Retomar las calles

Por: Sebastián Tafuro | 05 de julio de 2017

El ataque contra las condiciones de vida de la clase trabajadora no parece alterarse frente a la inminencia de las elecciones. El macrismo sigue adelante con una cruzada que desafía resistencias y se inscribe en una clara determinación por alterar la relación trabajo-capital, muy en favor de este último.

Si por un lado el gobierno fue capaz de mejorar la oferta salarial con los docentes de la Provincia de Buenos Aires, queriéndose ahorrar conflictividad en el lugar donde se juega el significado principal de la elección legislativa y frente a la exposición que implica la candidatura del ministro de Educación Esteban Bullrich, por otro lado no ha dudado en apelar a los palos en la 9 de Julio, a la “Justicia” para intervenir el sindicato de los canillitas, al propio Macri y algunas otras espadas políticas y mediáticas para instalar la idea de “mafias” en relación a los abogados laboralistas, al empresariado tanto nacional como extranjero (Pepsico, Atucha, Banghó, Walmart y siguen las firmas) que a la primera de cambio aprovecha el “mal clima económico” para despedir y, finalmente, a la realidad misma que es la base de toda esta ofensiva: luego de casi 17 meses de gestión, la reactivación de la economía es una ficción que no se palpa en ningún lado. Fue el propio INDEC el que la semana pasada señaló, comparando febrero de este año con febrero de 2016, que los salarios registrados subieron entre 6 y 10 puntos menos que la evolución de la inflación en dicho período. En otras palabras, que el salario real cayó contundentemente. Y con un salario mínimo que llegará a $10 mil el primero de julio de 2018 es difícil creer en que la caída libre no continuará.

La ecuación que se experimenta es un clásico del neoliberalismo tanto en sus fases originarias como en la “renovada” de la actualidad. Las empresas apenas bajan sus ganancias y ajustan por el lado de los trabajadores y las trabajadoras. La siempre vigente bicicleta financiera les genera mayor rentabilidad que la inversión productiva. El Estado no desaparece, sino que juega en una determinada orientación: la apertura indiscriminada de las importaciones implica menos mercado para algunas industrias. En la batalla de los sectores dominantes hay ganadores y perdedores. Pero entre quienes viven de su trabajo, la enorme mayoría pierde. Entre los salarios a la baja y la desocupación creciente se cuela la represión, la persecución y la difamación. Por eso, la 9 de Julio, la intervención a los canillitas y las vergonzosas denuncias del macrismo contra la “industria del juicio” configuran un cuadro que no hace más que provocar un repudio generalizado en amplios sectores y la necesidad de potenciar las organizaciones sindicales en una clave de unidad y de real voluntad de confrontación contra unas políticas que ya no dejan espacio para los titubeos.

 

“Nada podemos esperar sino de nosotros mismos”

El comunicado del SI.VEN.DIA (Sindicato de Vendedores de Diarios y Revistas) se inscribe en esa línea: “Esto no es una persecución a tal o cual dirigente, ni tampoco un ataque a los canillitas de manera aislada, sino una muestra de lo que el proyecto de país de los CEOs y las multinacionales prepara para el conjunto de la clase trabajadora y sus organizaciones. La persecución, el miedo, el terror, la estigmatización, la represión y el caos son las herramientas con que cuenta el régimen como única salida para implementar su plan. La unidad, la lucha y la organización son la única salida para los trabajadores. La convocatoria a un plan de lucha que no solo se oponga al conjunto de medidas que viene sufriendo nuestro pueblo, sino que convoque a la construcción de un proyecto de país en el cual el conjunto de los trabajadores seamos parte, es la tarea que tenemos por delante”. Es esencial para todas las organizaciones del campo popular ponerle freno a este nuevo atropello que da un pasito más allá en el camino de resquebrajar los derechos adquiridos del conjunto de los trabajadores y las trabajadoras para poder avanzar en terrenos (aun más) flexibilizadores. Como también resulta imperioso que las bellas palabras, que han formado parte incluso de los dirigentes más timoratos de la CGT, se transformen en acción, tal como sucediera el 7 de marzo y el 6 de abril de este año con la enorme movilización al Ministerio de Producción y el gran paro general arrancado al triunvirato.

Como se preveía, el escenario electoral que se viene ha congelado otros aspectos de la dinámica social y política. Pero en el mientras tanto el gobierno sigue avanzando. Si en las urnas se juega buena parte de la posibilidad de ponerle un freno a la ofensiva neoliberal, no es una calle desmovilizada el mejor complemento para propinarle esa derrota necesaria. Por el contrario, el malestar con las políticas económicas debe expresarse en todos los campos. Como una referencia ineludible con ese espíritu, nos hacemos eco del último comunicado de la Corriente Federal de Trabajadores titulado “Nada podemos esperar sino de nosotros mismos” en el que interpelan a la conducción de la CGT a que dé continuidad al “Plan de Acción iniciado con la marcha del 7 de marzo e interrumpido tras el paro del 6 de abril (…) Exigimos que sin más dilaciones se pongan en marcha acciones de resistencia a tanto atropello oligárquico y se defienda con firmeza a los millones de argentinos afectados por esta política insensible”, señalan en el escrito del 28 de junio. El macrismo no habilita los grises: o se busca enfrentarlo o se corre el riesgo de la complicidad. Entendemos que el camino de la confrontación en las urnas y en las calles es el único horizonte posible.

Temas de la nota: