VAMOS por buen camino

Por: Julia Rigueiro | 06 de junio de 2017

La plataforma política VAMOS empieza a tomar forma en la provincia de Buenos Aires. Este diálogo entre Daniela Castro y Julia Rigueiro, referentes del Peronismo Revolucionario y de PATRIA GRANDE en Mar del Plata, es una muestra del camino de encuentro entre distintas experiencias del campo popular que estamos iniciando.   

El sábado 20 de mayo lanzamos la plataforma política VAMOS en la Provincia de Buenos Aires. Participamos referentes y militantes de diferentes ciudades de la provincia. Una de ellas fue Daniela Castro, referente de Peronismo Revolucionario y secretaria de género de la CTA de los Trabajadores en Mar del Plata. Daniela es la primera transexual que ejerció su derecho a la identidad autopercibida y, con su DNI, pudo convertirse en la primera y única funcionaria trans de la provincia de Buenos Aires. Nos juntamos un mediodía a tomar unos mates y conversar sobre su historia, la vida y la militancia que se combinan para mostrar aquello de que “lo personal es político”.

Julia Rigueiro: En tu perfil de Twitter te definís como laburante y peronista, ¿cómo te definirías o te presentarías a vos misma?

Daniela Castro: La verdad que sí, yo creo que esa es mi base. Soy laburante. Siempre busco hacer cosas y que me gusten, aunque no siempre tenemos esa oportunidad. A pesar de la cuestión de género que me restaba mucho más, siempre busqué la manera de hacer algo que me gustara pero no siempre tuve la posibilidad de hacerlo. Cuando tomé consciencia de lo que iba a ser mi vida por mi situación de género, tuve una alarma roja permanente –roja literal– que era no llegar a tener que pararme en una esquina. Pero siempre fui una laburante y lo he sido con trabajo registrado y no registrado.

Como peronista me identifiqué por mi abuela, mi abuela Ema. Por eso hoy me llamo Daniela Ema. Yo siempre digo que no sé si mi abuela era peronista, yo creo que si Perón no hubiese existido y solamente hubiese existido Eva, ella hubiese sido solamente “evitista”. Mi abuela quedó viuda cuando tenía 32 años, vivía en Carlos Tejedor, en el medio del campo. Perón y Eva laburaron el tema de las tierras con los peones y mis abuelos pudieron tener algunas hectáreas para trabajarlas ellos. Mi abuela siempre cuenta que cuando tenía 14 o 15 años comenzó a ser el auge de las máquinas de coser y en un viaje fue Eva a Carlos Tejedor. Mi abuela se acercó a una persona que estaba con ella y le dejó una carta en la que le pedía una máquina de coser. Pasaron aproximadamente seis meses y le contestaron la carta diciéndole que se la daban. A partir de ahí, siempre tuvo una foto de Eva en la entrada de su casa junto con las fotos familiares. Por eso digo que mi abuela fue un puntapié para definirme como peronista. Mi abuela fue, durante gran parte de mi vida, un sostén importantísimo.

JR: ¿Podes contarnos cómo comenzó y cómo fue tu recorrido militante?

DC: Arrancó en la adolescencia, quizás no lo registré como tal, la palabra “militancia” llegó mucho tiempo después. Comencé, puntualmente, por las situaciones de violencia que vivía, mi situación era casi de rebeldía, de no poder entender por qué yo tenía que vivir eso. A partir de ahí, a cada cosa me rebelaba. Cuando con mis compañeras caíamos en la comisaría nos hacían firmar una especie de acta, todas decían lo mismo. Decían que estábamos borrachas o en bombacha y corpiño o haciendo escándalo en la vía pública. Ese acta la teníamos que firmar y, como no era cierto lo que decía, yo no la quería firmar. Ahí arrancaba la discusión. Hasta que los milicos me decían que si no la firmaba íbamos a cumplir 30 días presas yo y mis compañeras que estaban afuera. Yo respondía que “bueno” pero que no iba a firmarlo. Obviamente, mis compañeras me odiaban.

