan las tareas de ensamblado y otras bajo condiciones de esclavitud a pedido de las grandes empresas de los países centrales que luego obtienen importantes ganancias vendiendo estos productos creados en condiciones de hiperexplotación. Lamentablemente, tampoco la electrónica es la única rama en donde la producción se organiza de esta manera, sino que ésta es la forma en que se fabrican la mayoría de los bienes y servicios en y para el mundo.

Macri en la Cumbre del G20 y el “Mini Foro de Davos”

La cumbre del G20 fue en China, epicentro de la explotación laboral en el ejemplo relatado. El país sede fue elogiado por Christine Lagarde, directora del FMI, quien dijo que los “ataques populistas fáciles contra la globalización” no tienen en cuenta el ejemplo de crecimiento chino y apoyó “la implementación de decisivas y determinantes reformas” por parte de ese país. Apoyos que preocupan, también aplaudió las “alentadoras reformas” del gobierno de Macri.

La agenda de la reunión del G20 fue la defensa de la globalización y la eliminación del proteccionismo. Agenda compartida por el gobierno y que se verá en el “Foro de Inversión y Negocios” que se desarrollará en Buenos Aires esta semana, evento organizado por el gobierno para 1.400 empresarios locales y extranjeros.

El macrismo no solo predica esta agenda, también la cumple: a los de afuera les dice la verdad. En pos de crear “clima de inversión”, el gobierno habilitó que las empresas extranjeras saquen sus ganancias al exterior sin ningún tipo de restricción. En línea con su crítica al proteccionismo, favoreció un boom importador a partir de la eliminación de restricciones a las importaciones. El resultado fue que, en los primeros siete meses del año, entraron U$S 1.448 millones por inversión extranjera, frente a los U$S 1.487 que sacaron las empresas en este mismo período. En lo que respecta al comercio exterior, crecieron las importaciones de bienes de consumo en un 8,3% interanual. Dato paradójico dado que, en lo que va del año, el consumo privado en Argentina se retrajo un 6,6%. El combo es explosivo para la producción y el empleo nacional: no solo se compra menos, sino que lo que se compra cada vez más es importado.

Para completar el combo, el 19 de septiembre el gobierno recibirá a representantes del FMI que vendrán a auditar las cuentas argentinas, visita que no se realiza desde hace diez años. El FMI, a partir de estas supervisiones, elabora informes que históricamente sirvieron para legitimar políticas de ajuste fiscal, flexibilización laboral y desregulación de los mercados. El mismo combo que reclaman las empresas extranjeras.

Lo que queda claro es que atraer inversión consiste en tomar las medidas que demandan los capitales extranjeros, cuyo interés principal, naturalmente, radica en maximizar su rentabilidad. En la periferia, estas inversiones buscan dos cosas: aprovechar menores costos basados en una mayor explotación laboral y extraer recursos naturales. Estos intereses son abiertamente contrapuestos a los de las grandes mayorías populares pero, aun así, el presidente de los argentinos responde a estos reclamos y pretende que creamos que es un camino beneficioso para todos.