NUNCA MÁS estas políticas económicas

Por: Tomás Reneboldi. | 29 de marzo de 2017

El 24 de marzo es una fecha donde se impone el ejercicio de la memoria y la reflexión. Queremos poner el foco en las políticas económicas de la dictadura y ver cómo algunos de los problemas señalados en ese entonces y sus hipotéticas soluciones guardan una llamativa similitud con el análisis hecho por el actual gobierno.

“Estos hechos, que sacuden la conciencia del mundo civilizado, no son sin embargo los que mayores sufrimientos han traído al pueblo argentino ni las peores violaciones de los derechos humanos en que ustedes incurren. En la política económica de ese gobierno debe buscarse no solo la explicación de sus crímenes sino una atrocidad mayor que castiga a millones de seres humanos con la miseria planificada.”

Rodolfo Walsh, Carta abierta de un escritor a la junta militar.

En una conocida conferencia de prensa en 1976 el ministro de Economía de la dictadura José Alfredo Martínez de Hoz trazaba un diagnóstico con 12 puntos sobre los cuales iba a basar su plan económico. Dichos puntos contenían: la libertad de precios, de transacciones cambiarias, de comercio exterior (exportación e importación), la libertad de tasa de interés, de contratación de los salarios, de transferencia de tecnología y para las inversiones extranjeras, la liberación de los alquileres y la eliminación de subsidios excesivos.

Este análisis de los problemas de la economía hacía fuerte hincapié en la necesidad de libertad para el mercado y eliminación de la intervención estatal, buscando imprimirle un sesgo negativo a todo tipo de regulación que busque corregir desigualdades propias del desarrollo económico de un país periférico. Similitudes bastante grandes pueden encontrarse con los planteos que hizo el presidente Mauricio Macri acerca del estado de la economía y la “herencia recibida”.

Sin embargo, el diagnóstico de Martínez de Hoz se vería incompleto si no tomáramos en cuenta la aplicación que después tuvo. Las medidas más relevantes que tomó la dictadura militar para lograr las “libertades” señaladas por el ministro de Economía fueron: una devaluación del 80%, la eliminación de los controles de precios, el congelamiento de los salarios, la eliminación de las retenciones al campo, un fuerte endeudamiento externo y una reforma financiera que sentó las bases para la llegada masiva de capitales y lo que luego se conoció como la época de “la plata dulce”. Muchas de estas medidas guardan estrecha similitud con lo que hemos visto en 15 meses de gobierno macrista, tanto en sus formas como en sus resultados.

Aunque la mona se vista de seda, mona se queda

En ambos casos, más allá de la distancia temporal y de unos cuantos matices, la agenda de política económica neoliberal persigue objetivos y premisas similares, donde los ganadores y perdedores del modelo suelen ser los mismos.

Por empezar, ambos gobiernos ejecutaron una brutal transferencia de ingresos desde los sectores populares hacia los más concentrados de la economía. El sector agro-exportador es uno de los principales beneficiaros de esta política gracias a la eliminación (o disminución) de retenciones a la exportación y de las bruscas devaluaciones (80% en 1976, más del 40% en 2015) con las que iniciaron ambos gobiernos.

Los sectores financieros también fueron distinguidos ganadores de la política neoliberal. En el caso de la dictadura, la relación se establece más fácilmente al ver el paquete de reformas financieras de Martínez de Hoz, cuyo andamiaje jurídico sigue en gran parte vigente hasta el día de hoy. Más allá de eso, ambos gobiernos tomaron medidas que terminaron incentivando bicicletas financieras de muy similar funcionamiento: tasas de interés altas en pesos, estabilidad cambiaria y libertad para la fuga de capitales, un combo que permitió generar ganancias extraordinarias en poco tiempo y en dólares, sin ningún vínculo con la economía real. Como si fuera poco, este mecanismo debió y debe ser sostenido mediante el endeudamiento externo, otro negocio fabuloso para los intermediarios financieros, que en la dictadura elevó la cifra de la deuda de 7.800 millones de dólares en 1975 a más de 43 mil millones en 1983, mientras que el gobierno actual en poco más de un año de gestión tomó más de 50 mil millones de dólares.

Del otro lado del ring, los claros perdedores de estas políticas económicas son los sectores populares. Aunque con distinta magnitud, en ambos casos registramos una caída fuerte del salario real (matizada en el caso actual debido a la presión que ejerce la fuerte sindicalización de la clase trabajadora argentina): 46% en el período 1976-1983 y del 6,5% solo en 2016. En el caso de la dictadura, esto tuvo como consecuencia una abismal caída en la participación de los asalariados en el ingreso que todavía no pudo ser revertida a los valores previos (del 48% en 1975 al 22% en 1982). En estrecha vinculación, otro de los sectores que acusó los mayores recibos de las políticas económicas neoliberales fue (y es) el de la industria nacional. Tanto por la eliminación de las restricciones a la importación, como por la eliminación de subsidios y por la caída en el consumo que es fruto de la reducción del salario de la cual hablamos anteriormente. A su vez, esta crisis de la industria retroalimenta negativamente la situación de los sectores populares por vía del desempleo industrial (con una caída ininterrumpida del empleo industrial entre 1976 y 1982 y más de 90 mil despidos y suspensiones en la industria durante el gobierno de Cambiemos).

Este 24 de marzo se nos impone reflexionar sobre la actualidad de los crímenes económicos que oportunamente supo denunciar Rodolfo Walsh. Porque si para algo nos puede servir el análisis exhaustivo de la historia económica de nuestro país, es para no volver a repetir los mismos errores o confiar en los mismos discursos que nos llevaron a la pobreza, el desempleo, el endeudamiento y la destrucción del aparato productivo de nuestro país.

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