Rodolfo Walsh y la radicalidad de la verdad

Por: Federico Araya | 15 de marzo de 2017

El 25 de marzo de 1977, Rodolfo Walsh fue asesinado en el marco del terrorismo de Estado en la esquina porteña de Entre Ríos y San Juan. Natalia Vinelli, especialista en su obra, retoma algunas líneas para pensar su legado hacia el presente, la intelectualidad, el compromiso revolucionario, la literatura y el periodismo.  

Natalia Vinelli está vinculada de distintas maneras con Rodolfo Walsh. Por un lado, por su tarea docente en la carrera de Comunicación Social de la UBA, así como también por su tarea como investigadora, uno de cuyos frutos es el libro ANCLA, una experiencia de comunicación clandestina orientada por Rodolfo Walsh. Por otro lado, por su tarea como periodista y militante de la comunicación popular. Actualmente, integra Barricada TV, un canal de televisión popular autogestionado que, a fines de 2015, logró ganar un concurso para emitir en la televisión digital abierta y que, después de atravesar mil y un obstáculos, espera este año comenzar con las emisiones. Aprovechamos el aniversario de su caída en combate para conversar con ella y recuperar distintos aspectos que hoy podemos pensar como su legado.      

Cambio: Sobre intelectualidad y compromiso político, puede decirse que Rodolfo Walsh puso el cuerpo y llevó adelante un proceso histórico en su propia vida para intentar resolver lo que le ardía en las manos. ¿Cómo lo ves vos?

Natalia Vinelli: Creo que hay un punto de partida que sacude a toda la intelectualidad en la década de los años sesenta y setenta que es la opción del Che Guevara. Cuando el Che desciende del Granma y decide o bien cargar el fusil o bien cargar el botiquín de médico. Eso parece como punto de partida. De hecho, Rodolfo Walsh escribe una esquela tras la muerte del Che en la que se hace justamente esa pregunta: ¿dónde estaban ellos? Dice: “nos cuesta a muchos eludir la vergüenza, no de estar vivos porque no es el deseo de la muerte, es su contrario, la fuerza de la revolución, sino de que Guevara haya muerto con tan pocos alrededor”. Es un cimbronazo muy fuerte y profundiza una serie de reflexiones que varios venían teniendo. En el caso de Walsh, son un punto de tránsito desde su nacionalismo inicial hacia, primero, la izquierda antiimperialista y, después, las opciones del peronismo revolucionario.

Y todo ese recorrido a la luz de este punto de partida es una reflexión sobre el rol del intelectual. Por eso, cuando vas siguiendo sus papeles personales, la discusión con la literatura es permanente. Lo que él se plantea es que no es posible seguir construyendo obras altamente refinadas para la pequeño burguesía en un contexto en el cual América Latina se está sacudiendo por todos lados. Y que, por lo tanto, hay que construir herramientas desde la literatura que puedan acompañar y aportar a ese proceso emancipatorio. En esa discusión, él no abandona la literatura pero empieza a encontrar en el periodismo una herramienta adecuada para esa etapa. Eso es parte su legado, junto con las piezas de literatura y también la literatura de no ficción, que es periodismo, pero que también es literatura. En Operación Masacre, ¿Quién mató a Rosando? y el Caso Satanowsky, como sus obras más fuertes, se muestra la posibilidad de intervención política que la herramienta periodística puede ofrecer en un contexto como ese. 

Esa discusión sobre el rol del intelectual tiene que ver con la función del arte y también con un proceso de despojo de un ser individual y la posibilidad de fundirse en el colectivo. Esto es lo que él vive con una contradicción todo el tiempo pero, en lugar de ocultarla, la hace explícita. Rodolfo Walsh es una figura que está lejos de la receta y del casette. Está lejos de la construcción de un “intelectual de deber ser” perfecto, sin ningún tipo de contradicción. Al contrario. Es una persona sumamente compleja que pone en primer plano de la discusión esas contradicciones que van mostrando la dificultad que él va atravesando en ese camino. No es una elección fácil pero finalmente es una elección exitosa. Cuando Patricia Walsh dice que él estaba orgulloso de haber llegado a ser un combatiente, en definitiva a lo que está apuntando es a que estaba orgulloso de finalmente poder unirse en un proyecto colectivo de emancipación. Y no es una cuestión menor porque no es solamente el intelectual comprometido en términos sartreanos sino que se está planteando la figura del intelectual orgánico de Gramsci y, dentro de esto, se plantea tener una intervención como combatiente que, a su vez, no implicaba abandonar su pasión por la literatura o su pasión por el periodismo. Son dos cosas que se van fundiendo. 