JR: Claro, era lo peor caer presa con vos.

DC: Claro, pero después, con el tiempo, empezaron a entender que, en realidad, era hacer valer nuestros derechos. Esas actas después se transformaban en causas. En ese momento no militaba, no sé qué hacía.

JR: No militabas orgánicamente, pero te rebelabas ante las injusticias.

DC: Exacto, no lo interpretaba de esa manera. Después, con el transcurso de los años, le puse el nombre pero arranqué de muy chica. Si de joven no te rebelás, eso sí que es raro.

JR: Yo creo que la militancia popular tiene ese condimento, arranca con rebelión. ¿Y cómo llegaste a trabajar en derechos humanos?

DC: El tema de las Madres y de las Abuelas siempre me llamó mucho la atención, sin tener noción de lo que era la dictadura. A partir de ahí me empecé a sumar, entendí que mi lucha no era solo mi lucha, que no estaba sola contra el mundo, había otra situación, no eran todos contra mí. Después, me desprendí de mi género y entendí que la lucha era un conjunto de situaciones, en las que mi cuestión de género era simplemente una más. A partir de ahí empecé a participar de marchas, a interiorizarme, a acercarme más.
A fines de los años noventa la pasé muy mal cuando terminó lo que se conoció como “El loco de la ruta”. Estuve detenida tres meses en la comisaría 1ª. Salgo de estar detenida y a los dos días a pararme en una esquina. Cuando me paré ahí, vi que, al rato, enfrente, paró un Ford Taunus, era el auto del jefe de calle. Cuando lo vi me quedé paralizada. Era otra vez ir presa. Se bajó del auto, yo empecé a caminar. Me dijo que pare, que no me iba a llevar detenida. Se acercó y me dijo que no tenía nada en contra mía, que me vaya de Mar del Plata porque iba a terminar mal, me pareció que lo dijo a modo de consejo. Y le creí. Esos tres meses que había estado presa fueron de corrido, es decir, tres meses en la Comisaría. Sin embargo, no hay registros de mi detención. Por eso nosotras decimos que sufrimos secuestros y no detenciones. La pasábamos terrible, por eso le creí al jefe de calle y me fui. Me tomé un colectivo y me fui. Estuve un mes en Buenos Aires y la pasé diez veces peor que acá, en Mar del Plata. No por el tiempo que estuve detenida, sino porque era mucho más violento. Trabajé en la zona de Palermo y, si bien mis compañeras sabían cómo moverse con respecto a la policía y dónde pararnos para evitar que nos lleven, ellos buscaban la forma para llevarnos detenidas igual. Una noche, salgo corriendo en dirección contraria a la que venía la policía para evitar que me lleven. Cuando salgo corriendo en dirección contraria, sale de atrás de unos autos otro policía y me choco con él y nos caemos los dos al suelo. Me agarró del pelo, se lo enroscó en su mano y me llevó al arrastre media cuadra. Estuve casi una semana sin poder apoyar la cabeza. Me llevaron a una alcaldía, estuve en un calabozo, sin saber dónde estaba.
