Por un primero de mayo en unidad y en las calles

Por: Patria Grande | 30 de abril de 2017

El 1º de mayo es una jornada especial en todo el mundo y en nuestro país. Mezcla de fiesta por nuestra historia como movimiento organizado de trabajadores y trabajadoras, por los derechos que conquistamos con la lucha colectiva y por todo lo que aún debemos alcanzar, cada año presenta sus particularidades. Este año nos encuentra como campo popular en la resistencia a las políticas antipopulares del macrismo, en un 2017 que consideramos bisagra.

Venimos de heroícas luchas de masas contra el modelo económico implantado durante el año pasado y de un “marzo caliente” histórico este año en el que los sectores más dinámicos y combativos del pueblo se expresaron en las calles con todo vigor. Lo hicimos al desplegar un cuestionamiento organizado en el que no sólo se expresó un fuerte reclamo social por el empeoramiento de las condiciones de vida o por un machismo que se resiste a abandonar sus privilegios, sino que expresamos algo más. Fue el deseo y la puesta en marcha de enfrentar las políticas antipopulares del poder, de evitar que se produzca lo que ellos llaman la “normalización” de la Argentina, es decir, que el sistema político y la sociedad en su conjunto vuelvan a aceptar como inevitable una nueva etapa neoliberal como la que está en marcha.

El conflicto de los y las docentes es un caso testigo de hasta dónde el gobierno pretende llevar la caída del salario de los argentinos. Pero además demuestra hasta qué punto los grupos de poder pretenden avanzar sobre nuestros derechos y las leyes laborales. Buscan la deslegitimación de la organización sindical y dejar a muchas provincias a merced de sus propios recursos. La instalación de la Escuela Pública Itinerante es un engranaje muy importante de la resistencia de los gremios docentes del país, y la suerte de esta lucha dejará un precedente clave respecto de las pretensiones de disciplinar la protesta social. De ahí la importancia de apoyar esta lucha desde el resto de los sectores sociales, políticos y sindicales que soñamos con un proyecto de país justo e igualitario.

En las movilizaciones recientes se expresaron reclamos de amplios sectores que rebasan a los sujetos comprendidos en el mundo del trabajo formal. Las movilizaciones de las y los trabajadores de la economía popular, que consiguieron primero la aprobación de la Ley de Emergencia y luego salieron a pelear por su efectiva implementación, es un claro ejemplo. Un actor como la CTEP fue el motor de la articulación con otros movimientos sociales, y logró instalarse como parte del movimiento obrero organizado. Por otro lado, la impresionante movilización de mujeres a Plaza de Mayo y el paro del 8 de marzo, que lanzó la colectiva Ni Una Menos con la participación de amplios actores, ha logrado permear algunas estructuras sindicales y sociales, poniendo en debate las desiguales bases de sustentación de la sociedad salarial y la violencia sobre el cuerpo de las mujeres.

Un desafío y un compromiso

Las señales de la realidad nos ponen ante un desafío y un compromiso. Los tiempos más fructíferos para el movimiento obrero y popular han sido aquellos en los que la lucha se ha combinado con programas y reagrupamientos que supieron pronunciarse claramente en confrontación con las políticas antipopulares y que brindaron una perspectiva de transformación y de emancipación. Ejemplos como los programas de Huerta Grande, La Falda o la CGT de los Argentinos constituyen importantes puntos de referencia.

Estamos frente al desafío de forjar nuevas alianzas en el campo popular y reflexionar cómo se llevarán adelante, de disputar al interior del movimiento obrero y popular un programa y una práctica de clara confrontación a las políticas neoliberales, de politizar y empoderar a una nueva mayoría social, de profundizar y extender la organización sindical, incorporando nuevas camadas de dirigentes y dirigentas con estilos de conducción democráticos y participativos, frente a la avanzada sin mediaciones del poder económico. Y esto no es tarea sencilla cuando estamos frente a un triunvirato de la CGT que  podríamos llamar “posvandorista”, en el sentido de que ya ni siquiera pega para negociar sino que ahora su letargo y pasividad son una muestra de su intención de simplemente negociar.

Durante este tiempo han surgido nuevos actores, que no han dudado en ubicarse claramente en confrontación con el gobierno. Es el caso de la Corriente Federal de los Trabajadores, que no aceptó ser parte de la conducción de la CGT y que enarbola un programa político progresivo de cara a las disputas que se vienen. Se trata de un programa que necesita ser discutido y amplificado, para incorporar, por ejemplo, aspectos vinculados a la lucha del movimiento de mujeres, pero que constituye una base muy importante para proyectar un futuro de país que represente los intereses de las mayorías. Otras seccionales o gremios enrolados en la CGT también intentan abrirse camino y han acompañado las movilizaciones más recientes. Por otro lado, las CTA vienen construyendo un proceso de unificación que nosotros caracterizamos como un aporte muy importante a la necesaria unidad del campo popular y han sabido impulsar momentos de lucha importantes, como la Marcha Federal y la movilización del 30 de marzo.

Este 1° de mayo nos tiene que encontrar en unidad y en la calle, con las miras puestas en el desarrollo de nuevas luchas que cuestionen el modelo económico implantado y preparando las condiciones para un nuevo paro general. Sobre todo cuando la escalada represiva que impulsa el gobierno contra los sectores que salimos a enfrentar al neoliberalismo se radicaliza. A su vez, entendemos que los sectores sindicales, sociales y políticos más dinámicos y combativos debemos traspasar el reclamo corporativo y contribuir a la construcción del amplio frente social y político que necesitamos para ponerle freno a la política depredadora del macrismo y sus aliados.

Los enemigos que tenemos son muy poderosos. Enfrentarlos desde la más amplia unidad es una tarea ineludible si queremos estar a la altura de las grandes gestas históricas que nos antecedieron y del tiempo presente que nos toca atravesar.