Pedaleando las inversiones

Por: Tomás Reneboldi | 26 de abril de 2017

Argentina ofrece una de las tasas más atractivas de retorno de inversión en dólares, como dijo el ministro de Finanzas Luis Caputo en Nueva York. Sin embargo, se multiplican las voces de alerta ante el comportamiento especulativo de dichos capitales. Cómo se origina y funciona la bicicleta financiera y qué consecuencias trae.

“La vida es como montar en bicicleta. Para mantener el equilibro, hay que seguir pedaleando”, Albert Einstein.

Para poder explicar el funcionamiento, arranquemos con una suposición válida para un mediano o gran empresario argentino o extranjero. Tengo U$S 100 mil y tengo que invertirlos. En Argentina puedo cambiar esa plata a pesos y comprar LEBACS (una deuda o letra que emite el Banco Central a corto plazo) a 35 días, obteniendo una rentabilidad de entre el 20% y el 25% anual y pudiendo renovarlas al finalizar el plazo. Al cabo de un año, vuelvo a cambiar por dólares el monto obtenido y lo saco del país (o lo guardo bajo el colchón). De esa manera, pude ganar sin ningún tipo de esfuerzo, en solo un año, un mínimo de U$S25 mil. A esta operación se la denomina carry trade y consiste en tomar dinero prestado a una baja tasa de interés en un país e invertir estos fondos a una tasa más elevada en otro país –en la moneda local.

A la suposición que realizamos (que fue en el último año una realidad efectiva en nuestro país), podemos agregarle otros condimentos. Si en vez de tener un capital de U$S 100 mil, tengo la posibilidad de sacar un crédito en dólares en Estados Unidos, tengo que restarle apenas unos puntos porcentuales a esas tasas de ganancias (porque el crédito en dólares se encuentra en niveles muy bajos). Y si tengo miedo de que una devaluación arruine la cuenta, puedo comprar dólar futuro (una especie de seguro a futuro que garantiza un precio determinado para la compra de dólares) para asegurarme el mismo precio al que compraría hoy esos dólares. De esa manera, reduzco un poco la tasa de ganancia pero elimino totalmente los riesgos y los requerimientos de capital. No hay ninguna inversión productiva en la economía real que pueda competir con este retorno para la inversión en dólares.

Si buscás resultados distintos, no hagas siempre lo mismo

La posibilidad de realizar esta bicicleta financiera es fruto de las decisiones de política económica que tomó el actual gobierno. En primer lugar, la eliminación de los controles de cambio una semana después de haber asumido (el famoso “fin del cepo”) es la llave principal para poder consagrar una rentabilidad “normal” para la Argentina (dada la tasa de inflación anual) pero que se vuelve extraordinaria cuando esa ganancia se puede convertir en dólares. Supuestamente, esta decisión tenía como objetivo principal generar un “clima de confianza” y estimular la llegada de inversiones productivas a nuestro país.

En segundo lugar, la estabilidad cambiaria. Desde que el gobierno devaluó la moneda después de la eliminación de los controles de cambio, el valor del dólar se mantuvo estable entre los $14 y los $16. Esto se debe al ingreso masivo de dólares por endeudamiento (y también ahora por el blanqueo) y a una política decidida del gobierno de no devaluar, por lo menos previo a las elecciones por temor a un brote inflacionario. Esto a pesar de que voceros de grandes grupos exportadores, como Gustavo Grobocopatel, vienen pidiendo una actualización del tipo de cambio.

Por último, las altas tasas de interés impuestas por el Banco Central se vinculan con la explicación que brindan los funcionarios del gobierno frente a la inflación. Al explicar la inflación como un fenómeno monetario, la única solución posible es reducir la cantidad de pesos en circulación (lo contrario a “darle a la maquinita”). El instrumento que posee la entidad comandada por Federico Sturzenegger para llevar esta política adelante es el aumento de las tasas de referencia (la tasa de interés) porque, de esa manera, mediante las LEBAC por ejemplo, se sacan pesos del mercado.

Esta combinación de políticas es la que genera la posibilidad de la bicicleta financiera al poder pasar de dólares a pesos y viceversa, ponerlos en títulos a corto plazo y saber que el precio del dólar va a mantenerse estable.

El que quiere verde, que le cueste

Resulta difícil estimar la pérdida que está teniendo el país por este mecanismo pero, sin dudas, estamos hablando de un valor muy alto. Solo los pagos que debe realizar mensualmente el Banco Central en concepto de intereses equivalen a $14.700 millones. El stock total de LEBAC asciende a $611.000 millones y se vio multiplicado por 2,5 entre noviembre de 2015 y noviembre de 2016. Más de la mitad se encuentra en poder de personas físicas, fondos de inversión y empresas y el restante, en bancos.

La existencia de esta bicicleta financiera tiene una consecuencia fundamental que es el desincentivo que otorga a las inversiones productivas (compra de maquinaria, ampliación o creación de fábricas o empresas, etc.). La ganancia en dólares que otorga el carry trade es inigualable para cualquier otra inversión, por lo que la anunciada “lluvia de dólares” parece concentrarse en regar estas operaciones a corto plazo y especulativas.

La otra consecuencia para la economía argentina tiene que ver con la salida de dólares que estas operaciones implican. Mientras se mantengan los retornos en dólares que detallamos anteriormente, van a seguir creciendo la fuga de capitales y el déficit en la cuenta financiera. Hoy en día, el gobierno logra compensar estas salidas de dólares a través de la masiva y continua toma de deuda.

Sin embargo, como indica el último informe del Observatorio de Coyuntura Económica y Políticas Públicas (OCEPP), esta situación profundiza la dependencia y la posibilidad de una crisis de divisas en la economía argentina. A partir de la construcción de un Indicador de Vulnerabilidad Externa, el citado informe muestra cómo las políticas del gobierno llevaron a un incremento en la vulnerabilidad comercial y financiera de la economía argentina.

Esto es lo que sucede cuando la economía de un país se piensa en función de garantizar posibilidades de negocios para grandes grupos económicos (locales pero sobre todo extranjeros) en vez de pensar en las necesidades de la gente. La desesperación por mostrar una “lluvia de dólares” ingresando a nuestro país lleva a que la propia economía se desangre para financiar el negocio fabuloso y sin riesgos que implica la bicicleta financiera.

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