Cambio: Esa idea de un intelectual combatiente no estrecha sino que refuerza la necesidad del rigor en el trabajo, no solamente en la búsqueda de nuevos cánones de belleza en la literatura, sino también el rigor periodístico.

NV: Sí, de hecho, en cierto momento empieza a pensar que el periodismo es la herramienta más adecuada para la etapa. Tiene una frase muy linda que le dice a Piglia en una entrevista: “según cómo la uses, la máquina puede ser un abanico o una pistola”, es decir, puede ser algo que convoque al consumo placentero por sí mismo o puede ser una herramienta de contrainformación. Walsh hace una propuesta desde su propia praxis sobre el periodismo y la militancia que creo que, junto con los libros y los cuentos que nos dejó, es como una orientación para las nuevas generaciones de cómo pensar justamente la utilización del periodismo. Sobre todo, en un contexto como el actual, en el cual el diccionario de la Real Academia Española incorpora el término “posverdad”, es decir, cosas que son mentiras pero le ponemos la palabra “verdad”, la noticia falsa, la circulación a través de las redes sociales de títulos escandalosos que nadie se mete a revisarlos, o cuando entrás dicen cualquier cosa adentro. La pregunta sería: ¿es todo válido en el marco de un proceso emancipatorio? ¿Es válido utilizar las herramientas de la mentira y la manipulación que las clases poderosas realizan constantemente? Yo, en principio, creo que no. Me parece que esa es la discusión que Walsh está dando. Y creo que, dentro de eso, sí se puede pensar una serie de líneas generales que a partir del ejercicio del periodismo en Walsh podemos reflexionar para el presente.

Cambio: ¿Cuáles serían esas líneas de orientación?

NV: En primer lugar, la idea del periodismo de intervención política. Un periodismo que no sea descomprometido sino que esté inserto en un proyecto más general y que tenga un compromiso muy grande con las clases y sectores populares. Creo que ese es como el punto de partida. Si tenemos que poner una imagen, esa imagen me la da el prólogo a Operación Masacre cuando Walsh dice: “estaba sentado en un bar en La Plata y escuché que hay un fusilado que vive. ¿Puedo seguir jugando al ajedrez? Sí, puedo. Pero decido salir a buscar a ese fusilado que vive”. A partir de ahí, se construye una relación de compromiso político con lo que el periodista está haciendo, con aquello que está contando, y es uno de los hitos en la transformación de Walsh junto con su participación en el semanario de la CGT de los argentinos.

El otro eje importante es la escritura documental de eso verdadero. ¿Qué quiere decir esto? Walsh era un convencido del tema de la verdad. Un obsesivo. Y estaba planteándose que la verdad pura de los hechos era por sí misma un revulsivo. Era provocadora. Era movilizadora. Eso es muy importante.        

Otra cuestión tiene que ver con la centralidad del habla popular. En sus notas periodísticas los testimonios que va recuperando son de personas comunes, a las que les da un lugar de jerarquía muy grande. En el ejercicio del periodismo tradicional liberal, las fuentes son jerarquizadas, voces “autorizadas”, funcionarios, institucionales, para decirlo rápido. Cuando Walsh se va a hacer sus investigaciones al Norte argentino le pone el micrófono a la gente, lo mismo que cuando se va a hacer la cobertura sobre la revolución palestina, también se preocupa por caminar en el medio de los bombardeos y empezar a poner en el micrófono a la gente que estaba resistiendo, y a partir de ahí va construyendo una explicación de lo que está pasando, que aún hoy es tan actual. 