Cuando salí, pensé que en mi vida había dos opciones: o volvía a Mar del Plata y encaraba lo que viniera, o bien juntaba coraje y me volaba la cabeza. Yo no quería resignarme a que sea esa mi vida. Ese fue el momento que marca un antes y un después. Nunca tuve la opción de volarme la cabeza, son muchas las compañeras que lo hacen. Entonces, me volví a Mar del Plata con el terror de que me había tenido que ir porque podía terminar mal.
A partir de ahí fue pensar cómo sobrevivir. Por medio de una vecina conseguí un plan social que pagaban $60 por mes, no alcanzaba para vivir. Así arranco a laburar en esos planes y salgo de la calle. Me mandan a laburar a un ropero en Parque Palermo, laburaba cuatro horas con una máquina a pedal. Arreglaba ropa y la llevábamos a los comedores, esto fue alrededor del año 2001. Ahí conocí a una compañera que cosía para Alpine Skate y, como yo no sabía coser muy bien, me daba los bolsillos para hacer. Me pagaban 5 centavos por bolsillo. Me levantaba a las 5 de la mañana y eran las 11 de la noche y seguía cosiendo.
Esa compañera después me dice que en la Central [Central de Trabajadores de la Argentina] estaban pidiendo gente capacitada y que vaya. Yo le dije que no, que ahí estaba tranquila. Mi amiga me insistió, yo no tenía ni el secundario terminado. Ella habló con la encargada y la encargada vino al ropero a hablar conmigo. Me dijo que me presente, que no importaba no tener el secundario completo, que querían gente del barrio. Le agradecí pero le dije que no, que me había tocado eso, que no me iban a dar un laburo. Al tiempo me convenció. Me presenté y después me llamaron para decirme que había quedado. Ahí empecé a laburar en la Central. Tuve que trabajar por primera vez con una computadora, no tenía idea para qué servía. Ella se tomaba horas después de su trabajo para enseñarme. Así quedé como administrativa en la Central. Ahí comenzó la otra parte, conocí la parte sindical y la lucha. Quería ser parte, resurgió eso que yo sentía.
A los dos años y medio me dejaron de responsable administrativa. La Central tenía más de 30 mil planes sociales y todos pasaban por mis manos, la revisión de cada uno, etc. Eso hizo que empezara a articular con la Municipalidad de manera directa. En ese momento, asume Vilma Baragiola y le pregunta a Calamante [Secretario General de la CTA-T] si podía trabajar unas horas en la Municipalidad. Calamante le dijo que hable conmigo. Yo le dije que si me pagaban no tenía problema, me dijo que sí. Necesitaba que mi compañera y yo capacitemos a la gente. Así comencé a viajar a La Plata, donde se presentaban los papeles. Allí conocí a Jorge Barral y me dijo que se había abierto la secretaria de Derechos Humanos, que él tenía chances de ir a trabajar ahí y que iba a necesitar gente. Le dije que no, que estaba bien en Mar del Plata, me insistió pero le dije que no. Al otro año me separé, Vilma se iba para ser diputada, me quedaba sin laburo de nuevo. Ahí me acordé de Jorge y me fui para allá. Comencé a trabajar como temporal en la Secretaría. Después pasé a planta permanente y se fueron los fantasmas de quedarme sin laburo.

