Los estudiantes enfrentan al macrismo

Por: Japo Machado | 23 de noviembre de 2016

El movimiento estudiantil es uno de los actores que viene batallando con fuerza, en sus distintas trincheras, por la defensa de la educación. Los triunfos en la Universidad Nacional de Córdoba, así como los distintos resultados electorales de la izquierda popular en otras universidades nacionales, dan cuenta del rol que tiene y tendrá el movimiento estudiantil en la resistencia a las políticas de ajuste neoliberal sobre la educación.

A principio de año, Hugo Juri, candidato radical, ganaba el rectorado de la UNC con un ambicioso proyecto de reforma política y académica que, con el paso de los meses, llegamos a caracterizar como un intento de contrarreforma universitaria.

Este proyecto busca manipular un reclamo histórico del movimiento estudiantil, como es la elección directa, para, en realidad, sostener la jerarquía docente. La doble ponderación (por facultad y por claustro) implica concentrar el poder de decisión sobre las autoridades universitarias en las cuatro facultades más grandes: Económicas, Derecho, Medicina y Exactas, dejando un peso mínimo para las once facultades restantes. A la vez, se pretende incorporar sectores empresariales al Consejo Superior de la UNC y avanzar en una reforma académica que, bajo el manto de la “modernización”, esconde la flexibilización de las tareas docentes y la pérdida de contenido específico de distintas carreras.

Mientras este proyecto fue avanzando en la Universidad de Córdoba, apareció cada vez más claramente como la formulación ejemplar del proyecto universitario de Cambiemos, siendo citado varias veces por los referentes educativos del gobierno e incluso invitando a Juri a participar del “Consejo Presidencial Argentina 2030”, desde el cual el macrismo pretende formar un núcleo de intelectuales propio.

Nuestra política no podía ser otra que enfrentar cara a cara este intento de contrarreforma mercantilizadora. Por eso, en septiembre, impulsamos la recuperación de la Federación Universitaria de Córdoba, secuestrada hacía décadas por la Franja Morada, para ponerla de pie en esta lucha y en todas las que nos demandara el pueblo cordobés y el movimiento estudiantil. Sumado a esto, presentamos otro proyecto de reforma política que contemple la paridad docente-estudiantil y una ponderación igualitaria por facultad.

Finalmente, y ante la negación de las autoridades de la UNC de discutir con todos los sectores el proyecto de reforma, resolvimos emprender un plan de lucha que incluyó masivas asambleas y movilizaciones que culminaron en la toma del Pabellón Argentina de la Universidad desde el jueves 17 hasta el sábado 19 de noviembre, día en el que estaba prevista la Asamblea Universitaria que llevaría adelante la reforma.

Como era de esperar, tanto el rector Juri como la Franja Morada emprendieron una campaña de deslegitimación de la ocupación pacífica, poniendo en duda la condición de estudiantes de los participantes y denunciando destrozos que no existieron. No les sirvió. La participación de cientos de estudiantes y la adhesión de más de 1500 docentes, organizaciones, consejeros, etc. fue más que suficiente para demostrar la contundencia del reclamo e impedir que sesionara la Asamblea Universitaria, lo que significa un nuevo triunfo para el movimiento estudiantil cordobés que deberá ser ejemplo en todo el país acerca de los métodos para enfrentar al macrismo.

Frenar a la Franja Morada en todo el país

El brazo estudiantil de Cambiemos, Franja Morada, tuvo su mayor etapa de crisis en los años posteriores al derrumbe del gobierno de De la Rúa, en la que perdió gran parte de los Centros de Estudiantes y Federaciones que conducía, aunque sin dejar de ser la conducción nacional de la FUA. A partir de la crisis de 2008, sin embargo, asistimos a una recomposición de su legitimidad que, en los últimos cuatro años, se transformó abiertamente en una fase expansiva de su política y representatividad

¿Cómo sucedió? La capacidad de sobrevivir a su crisis tuvo que ver con una política de “refugio” en las instituciones, a partir de acuerdos con decanos y rectores aliados que les permitieron sostener algunos bastiones claves en cada una de las universidades donde tienen mayor peso. Posteriormente, llevaron adelante una gran lavada de cara –que, en sus casos más extremos, incluyó pasar a llamarse “Nuevo Espacio”– con el objetivo de desligarse completamente de la política partidaria y las desventuras de su estructura radical.

En los últimos años, nos encontramos con una Franja Morada que casi no demuestra tener vinculación orgánica con el partido radical, ni hablemos con el gobierno de Cambiemos, presentándose como una fuerza meramente estudiantilista, independiente, y con una enorme flexibilidad táctica –como lo demostraron, por ejemplo, asistiendo a la gran movilización del 12 de mayo en contra de sus propias políticas de gobierno. Sus filas hoy se nutren de militantes con una vocación asistencialista de “mejorar la Universidad”, en su mayoría, a priori, sin una afinidad ideológica por la UCR o el liberalismo.

