Lo que (se) importa es el desempleo

Por: Tomás Reneboldi | 02 de marzo de 2017

En los últimos días, asistimos a un desfile de despidos y cierres de plantas y empresas de producción local. Este verano, el sector que más sufrió fue el industrial, producto de la recesión y la apertura importadora. A continuación, algunos números y detalles.

 

Según el CEPA, en enero se contabilizaron 3.692 despidos, de los cuales el 98% pertenece al sector privado y, dentro de ellos, el 86% pertenece a la industria. Con estos números, desde la asunción del gobierno de Cambiemos se registran un total de 245 mil despidos, 170 mil del sector privado y lo restante del sector público. Si contamos solo los despidos del sector privado, la mayor cantidad se encuentra dentro del rubro construcción (60 mil) pero, si agregamos también las suspensiones, entonces la industria pasa a liderar el ranking (90 mil).

Si tomamos el informe de la Encuesta de Indicadores Laborales (EIL) elaborada por el Ministerio de Trabajo de la Nación, el empleo cae en enero de 2017, en términos anuales, un 0,5%. Sin embargo, al analizar detenidamente los sectores, vemos que la industria manufacturera cae un 4,8% en igual período (5,5% si tomamos solo Gran Buenos Aires) y la construcción un 2,9% (para Gran Buenos Aires 4,7%).

Uno de los sectores más perjudicados es el de la electrónica: la UOM seccional Río Grande contabilizó la cifra de 5.500 despidos en Tierra del Fuego. Pero también tenemos el caso de la industria láctea (La Serenísima anunció el cierre de su planta en Rufino mientras que Sancor se encuentra al borde de la quiebra) y de la industria del calzado, cuya cámara industrial (CIC) confirmó 4 mil despidos y una situación crítica. Más en particular, hay algunos casos de las últimas semanas que se volvieron emblemáticos de este fenómeno, como los de Task Solutions (que puede alcanzar la cifra de 1.200 despidos), Metro Wheels (la única fábrica de llantas en la Argentina), llegando al colmo de Atanor que informó del cierre de su planta a los trabajadores por medio de una nota.

Las causas de los despidos

Uno de los principales motivos de los despidos tiene que ver con la recesión en la que se encuentra la economía argentina. Según el INDEC, en 2016 la caída del Producto Bruto Interno fue de 2,3% con respecto al año anterior, con tres trimestres de caída y solo el último de leve recuperación. Los peores indicadores se registraron en la construcción (caída del 12,7%) y en la industria manufacturera (4,6%). Para enero de 2017, el INDEC registra una caída anual de todos los rubros industriales, salvo automotriz y química. Según un estudio de la Cámara Argentina de Medianas Empresas (CAME), en enero, con respecto a 2016, cayeron las ventas minoristas en 20 de los 21 rubros relevados. Otro estudio de la consultora CCR indica que el consumo privado registró su peor nivel en 10 años. En un contexto de caída de las ventas, el mercado interno argentino resulta poco atractivo.

Por otro lado, uno de los principales argumentos que esgrimen las empresas que cierran sus puertas dejando trabajadores en la calle tiene que ver con la apertura importadora que el gobierno lleva adelante. La llegada de productos a costos mucho menores y, en muchos casos, con subsidios a la exportación por parte de esos países, genera la imposibilidad de competir para los productores locales. En los últimos días, el debate explotó con la eliminación de los aranceles a la importación de productos electrónicos. Frente al problema desatado por la medida, esta fue la explicación vía twitter del ministro de Producción Francisco Cabrera: “Si sumamos millones de personas trabajando con mejores computadoras, hacemos un país con mejores posibilidades de venderle al mundo”, en alusión a la quita del arancel para la importación de computadoras.

El otro elemento a tener en cuenta tiene que ver con la intervención del gobierno sobre los conflictos laborales. Lejos de intentar compensar las consecuencias de las políticas anteriormente descriptas, el gobierno eligió recortar el Plan Repro (para subsidiar el trabajo y preservar las fuentes laborales) durante el año 2016, pasando de un promedio de 500 mil prestaciones otorgadas a menos de 150 mil por un monto casi cuatro veces menor al de 2015. Para justificar la reducción de dicho programa, el ministro de Trabajo Jorge Triaca supo decir “hay empresas que mueren y otras que nacen”.

Reconversión (im)productiva

¿Cuál es la respuesta del gobierno frente a la ola de despidos? Reconversión y eficiencia. Una de las principales polémicas se desató a partir del Plan de Reconversión Productiva lanzado en conjunto por los Ministerios de Producción y Trabajo. Dicho plan consiste en que sectores “no competitivos” tiendan a extinguirse y el empleo se reconvierta en sectores “competitivos”. En concreto, se trata, por un lado, de la relocalización de trabajadores despedidos y, por otro, del subsidio a proyectos de transformación de empresas “hacia otras actividades más dinámicas donde haya más demanda o mejores oportunidades de negocio”.

Más allá de los eufemismos, podemos ver en la práctica cómo funciona este plan. A raíz de la eliminación de los aranceles, Banghó, dedicada al rubro computadoras, despidió a 400 trabajadores, la mitad de su planta en Vicente López. Esto se suma a los 150 despedidos en IFSA, de Tierra del Fuego, también vinculada a informática y los 500 de Alpargatas San Luis, dedicados al calzado. En el marco del programa Transformación Productiva, Visuar (una tercerizada de Samsung) ofrecerá entrevistas a estos despedidos para completar 250 puestos para la producción de heladeras en Cañuelas con un contrato por 9 meses, sin garantía de renovación y con un sueldo garantizado por el Estado de 8 mil pesos mensuales. Resulta difícil pensar una relocalización de una provincia a otra (o incluso en la misma provincia a más de 60 kilómetros) en esas condiciones, sumado a que los nuevos puestos de trabajo no compensan a los perdidos.

De continuar por este camino, como ya advirtieron oportunamente sindicatos y algunas de las cámaras empresariales, esta política de gobierno no avanza hacia la eficiencia y la reconversión sino a la recesión, caída del consumo y a que el principal producto de importación sea el desempleo.

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