JR: ¿Cómo ves la Provincia de Buenos Aires hoy? ¿Qué esperas del presente y de la plataforma política VAMOS?

DC: La provincia viene devastada, y no viene solamente de este gobierno. La llegada de este gobierno y sus políticas neoliberales viene a resquebrajar algo que ya estaba mal. Lo increíble es que Vidal siga teniendo una imagen positiva. Hace 15 años que la provincia no se endeuda como lo hizo la gobernadora, no había un vaciamiento del Estado como el actual. Se han cerrado gran cantidad de direcciones de los organismos que la gente no tiene idea. El que está afuera no tiene mucha idea y lo que no se cerró se paralizó.
Es triste porque sabíamos lo que se venía. Charlando con compañeros peronistas me decían que una cosa que el peronismo o el FPV me criticaba a mí es que yo como peronista cuestiono mucho, y de a poco me fueron corriendo hasta que me fui sola. Me cuestionan porque no quería ser cómplice de los silencios. El peronismo tiene como norma o como pacto no cuestionar cosas de gobiernos que fueron peronistas, el claro ejemplo es Jorge Julio López, es un silencio que lleva mucho tiempo. Políticamente eso tiene un costo y te lo hacen pagar, prefiero pagarlo y apostar a una transformación: esta construcción de VAMOS a la que nos vamos acercando y seguramente los que se acercarán lo harán con esa intención.
No quiero seguir creyendo que la política es cíclica, no debemos permitir volver a ciertas situaciones. No hay políticas de Estado claras, ni tampoco dirigentes claros. No hay políticas públicas a largo plazo a continuar. Lo que se hace cada cuatro años se rompe y se vuelve a construir, a hacer algo nuevo, no se hace o se destruye. El pueblo, entonces, no toma conciencia de los derechos inamovibles que debemos tener como, por ejemplo, la salud, con todo lo que eso implica. Un presupuesto en salud que se actualice, que existan insumos y una atención adecuada. Eso es un derecho y falta decisión política.
No tenemos conciencia social de cuáles son nuestros derechos. Se hizo hincapié en el término “derechos humanos” y se centralizó en una época histórica nefasta de nuestro país y que está muy bien que sea de esa manera; sin embargo, esto lleva a marcar una división. Hablarle a la gente de derechos humanos es hablarle de la dictadura, que debemos recordar, pero no tiene que ser solamente eso. Tiene que ser un punto de inflexión del derecho a la vivienda, a la educación y recordar que en un momento de la historia de nuestro país no lo tuvimos y que a partir de ese momento se empezó a tener y es una política de Estado real que debe trascender a los partidos políticos.
Hoy estas elecciones que vivimos son tan raras, tan distintas a otras. Si bien la política no es lineal, antes de 2015 era impensado que la provincia no sea peronista o que cierto distrito donde un tipo lo gobierna desde hace 15 años, lo vaya a perder. Todo eso era impensado. Eso se rompió. Está muy bien que se haya roto, no tiene que ser lineal, previsible. Sí tienen que ser previsibles ciertas políticas de Estado que perduren, que sean inamovibles. Ese quiebre que hubo en 2015 marca un antes y después. Por eso yo digo que VAMOS va a pasar las PASO, todos pensábamos que era imposible que Arroyo llegue a ser intendente de Mar del Plata y la situación cambió. Estamos viviendo otro proceso político.

JR: ¿Qué es hacer política para vos?

DC: Contame vos que tenés una mirada más joven, ¿cómo ves estos procesos? ¿Hay un antes y un después?

JR: Sí, en varios aspectos. Es la primera vez que la derecha gobierna en la Argentina a través de un partido armado para tal fin. Con anterioridad, la clase dominante se valía de otros partidos políticos tradicionales e incluso de aquellos con orígenes populares como la misma UCR. Sin embargo, es la primera vez que un partido conservador por elección popular llega al poder. Por eso creo que hay un antes y un después. A partir de ahí, cambió la sensibilidad de la población al emitir el voto y pensar la política. Desde mi perspectiva como militante desde hace unos 10 años en la izquierda, desde 2015 me sentí desanimada varias veces. Pero también creo que tenemos responsabilidad histórica, no podemos mirar para otro lado. Desde 2015 somos muchas más las mujeres que salimos a la calle, con un nivel de masividad que no habíamos logrado alcanzar antes. Que esa bronca que sentimos se vuelva una bronca organizada, estamos en un momento propicio para mejorar algunas cosas históricamente postergadas.
VAMOS se gesta como una feliz confluencia, las ganas, los cuestionamientos a lo tradicional como el peronismo y un entendimiento de la izquierda popular de quitarse ese purismo inconducente que mucha veces es sectario y repelente de la mayor parte de la población; y a partir de ahí tender a anclarse en lo más humano de la izquierda, que es la convicción de que todos somos iguales en cuanto a nuestros derechos y respetando la diversidad. Siendo ese el fundamento principal de la izquierda, y por eso siempre nos paramos de la vereda de enfrente de la derecha, ellos quieren fortalecer y resguardar la desigualdad. Tengo esperanza en lo que trabajamos, no podemos mirar para otro lado. Por eso hay que tender a la unidad para hacerle frente al macrismo.

DC: Hay varios criterios de entender la unidad. La unidad que piden algunos sectores no es unidad sino adoctrinamiento, es el no cuestionamiento de ciertas cosas. Distinto a nuestro criterio. Nosotros y nosotras tenemos que tener la capacidad de tener ejes centrales: el respeto, la inclusión, la base de los derechos… después debatiremos las formas. Siempre que tengamos la capacidad de discutirlo sin perder los objetivos y corriéndonos de los personalismos.

JR: Vamos a ir por el buen camino.