Pese a esto, la agrupación reformista se ve fuertemente beneficiada por la política que construye el gobierno de Macri. No solo cuenta con los recursos de la Secretaría de Políticas Universitarias –donde se encuentra Albor Cantard, rector estrechamente vinculado a la Franja Morada– y teléfono directo con la mayoría de los ministros gubernamentales, sino que también se fortalece a partir de los sentidos comunes que construye el macrismo y sus medios de comunicación afines, incluso antes de su llegada al poder. Las ideas de “la política del consenso” contra “la política del conflicto” que llevan a un modelo de gremialidad asentado en el diálogo –subordinado– con las estructuras de poder, han permitido a la Morada ganarse un lugar en un estudiantado bombardeado por la despolitización, en especial en las facultades con menores grados de organización estudiantil.

En este sentido, el 2016 ha sido un año de consolidación del crecimiento que tuvo la derecha universitaria en los últimos tiempos. Esto implicó avances en algunos gremios –como el doloroso caso de la Facultad de Humanidades, Cs. Sociales y de la Salud, centro que La Mariátegui (Mella) había conseguido recuperar el año pasado y volvió recientemente a manos de la agrupación radical, lo cual nos llama a profundizar nuestras reflexiones y fortalecer nuestra militancia para no retroceder en los avances conquistados; y el caso de Humanidades de Salta donde, debido a las dificultades de construir la unidad del campo popular, decidimos no presentarnos a elecciones llamando a votar a la conducción (Movimiento 10 de Octubre) y, aun así, la Franja Morada se hizo con una victoria–, pero, además, una expansión en la UNLP –donde avanzaron en consejeros y delegados- y una consolidación en las facultades más grandes de la UBA.

Sin embargo, el modelo de crecimiento de la Franja Morada encuentra sus grietas, como fue en el antes mencionado caso de la FUC. La unidad de distintas corrientes del campo popular logró desplazarla de una conducción en la que se encontraba enquistada desde hacía 30 años. También vale mencionar los casos de Humanidades de Tandil y Arquitectura de Córdoba, donde perdieron el Centro; el caso del Observatorio de La Plata donde, pese al aparato, no pudieron cumplir su objetivo de hacerse con la conducción; el caso de Económicas de La Plata donde, luego de una década de crecimiento, retrocedieron más de 400 votos frente a La Mella.

Estos casos, todavía de carácter local y específico, demuestran que la unidad, el trabajo de base y la politización son el camino para enfrentar una derecha con la capacidad de despegarse de los costos de ser gobierno y, simultáneamente, acumular con su política.

Una izquierda popular que crece y se consolida

Dentro del campo popular, la novedad más clara del año fue la búsqueda de la conformación de nuevos espacios políticos con la capacidad de enfrentar la nueva etapa y derrotar a la derecha. Además del caso de Córdoba, podemos mencionar a la UBA donde en facultades como Filosofía, Farmacia y Derecho se conformaron nuevos frentes políticos de unidad del campo popular junto a agrupaciones kirchneristas, de izquierda e independientes, para poder edificar una alternativa popular con pluralidad. Sumado a esto, se sostuvieron los centros de estudiantes de Exactas, Psicología y FADU, donde una alianza entre Franja Morada y el PRO pretendía hacerse con la conducción.

En el caso de la UNLP, la izquierda popular consolidó un importante bastión en la Facultad de Humanidades, sostuvo Cs. Médicas y logró hacerse con la conducción de Trabajo Social en un frente con la Juventud Guevarista. De esta manera, se fortalece como la conducción de los centros de estudiantes con mayor historia de lucha y organización de la ciudad.

Todas estas elecciones demuestran la existencia, en todas las universidades del país, de un espacio político para una alternativa popular, feminista y latinoamericana, orientada a trabajar sobre las problemáticas de ingreso, permanencia y egreso y sobre la orientación ideológica de las carreras universitarias enmarcadas en un proyecto político-educativo integral.

La tarea de construir en todo el territorio nacional una izquierda popular capaz de dejar de lado las mezquindades y el sectarismo es fundamental para cimentar procesos de organización, lucha y unidad capaces de poner en jaque las conducciones gremiales paralizantes de la Franja Morada y enfrentar el proyecto político de contrarreforma que pretenden imponer en todo el país a partir de la discusión de una nueva Ley de Educación Superior (LES). Debatir una nueva LES es fundamental, pero no para retroceder como pretenden los sectores en el poder, sino para avanzar hacia una educación verdaderamente inclusiva. El ejemplo de Córdoba nos tiene que servir como aprendizaje y como nuevas fuerzas para profundizar este camino hacia la universidad pública, gratuita, masiva y popular.

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