¿Por qué no gira la pelota?

Por: Hernán “Cherno” Aisenberg | 17 de febrero de 2017

“Carpetazos”, escuchas, amenazas cruzadas. Que termina el Fútbol Para Todos, que sigue 6 meses. Que el torneo no empieza hasta que la AFA no pague, que la AFA no paga hasta que no se apruebe la Superliga. Que sin Superliga no hay contrato de televisación, que no hay fútbol hasta que no se vote presidente. Declaraciones que nadie comprende, situaciones que nadie conoce. Un poco de luz para entender.

Para entender qué pasa en la AFA hay que recordar que, terminando 2015, ésta nos regaló uno de los escándalos más grandes de la historia de nuestro fútbol. Contra toda lógica matemática, “empataron” una elección siendo impares y el gobierno nacional “resolvió” el papelón interviniendo las oficinas de Viamonte 1366.

El empresario Armando Pérez, ex gerenciador de Belgrano de Córdoba, se hizo cargo de la institución para cumplir con los “caprichitos” del presidente de la Nación que desde hace 20 años sueña con manejar nuestro fútbol como si fuese su colección de playmobil. El dueño de Tsu Cosméticos no es el primer empresario que Macri designa dentro del fútbol. Antes ya le había confiado el Fútbol Para Todos (FPT) a su amigo Fernando Marín, ex gerenciador de Racing y, algunos años antes, había dejado al empresario del juego Daniel Angelici al mando de Boca.

Con el tridente ofensivo Marín, Pérez y Angelici, el gobierno intentó domesticar a toda la dirigencia del fútbol para caminar hacia lo que Macri llama la “modernización del fútbol”, que no es otra cosa que la privatización y elitización del deporte más popular de la Argentina. Fernando Marín, en nombre del Estado, dio por finalizado unilateralmente el contrato de FPT, dejando a los clubes sin el ingreso de la televisión; Armando Pérez asumió el costo sin reclamar el dinero que le pertenecía a la AFA y a los clubes y Daniel Angelici aguardó paciente el momento de plantear una Superliga “a la española” que funcionara como puerta de entrada para las Sociedades Anónimas Deportivas que traerían “inversiones”.

Sin embargo, no lograron convencer a nadie. Los dirigentes exigieron al gobierno el pago de la deuda de FPT y la convocatoria a elecciones para terminar con el proceso de “normalización”. Se comprometieron a no comenzar el torneo y convocaron a la intervención de la FIFA. Pero tampoco había consensos por fuera de la estrategia macrista.

El grupo comandado por el presidente de Barracas Central, Claudio “Chiqui” Tapia, cercano al presidente de Independiente Hugo Moyano, temía que una Superliga generara mayor desigualdad entre la Primera y el Ascenso.

Pero la preocupación más grande fue la incorporación de Sociedades Anónimas Deportivas dentro de una cultura futbolera basada en asociaciones deportivas centenarias que se crearon con objetivos de integración, inclusión y desarrollo cultural, social y barrial. Matías Lammens, presidente de San Lorenzo, fue el primero en oponerse rotundamente a este nuevo modelo y rápidamente se fueron sumando otros dirigentes de todas las categorías y todo el país.

En medio de tanto desastre, la imposibilidad de llegar a un acuerdo y el apuro por volver a las canchas, la FIFA envió un ultimátum a la AFA para ordenar su estructura, cambiar el estatuto y renovar las autoridades. Para saldar esta cuestión, brinda una propuesta de estatuto que incluía en su articulado la posibilidad de que “cualquier persona jurídica que deseara participar de la AFA pudiera solicitar el ingreso al secretario general”.

Sin el consenso de los dirigentes, el gobierno ya estaba listo para convocar a elecciones si se votaba positivamente el nuevo estatuto y solo con eso pareció convencer al “Chiqui” Tapia que estaba dispuesto a negociar ese estatuto con tal de ser el nuevo presidente de AFA. Pero el acuerdo no fue tan sencillo, las internas en el ascenso empezaron a salir a flote. Las Sociedades Anónimas seguían siendo un impedimento para lograr un acuerdo.

Un principio de acuerdo

Fue en medio de tanto ruido que la Coordinadora de Hinchas se reunió por primera vez en noviembre del año pasado con la intención de enfrentar cualquier intento de privatización del fútbol. Hinchas y socios organizados en más de una veintena de clubes nos hicimos un lugar en el debate y ahora exigimos una participación en las decisiones que los dirigentes van a tomar. Ya no solo apelamos a defender las asociaciones civiles sin fines de lucro, sino que ahora nos proponemos una incipiente gremialización de los hinchas para poder discutir las demandas que nos unen por el simple hecho de ser hinchas y no meros clientes.

Luego de varias idas y vueltas, discusiones y reuniones a puertas cerradas, los dirigentes parecen haber asumido un principio de acuerdo. El próximo viernes 24 de febrero se realizaría una asamblea en la que se aprobaría un nuevo estatuto de la AFA y, dos semanas después, finalmente habría elección de autoridades.

El nuevo estatuto no contemplaría en ninguno de sus artículos la posibilidad de participación de Sociedades Anónimas pero sí la implementación de una Superliga, que no saldría de la órbita de la AFA y que todavía está rodeada de mucha incertidumbre acerca de cómo se realizaría, quién la conduciría, quiénes y cuántos participarían y cómo distribuiría los ingresos.

A la fecha, el “Chiqui” Tapia es el único que oficializó su candidatura, mientras los demás todavía especulan con el resultado de la asamblea del 24 y con cómo se resolvería la Superliga y la televisación. Por otra parte, desde la Coordinadora de Hinchas esperamos que los dirigentes asuman el compromiso de echar por tierra toda posibilidad de Sociedades Anónimas, sino estaremos listos para movilizar a la AFA, al Congreso o a donde fuera necesario. Mientras tanto, a calzarse de paciencia, esperar a que todo se resuelva y a que, a mediados de marzo (o tal vez antes), podremos volver a ver rodar la número 5. Porque, si hay algo que debería quedar claro, es que la pelota no se mancha.

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