Las paritarias estatales: entre el salario, la dotación óptima y la productividad

Por: Mariano Murad y Sebastián Tafuro | 12 de abril de 2017

 

Mientras la escena nacional está atravesada por el conflicto docente, se aproxima la negociación paritaria para los y las estatales. Con la misma lógica del techo que aplicó a otros gremios, el gobierno apuesta a algo más: introducir cambios que generan menores derechos y flexibilizan aún más las condiciones de trabajo.

Decir que la nueva etapa política en nuestro país representa una nueva embestida del capital y los sectores más conservadores sobre el pueblo, a esta altura, resulta una verdad de Perogrullo. La famosa “campaña del miedo” que lograron desactivar hábilmente en plena contienda electoral, cuando mucho/as de nosotros/as alertábamos sobre los peligros que significaba el triunfo de la Alianza Cambiemos, comenzó a materializarse en la vida de los que vivimos de nuestro trabajo. Despidos, caída del salario, endeudamiento y represión a la protesta social son algunos de los hechos objetivos que nos terminaron dando la razón a los que advertíamos los riesgos ante la posibilidad del triunfo del macrismo.

Como sucede con algunos otros gremios, los y las estatales sufrimos de manera directa los efectos negativos de esta revitalización neoliberal. Despidos masivos, estigmatización vía los grandes medios de (des)información y la pérdida del poder adquisitivo de un salario, que ya de por sí era magro, es el resumen de lo que vivimos a partir del 10 de diciembre de 2015. Sin embargo, la avanzada contra nuestros derechos no parece quedarse en eso.

El gobierno nacional sabe que la lucha por la distribución de la riqueza se dirime, en buena medida, en las paritarias. El año pasado, durante su primera ronda de negociaciones, logró desactivarlas relativamente fácil con un mix de tácticas que le sirvieron para salir airoso. En el caso de los docentes, especialmente en la provincia de Buenos Aires, hubo una “buena predisposición” con el objetivo de mostrar eficacia y gobernabilidad; mientras que frente a los estatales nacionales optó por otorgar un 31% que si bien en términos nominales podía parecer una buena cifra, ya se sabía que la inflación superaría ampliamente ese porcentaje. De hecho, la misma resultó claramente insuficiente y provocó, en promedio, una caída del salario real de casi el 10%.

No obstante ello, este año el macrismo parece dispuesto a llevar a cabo uno de los principales objetivos de su programa económico y político: destruir el poder adquisitivo de la clase trabajadora argentina como principal moneda de cambio para los inversores. En ese sentido, y al igual que ocurre con los docentes, lo que suceda con la paritaria estatal es clave para evitar que esto ocurra. Para ello, en primer lugar, es de vital importancia defender la paritaria como mecanismo de negociación entre el Estado empleador y las organizaciones sindicales. Si bien puede resultar un planteo demasiado defensivo, hay claras muestras de que la verdadera intención del gobierno de los CEOS es eliminar esta conquista, argumentando que se trata de una instancia corporativista por parte de las organizaciones sindicales (incluso José Luis Espert, economista afín a Cambiemos, llegó a calificarla como un método fascista) y proponiendo el arreglo individual, “desconociendo” de esta manera las asimetrías de poder que existen entre quien ofrece el trabajo y quién lo necesita para subsistir.

En términos salariales, el reclamo mínimo que deberían llevar nuestros representantes sindicales no debería contemplar la inflación general proyectada para este año, sino hacer hincapié en el aumento de los bienes y servicios de primera necesidad que vienen aumentando por encima del ritmo que lo hacen el resto de los productos. Decimos esto porque la escala salarial de los estatales, dentro del sector de la economía formal, es de las más bajas. Y es sabido que, cuando los sueldos son bajos, éstos se gastan casi absolutamente en bienes de primera necesidad. Y, a su vez, como lo señalamos anteriormente, a esto hay que sumarle, como mínimo, la porción de salario que el gobierno nacional nos arrebató en la paritaria anterior.

Una discusión que va más allá del salario

Otro aspecto que será clave en esta discusión es la llamada “dotación óptima de personal” que quiere imponer el gobierno. Bajo el discurso de volver más eficiente las tareas del Estado, y con el prejuicio de que sobran trabajadores en las distintas dependencias públicas, se intentará llevar adelante este plan que, de avanzar, dejará a muchos más compañeros y compañeras en la calle y a todo el pueblo con menores derechos. La dotación óptima no es más que un eufemismo para que, luego de recortar tareas del Estado en silencio, tengan la justificación “técnica” para explicar el despido de trabajadores “sin labores”. En varias dependencias ya se viene trabajando silenciosamente en esta perspectiva que, tras el cariz técnico que asume, implica cambios en un sentido regresivo para la cotidianeidad del estatal.

Por otro lado, el macrismo intenta trasladar al ámbito público la añeja discusión de la productividad que experimenta un reverdecer por estos tiempos. Sin tener claridad sobre su posible implementación, ya empieza a instalarse el rumor de que el exiguo aumento salarial que nos ofrecerán será acompañado por un plus en relación a objetivos cumplidos en cada área de trabajo.

Finalmente, el escenario de precarización laboral, que era un elemento en el que focalizamos nuestra crítica en la anterior etapa, continúa vivito y coleando tras los primeros 16 meses de Cambiemos e, incluso, experimenta cierta profundización a partir de nuevas contrataciones que son realizadas bajo los paraguas de la Ley Marco o el monotributo. Los concursos frenados por la actual administración son otra señal negativa de que no parece haber voluntad política para desterrar estas condiciones laborales.

En todo ese marco, desde ESTATALES DE PIE nos proponemos dar la discusión en todos los frentes y apuntamos a fortalecer la herramienta gremial que para nosotros y nosotras es ATE. Estaremos en las calles y en donde haya que estar para impulsar un sindicato que sea parte activa de los debates centrales de la etapa, sin mezquindades, apuntando a construir niveles de unidad con otros actores y generando la fortaleza necesaria para resistir a los embates del macrismo.

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