En cuarto lugar, una explicación totalizadora. El capítulo que explica el funcionamiento de la burocracia sindical es central. Ir de lo particular a lo general y poder poner en un sistema de explicación más general las causas y las consecuencias, como muestra en toda la parte sobre el vandorismo. 

En quinto lugar, pensar distintos medios según la etapa y el contexto. Evidentemente, la agencia clandestina ANCLA o las cartas eran medios adecuados a un contexto altamente represivo. En cambio, en un momento de auge de lucha de masas participó de Noticias o antes de Prensa Latina en Cuba. 

Por otro lado, una preocupación sobre el tema de los trabajadores y las trabajadoras de prensa. Walsh diferencia entre los dueños de los medios y sus trabajadores. Esto es fundamental para pensar el vínculo en el tema sindicato de prensa, entre los medios populares autogestionados y los trabajadores de prensa. Creo que ahí hay un eje importante y, de hecho, le dedica a los compañeros de las comisiones internas y las agrupaciones de base la publicación de Caso Satanowsky.

Y, finalmente, el vínculo con el público, porque todo lo anterior no tendría ninguna razón de ser sino fuera por la llegada. Es constante su preocupación por poder transmitir esa verdad a un pueblo que pueda convertirla en acción. Y es una preocupación constante porque, muchas veces, cuando producimos una revista, un material documental o una obra artística muchas veces hay un desentendimiento de cómo eso después se conecta con sus lectores. Bertold Brecht dice que los autores y el público descubren juntos la verdad. Me parece que eso sintetiza bastante las opciones y las propuestas de Walsh.  

Cambio: Me quedé pensando en la construcción de la verdad. En la experiencia de ANCLA no solamente está la capilaridad del periodista para lograr retomar la voz del pueblo sino la confianza en que la lucha logra hacer surgir verdades en la propia información publicada legalmente. Walsh también hace inteligencia sobre lo que está pero hay que poder leer entre líneas. 

NV: Eso obedece a su pasión por los acertijos y la criptografía, que también le va ofreciendo herramientas. La posibilidad de leer entre líneas y de ir a buscar en la gran prensa diaria mucha de la información y en poder procesarla. Y esto tiene que ver con la idea de totalización. Imaginémonos un rompecabezas y cómo las partes pueden ir dando cuenta de la totalidad. En este sentido, Rodolfo Walsh, junto con la célula que llevaba adelante ANCLA en la que estaban Lila Pastoriza, Lucila Pagliai, Carlos Aznarez y Eduardo Suárez (que está desaparecido), justamente lo que decían era que muchas veces sale más publicado en la prensa diaria de lo que estamos dispuestos a asumir. Parte de sus lecturas eran revistas de la época, como podría ser hoy la revista Caras, en las que las clases poseedoras mostraban sus grandes mansiones y contaban cómo vivían. Y esa información se vinculaba con otra, con interceptaciones de las redes de comunicación de las fuerzas represivas, con cosas que contaban los trabajadores acerca de sus patrones, con datos que llegaban de fuentes informantes clave que permitían ir armando todo este rompecabezas, podían dar lugar a la construcción de información. Esas partecitas podían ir mostrando y llevando a la construcción de una verdad. Y esa verdad, a su vez, podía funcionar y operar en política porque uno de los objetivos más importantes de ANCLA tenía que ver con su función desde el punto de vista de la información como categoría militar. Apuntaban a mostrar toda esa información y que las Fuerzas Armadas no supieran el origen. No es que de entrada dijeron “esta es una agencia de Montoneros”. No. El objetivo de la agencia era jugar en el terreno de las apariencias, era justamente generar discordia entre los grupos de poder y dudas acerca del origen de esa información porque, justamente, al procesarse de esta manera, al encontrarse con cables que daban cuenta de situaciones casi de vida personal y de características personales de algunos personajes, los tipos estaban preocupados acerca de dónde estaba el informante clave. Por eso, la agencia era parte del área de informaciones e inteligencia y no del área de prensa de Montoneros en esa época. Eso es interesante pensarlo. La radicalidad de la verdad, todo lo que la verdad tiene para aportar en el marco de la estrategia de una organización político militar revolucionaria en esa época histórica. 

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